EL ASPECTO SOCIAL EN LA POESÍA DE VALLEJO

 70 aniversario de la muerte de César Vallejo

Prof. Jacinto Luis Cerna Cabrera

CÉSAR ABRAHAM VALLEJO MENDOZA, nacido en los breñales andinos de Santiago de Chu­co, en el seno de un modesto hogar que albergó a doce hermanos, de los cuales a él le cupo ser el últi­mo. Desde muy pequeño se sintió impactado por la influencia telúrica de la idiosincrasia andina, que más tarde evocará en sus versos: "Qué estará ha­ciendo esta hora mi andina y dulce Rita / de junco y capulí”.

De un inconmensurable y acendrado amor a sus padres, sus hermanos, su hogar, su terruño ─la pa­tria chica que tanto se quiere─, al Perú en su con­junto. De un comportamiento candoroso y franco; durante su niñez, invadido por un anhelo vehe­mente de ser estandartero, de querer llevar el estandarte en las procesiones religiosas de su tierra.

Vallejo, sin saberlo, se ha convertido en el "Estan­dartero del Perú”, consagrado como el más hondo, humano y universal de los poetas.

Nuestro aplaudido y elevado bardo, represen­ta para el Perú y el mundo, más que un literato en sí, un hombre de una excepcional sensibilidad hu­mana; la misma que le hace compartir el dolor de todos los pobres de la tierra, como si éstos estuvieran condenados a sufrir un castigo semejante al de Sísifo en la mitología griega.

Vallejo es él hombre que siente en carne pro­pia, con los pies descalzos, la aspereza del camino, siente en su cuerpo harapiento el frío penetrante de los más crudos inviernos, "… está muy rota / y sucia mi camisa / y ya no tengo nada, / esto es ho­rrendo". La estrechez económica en grado extre­mo y la vacuidad orgánica como consecuencia ló­gica son expresadas en estos versos: "Un pedazo de pan tampoco habrá ahora para mí? /… pero dadme, / en español / algo, en fin, de beber, de comer, de vivir, de reposarme / y después me iré…”.

Siente, Vallejo, un notable aislamiento en me­dio de la pobreza; entonces dice: "Hoy no ha venido nadie a preguntar; I ni me han pedido en es tarde nada. / Hoy no ha venido nadie; / y hoy he muerto qué poco en esta tarde!".

César y Vallejo es un penitente que recoge el sufrimiento universal humano, consecuencia del hambre y la miseria de los humildes, para incre­par a los culpables, llegando incluso a increpar a Dios, tal como podemos apreciarlo en Los dados eternos: "Dios mío, si tú hubieras sido hombre, / hoy su­pieras ser Dios; / pero tú, que estuviste siempre bien, / no sientes nada de tu creación. / Y el hom­bre sí te sufre: el Dios es él!"

En su poema Espergesia se arrepiente del día aciago en que llegó al mundo, y así expresa: "Yo nací un día / que Dios estuvo enfermo, / grave". En otro momento señala a Dios como el culpable de los múltiples y eternos padecimientos de los pobres de la tierra: "Hay ganas de… no tener ga­nas, señor; a ti yo te señalo con el dedo deicida: / hay ganas de no haber tenido corazón."

El poeta santiaguino concibe la pobreza como un hecho que, lejos de sensibilizar a los poderosos, surge como un grito en un páramo, en donde no se abriga esperanza alguna de solución, pesé a evidenciar su denuncia y su fervoroso anhelo de que algún día habremos de lograr un bienestar y feli­cidad universales: "Ya nos hemos sentado / mucho a la mesa, con la amargura de un niño / que a me­dia noche, llora de hambre, desvelado. / Y cuándo nos veremos con los demás, al borde / de una mañana eterna, desayunados todos!

Uno de los poemas que encierra una profunda y patética queja frente a la miseria, el dolor y el sufrimiento humanos, lo constituye seguramente Los nueve monstruos: "Jamás, hombres, huma­nos, / hubo tanto dolor en el pecho, en la solapa, en la cartera, / en el vaso, en la carnicería, en la aritmética! / jamás tanto cariño doloroso, / … Jamás, señor ministro de salud, fue la salud / más mortal/ " / Cómo, hermanos humanos, I no de­ciros que ya no puedo y / ya no puedo con tanto cajón, / tanto minuto, tanta / lagartija y tanta / inversión, tanto lejos y tanta sed de sed! / Señor Ministro de Salud: qué hacer? / Ah!, desgraciada­mente, hombres humanos, / hay, hermanos, mu­chísimo que hacer". En cuyos versos, el poeta hace una invocación fraterna a emprender acciones que realmente demanden el concurso de todos los hombres; pero, lógicamente, con Un beneficio también pata todos, indiscriminadamente.

En fin, la poesía de Vallejo, que es el producto de sus experiencias vividas y sentidas personalmente, refleja un profundo mensaje social, expresado a través del dolor metafísico universal.

 70 aniversario de la muerte de César Vallejo