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Domingos de Poemas Poemas 2025
Diciembre.
Domingo 28 de diciembre 2025.
Domingo 21 de diciembre 2025.
Domingo 14 de diciembre 2025.
Domingo 07 de diciembre 2025.
Noviembre Domingo 30 de noviembre 2025.
Domingo 23 de noviembre 2025.
Domingo 16 de noviembre 2025.
Domingo 09 de noviembre 2025.
Domingo 02 de noviembre 2025.
Octubre Domingo 26 de octubre 2025
Domingo 19 de octubre 2025
Domingo 12 de octubre 2025
Domingo 05 de octubre 2025
Setiembre Domingo 28 de setiembre 2025
Domingo 21 de setiembre 2025
Domingo 14 de setiembre 2025
Domingo 07 de setiembre 2025
Agosto Domingo 31 de agosto 2025
Domingo 24 de agosto 2025
Domingo 16 de agosto 2025
Domingo 10 de agosto 2025
Domingo 03 de agosto 2025
Julio Domingo 27 de julio 2025
N.R: Los poemas alusivos a Fiestas Patrias para que se publiquen en esta sección se encuentran en: Poemas alusivos a la Patria - Vates Cajamarquinos. Domingo 20 de julio 2025
Domingo 13 de julio 2025
Domingo 06 de julio 2025
N.R: Los poemas alusivos al Día del Maestro para que se publiquen en esta sección se encuentran en: Poemas alusivos al "Día del Maestro"
Junio Domingo 29 de junio 2025
Domingo 22 de junio 2025
Domingo 15 de junio 2025
N.R: Los poemas alusivos al Día del Padre para que se publiquen en esta sección se encuentran en: Poemas por el Día del Padre Domingo 08 de junio 2025
Domingo 01 de junio 2025
Mayo Domingo 25 de mayo 2025
Domingo 18 de mayo 2025
Domingo 04 de mayo 2025
Abril Domingo 27 de abril 2025:
Domingo 13 de abril 2025:
Domingo 06 de abril 2025:
Marzo Domingo 30 de marzo 2025:
Domingo 16 de marzo 2025:
Domingo 09 de marzo 2025:
Domingo 02 de marzo 2025:
Domingo 23 de febrero 2025:
Domingo 16 de febrero 2025:
Domingo 09 de febrero 2025:
OLOROSA, FRAGANTE POR SUS POROS Luis Alberto Sánchez Vásquez Mis mozos recuerdos, delante de la puerta de bodega, pasan; y me acerco a comprar. Sonriente la dueña mi petición me oye; y allí, en huleada mesa, fragante en la clara habitación; amarillenta lisa, jugosa a la naranja que su frescura te ofrece; veo; algo que mis lentes ni miran ni reflejan; en una rama fragante, de árbol de un cercado lejano huerto. Y nítido sentirás entonces en el estío claro celeste, entre hojas al frescor de su aroma; que esta salita empolvada, y friolenta ahora llena. Donde en mesa de hule; olorosa en su cáscara endurecida; como fruta de yeso de artesanal tienda, está con su maduro color la naranja; tras mis lentes que reflejan. La mandarina que en la vereda se ofrece, y desliza; a mi mano sedienta y feliz.
Luis Alberto Sánchez Vásquez. Polvoriento el camino se levanta; al toque de la aurora matinal. Y con pétrea luz, mi pensamiento; se cincela al meditar. Y constato el cambio de las estaciones; y como rápido cambia la ciudad. Que con lo antiguo, se construye lo nuevo; que después de un tiempo, caduco está. Que los seres y las cosas que aparecen; mis sentidos sacian, al contemplar. Que cada vez son más vivos al actuar; y que de vista los pierdo al razonar. Y que del mundo su belleza si buscas, lo encuentras; y maduro al fruto de la vida, esperando vas a coger. Con la sana alegría que a la ciudad colorea; con límpidas sensaciones, que borran lo artificioso. En este mundo de representaciones, donde todos un rol, cumpliendo estamos. Y que al golpe de los infortunios, que sufrimos; el final adivinamos. Que ya no hay las rutas de antes; que todo de nuevo ha cambiado. Que los viejos sueños de entonces; disfrazados, de nuevo han entrado. Y que cual rueda de colores, de mecánico juego, las penas ruedan, sin tener cuando acabar. Mas al rodar, encienden también las dichas, ¡Penas y dichas de la vida, que ruedan al azar!.
AGUARDANDO ESTIRAR LAS ALITAS EN LIBERTAD Luis Alberto Sánchez Vásquez. A tientas esperando estoy, a que el gozne gire, para huir de este cuartucho y su foco de luz pálida, sobre el cual, con falso brillo verduzco volaba, y revolaba, y mi sombra proyectando, en paredes despintadas, y cortinas empolvadas, donde luego de un recorrido doliente; nosotras las moscas pernoctábamos. De un recorrido doliente, por andamios vacíos, por sillas, el mostrador, el espejo y la repisa abandonados. Por donde iracunda, con sus vapores venenosos, la dueña de casa, nos aniquilaba, sepultándonos con los desperdicios, en la bolsa de basura inmunda. Mientras escondidos, en el recogedor de basura, en la escoba arrinconada, en un rinconcito cualquiera del cuarto, los sobrevivientes, soñamos un mundo nuevo, tras la ventana cerrada. Soñamos un mundo nuevo, animosos, huyendo en enjambres, sobrevolando vacíos botellones, andamios empolvados, vitrinas mugrosas. Sorteando matamoscas, a la vieja y sus vapores venenosos, para por fin silenciosos, hasta a la ventana llegar. Y arribar, y tras el dintel aguardar; frotándome las patas, pensativo, cuando azules colmenares, se enturbian, y desaparecen en mis ojos, que apenas distinguen, una red empolvada, pegajosa que me atrapa y me anuda. La red tejida, por alguien meticuloso y terrible, que todo lo vigila, con ojos infernales, y lo estremece, con largas patas, inexorables; como manecilla de reloj de pared, que anuncia el chirrido del gozne, que la hendija abre de la celeste ranura; iluminando débilmente mis transparentes alas, en loco afán de fugar. Pero, ¡Oh ya, peludas unas patas me estrangulan! y me quema el ronco, nauseabundo aliento, de una araña indefinible; presta, hundiéndome sus colmillos, entre una telaraña, que me enreda vertiginosa.
Yeni Yanira Guevara Fernández El sol se posa en un manto de color, pullo excelso que cobija los paisajes de ensoñación, siendo pulso resplandeciente para los ojos, fragante alivio del corazón, alabado sea la grandeza del divino creador.
Donde tu historia florece, el viento cual viajero silencioso lleva, entre el relato, lamentos de dolor; ukukus envueltos en un desierto gris sin consuelo. Su hogar en ruinas, un espectro del ayer, con la esperanza de un nuevo amanecer.
Aferrado en una rama estás, plumaje encendido, tu pecho de rubí. Una horda de cenizas cubre tu lar; escucho tu canto desolado en la vastedad. Es tu canto desangrado que cae como gotas de lluvia en el ardor de mi sufrida melancolía.
El palpitar del grano y los dedos curtidos acarician la tierra, con el amor silencioso que la vida entrega; pero una mirada dulce se estrella en el ocaso y se despide, irreversible, en el mar de los adioses.
Despierta ya mi flor del Curnbe llegó tu mamitay con su alfoijita de ruiseñores, y en sus manitas se columpian los rocíos, apagando con su pecho las brasas crepitantes de enojos y extrañas conciencias.
¡Oh fragante telar de resurrección, tejamos con hilos de bondad; urdiendo los gorjeos del Ande con la trama melódica de un verso redentor. Que sea la montaña el beso que damos al cielo, la cumbre de nuestros labios y la oración perpetua de nuestra gratitud. —Luz de luna llena— Silvia
Sofía Farfán Cedrón Corazón puro La copa de un árbol se mueve al ritmo del viento así como a veces “el cariño varía de acuerdo a las circunstancias”...
La pureza del corazón jamás permite avergonzarse de un alma que se acerca a ti con una sonrisa sincera y que ha sido rescatada de las cenizas.
Un corazón puro, jamás aleja su mano cuando alguien estira la suya. La pureza del corazón se trasluce en una mirada, que no es evasiva, que no duda ni se encharca en el barro del “qué dirán” o en el lado del clasismo.
La pureza del corazón es blanda como una nube. Es transparente cual agua de arroyo sagrado.
Es tierna como la mirada de tu mascota suave. Es luminosa como la lima llena sobre el mar.
Es transparente y tan llena de candor como dos árboles que se besan en medio de la nada.
La pureza del corazón es dulce y viaja en avión hasta el cielo.
La pureza del corazón, jamás rompe alas, jamás camina en tacones.
La pureza del corazón, no va en una carta, va por un camino de piedras hacia lo realmente verdadero.
La pureza del corazón ¡Oh, la pureza del corazón, es lo que más deseo! ¿De qué vale la sabiduría? ¿De qué vale el intelecto si tu corazón no está desnudo?
No cuenta la genialidad, sin los sueños; si dentro de ti no hay un corazón puro.
No cuentan tus palabras, ¡no cuentan! Ni tus deseos cuentan! Si dentro de tu pecho, late un corazón puro.
Que cada uno de tus latidos, Sea una campanada que llama con ritmo y dulzura a tu corazón, en esencia, ¡puro! Walter Alex
Huamán Saavedra SOY RONDERO Soy rondero de mi patria lo repito a viva voz, por designio de mi padre, por mandato de mi Dios.
Soy rondero no lo niego así difamen mi honor, cosecharé dulces frutos de los trigales en flor.
Soy rondero he jurado una mañana triunfal, guiado en una estrella en el mundo terrenal.
Soy rondero todos saben de la escuela del saber, así la ley nos prohíba mi justicia defender.
Soy rondero lo repito en mi voz original, volverá a nacer valores en los brillos del rosal.
Luis Alberto Sánchez Vásquez Vencidos que los soldados peruanos, en San Francisco, fueran; luego del desembarco enemigo en Pisagua. Fatigados y hambrientos; con dignidad y coraje reagrupados en forzada marcha, a Tarapacá arribaron; buscando el agua; víveres necesarios; para restablecerse y la campaña terrestre que recién comenzaba; poder continuar. Pero astuto, táctico el enemigo, sorprender quiso, con calculado y bien planificado ataque. Siendo avistado por los vigías peruanos, que parte dieron al general Cáceres, ubicado en el mapa, al fondo del valle de bordes de meseta, circundado. Y a voz viva el gran estratega, el brujo andino; tomar las faldas de altura, ordenó y así al invasor enemigo, con coraje peruano enfrentar. Y se desató la tormenta, de ambos ejércitos que diez duras, sangrienta horas duró; venciendo nuestro ejército nacional. Pies en polvoreada, los chilenos huyeron, después de esta cruenta batalla, donde Bolognesi, inmortal del Morro y Ugarte, en la cabeza, herido también pelearan, con Suarez y Sáenz Peña el argentino, juntos; y el audaz Santos guardia civil que al segundo de línea chileno, su estandarte, arrebatara como trofeo nacional… Y ya tomada, la humeada ciudad; escaseando recursos suficientes; desgraciadamente, abandonada fue; al saqueo y pillaje chilenos; que se hizo así de nuestra salitrera, peruana y sureña rica ciudad.
Jhostin Chávez Ávila ¡Oh, bella doncella! El tiempo no me dejó decirte que eras perfecta como el alba.
