Mi dilecto amigo Gútemberg  Aliaga Zegarra

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Hugo REYNA GOICOCHEA

Quiero sustraerme,  por un momento,  de los problemas de tensión que vivimos todos los cajamarquinos como producto de las contradicciones por las explotaciones mineras: total para ello los especialistas, vienen copando con sus comentarios los distintos medios de comunicación social, locales y nacionales.

 

Hoy quiero referirme al trabajo narrativo de un dilecto amigo, de cortos, pero muy interesantes cuentos, ligados a las costumbres sociales y a la cosmovisión andina, orgullosamente huauqueño, es decir, hijo distinguido del distrito de Sucre, de la provincia cajamarquina de Celendín, hoy tan promocionada, por albergar en su seno, importantísimas reservas minerales, codicia de las grandes empresas minera. Qué contradictorio, por más que queramos zafarnos del espinoso tema, éste no nos deja.

 

Deslinde aparte: Gútermberg Aliaga Zegarra, es un prestigioso, pero a la vez, sencillo profesor del nivel secundario, especialidad Castellano y Literatura, exdocente del Instituto Superior Victorino Elorz Goicoechea de nuestra localidad. Hoy asentado nuevamente en su querido Sucre, desde donde, en el sosiego de su hogar y el encanto natural del hermosísimo y pródigo paisaje andino que lo circunda, sustrae al tiempo y memoria, extraordinarios relatos de la llana, pero transcendente vida social y cultural de sus humildes gentes, haciendo de la narrativa una recreación exquisita de  extraordinaria amenidad.

 

Basta leer unas pocas páginas, de uno de sus libros, para sentir la extasiada atención de involucrarse en el mundo rural y semiurbano, algunas décadas atrás, con apasionante entusiasmo, sobre  la vida apacible de su gente, pero tenaz en arrancar los frutos de la tierra, que caracterizan las condiciones socio – económicas y culturales, sustentadas en la producción básicamente agropecuaria, hoy a punto de alterarse significativamente, ante la amenaza minera.

 

Volviendo al tema, lo encontré, como siempre inquieto, coordinando con el párroco de Sucre, pero en José Gálvez, presto a brindar su apoyo. Nos cruzamos nuevamente, por las calles polvorientas –por los trabajos de mejora de las redes de desagüe- en la ciudad de Celendín. Con especial entusiasmo, luego del acostumbrado apretón de manos, me caligrafía la dedicatoria de su libro: “Avatares…y relatos al paso”, cuyo contenido, describe con especial sencillez, las vivencias sociales de los maestros rurales y pueblos, la generosidad de la gente campesina, sus momentos de alegría y también de la mitigación de sus tragedias; alterna asimismo, con especial muestras de humor, las anécdotas de su gente, salpicadas de humorismo, en torno a situaciones de especial ingenuidad, pero también de la gran picardía e ingenio afamado de los shilicos y huauqueños.

 

Como el libro me ha sido obsequiado, es decir, sin costo alguno, y seguramente, por el subconsciente personal, en la que hay herencia sucreña, me impele a una lectura veloz, antes que nuestro generoso donante insinúe colaboración. Recreo rápidamente el contenido de las hojas, las mismas que se suceden apresuradamente, con agradable sensación de identificación con los involucrados en las situaciones de vivencias, plagadas de esfuerzo, dedicación y entereza, como es el caso de Avatares del Maestro Braulio; pero también de jolgorio y alegría, cuando de sonreír  se trata, como el hecho de cortar y hurtar la oreja de coche –cerdo- del vecino, para completar el shámbar, ya que …”shámbar sin oreja de coche no es shámbar; en cambio, coche sin oreja sigue siendo coche”.

 

En fin, una fructífera obra de mi dilecto amigo Gútemberg  Aliaga Zegarra, a quien expreso, con este comentario, un tanto tardío, mi especial admiración y reconocimiento, esperando continúe con este apasionante trabajo narrativo.

Ver microbiografía de ALIAGA ZEGARRA, Gutemberg.

 

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