Mitos, Cuentos, Narraciones y Anécdotas de San Miguel.
Presentación Mitos, cuentos y anécdotas
DON LEONCIO PRADO Y EL QUINCE DE JULIO


Escribe Antonio Goicochea Cruzado
Aquella iba a ser una actuación de las tantas que se realizaban en el Teatro Fénix, en la que participarían la Escuela Pre-vocacional de Mujeres Nº 74 y la Pre-vocacional de Varones Nº 73. Corrían los días del año de 1956, en aquellos tiempos, en San Miguel de Pallaques, no había Jardín de Niños ni Colegio Secundario. Era el 15 de Julio, aniversario del fusilamiento del coronel Leoncio Prado.
Don Octavio Lingán Cubas, el maestro de ceremonias para todas las actividades culturales, anunció.
- Respetado y culto público sanmiguelino, el día de hoy 15 de Julio, conmemoramos la acción heroica de los Bravos de la Breña. El ejército peruano, comandado por Andrés Avelino Cáceres, el más grande defensor de la peruanidad, tuvo un encuentro con el ejército invasor, en Huamachuco, con un resultado lamentablemente adverso. En ese infausto encuentro cayó prisionero el Coronel Leoncio Prado. Hoy rendimos nuestra más grande recordación a él. Y continuó…
- ¡Cómo primer número!, el Himno Nacional entonado por el coro mixto preparado especialmente por el señor don César Armando Romero Tejada.
El escenario, tenía en la pared del fondo un gran lienzo decorado con un sol que irradiaba sobre el lago Titicaca, del cual emergían Manco Cápac y Mama Ocllo, el inca agarraba con la mano derecha un cetro (varayoc) y con el brazo izquierdo abrazaba de la cintura a Mama Ocllo. Se notaba que varios años de uso tenía ese telón de fondo, ya que la raída tela además de algunos hoyos, tenía gastada la pintura. Aquel escenario recibió a un grupo mixto de alumnos de la 73 y la 74 que tenían las mejores voces.
Don César Romero, al frente del coro, dio la nota con un diapasón que siempre llevaba en el bolsillo derecho de su saco. Somos libres, seamos… Al culminar el himno, un fuerte aplauso del público premió al coro. Cerraron el telón.
En el escenario, pero delante del telón el maestro de ceremonias anunció:
-Acto seguido, la escenificación de la muerte del Coronel Leoncio Prado.
Se abrió el telón dejando ver el decorado que para este “cuadro vivo”, había sido pintado en papel sacado de bolsas de azúcar y representaba el interior de una choza pequeña, sobre el piso habían instalado un pequeño catre de fierro de una sola plaza, con una nívea colcha que cubría a Leoncio Prado quien tenía la frente amarrada con una venda blanca, que hacía ver que ocultaba una herida en la cabeza.
Jorge Tirado personificaba a Leoncio Prado.
Nos habían dicho nuestros profesores que Leoncio Prado, que era masón y que por varios signos exteriores del chileno Felipe Fuensalida, y nuestro patriota se había dado cuenta que el oficial que comandaba el pelotón era un hermano masón. Leoncio Prado, al saber que iba a ser ajusticiado en su lecho de dolor le pidió como último deseo el que le trajeran una taza de café y pidió permiso al oficial chileno para dirigir su muerte: que cuando diera el tercer golpe los soldados dispararían, uno a la cabeza y dos al pecho.
El número tres es el símbolo masón más conocido, sin embargo el oficial chileno no se dio por aludido o no reconoció la intención del prisionero que era el de ser identificado como masón, lamentablemente sin suerte.
Jorge Tirado, dio los golpecitos con la cuchara en la taza y al tercero se produjo la descarga. El profesor Lingán había hecho coincidir el tercer golpe con el estruendo de cohetones que él había prendido tras de bambalinas. Leoncio Prado, como en los retratos que lo representan abrió los brazos tiró la taza y cayó “muerto”.
La escena era patética. El público sanmiguelino de entonces, muy generoso en los aplausos, los inició a rabiar, pero en ese momento un grito desgarrador estremeció los gruesos muros del viejo teatro.
-Mi hermanito, ¡Han matado a mi Jorgito!, gritó Isabel Tirado y cayó desmayada. Quienes estaban a su lado impidieron que llegara al suelo y moviéndole los brazos trataban de reanimarla. Su profesora la señorita Elena Quijano, se apresuró a darle “aire” con su mantón; los soldados, que habían saltado del estrado ayudaban a darlo con sus boinas.
-¡No debías de venir hermanita, sabiendo que te dan los ataques, además debíamos haberte dicho que todo esto solo es “teatro”, Chabelita, despierta por favor!, decía con angustia el redivivo Leoncio Prado.
Cajamarca, 15 de julio 2022.
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