Hermosa, como el primer día de primavera, acompañada de coloridos pajarillo, entonando una hermosa melodía al ritmo de las suaves y delicadas flores.
Mujer, tu belleza atrapó mi corazón, encarceló mi amargura y liberó mis sentimientos, haciéndome esclavo de tu amor.
Pero el tiempo, sin perdonar, apagó tu amor por mí.
Tu sonrisa, que antes era mi refugio, dejó de ser luz en mi oscura vida.
Y en el silencio que dejaste, mis manos buscaban las tuyas sin encontrarlas.
Sin ti, mis amaneceres ya no fueron los mismos, y parecía que daban inicio. a un día melancólico y lleno de tempestad.
Me sentía perdido en un laberinto de recuerdos, mientras el dolor de tu ausencia se hacía más fuerte.
¡Mujer, decirte adiós fue como matarme a mí mismo! ¡Doloroso y difícil!
Sin embargo, con cada amanecer, mi dolor se aliviaba? el viento llevaba tus recuerdos.
Mi último suspiro por tu amor fue en un desierto, donde mis sentimientos murieron fatigados por tu rechazo, quedando enterrados para siempre bajo la arena de mi angustia.
Juvenal Vitela Velásquez BITÁCORA AZUL La lluvia nunca es la misma desde la comisa de un viernes, elige sus propias calles con carteles oxidados incendiando de amarillo las esquinas; breve y planetaria aterriza sustantivos al pavimento quebrando molinos de viento habitando su propia soledad. Tras frontera de relojes, octubre es un campanario inconcluso, hilillo de cemento desgastado que dormita en tibios grises, cuarteado en brumosa orfandad.
Hermógenes Azula Fustamante 1. ¡ADELANTE, CAMPESINOS, ¡ADELANTE! ¡Adelante, campesinos, adelante! no detengamos nuestros pasos al andar, seremos como el sol en el oriente y de mil modos las tinieblas arrancar.
El sol llega primero a las colinas, luego a las llanuras y a las playas del mar, y nosotros del camino las espinas, hasta el fuego las tendremos que llevar. Yo he puesto al sol como un ejemplo, y de este modo poderles demostrar, que él es justo aunque no exista un templo y se deja entender aunque no sabe hablar.
La lucha que existe entre el sol y la intemperie, se asemeja a la del hampa y la honradez, el sol demuestra la justicia en el imperio y el hampa convierte el dulce en la acidez.
La luna significa la pureza, en el camino que empezamos a trazar ¡adelante, campesinos, adelante! y nuestra sangre como ejemplo derramar.
Luis Alberto Sánchez Vásquez Dar más de lo que tienes, es dejar nada ahorrado; dar menos de lo que tienes, precavido te hace y avisado. Porque, cabizbaja pasar vemos, la pobreza, a la grisácea luz de pollino. Y un pedazo de pan con rocoto, de su alforja ofrecerle un vecino. Que al reloj pide tienda su mano, para tiempo darle al que pasa; que siempre anda apurado, para llevar algo a su casa. Negociando todo hoy en día, yerba, ropa usada, cujas; zapatos viejos de acera, y hasta guatopas y agujas. Ahora que no es todavía tarde; ni muy temprano, será mañana. Ya que por la noche se trabaja, y antes del alba, con más gana. Como los andinos brazos, que aran; cuando la lluvia, responde, y atina. Y el alfarero con sus manos fabrica, bonitas vasijas de arcilla.
Rocío Yamilet Leyva Chávez En los valles verdes de mi Perú querido, donde el sol acaricia la vida en su andar, un grito ahogado por el fuego ha surgido, mientras el humo nos empieza a abrazar.
Bosques que susurran secretos de antaño, hogar de jaguares, de aves en vuelo, se convierten en cenizas, en polvo y en daño, en un acto de avaricia, en un oscuro duelo.
El árbol que cae, el rio que llora, son ecos de vida que se van sin piedad, la fauna se esconde, su sombra se atesora, en un mundo que grita por su libertad.
Las llamas devoran lo que no se respeta, la tierra se quiebra, la vida se apaga, mientras en nuestras manos la esperanza se quiebra, y el futuro se tiñe con un gris que no se apaga.
Reflexionemos, hermanos, antes que sea tarde, nuestros bosques son joyas que debemos cuidar, cada árbol que arde, cada hoja que arde, es un canto a la vida que no podemos olvidar.
Cuidemos la tierra, abracemos la esencia, por un Perú que florezca, por un mañana claro, juntos podemos ser la voz de la conciencia, luchando unidos, con amor, con amparo.
Gobernantes, escuchen el clamor del suelo, no miren hacia otro lado, la hora ha llegado, es tiempo de acción, de un firme anhelo, por un futuro verde que todos hemos soñado.
Así que alza la mirada, siente el susurro, de aquellos que fueron y aún quieren soñar, pues en cada bosque, en cada murmuro, hay un llamado urgente a volver a empezar.
Autor: Edgar
Rafael Malaver Narro
En el rincón de una casa muerta descansa un longevo piano la música en él es un polvoriento recuerdo la sombra y el olvido besan sus frías teclas lo que antes era melodía hoy es silencio húmedo y eterno silencio. Otoño ha partido las últimas hojas secas se las llevó el viento los árboles buscan con sus ramas abrazar la nueva estación que llega con cantos verdes con vuelos rápidos con rumor de agua el tiempo florece versos que se expanden por los valles atrás quedó el llanto de los bosques secos el llanto de los caminos polvorientos. Luis Alberto Sánchez Vásquez Cual centinelas de piedra; de aposentos de majestad; dos moles de fortaleza, vigilaban Caxamarca, ciudad. Y es que por pedregosos caminos bajando; y acorazados de resplandor; con sus huestes había llegado, Pizarro el conquistador. Vacía se ve la plaza; de sombreadas torres presentes; pues el Inca se está bañando, en termales aguas calientes. Y luego de la invitación, que De Soto a caballo le expresara; Atahualpa llega a la plaza, con triangular muralla, cercada. Y desde el anda el inca pregunta, de séquito, y multitud seguido; ¿Dónde están los extranjeros? y un fraile ha aparecido. Valverde le alcanza la Biblia, exigiéndole sumisión. Mas al no escuchar nada, en el sacro libro, el inca al suelo lo arroja; sin comprensión. Felipillo indio traduce entonces; y el fraile con voz de sermón: ¡Los evangelios por tierra! clama; y en rumitiana ruge un cañón. Entonces al grito ¡Santiago a ellos! La caballería blandiendo espada, al brazo; cabezas cortan, mutilan de los que encuentran, al paso. Pizarro salva al inca, de matanza criminal. Con la aviesa intención, de oro dos cuartos llenar… Caída es la tarde de sangriento ocaso; y a las murallas de plaza triangular; heridos indígenas naturales; con despavoridos aves; van a derrumbar. Al Cuarto Rescate llenaron, hasta donde el inca indicara; y oro y plata se llevaron, a la corte misma de España. Inicio
Jesús
Fernández Pizán CANTO A LA GRAMA A ti elevo mi dulce canto ¡Oh Grama!... de mística hermosura, eres fuente de aleve manto que llenas de aroma y frescura.
Campiña de mágico esplendor palpitante entre soles y celajes. ... al cielo empinas tu fulgor desde lozanos y tibios parajes.
Tus nimbos orlan el Crisnejas y vuelven en vientos aurolales, tu brisa salpica las carquejas que plugan de candores inefables.
Son tus puquios verde azulinos cantaritos de aguas candentes, que reverban entre los limos de los tibios pámpanos silentes.
¡Oh! agüita de los dioses fuente pura y unciosa, que entre paucos y sauces fluyes siempre generosa.
¡Oh! Grama de efluvios divinos a ti vienen propios y peregrinos,... a sanarse de sus males en tus lúbricos raudales.
Luis Alberto Sánchez Vásquez Entrada está la tarde de gris; y cerros de lejanías, de neblinas ocultan rayas de caminitos, faldas de puestas casitas, y árboles que a tu vista se pierden. - Por allá en lejanías, se nos viene la lluvia- oímos decir. Y pronto, ahí sito nomás, descalzos sus pies se nos cae, fina, luego de anunciarse, con sus látigos centelleantes, que tronar hace plomizas oscuras moles de nubes; y cernida cae, se precipita por calles y plazuelas. Apagando cajeros; ante la sorpresa del pobre publico, que urgencias quiere tramitar; y se esfuerza por salir, cuando ya las calles de pavimentos rebalsando están sus desagües. Y sorprendidos buscamos, alguna tienda, bodega para no mojarnos, al paso. Y el ancha ala de techos, para solo salpicar los pies; pero en vano es porque, la lluvia es de este lado; y las pantorrillas, mojan y sopa hacen los zapatos, rematados por llantas de vehículos, y sus baldazos, que nos hacen requintar. Y recibiendo vamos, al quemante granizo, en plena faz.! Y hay que esperar, de tanda en tanda, los golpes hasta que pase! por la circulante, pavimentada, humedecida y gris ciudad. Cuando los caminos campestres, se inundan; y el agua turbia pardusca, de las faldas de los cerros satisfechos, llenan surcos y sembríos de verduzcos maizales; que han brotado, a la satisfecha mirada; y las moradas flores de la rica papa, que nos han de a todos alimentar.
Luis Alberto Sánchez Vásquez A trazos y bien asentados están los pisos ecológicos, por las crestas cordilleras; con hielo de luz. Y por trechos señalando, el mapa de áureos cerros. Cuando socavada con su pala, a los tres reinos está la geografía, depredada por foráneo capital, y los informales que por el banco de oro, horadan, socaban laderas, y suelos. Y más alta que su altura está la carestía, el costo de vida; la barra delincuencial violentista, graficada en medios, en internet. Acabando nuestros recursos naturales de abruptos territorios, codiciados por las transnacionales; que derruyendo van los acuíferos cerros. Para que así, drástica y ácidamente; en lingotes se saqueen los minerales, devastando a los cultivos. Amenazando acabar con la naturaleza, y con todos nosotros. En la herida cordillera, que hacia arriba se enrumba.
Luis Alberto Sánchez Vásquez Se alquila un cuarto, sobre la puerta, el aviso dice; y me acerco a preguntar. Vencido está el contrato, de la casa que alquilaba, y las cosas hay que empacar. “Se alquila un cuarto”, con mi esposa en alta voz, leemos. Y del techo, al caer la tarde difusamente fría, gotean tejas. A poca luz, la dueña nos recibe, y a buen ojo reparte, la estrechez guardada de la estancia. Aquí puede ser, dice: dormitorio, sala de espera, y poniendo cortinitas, cocina y comedor… Y todo imaginativamente, lo vamos viendo, como comercial de televisión. -¡A ver, a ver! - Ya muchos sobre el aviso, han preguntado, como secar sus manos, nos dice, en ajado delantal; denme un mes de adelanto, y otro en garantía, y el trato hemos de cerrar… El zaguán del lado ladra, y fétido es el baño de seco caño; y esquinado está el cuartito, con manchones de gotera, a guardada tierra, su olor. Mas en vano regateo el adelanto. ¡No hay acuerdo! . Y de un portazo, cerrado; con mi esposa en la calle hemos quedado. Con los hijos, bajo el techo de la luna opaca, sin estrellas; que nos cobija sin cobrar.
Jaime Abanto Padilla Te recuerdo sentada al filo de tu ausencia con tus más de ochenta años. Tu reclinatorio y esa Biblia de Nácar - Colunga que ya no me alcanza. El cilindro lleno de kerosene, ese líquido rojo cuyo olor aún recuerdo. Y el litro de metal colgado de él. Tu delantal de tela de cuadritos y tus manos arrugadas. Tu mirada blanca y tus cabellos canos. Adelaida, no todos sabíamos de tu soledad en la casa de la portada, esa del patio empedrado y de grandes zaguanes, la del pilancón junto al pozo y los saúcos. El horno se apagó un día, no hubo tiempo de decirte que te quería. Que las horas como las hojas de los saúcos se caían. Adelaida, tu nombre esta tarde me ha buscado. Ya no soy el niño que abrazabas con la tarde. Hoy la tristeza me pregunta por tu nombre y me acuerdo de ti y quisiera que me abraces, pero mi distancia ya no te alcanza. J. A. Padilla.
Luis Alberto Sánchez Vásquez Rebuzna en la mañana, y orejea; y en el asfalto gris da resoplidos, alfalfa lleva y leña va cargando; un asno encuerado. Amarrado está su hocico; y en hendija de pared de esquina, en vano espera coger; y masticar la tierna hierba. Entrada es la mañana, y ayunada; y hebillado el mordiscón, del hambre es fuerte. Cuando alzando la cabeza, rebuznando; espera que su dueño, llegue… Y orejeando vivo, está al transeúnte paso de la gente; que hablando alto cruza el enlodado rio del puente. Y ahí está en la esquina; ahí sigue empacado, entecado; a los fuertes palos que regresado el dueño, le propina para seguir con la ruta. Y en vano busca asir, la dulce fresca sabia de la hierba, brotada en la pared, sobando nomás dolorido, el hocico, amarrado; ahora; que el sol no da ganancias, aunque sí aumenta la sed. Que con su dueño iracundo, siente; mientras lo palea; rebuznando adolorido; sintiendo amarrarlo con la muerte.
A LA PLENA Y BLANCA LUZ ARTIFICIAL Luis Alberto Sánchez Vásquez. En la plena luz blanca, artificial; por el histórico centro, proliferan, coloridos chifas, ofreciéndote bisté a lo pobre; y con alto el precio, el aeropuerto. Y barajando electrónicos juegos, con guachimanes a la puerta, espero, mejore mi suerte, en este tiempo lluvioso, azaroso y circular que con las manecillas, encendidas apuntan a lo desconocido. Y en la friolenta esquina de la plaza, acróbatas jóvenes veo, que a la verde señal hacen difíciles piruetas, para ganarse alguito de propina de impasibles conductores, y pasajeros; que oyen acercarse a compactos manifestantes, lanzando rojos slogans, contra la anémica política de turno, buscando detener los altos precios; que rodar hacen vaciando la popular canasta familiar. Y también y así mismo, a las policiales luces, deslumbrar veo, vías y playas de estacionamiento, donde se busca multar, vehículos infractores. ¡Pitazo en alto! Laime Abanto Padilla. Y cruzamos nuestro pueblo con esa enfermedad que me persigue cada día. La soledad no es nada contra el dolor, ese que se dibuja en cada minuto. Nada puede el tiempo cuando tus huesos lloran. Pero fuimos caminando al lugar de siempre, el que me espera y que está camino al Purgatorio. Ella caminaba por abismos. Yo por los abismos de su alma... Y llegamos al vacío de los días en el filo del camino buscando moras en la zarza. Más allá/ donde el recuerdo nos encontró/ vimos una zarza y comimos moras frescas como cuando éramos niños mientras dos águilas nos seguían desde lo alto. Yo no sé qué había en ese día, pero lloramos juntos al llegar al cementerio sin decir nada. Entonces encontramos a nuestros muertos, en ese lugar lleno y tan vacío. Ahí estaban todos ellos con sus días y sus noches como un día los dejamos. Y comimos moras de las zarzas. Después lloramos por los días que se han ido y que cuando nos busquen ya no nos encontrarán. Por eso hoy que hemos vuelto sabemos que el silencio de la casa ya no nos encontrará ni la fragua de los días, ni la tristeza ni la soledad. J. A. Padilla (De "Cartas para Irma").
Luis Alberto Sánchez Vásquez Canchita amarillenta, suave, graneada; y en tiestos reventada; en tiesto de oscuro, y tiznado dorso. Canchita, que menuda eres en suave mate servida, dulce al comensal paladar. Y das llenas; al estómago vacío; castigado por el hambre, de pobres y abandonadas gentes; a su suerte. Y que en restaurantes, lugareños; al ávido comensal, antes del fragante caldo, en puñados te ofrecen, con el picoso, rocoto molido, el limón cortado, la sal y ají. Predilecta, tostada desde el incanato, fuiste. Del maíz blanco; desgranado; del maíz perla. Del choclo, barba al aire, de los huacos y tejidos de vicuña del aire detenido y remolón. Y que una vez desgranado, a llenar pasas hondos, grandes mates. Mientras en la cocina, bien calentado el tiesto, el ama de casa ¡A que revientes, canchita!; fuerte, olorosa, fragante, mueve que mueve la ishpina; espera.
Luis Alberto Sánchez Vásquez En vetusto sillón, luego de la cena la tierna abuelita, rodeada de sus nietos en alfombra de entablado piso; los viernes de semana; fantásticas historias de aparecidos, se ponía a contar: De duendes de antiguas casas, de prendidos cirios de fémures de osamentas, en procesiones de almas; de mujeres voladoras y cabezas, sobre matas de arbustos, en hombros de trasnochadores, pidiéndoles agua, para la sed. Y narraba, con vivaces ojos; y ademanes imitando, ora el sonido de invisibles seres ultramundanos, de duendes que pernoctan por hornos, y terrados; por canterías de casas; y el rumor grisáceo y ululante del viento abre ventanas y goteras; sobre antiguas acequias y esquinas de faroles de la pequeña ciudad. Y el interés que estos relatos orales, en los nietitos despertaban, como automático control, apagaba computadora y televisor. Todos los viernes que venía a visitarlos, la cariñosa abuelita recibida era siempre, con besitos de sus nietos, y el amoroso abrazo de su hijo y su nuera, para un fin de semana alegre pasar. La abuelita que mamá era del padre; y que desde la lejana casita de su hija mayor; en taxi cada semana, iba a visitarlos. Y se interesaba por la salud, por sus adelantos en buenos hábitos y estudios de todos ellos, sus nietecitos, en medio del agradecimiento de los padres del hogar. Y que al terminar sus relatos; chocolatines, dulces y chisitos a las manitos de los niños y a los bolsillos, Iban a parar.
Hasta que un día ya no apareció; ni junto a ellos se quedó a dormir. Y es que había enfermado, y al hospital fue a dar. Y en coro con los ángeles rezaron, por su recuperación. Y una mañana de triste color, entre lágrimas de los padres y todos ellos, al cementerio la abuelita fue a parar. Los mayores dijeron que viajado había al cielo; desde donde los viernes, al anochecer vendría a verles; Y el primer fin de semana; el más pequeño ¡Buenas noches abuelita, saludó¡ los hermanitos voltearon, y su voz modulada por el viento, escucharon tras la ventana de cortinas cerrada; y saludarles con la mano, tras las sombras de arbustos, la vieron. Ofreciéndoles traerles dulces y chocolatines, que más querían ¡Todas las noches de navidad!
A mi abuelita panadera, Augusta Emperatriz Yauyucán- Santa Cruz- Cajamarca Juan Flores Arrascue En el quipe más gustuso de mi tiempo... en el pullo donde tiendo mis recuerdos... Yo te siento horneando Abuela dulce... la ilusión pa' tu ñeto bizcochuelo,
añañay mi corazón cuando tenía: cafecito...bizcochuelo...más humita... Hoy, mi ayer se acurruca en una pirca, pabrazar el ayer de mi Abuelita,
mi niñez de motecito y bizcochuelo, das soplaba con que apuro leña y leña, pa'quel horno se vuelva colorao y florezca el bizcochuelo, cosa buena,
siahacía agüita mi apetito y paladar, al consentirse con el néctar tan amado, que tu lindo corazón lo decoraba: con el gusto más hartito de su agrado,
yo regreso en la masa del recuerdo y te encuentro Abuelita, en pleno horneo, engriendo con la yema de tu alma, el gustito de tu ñeto bizcochuelo,
DIos solo pague, ABUELITA, Dios te pague, Pan que aromas con tu Espíritu al Cielo, ERES lluvia y memoria de mis ojos... y éstos versos te lo escribo en BIZCOCHUELO. Guillermo Manuel Torres Ruiz Este medio día, padre distante, te encontré en mi vida cansado, pensativo. Tu pensamiento era arco, tu palabra era flecha y tu consejo carácter. Este medio día, padre de mi alma, mi pañuelo se humedeció y sin querer tropecé con mi primer juguete de tus manos recibido. Este medio día, padre mío, me acordé de tus guirnaldas y al compás de esta hora quebrada mi corazón va trotando mientras tu imagen va creciendo cada vez…va creciendo.
Luis Alberto Sánchez Vásquez. Arrugada, palidienta tu frente de angustia surcada; de frio sudor tu enjuto rostro, con opaca mirada casi ausente, los transeúntes, miras que por concurrido jirón, pasan. Y triste el dejo, pides ¡por favor una ayudita! Les pides; ¡una monedita! Para sustentar tu hogar. Extendiendo la huesuda mano, como buscando entre la ventisca polvorienta que abajo baja, barriendo pistas. Cuando bultos carretilleros, rutas abren a los transeúntes, y a los nobles sentimientos de ayudar al prójimo. Y el hermano mendigo, siente entonces en la extendida mano; en su ajado sombrero, la moneda del sol entre gaseosas nubes de cielo celeste: el ábrete sésamo para satisfacer, la necesidad de comer para vivir; en una época de hambrunas, con mortal jinete apocalíptico, en polvorienta luz de atardecer. Y tus pies fatigados, curtidos, rajados, cobijados del frio y la intemperie en cansados llanques de jebe; me hablan de mil calles angostas, pedregosas, recorridas; después de bajar de tus lugares y las chacras en sequías; a falta de agua. De los llantos de los niños a tus oídos pegados. ¡Ah hermano mendigo! deja que ruede en tu diestra, esta monedita que en tu opaca vista relampaguee. Pero escucha; escúchame bien: nuestra tierra es como tú. Toda la sierra: Y sentada está todavía, en un banco de oro, que hoy día, valen cajones de monedas. Y este banco amarillo oscuro de pretil de vereda rota de mendigos: es la riqueza verde de sus frutos vegetales, del maíz, la quinua, la papa. Que espera las sembremos todos; para todos. Y que además de matar al hambre; una circulación de rutas de monedas brillosas, alrededor del orbe y el mercado internacional, nos dará, para obtener billetes y monedas. Y poder así levantar, modernas casitas; ciudades limpias, alegres y hospitalarias. ¡Para todos nosotros hermanos y peruanos! Melacio Castro Mendoza.
A mi abuelito José del Carmen (Yauyucán- Santa Cruz-Cajamarca) Juan Flores Arrascue. Después de almuerzo mi abuelito se tendía, al pastito sobre un poncho tan paisano, alfrentito de su fiel carpintería, pa' solearse hasta el fondo de sus años,
pa'quel mote asiente bien en el camino, de sus brazos de buen roble...y de nogal y el puquial de la chochoca le reponga, la garuga que salpica de su afán,
era un tronco de relámpago soleándose, al compás de un sueñecito que engreían: los abrazos de la tierra y del Taytito... del madero que aromaba todo el día,
fue costumbre su sueñito orando al cielo: que NO falte la madera...NI la vida... y que siempre a sus chacritas las ampare: de la rancha...del gusano...y la sequía,
los vientitos que escapaban desde el pozo- del serrucho- desde el sauce- desde el cerro... se encontraban a escondidas pa'escuchar: al suspiro calladito de mi abuelo,
en eso el silbo rapidito del cepillo, arrancaba este sueñito tan ligero, el sudor de la tarea lo llamaba y dasito abrió su pulso el carpintero.
RECORRIENDO DE NOCHE LAS ACERAS Luis Alberto Sánchez Vásquez Recorriendo una acera, entrada ya la noche, bajo la luz amarilla de poste; a tu sombra observas bajo frías rejas de luna. Y es por allí, por donde ingresar quieres, a una blanca ciudad atestada de espectrales vehículos; impacientes sus luces por recorrer largas, curvadas avenidas, fosforesciendo discotecas; entre largas y blancas señales de tránsito; y luminosos avisos de chifas y pollerías. Ahora arbolitos de abiertos parques, humosas sus hojas sacuden al aire, que ululando pasa, dando vueltas en plazuelas de frías banquitas y bustos impávidos y blanqueados; por la luna en telarañas. Entonces mi sombra, nítida se estira, tras una columna de llovizna cremosamente, amarillenta, entre cables polvorientos, cerrando la oscuridad. Y la espesura de hojas caídas, y pencales arañan cementerios fosforesciendo; y blancos mármoles de estatuas de las diosas blancas de la noche, solo atinan a querer descifrar, las escondidas señales de un nuevo día, que invita al trabajo, de todos y por todos. Y todo esto que sueñas como debajo de una banca grisácea, con bufanda de cemento tiene un olor polvoriento de día acabado; y un cartón grande de frazada, de vagabundo de paso por la ciudad, en su ruta sin brújula, a cuestas con el día caótico, con hambre y sin trabajo.
A mis abuelitos José del Carmen y Augusta Emperatriz Yauyucán- Santa Cruz- Cajamarca, julio 2025 Juan Flores Arrascue El surco como insistía, al sueño de mis abuelos, tener sus propios terrenos y cosechar su alegría,
medio que el choclo silbaba, en los soñados potreros y un lucerito de papa iba guiando estos sueños,
soñaban huertas con miel de chiuche y bizcocho en flor- brillando a pan...y nudillo... lunita amando el frejol...
Diosito les daba ideas, de pampas...y de laderas... con yuntas abriendo nidos pa' que amanezcan las siembras,
la tierra iba palpando, al sueño de mis abuelos, como diciéndole donde: van a vivir sus terrenos,
una tras diotra en sus sueños, ya suspiraban papitas: así avisaba el sudor, que SÍ tendrán sus chacritas,
la vida se daba cuenta del sueño de mis abuelos, por eso habló con la suerte: pa' conseguile terrenos,
y como tuvo que ser: LOGRARON sus terrenitos, das lo animaron con siembras... y brillo de ganaditos...
Jaime Abanto Padilla. Tú elegiste la distancia de los días por otro amor. No te culpo, el amor había envejecido, le llegó el otoño y los días se vistieron de tiempo gris. La casa quedó deshabitada hubo que vestirla con mi ausencia, por eso guardé mis últimas horas en mi maleta y partí por el camino que alguna vez llegué. Tu recuerdo llega cada vez más distante, el tic tac del reloj de mi pared me recuerda algunas veces tu sonrisa y esa tu mirada cuando veíamos llegar la tarde. El tiempo curó mis heridas, poco a poco fue zurciendo mi alma abierta que sangraba. Era verdad que el tiempo sana los dolores que en un momento el corazón no entiende y tanto duelen. Hoy transito por otras calles y avenidas, un amor bueno me enseñó nuevos caminos, otra vida, días nuevos sin melancolía. Me abrazó una tarde y me enseñó que también la vida un día se viste con olvido.
A mi abuelito José del Carmen. Yauyucán- Santa Cruz- Cajamarca, 12/7/2025. Juan Flores Arrascue. Desde sus cejas de sauce, dos águilas de saucecillo, volaban de tabla en tabla: con rapidez de cepillo.
YÁ el sudor del destino, en su pañal carpintero, das le predijo a mi abuelo: que le esperaba un camino y que a su pulso de niño le dé maíz pa'que avance y así aguantar este cauce. Brotaba imán su mirada, que a la madera domaba: DESDE SUS OJOS DE SAUCE.
En sus pupilas nadaba, el eco del aserrín- la tarde ponía el fin, del ruido de la jornada y entre sus manos sumaba surcos de clavo...y martillo... callos que siembra el cepillo. Sus párpados dieron la lija, donde el recuerdo cobija: DOS ÁGUILAS DE SAUCECILLO.
Por las laderas de mote, de sus mejillas cruceñas rodaban calientes señas, contando como era el trote... era tuel día este brote... Miestras la mesa clavaba, mi abuelo guardó el habla. Sus ojos de roble cuno, muy fijos uno por uno: VOLABAN DE TABLA EN TABLA.
Fue un lucero que un día, con su madero y su afán... le dijo que en Yauyucán, pondrá con suerte...y porfía taller de carpintería. Sus sueños de saucecillo- casita...chacra...y martillo, se fueron por estos lares, rogando a Dios...y a maizales: CON RAPIDEZ DE CEPILLO
Luis Alberto Sánchez Vásquez Con el sol de Chachapoyas; a la vida amaneció; y las primeras letras de infancia, en su escuela aprendió. Y ya en adolescencia, por pedregosos, polvorientos caminos, a la ciudad de Trujillo, a estudiar en seminario, llegó. Y ya en la ciudad de los reyes, en los claustros del convictorio como teólogo se recibió; y en la decana San Marcos, en derecho se graduó… Ordenado sacerdote, en Marcabal de serranías con devoción ejerció. En tanto desde Lima, por su académica preparación, a dirigir y enseñar, en el real convictorio su alma mater, llamado va a ser… Y aquí es donde iluminado, por los acontecimientos, de entonces con mente inquieta, actualizada; en las mentes juveniles y criollas del San Carlos; las ciencias naturales, enseñará que en el futuro servirán, para aprovechar las riquezas minerales, y productos naturales de la patria; mas no ya como colonia, virreinato, donde la monarquía dominante, la más fuerte se había hecho; en el sur del continente. Sino como país libre y soberano; dueño de sus recursos, y su propio destino independiente. Y se había entonces que formar la conciencia nacional, y a la capa dirigente nacional que allí mismo estudiaban, con él; educándolos en los principios de libertad política, democracia y soberanía popular. En la igualdad ante la ley, y los derechos universales del hombre y ciudadano; aprendidos de Europa y el fuego de la revolución. Y es entonces que por estos motivos, perseguido será e injuriado, por esbirros españoles de la audiencia y el virrey; que le obligaron a renunciar. Entonces incorporado será a los Amantes del País, de ilustres independentistas como Baquíjano y Unanue; para romper el yugo colonial, de la metrópoli española. Y llegado el libertador San Martin, y convocado el pueblo, Toribio Rodríguez, el primero será de los que suscribieron el acta de independencia. Y muchos de sus alumnos, como Sánchez Carrión y Tudela entre otros carolingios, paladines y oradores serán de la primera constituyente nacional donde con Rodríguez de Mendoza a la cabeza de la asamblea; la primera ley fundamental peruana con la constitución darán; la ley de leyes que establece nuestra república democrática del Perú, como país libre e independiente, con propia personalidad entre los pueblos del orbe. Nuestra querida patria, llamada a ser ejemplo de ejercicio de las libertades y derechos democráticos. Y al convocarse a Bolívar, pa consolidar la independencia, y asegurar la de todo el sur del continente; Toribio Rodríguez a retiro pasa, falleciendo como insigne educador, teólogo, y padre de la patria en 1825 en Lima capital.
AUTOR: Guillermo Manuel Torres Ruiz Amigo nuestro hogar es uno solo una estancia en que redimimos a la vida miramos el rostro de lo jamás visto en los ojos del horario que vuela en los paisajes Y no conversamos con las quejas que retornan, escondidas en el vientre de dolores, confundidas en el viaje sin retorno, que se juntan a la fantasía y al polvo de los caminos.
Nuestros reclamos se impregnan en el sudor de las sombras perpetuas, compartiendo el pan fraterno que se aúna a nuestro único latido.
La unidad queda prendida en las razones abrazando a la hermandad contra corriente, buscando la identidad en la brújula del alba cuando el piloto se pierde en su galera. Amigo la victoria está tejida de grandeza, las luces se arrodillan ante la justicia y los pueblos reclaman el sonido de las lluvias que entre espiral de voces gritan por las fuentes libertarias.
Luis Alberto Sánchez Vásquez. Entre mimbres de luz, como un pájaro enjaulado, en copos de nubes de abiertos cielos, sueño; y sueño con vientos enramados, que ciernen el polvo de las rutas hacia el norte, hacia donde cual aves viajeras emigramos, por este frío gris con que nos engarra la estación. Ahora enmohecidas hojas, caen sobre un estanque vacío silencioso, desde donde aterido ya no puedo volar. Ni estar a la altura de estos tiempos, de complejidades de cosas, que escapan a mis dorsos emplumados. Y desde este trasfondo verde oscuro, lanzarme no puedo ya, a los campos abiertos de edificios, a todas las celestes rutas, de azoteas brillosas de horizontes cruzados de luz, tentando con las cosas, los oficios más disímiles, y automatizados, con la complicación de las imágenes y sonidos del tiempo; como es el día de hoy… Y he quedado tendido aquí, aterido, rezagado; enjaulado entre estos mimbres de encendido arcoíris; a la vista del ocaso colorido de espantapájaros; en sembrío de espigada luz; por donde quiero huir saliendo debajo de un árbol rojo, que ya en cenizas se oculta, cerrando nublado el horizonte. Y levanto vuelo; un vuelo alicaído, que raspa, frotando adolorido, al suelo rugoso y pedregoso; más sin temor a estrellarme; ¡Y volar aún quiero. Todavía, volar¡ Inicio
Guillermo Manuel Torres Ruiz
VIRUTA PA' LA TIERRA Y EL FOGÓN A mi abuelito carpintero, José del Carmen Arrascue. Yauyucán- Santa Cruz- Cajamarca, 23/6/2025
Guillermo Manuel Torres Ruiz Partimos encadenados a través de los brazos del ande fue un camino fatídico y al final errado
Y hemos vuelto al inicio oyendo el canto de los esclavos que vagan como sonámbulos por infinitos mares disfrazados y hambrientos
¡Por favor!¡abran los ojos! recojan el sol en sus manos abracen el calor del medio día acaricien las estrellas que alumbran las sombras de la noche platiquen con las montañas no azoten sus sueños.
Guillermo Manuel Torres Ruiz Cada vez más oscuras los rostros de los hombres, cada vez más cadavérica la luz que nos alumbra, más niños que se mueren, más hambre que aumenta, más protestas que encienden su chispa en la mañana.
Hay que exterminar con toda esta pesadilla que hace sangrar el corazón de nuestros pueblos, es preciso que juntemos nuestros brazos, es preciso que miremos el futuro, es necesario borrar la huella de tanta sangre derramada en la tierra de nuestros antepasados, es necesario dejar que el niño nazca entre palmas y flores, es necesario que el niño crezca sin temores, es necesario eliminar la mortaja de nuestros hijos.
Entonces los árboles harán volar himnos de victoria, entonces las ráfagas voraces de los fusiles despedirán gorriones de felicidad, entonces morirán los odios y rencores de los hombres, entonces unificarán abrazos voces y canciones.
Y sus almas brindarán al universo, un nuevo idioma humano, donde veremos todos, crecer a nuestros hijos, reír a nuestros hermanos y engrandecer a esta enorme creación.
Luis Alberto Sánchez Vásquez Por laberínticas calles y céntricos jirones, con escoba de retamas barro. Y con agrado espero, al otro día, reluzcan pistas, y veredas, con los rostros alegres de muchachos; la esperanza soñadora de los jóvenes, y la experiencia de mayores. Y barro, escarbando el polvo de las sombras, con mis compañeros de trabajo; silbando una tonada; animosamente barro; y en lo alto, atisba la luna, montones de nubes de sombra. Y fuerte es el polvo, añejo; que toser hace a los abufandados; que, en voz baja, conversa que te conversa, me pasan la voz, entre la somnolencia de las calles estiradas, de la ciudad. Donde en el pretil de vereda, con sorpresa uno de ellos, ha encontrado una criatura recién nacida y abandonada. Y entre todos se avisa al serenazgo, se lleve al bebé del manto de la noche, a la aldea infantil. Avanza la madrugada, y calados de frío, en la noche profunda; barremos; amontonando sombras considerando, el día otro; limpito invitando al trabajo sudoroso y con buen sol, sin escasez ni corrupción.
VIRUTA PA' LA TIERRA Y EL FOGÓN A mi abuelito carpintero, José del Carmen Arrascue Yauyucán- Santa Cruz- Cajamarca. Juan Flores Arrascue Saltaba tanta viruta, del cuero de la madera: servía para el fogón y abono para la tierra.
Apenas ara el cepillo, los nudos del bravo roble, volaba viruta al doble, cual cintas de papelillo- cual serpentina en ovillo. La tabla es aquella ruta, donde mi historia disfruta: oír...palpar...y oler y como desde su ser: SALTABA TANTA VIRUTA.
Los sábados de mañanita, con obediencia y costumbre, barrimos de cumbre a cumbre, montañas de virutita, haciendo nuestra escobita: de pushle- verbena o era diotras ramitas cualquiera. Y mi abuelito le hacía su trompo a mi fantasía: DEL CUERO DE LA MADERA.
Prendíamos bien tempranito, con virutita...o...ramitas- soplando bien las leñitas... el trote del fogoncito. Su pulso de mi abuelito: era un fornido aluvión- fibra de rayo y... tablón. Lo que pulía sudando... cepilla que cepillando: SERVÍA PARA EL FOGÓN.
La chacra nos esperaba, con sus abrazos de surco- con la yerbita pa'l ruco, nuestra emoción le entregaba, viruta que alimentaba, la flor de su sementera, con esa fe carpintera. De la viruta su acción, servía para el fogón... Y ABONO PARA LA TIERRA.
HE DE VOLVER ALGUNA TARDE CUANDO LLUEVA Jaime Abanto Padilla Conozco un pueblo que se llama Hualgayoc, está en otro tiempo y en otra distancia, a donde los ojos no llegan, pero el pensamiento se pierde en sus caminos y en sus verdes colinas de húmedo llanto. He de volver alguna tarde cuando llueva, he de volver a esconderme entre sus calles y a caerme entre sus piedras que me hicieron llorar dulcemente tantas veces. He de volver porque te pienso cuando caigo en los caminos y no hallo tus piedrecitas que brillaban en mis llantos. He de volver a contar hasta diez en tus esquinas y a buscar a quien sigue esperando hasta encontrarlo y volveré a esconderme alguna tarde en la casa de mi ausente abuela y volveré a llorar mis penas a la penumbra de alguna vela. ...He de volver alguna tarde.
Por Guillermo Manuel TORRES RUIZ Acércate, arrímate – a la luz, porque de lumbre son tus retinas, de cinta, de humo tus cabellos, de delgado horizonte tu cintura y miel contaminada tus buñuelos de esperanza, así te hicieron huir de este mundo, viajando con tus huesos delicados a través de abismos eternos, como aves entre picos mudos, por eternas cavernas, a dormir en paraísos- verde azulados- como en tus sueños.
Acércate, de ti- no conozco nada, sólo escuché tu sufrimiento, develado en los manteles negros de tu fogón oscuro, donde reposaron tus años entre los vientres del silencio.
En donde las horas se quebraron en los abrazos Y tus días rodaron como un infortunio, derribada por aquella máquina que destruye Y que sus manos que se aferraron a tu ternura algún día , asfixiaron tus últimos minutos de vida; matado tu lozanía y perforando tu alma con sus palabras.
Pobre triste paloma de ensueños, mejor vuelve a tu morada eterna, a rezar por las sin nombre, con las tantas oraciones que regaste entre las sombras, con cientos de mujeres como tú que partieron mudas …sin despedirse de este ingrato mundo. …Basta de sangre derramada, basta de negras sombras rondando nuestras habitaciones, basta de ahogar la ternura y colocarnos negros crespones de nostalgia.
Abramos los cuadernos y los libros y descerrajemos los portones cerrados para brindar por la paz y la justicia por el amor y la gloria, por la vida y no por las cegueras del tiempo, siempre recordando aquella voz detrás del horizonte… Luis Alberto Sánchez Vásquez Es jueves de Corpus Christi; y cubierta de sombreros, la gente sombrea la plaza. Las alfombradas pistas, y las paredes de altares, del culto adornados están, al tendido paso de la banda en procesión; de apretada multitud de fieles, que en recogimiento; acompañan y rezan a la voz de parlante, en la blanca procesión. Y hay estallido de cuetes; y globos ardiendo, que se pierden en el cielo azul papel. ¡Es corpus de fiesta! y una banda de músicos, acompaña, al paso procesión. Y vibran la notas; y sordo es el rumor de los platillos; hasta los verdes arbolitos. Y tallada la pileta en cantera, cual regadera caer deja, al agüita de claro frescor. Hace la banda una pausa, y al aire rumorean, fervientes plegarias, de acento citadino, en plena luz de cáliz meridional. Y en lo alto, por graderías se escalan santuarios, hasta la cima que divisa claveteados colores por lomos grisáceos de cerros, y a canteriosas sillas del inca, asientos del sol. Entonces rienda doy al caballito de todos colores, de mi imaginación. Y comerciales unos tolditos, el tránsito cierran, por donde se ofertan, parlantes camisetas, más al pie los calcetines, junto a los sombreros cremas, y correas color marrón; y a tu talla los pantalones, los retazos y los vestidos de seda multicolor. Es día de fiesta del corpus; y a todo volumen, se propalan: las tardes de futbol, los espectáculos del circo; los toros en ruedo; y turísticos bailes, en locales de campiña, y clubes locales, más las músicas folklóricas de la feria de Fongal.
AUTOR: Guillermo Torres Ruiz Yo siento en las palabras una voz extraña convertida en árbol; que habla en los parques, que lanza gritos al cantar. Hay árboles que silenciosos rezan, hay muchos que se burlan del transeúnte, humanos que hacen llorar a los caminantes.
Hay árboles arcaicos, soberanos y tal vez filósofos que enseñaron en sus altas copas a cantar a las aves.
Pero también hay tristes, solitarios, silenciosos y poéticos; que embrujaron con sus versos a los amantes de la noche. ¡Quién podrá entender sus poemas extraños con su idioma estelar y cosmogónico! ¡Qué gran latido llevan estos estéticos árboles, que enseñan a vivir a la humanidad.
Autor: Guillermo Manuel Torres Ruiz Con bola´e coca y cañazo subiste por las montañas cargando tu alforja e chochos y un gran tercio de cañas. Cargaste un sueño paisano en un sombrero de paja, en tus ojotas de llanta y con tu sonido de caja al compás de flauta y maichiles. En el camino tendiste tu poncho con tu joijona e invitaste a los amigos pan con muro y con rocoto, la chicha sació la sed de tantos caminantes y todos se sirvieron del cántaro en el poto.
El aguacero cubrió tu rostro de bendiciones y el rayo fue tu guía de tus vergüenzas y castigos, seguro que tus años se perdieron entre acantilados arrastrando las huellas de tus ancestros que soportaron tantos látigos.
A mi abuelito carpintero, José del Carmen Arrascue Yauyucán- Santa Cruz- Cajamarca Autor: Tu ñeto, Juan Flores Arrascue, mayo 2025. Olía a trabajo duro, sus cajoncitos cuadrados, otritos rectangulares: donde esperaban los clavos.
Bien sentadita en el centro, del banco de carpintería, así pasaba tuel día, soltando a cada momento, los clavos de sus adentros, pa'quel martillo tan duro, clave con pulso seguro. Esta joyita tan noble, alas de sauce o de roble: olía a trabajo duro.
Cajita tan laboriosa, junto al sudor de su dueño, cual juramento de empeño, clavando una cuja hermosa- puerta de iglesia frondosa. Eran macizos sus lados- pues yo los ando churcados, en mi alforjita engreída, color de chonta pulida: sus cajoncitos cuadrados.
Con su silencio aplaudía, al serruchón y cepillo, la rapidez del martillo y del formón su armonía que a la silleta pulía. Habían clavos iguales- los otros eran impares- tablones lindos y gruesos- unito o dos medios huegros, otritos rectangulares.
Recuerdo que mi abuelito, das de memoria jalaba, clavitos de una pulgada, por tercios más grandecitos, les repasaba sebito. Eran dos puquios templados- dos sauces bien cautivados, los ojos de mi abuelito, por su añañay cajoncito: donde esperaban los clavos.
Seudónimo: Garza Azul ¡Heme aquí, Señor, ¡mi Redentor! Ante el madero de tu cuerpo en Cruz, desandando mis cansinos días; aún enhiesta mi vetusta humanidad por el soplo de vida, por Ti concedido… Soñando embelesada con noches de plata, bajo un manto azul de fugaces luceros, cosechando el trigal de mis recuerdos.
Esfumada ya la vibrante y osada juventud, dormitan quedos en un rincón del alma pretéritos instantes de caras alegrías, también de umbrosas y cruentas melancolías; más… quedan latentes los rezagos de aquella luminosa edad primera, que saboreando estoy con ambrosía.
¿Será, tal vez, el último tramo de la senda? No lo sé, sólo atino a comprender que es un deber seguir desbrozando el camino de espinas, prodigando amor con encendida hoguera… ¡y riendo a carcajadas… hasta que muera! ------------------------ ¿Quiere saber el autor de este poema?, visite la nota:
Luis Alberto Sánchez Vásquez. Heroico, hasta el fuego del último cartucho; fuiste ¡Oh Bolognesi!; un gran patriota, hasta caer golpeado por el fusil enemigo, en tu cabeza, entre tus bravos soldados, que por defender la patria, perecieron, abriendo fuego, sobre el enemigo invasor. Y ultimado fuiste, muriendo; más luego resucitando, nimbado por la inmortalidad gloriosa de tu gesto heroico de soldado peruano; que ante la orden de rendirse, trasmitida por Salvo, el mayor chileno, que se sabía de antemano vencedor, por la superioridad en número de sus hombres y armamentos chilenos; ante esa orden impositiva, de rendirse; tú ya anciano y veterano; con voz ronca y enérgica; haciéndote portavoz de la decisión de oficiales y soldados, contestaste al rapaz emisario, que los soldados defensores de la patria, no se iban a rendir, y que mas bien pelearían, defendiendo el morro de Arica, hasta quemarse el último cartucho. Inmortalizando con este tu gesto, el valor del pueblo peruano, volcado en defender su territorio, que en sus tres regiones naturales, posee ingentes riquezas; que desde el incanato, despierta la codicia de algunos países. Y enseñando; que para defender la integridad de nuestro país, se debe cuidar y mucho, a todos sus habitantes, desde el más pequeño hasta el más grande; que como peruanos que somos, vestimos la roja y blanca; de la misma familia peruana, como somos. Y con las nuevas generaciones, bendecimos a nuestros héroes, como Bolognesi; que un siete de Junio de 1880 enarbolaran en alto el pendón bicolor; defendiendo con sus vidas, a la roja blanca, y milenaria como el arcoíris; simbolizada invicta en nuestra heroica bandera nacional.
Luis Alberto Sánchez Vásquez. campestre, colorida, hermosa siempre, entre los cerros. Te veo, ¡Oh inmemorial colina!; al sol de blancos jardines, rodeados de pajarillos pequeñitos, asidos a tu falda de sombras de azulejos cercos. Y zorzales, plomizas palomitas, y los indio pishgos, buscando están los subas, a tu pecho de bosquecillos, donde puedan pernoctar. Tras el ocaso, que enrojece los estanques; donde ahora te miro; repartiendo chupetines, que destellan; los juegos de parques.
Y cuando las cuculíes suben a tu casa, de amontonadas nubes; les llamas; les nombras; con tu voz juguetona de brisas, que temblar hacen las ramas, sobre las oscuras cavernas del subsuelo, debajo de tus gradas. Y la vista bajas, sombreando un caminito de asfaltadas piedrecitas. Y con cantarina voz de armonioso viento, que se dilata al reconocer, a nosotros, y a los turistas; abres tus brazos de falda de los cerros aledaños. Y permites al día que se oculta, besar tus labios de amarillas flores, perfumadas, hasta el fino licor de la sabia de la naturaleza. Y cubierta tu cabeza con solo un pañuelo grisáceo; hasta bien arriba, subes. Mientras pequeñitas aves; en las ramas de los molles, que destellando están rojizas pepitas; se guarecen en nidales de enredadas sombras. Despidiéndose con su griterío de pajaritos.
Mariano Chávez Vásquez. En la historia de los diablos en Ichocán, parte de la fiesta eran las máscaras de diablos. Como olvidar la landesa de don Carlos Soto y las numeradas para alquilar por cada vuelta. La máscara luga (sin cachos) de mi tío Alcides Chávez. La máscara de lata de don Manuel Chirinpico. La máscara con quijada movible del "Loco Alipio". La máscara llorona del señor Edgar García. O la máscara con lentes de un diablo y paisano. Todas, a mi entender, Obras de arte que por su gracia, su magia o su utilidad Forman parte de las anécdotas y recuerdos de los diablos de Ichocán. La máscara como parte del disfraz de diablo Que permitía que la población no los reconozca, Por ello había danzantes que se disfrazaban por la Tulpuna, La Colpa, la Plaza de toros o Chantaco Con el fin de pasar desapercibidos. Que, en algunos casos se daba y en otros se reconocía en el acto. Pero hoy quiero rendirle homenaje a mi máscara Posiblemente No sea la más bonita, la más hermosa o la más esbelta. Sin embargo La que con su mirada, sus bigotes y esos cachos hacen que desde el momento de utilizarla Te sientas diablo. saques tu rebenque para entrar al ruedo levantes tu pañuelo (con la mano izquierda) y empiezas a danzar como don Walter Chávez me enseñó. ¡¡¡Y seas realmente feliz!!! Créditos fotográficos: Gabriel Tejada
Mauro Giammaria. Ya no quiero ser Quijote, prefiero ser un burgués, Cobrar una vez al mes un dinero razonable, usar ropa confortable y un buen perfume francés.
Nadie quiere a los Quijotes, son seres sin elegancia. Sus ideas están rancias, pues son demasiados sanos y van siempre a contramano… ya nadie les da importancia.
No quiero ser blanco o negro, hoy prefiero los matices y moverme entre los grises, congraciarme con los brutos que no saben que los frutos brotaron porque hay raíces.
Yo quiero ser otro ser, un ser acomodaticio. De esos que tienen el vició de nutrirse de lo ajeno, quiero comer de lo bueno y ya no los desperdicios.
Quiero una casa en la playa, quiero un auto con chofer, champan, quisiera beber… ¡que el dinero no se agote! Quiero cosas que un Quijote Jamás podría tener.
Quiero amigos poderosos porque es muy lindo el poder. Los partidos, quiero ver, desde algún palco privado, y no quiero ser mezclado con el pueblo… ¡que joder!
Por eso… ya no Quijote y basta de quijotadas. Si la gente acomodada, Esa que dicta las leyes, vive mejor que los reyes y no se priva de nada.
Quizás si llego allá arriba, me olvido que he sido pobre, que a veces me faltó un cobre para llegar al asado y entonces, coma variado… y tire lo que me sobre.
Me olvidaré del Quijote que un día fue muy profundo y quiso cambiar el mundo peleando contra gigantes, voy a ser un arrogante… nunca más un vagabundo. Inicio
Luis Alberto Sánchez Vásquez Recostado en una húmeda columna de cantería; sobre páginas de agua, fumo; esperándote: abriendo, la tibia, humosa ventana del sueño; donde en sentadas escalinatas, humedecidas; el humo de blancas paloma de plazoleta, revolotea mis ojos; con verduzcos tañidos de campanas, que se despiden en el bronce de tus ojos; donde se encienden mis ojos; mientras fumo tus blondos labios, enardeciendo más a mis besos, que te daré esta noche. Ahora con las brisas del blondo aire, perfumada se estremece, tu cabellera en mis manos; copiosa, copiada en el estanque, de aguas de luna; envuelta en la niebla del humo, que te cubre, sobre un roto estanque de agua oscura. Y aún te estoy aguardando; esperándote, a que bajes calladita, escapándote de tu casa a la vuelta; saltando las páginas de la empozada agua; donde se desvanecen, la columna, y el tallado balcón; tus ojos de campanas; y la colilla de mi cigarro apagadas.
En 1975, Robert Prevost estaba en la cima del éxito. Profesor de matemáticas en Chicago. Aceptado en la Facultad de Derecho de Harvard. Tenía el futuro asegurado… Pero eligió el camino menos esperado: el de Cristo. Dejó todo. Se unió a una orden misionera. Y partió al Perú. No a las grandes ciudades, sino a las aldeas más remotas, donde los niños mueren por falta de medicina, y el agua potable está a horas de camino. No fue a enseñar desde lejos. Fue a vivir con ellos. A ser uno más. Aprendió quechua, la lengua de los incas. Cargó comida en su espalda durante días. Durmió sobre tierra húmeda. Dio clases bajo techos rotos. Cargó enfermos en burros. Rezaba bajo las estrellas. No hubo cámaras. No hubo titulares. Pero su amor resonó en los Andes. Y el cielo tomó nota. Los obispos lo vieron. Roma lo llamó. Fue elegido para liderar a los agustinos en 40 países. Pero nunca cambió. Siguió usando sandalias. Siguió caminando con los pobres. Siguió rechazando el lujo. Luego vino lo impensable: • Obispo (2020) • Cardenal (2023) • Papa León XIV (2025) Y aún así, cada año regresaba a esas mismas aldeas. Se sentaba en el suelo. Tomaba la mano del enfermo. Escuchaba al anciano. Porque para él, el liderazgo no es un título, es presencia. El Vaticano no solo vio un sacerdote. Vio un alma. El resto… es historia.. ----------------- Fuente: Ferreñafe denuncia.
Luis Alberto Sánchez Vásquez Abierta la amarilla puerta del día, con mi hija nos acercamos a comprar. - ¿Qué cosita? - la vendedora, limpiándose con amplia sonrisa,
en el mandil azul de la mañana, sus manos, a mi saludo contesta. Abierta la mañana del claro día, sus vitrinas de luz reluce; y andamios y mesas de metal, hay con artículos de bodega; y aglomeración de clientes, de la gente que se acercan a comprar. -A ve señito, solícita inquiere, y a todos quiere atender. Atareada por las calles va la mañana, entre árboles, y frutas de cajones de madera, sobre vieja camioneta, candente al tumbado sol. La mañana limpia fachadas, barriendo hasta espejar asfaltos viandantes. ¡Y un momentito por favor! al transeúnte pide; a cada niño de propaganda, señalando la cremosita, y chisitos. -¡A ve a ve¡ y cogiendo va del aire el cuchillo, desguazando alas del abierto azul; pecho dorado de una nube en balanza, de este incontrolable mercado liberal de desatados precios; que al sin plata en el bolsillo, boquiabierto deja, parado y sin comprar.
Me permito publicar un nuevo poema, inspirado por los zapatos que un amigo zapatero argentino le hizo al Padre jesuita Jorge Mario Bergoglio.
Autor: Guillermo Alfonso Bazán Becerra. Cajamarca, Perú. 26 abril 2025
Los viejos zapatos, negros por fuera, con el sabor de barro y polvareda, curtidos por el Sol y por la lluvia, sabiendo la sonrisa del ocaso... Viejos zapatos, con pies color de ángel, con las plantas cansadas del camino, sintiendo pulsaciones de miseria, de pobreza en el barrio pueblerino... Manufactura propia de Argentina, dedicada en afecto para el Cura, el que un día saldrá de sus fronteras... ¡y tendrá su sotana planetaria! Él se los calzará ya para siempre y hasta en la tumba inerte, sin camino, seguirá dando pasos hacia arriba, con su nombre cambiado... ¡nueva historia! Jorge Mario ya murió, ahora Francisco, ha bendecido a todos, perdonando, marcando nueva ruta al pontificio... ¡refrescando la fe, por los creyentes...!
Ángel Lavalle Dios Persiste el hálito que anima Al ser que florece con la vida Luz y belleza el velo rasga Huso en tus manos tu mirada
Misterio idea pensamiento el existir Es en el corazón del mundo Bosque no árbol la persona Hilván del bien y de lo justo
Un río el afán sobre lo dado Poco lo alcanzado que se vive Eterno es en cambio y se recrea
A vista en formas indelebles Y es en riqueza y sentimientos El alma en su ropaje de grandezas -------------------- Ángel Lavalle Dios: "HÁLITO Y HUSO" Trujillo 01-05-2025. Homenaje por el Día del Trabajo.
CAMBIANDO BIZCOCHITOS POR PAPITAS A mis abuelitos José del Carmen y Augusta Emperatriz Juan Flores Arrascue Ay hijita das te fueras a Laypampa, a cambiar estos bizcochos por papitas... no tiolvides de decile a doña Nulbe, que mañana das le llevas su salsita,
Ña Augustita, aquí le traigo estos choclitos, talvez téngaste azuquitar pa' remedio, la tos negra a mi chinita ya lo mata- a Diosito, que lo salve, estoy que ruego...
Ay hijito das te fueras a don Shanti... miaofrecido darme ollocos...y frejol siacortao con el hacha y pa'que sane, tú le llevas este pomo de charol,
Ña Augustita, acá le traigo racachitas, un carausho- su alverjita...y chiuchecito, Ay Florita, Dios te pague y te compenso: con salsita- este arrocito- más pancito...
Qué hermandad cuando el alma de los surcos... das cambiaban su cariño con el pan... ésa vida mano a mano pa'la olla... son las canas de mi Viejo Yauyucán. Mayo 2025.
Mario Benedetti Aquí no hay viejos Solo, nos llegó la tarde: Una tarde cargada de experiencia Experiencia para dar consejos. Aquí no hay viejos Solo nos llegó la tarde. Viejo es el mar y se agiganta. Viejo es el sol y nos calienta. Vieja es la luna y nos alumbra. Vieja es la tierra y nos da vida. Viejo es el amor y nos alienta. Aquí no hay viejos Solo nos llegó la tarde. Somos seres llenos de saber. Graduados en la escuela. De la vida y en el tiempo. Que nos dio el postgrado. Subimos al árbol de la vida. Cortamos de sus frutos lo mejor. Son esos frutos nuestros hijos. Que cuidamos con paciencia. Nos revierte esa paciencia con amor. Fueron niños son hombres serán viejos. La mañana vendrá y llegará la tarde. Y ellos también darán consejos. Aquí no hay viejos Solo nos llegó la tarde. Joven: si en tu caminar encuentras. Seres de andar pausado. De miradas serenas y cariñosas. De piel rugosa, de manos temblorosas. No los ignores ayúdalos. Protégelos ampáralos. Bríndales tu mano amiga. Tu cariño. Toma en cuenta que un día. También a ti, te llegará la tarde.... Inicio
Jorge Horna Cuando una vida como círculo concéntrico se acuna en el mundo, se filtran la luz y el agua en los lienzos tejidos para la claridad del recién venido. Los gestos heredados de manos lavanderas de Adán e inagotable Eva glorifican a los albos tules y franelas orillados de rosada playa; estregados con la mirada y los pensamientos, la jabonada de "dos ojos", una por ella y otra por él. Un par de enjuagadas, y una más con azul añil del cielo. Puestos al sol y al viento flamean parapetados cual emblemas en los patios y las azoteas. Es la ceremonia del tributo a la bondad. Desde las veredas o los zaguanes había que ver la alegoría en los tendederos. Los días y el agua toman cada quien su camino, entrelazadas manos sin un adiós al pasado. Sólo en el corazón persisten atesorando el infinito renovado paño de amor. 2018. Inicio
Luis Alberto Sánchez Vásquez Por vitrinas de blanca luz neón, por vidriados mostradores, con atractivas, femeninas figuras, de pomadas, talcos para niños, vitaminas, pastillas para el estómago; y encarnada imagen de corazón; tras andamiaje de medicinas, apresuradas, marcando precios altos, mirándonos atiendes indiferente. Y en el piso, marcados pies señalando distancias, están para proteger la salud. Y ahorita sonriéndome, con amplio carmín de lápiz labial, de provocativas propagandas, me preguntas, sobre lo que voy a comprar. Entonces encendidos precios por las nubes, en pantalla computadora, aparecen de los fármacos, recetados, que mis pocas monedas, no alcanzan completar. Y hay larga cola, y bulla; y tumbados por el piso, unos niños hay que juegan, cuando las vendedoras de blanco nos llaman. Y pocos son, los que sin chistar, compran; y con bolsa de medicamentos salen, para la salud cuidar. Ahora un vigilante, guardar el orden, ordena; cuando por barato precio, a ganadas y en tropel, la gente a comprar, se acerque. Y en remolino, ante las vendedora, tras las computadoras se apiñan, para conseguir la genérica medicina, que con el escaso dinero, tal vez se pueda comprar. Y ya es tarde de la noche, y la gente sigue llegando, y entre otras por la enrejada puerta, saliendo vamos, hasta la otra botica, donde más barato, ¡Tal vez podamos comprar! Inicio
José Julio Estela Castro Cuando la lluvia se va llega el regalo de las flores andinas. Aparecen multicolores y olorosas cubriendo los valles y los cerros con su alegría y su esperanza. Anuncian esplendorosas que la vida continúa, y que más allá del bullicio y la contaminación perduran aún la armonía y la belleza. ¡Vamos al campo! ¡visita las flores! ¡contágiate de su vigor y bebe el gratuito espíritu de la primavera andina! El Algarrobo, Chilete, 11 de abril de 2025.
Si por extensión marzo es el mes de la poesía universal, abril es del poeta peruano en mérito a la trascendencia de César Vallejo. Esta vez alcanzo, a quienes gusten de leer poesía, dos textos en verso inéditos, escritos por J. Horna. Él elude para si las altas categorías de Poesía y de Poeta; con su persistente sencillez prefiere considerarse lector-labrador de palabras.
IZAMOLLES Jorge Horna Una mala jugada del viento entornó el camino hacia el gran jardín de Cusichán y Chaquil, por eso perdí los estribos del amor Entonces abordé el tren del insomnio, desde ese paraíso invoqué un beso extraviado en las altas horas de la noche y de la escarcha Huésped en las ramas de las ebrias copas arbóreas esperando el retorno del alba, nunca pude reconciliarme con el pulso del día Así, austero toda una vida las señales tuyas en la lejanía, los molles izados hasta las techumbres me rescataron de la locura. 2015
¡Oh! Abuelita Augusta, bajo una sombra de costalillos, vendías pan. Juan Flores Arrascue. Techito de costalillos, de fiesta en fiesta tendido... sobre palitos que aguantan, las tempestades...y el frío...
techito curtido en niebla... y en los albores de fiesta... tu aplaudiste a mi abuela, en el trajín de sus ventas,
al pie del pan de tu tela, una mesita surtida: de pan- bizcochos- merucas... roscas de yema...y turquitas...
y el harto afán a dos manos... de mi abuelita vendiendo, tanto frutal que ha horneado, para el gustito fiestero,
con material de tocuyo, el albañil del destino... cosía tu dura suerte... piezando los costalillos,
cuánto me acuerdo de ti! carpita, porque cual nido, TU rodeabas el sueño: de mi abuelita y el mío. Yauyucán- Santa Cruz de Succhabamba- Cajamarca
Deilú Elizabeth Oliveros Soto En la meseta de Akunta, cuna del verso florido, encontré tus bellos ojos, tus bellos ojos dormidos.
Unos ojos misteriosos reflejos del manantial, que reflejan la esperanza de un canto primaveral.
Ojitos de verde pampa. verde pampa y alhelí, hoy escondo en tu mirada el verso que te ofrecí.
Ojitos tan misteriosos hoy vistes poncho de lana y llevas en tus antojos el brío de la mañana.
Quiero decirte al oído un verso y una canción y dejar en el camino una mística oración.
Claros ojitos chotanos, chotanos de corazón, hoy plasmas en tu mirada las quenas de tu canción.
En los Baños de Chancay tomaré un chancayano sin dejar de admirar a un bello cholo serrano.
Con tu ponchito de lana hoy recoges mi s recuerdos, con tu sombrero de palma acurrucas mis ensueños.
Y en tu alforja ceñidita ceñidita a mi canción te dejaré mis recuerdos y mi noble corazón.
Luis Alberto Sánchez Vásquez En el agua curvada de blanco oleaje, espumando; se ha posado una mariposa, a puro puntos pintada, por los secos rayos de sol. Y por el verduzco césped de las orillas, un par de niños descalcitos, traviesos, que a su madre aguardan, para merendar; se entretienen, esperando la mariposita; que a puro puntos amarillentos, pintaran, los secos rayos del sol; y hay que cazarla, a como dé lugar, hasta despintarla con sus deditos, al cogerla de sus vibrantes alitas, cuando ella beba, la blanca miel de los labios, de una margarita, que con afán, a los codazos del aire, se acerca al espumoso estruendo del agua cristalina. Por donde la luz posándose, se desteje en sus colores arco iris. Mientras ellas estiran y cierran sus alitas, sobre el encanto en que se cierra iluminado el jardín del ocaso de la tarde.
A la maciza palabra de mis abuelitos: José del Carmen y Augusta Emperatriz
Juan Flores Arrascue. Sí el rápido reloj de la saliva, se secaba antes que cumplan los mandados, su espuma ya dejaba la enmienda: que les caiga pellizcón- cincho y carajos,
madrugaban a mudar en Cuchupacchaj y dar sal a las vaquitas y caballos... traer la leche- también leña- más ricachas... y rezando que Diosito espante al diablo...
cuidadito con hablar malas palabras- ni pensar que noagan caso- ni mentir... saludar con respeto a los mayores- ni jalar calladito sin pedir...
con los pies a todo trote en los caminos y arreando en la oscurana con mechón- echar sueño en el pellejo de la oveja y tempranito a la costumbre del fogón,
ni hablar es bueno que a sus padres no obedezcan- ni meter a su bolsillo pan ajeno... con el silbo los traían dionde sea- comer pronto- toditito y no hacer dejo....
ni que piensen escaparse de la escuela- o no cumplan sus tareas y es peor: que se burlen del maestro y ahí sí... cae maja sin ninguna compasión...
NO queremos que se queden en las chacras- NI en el llanque- NI en afán de cocinera... por eso estudien so carajo pa'que triunfen... y saquen pecho por la vida y por su tierra... Yauyucán-Santa Cruz de Succhabamba-Cajamarca
TU MISTERIOSA LLEGADA: "SEÑOR DEL COSTADO" Santo Patrón que venera la provincia de Santa Cruz de Succhabamba-Cajamarca. Juan Flores Arrascue Cuenta el ánimo del tiempo misterioso, que llegaste a Santa Cruz cual aventura, quizás un ángel se hizo arriero y bien te trajo, en los lomos voluntarios de una mula,
también dicen que no saben en que sitio, el ojo y llanque del cristiano te perdió, quizá el cariño de María abrió el lucero: que te trajo al Cotorumi Sí Señor!
o quién sabe un angelito bien cruceño, desde el cielo confesaba tu destino, mientras él estaba orando, tu cajón, vino al pueblo que te dio tu altar y tu himno,
habla tanto: la memoria, fe y lluvia, la creyente devoción del vecindario, que estuviste en la Placita cual Misterio, esperando que descubran tu Costado,
Tú llegaste en procesión de forastero, al cariño que tu HERIDA había escogido, por respeto a la costumbre y a lo ajeno, no abrían el secreto de tu abrigo,
cuenta el cielo, la emoción...y el Padre Nuestro, que tu hallazgo fue un desborde de plegarias, Santa Cruz de Succhabamba, es desde entonces la Custodia de tu HERIDA Inmaculada,
Qué cartita caminante tan divina, el Secreto Celestial de tu llegada, a ésta Tierra que Consagra tu Aventura, en su Amor Cielo Azul y Piedra Blanca. Cajamarca, 30 de marzo 2025.
Luis Alberto Sánchez Vásquez Blanco asoma el chalecito, que bien abajo, su gradería extiende. .. Blanco, soledoso y desocupado, a la celeste pupila con que el día nos mira; por las empolvadas paredes de mi memoria, donde cuartitos hay de rondas de alegres niños; y risas de mayores. Al asombro de ventanas, cuando asoma el jardincito, de frescura de enramada, seca al sol. Ahora con luz amontonada, la loseta brilla por rincones; y con la erosión del tiempo, en sus paredes, el chalecito asoma. A la vista de jóvenes parejas y turistas, que inextricables graderías, suben, y bajan admirados por estatuas campesinas de granito. Sintiendo cercana, en la plaza la tragedia de la historia. Blanco el chalecito, hasta abajo su gradería extiende: por bancas de juguetonas mariposas, y turistas. Y los transeúntes salen, ingresan las abiertas tiendas, plantadas de artesanías, con líquidos colores de tejidos tradicionales… Y hoy blanco, ya, avejentado el chalecito, despide recuerdos y turistas; a la azul mirada de la lejanía, coronando cerros. Cajamarca, 30 de marzo 2025.
Daniel Santos Gil Jáuregui La espera esa otra búsqueda Agua de los ríos de la sierra Cuya calma lo construyen remolinos interiores Instante infinito Camino detenido por otros caminos Estación de las estaciones Punto que une a las distancias Soledad multitudinariamente acompañada Memoria del tiempo Río Desde luego El río de Heráclito que te trae de vuelta A las búsquedas ambulantes
Luis Alberto Sánchez Vásquez. Grisáceos fogonazos, de plomiza ventana, con truenos ruedan, en vertientes tempestuosas, y caóticas. Y por opacos cielos, la lluvia cae: traqueteando calaminas; techumbres de tejas; inundando lavanderías de azoteas. La lluvia, que tras la manta de los cerros; con pututos de tempestad; y clarinadas de túneles de canteras cae. Zapateando, granizos de empedrados, y pavimentos cosidos de tapiales y ladrillo; y que moja los paraguas de las gentes, que a comprar entran, por bodegas y almacenes, como buscar refugio. La lluvia que tempestuosa inunda con lodosos ríos, causando temor, a los pobres de las casuchas de rivera. Y que va, arrancando arbustos de neblinas, hasta donde tu vista, se pierde. La lluvia que para buena suerte, a los sembríos llega; haciendo florecer, moradas las vertientes de faldas de tubérculos; y las verduzcas cañas, del maíz barbado, en claro verdor de pancas, que su dulce grano blanco nos ofrece.
A mi abuelita Augusta Emperatriz de Arrascue Juan Flores Arrascue Tu niñez no rondó en la fantasía- ni muñeca de trapo habló contigo... Tú jugabas suda-suda en los mandados, que apilaba en la batea, el amasijo,
tu infancia no jugó a las escondidas- ni al columbio- ni a las sueltas travesuras- tu juguete fue puñar el entrevero: de la harina- tu destino...y levaduras,
Tú jugaste con los aros de la luna- del sol- de las ollas- del pancito... esos fueron los relojes que mandaban: que dasito lo hagas todo en un ratito,
Tú jugabas con la leña en el fogón... ni te inquietas con el mote- ni el mishito, en su milca te anidó a todo trote: desde niña hasta el panteón, el amasijo,
el hornito te dio trajes...y terrenos- te guiaba con los callos del empeño- tus añitos se curtían cultivando: al biscocho- la semita- al bizcochuelo...
el hornito pa'tu bien te aconsejaba: si algún día tu cariño tiene hijitos: ya tendrías pa'su techo y comidita... y otra vida encontrarán con los libritos... Yauyucán- Santa Cruz de Succhabamba- Cajamarca, marzo 2025.
POEMA A UNA MANO DE MUJER CON UNA SORTIJA BLONDAS TODA HECHA DE BRONCE Manuel Ibáñez Rosazza. Colgada hacia abajo en pleno filo de la puerta por la que entro y salga todos los días te doy mi mano, acaricio tus dedos, limpio tus uñas metálicas ya sin crecimiento, ¡oh! mano no desasida siempre tomada por alguien con la misma delicadeza como tu sostienes algo, pero toda dura y fría horrenda y terriblemente. Sin duda fuiste de una mujer blanca, española, te observo y te imagino, prolongándote un brazo, en hombro, en cuerpo entero, vestida desde el cuello a los tobillos en negro tafetán de hace tres siglos. De pronto en Cajamarca la lluvia, sigue siendo como hoy, pretende disolver tus ojeras y tus polvos de arroz o bajo del sal tus labios se aprietan ante el juicio de un sospechoso por herejía y rebelión, o tu corazón no conoce el corazón de los indios, y sus manos encallecidas y cortadas entonces y de bronce, pero sin pulir, ¡oh! gran dama en parte conocida de vista y de tacto toda de metal tu mano provocando duelos a espada por la penumbra vaporosa madrugadora de Belén, y que ahora colgada de la muñeca, del carpo, de repente me das compasión, por la noche, a la intemperie, quién se atrevió a cortarte dé un tajo y ponerte en esta puesta por la, que paso todos los días y soy el único que te mira ante los apuros ajenos. y tomo tus dedos finos que no supieron del lodo, ni el barro, ni el fango, ni las aguas sucias, y que caben dentro de mi mano grande y caliente y así pues de repente me conmueve te hayan condenado al trabajo forzado del fuerte golpe cotidiano sobre la gruesa puerta y te diría tantas cosas, trozo de bromee, más lamentablemente entrar, salir... En las puertas, como si fuera el propio tiempo, mayormente no hay que detenerse. ------------------- Fuente: Revista "Aurora Literaria". p. 7, Cajamarca, junio 1972. Asesor. Prof. Carlos Sánchez Espinoza.
DE DÍA SUDANDO EN LA MADERA Y DE NOCHE CUIDANDO SUS CHACRAS A mi abuelito José del Carmen Juan Flores Arrascue Ya la tarde entraba al seno de la noche, que techaba al brillo lerdo de los cerros, esos ratos mi Abuelito das guardaba, el sudor de sus afanes carpinteros,
apurando a su coraje, merendaba porque el choclo y la papita allá en los surcos, lo llamaban pa' que cuide su destino y no roben el encanto de sus frutos,
con su poncho- su machete- su revólver... con su coca pa'l valor y que adivina y encendiendo los tizones de sus ojos, cual luciérnaga de roble das se iba,
Tanto y cuanto se escondía en una choza, maliciando cualquier ruido sospechoso, la bravura de su perro das chilquía, al bacshero que intentaba hacer el robo,
trasnochaba ronde y ronde sus sembríos, la viveza de la luna fue su guía, con el alba, mi abuelito, regresaba al cariño de su fiel carpintería. (Tu nieto: Juan Flores Arrascue) (Yauyucán- Santa Cruz de Succhabamba- Cajamarca)
Nelson Quiroz Ascurra El río de Puruay: un poema que nos conecta con la magia de la naturaleza En este bello poema de nuestro socio Prof. Nelson Quiroz Ascurra, las palabras fluyen como un río cristalino, pintando un paisaje lleno de colores, emociones y sueños. Cada verso nos invita a sumergirnos en las aguas de Puruay, donde las penas desaparecen y el alma encuentra consuelo. Desde APLIJ Cajamarca, los invitamos a disfrutar de la sensibilidad de este autor y a descubrir su obra, que nos inspira a valorar la literatura y nuestras raíces. Cuéntanos, ¿qué sensaciones despierta en ti "El río de Puruay"? #literaturacajamarquina #APLIJCajamarca #PoesíaQueInspira #nelsonquiroz #ElríodePuruay #naturalezaenversos
Luis Alberto Sánchez Vásquez Siento en las venas, el bullicio palpitante de alegría embriagante de la gente, que danza con contagioso ritmo en céntrica pileta; por donde enredaderas de música despliegan, verdes sus parduzcos flancos, con la blanca alegría de coronadas doradas reinas. Ahora bailando pasará el carnaval; serpeando coloridos versos, de lluviosas letras por acuosos ventanales de edificios, de nuevas pistas escritas, sobre antiguos jirones y calles empedradas, resonando fotografiadas acequias. Y el entusiasmo, con que desde céntricos balcones se arroja, con baldazos de agua, una música de coplas, con contrapunto, que ¡Alegra nuestro carnaval! Como que siempre es el alma de mi pueblo, de su gente; aunque el tiempo de los almanaques, pase. Y con un ritmo de baile de disfraces, cucuruchos y antifaces; alegre saltar hace y bailar, a patrullas y comparsas. Y a todos los carnavaleros, que bien pintarrajeados; cantando sus sentidas coplas, pasan.
LA COSTUMBRE Y EL RECUERDO SE MOJAN. -Dedicado al carnaval cruceño (Cajamarca) festejado en Lima- Autor: Juan Flores Arrascue. Febrero 2025.
Gozando en brazos del baile, del agua, yunza y cantar... los cruceños festejamos, aquí en Lima, el carnaval.
Haciendo uso dichoso, de la costumbre cruceña aquí en la tierra limeña, soltando el agua y el gozo, más el pañuelo frondoso del zapateo que arde, uniendo el talco y el balde, los que con gusto heredamos, El Cotorumi, aquí estamos: GOZANDO EN BRAZOS DEL BAILE,
Y con la espuma simbólica, del Chancayano y el Rímac y en pleno fuego del clima, vibra ésta fiesta folclórica, ésta emoción tan histórica de ritmo tradicional, que alienta con su jugar, que nuestro ayer siempre alumbre, ahí en la paisana cumbre: DEL AGUA, YUNZA Y CANTAR,
Somos un pueblo que lleva entre el pañuelo y los pies, la banda típica, que es: aquel encanto que observa como el recuerdo celebra, con que fervor de paisanos el carnaval tantos años, acá en el alma limeña, que con semblanza tan plena: LOS CRUCEÑOS FESTEJAMOS,
En su montura el destino, nos trajo por estos lares con un ramaje de planes, sin que perdamos cariño a nuestra tierra y su aliño y así se sienta triunfal la piedra blanca ancestral. Con huayno- cuy- marinera... la cruceñada celebra: AQUÍ EN LIMA EL CARNAVAL. Daniel Sáenz More.
2 enero 2025 Bello y tan fino epigrama en que mi yanaso Dañel Sáenz More se canta y dice de si mismo: ὀνομάστικός
EL PASO DE LOS AÑOS El paso de los años es también el peso de los años: el peso de los pasos que pasaron, i es también el leve asomo de los años que aún no pasan - i tal vez no pasarán, si muero - por este cuerpo encadenado a una campana ahogada en el pasado. Así pasan por los años este cuerpo pasajero i la campana reposada. Danieielson: Χρόνια πολλά, αδερφέ ! ------------------ Fuente: Vh Vlzqz Cabrera
Ángel Lavalle Dios.
Inicio Juan Flores Arrascue Pertenezco al hervor de los Baños de Chancay, al cogollo de la caña dulce imán de la amistad,
por mi Cerro Cotorumi, huelo a flor de piedra blanca, soy un viento que se estira desde el cerro hasta la pampa,
llevo el rezo de un pueblo, que hace a Cristo en su Costado, de las Grutas de Ushcupishgo soy su huayno subterráneo,
en mis ojos hay tres luces: luna, sol y lamparín y el cariño verdecito de la lluvia y el maíz,
soy el fruto del encanto del sembrío provinciano, en mi sangre conmemoro al espíritu serrano,
la mirada de mi pueblo tiene flor de porvenir y se engríe con el nido donde vive su raíz,
Soy entonces natural de una tierra intercalada, que se llama a todo gusto: Santa Cruz de Succhabamba,
que florece en Cajamarca, cual lucero verde azul, les saluda Juan Flores Arrascue: natural de Santa Cruz. Yauyucán-Santa Cruz de Succhabamba- Cajamarca, enero 2025.
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