JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI Y NAZARIO CHÁVEZ ALIAGA

 

Presentación    Comentarios literarios

 

Por: César Aliaga

 

SERIE: EL AMAUTA Y LOS INTELECTUALES CAJAMARQUINOS

 

INTRODUCCIÓN.

 

 

En la presentación de la revista Amauta, José Carlos Mariátegui deja en claro su objetivo estratégico en relación a los intelectuales de vanguardia de su tiempo: articular a los escritores y artistas que, a pesar de tener algunas discrepancias formales, comparten una voluntad común, crear un Perú nuevo dentro de un mundo nuevo. Todo con la idea fija de conocerse y solidarizarse entre sí, para atraer a los mejores y luego alejar a los fluctuantes y desganados, que no estén dispuestos a los sacrificios que esa tarea requiere, o sea, finalmente, para separar la paja del grano. (Mariátegui, 1973, págs. 237-238).

Más tarde, en su conocido editorial Aniversario y Balance (Mariátegui, 1973, págs. 346-356), ratifica que Amauta debía ser entendida como un espacio de definición ideológica, que primero había querido recoger las posiciones de quienes, desde la sinceridad y la competencia, han querido hablar por la nueva generación, para luego, en una etapa de madurez, exigir a cuantos quieran seguir acompañando su esfuerzo, una toma de posición expresa a favor del socialismo.

En ese marco hay que entender la vinculación entre Nazario Chávez Aliaga, intelectual celendino, y el mayor referente del socialismo peruano, José Carlos Mariátegui.

En este artículo buscamos, en efecto, aportar algunos elementos que permitan comprender la dimensión de esa amistad.

 

EL INTELECTUAL CELENDINO.

Según los datos de la biografía escrita por Olindo y Gutemberg Aliaga (2008, págs. 37-53), Nazario Chávez Aliaga, nació en el Huauco, ahora distrito de Sucre, el 22 de setiembre de 1891. Sus padres fueron don Manuel Resurrección Chávez Reyna y doña Clara Aliaga Horna.

Cursó sus estudios primarios en su tierra natal, primero bajo el rígido método del maestro Encarnación Sánchez y, luego, de la más clemente didáctica del profesor Artemio Tavera Sorogastúa. Mientras que los estudios secundarios los cursó en el Colegio San Ramón de Cajamarca, los que concluyó con notable éxito.

Luego de haber participado en uno de los tantos conflictos armados que tuvimos con el Ecuador (1909-1910), donde trabó amistad con el teniente Manuel Prado, que más tarde sería dos veces presidente de la república, Nazario Chávez Aliaga postuló al cargo de director de la sección preparatoria de su alma máter, siendo nombrado en ese cargo y luego en el de profesor de Literatura y Castellano del citado colegio, los mismos que ejerció con notable eficiencia y reconocimiento social.

El historiador inglés Lewis Taylor, resume el activismo social de Nazario Chávez, en los términos siguientes:

Siendo un hombre activo y de elevada conciencia social, Chávez Aliaga no limitó sus energías a la labor periodística, sino que se involucró con mucho entusiasmo en la vida cotidiana de los gremios populares del departamento. Así, en 1928 tuvo una participación importante en la reorganización y fortalecimiento de la Sociedad Obrera Libre Artesanos, el principal gremio de la ciudad de Cajamarca. Asimismo, abogó y actuó en la formación de la Sociedad Obrera de Hualgayoc, la Asociación Fraternal Obrera de Hualgayoc, la Sociedad Obrera de Bambamarca y otros gremios similares en las provincias de Cajabamba y Celendín. Todas estas organizaciones se establecieron o se reorganizaron en 1928 y 1929. A raíz de esta trayectoria, a fines de la década de los 20, Nazario Chávez Aliaga era una figura bastante trascendente dentro de los círculos políticos y culturales de tinte progresista de Cajamarca. (Taylor, 2000, pág. 44)

Hombre de acción e inclinado a la política, además de profesor, también fue escritor, periodista, parlamentario, ministro de salud y secretario general de la presidencia de la república.

Entre sus obras literarias se destacan: Monografía de Cajamarca, Vértice, Huerto de lilas, Parábolas del Ande, Ideario y acción parlamentaria, Liberación, Pensamiento en función de vida e historia.

Sobre su libro Parábolas del Ande, el gran César Vallejo escribió, el 23 de junio de 1929, desde París: “Proclama de bastos, arenga de copas, cada poema suyo emborracha y aporrea, tunde en la historia, apasiona en el instante” y, concluye señalando que ese libro trasciende “Vida, vida y vida del hombre para los hombres. Aspiraciones de raza, de multitud, de internacional. Todo, coronamiento de un espíritu inmueble…” (Aliaga Rojas & Aliaga Zegarra, 2008, pág. 51)

Horacio Urteaga, intelectual cajamarquino que llegó a ser director del Archivo del Cusco, en una carta fechada el 12 de diciembre de 1928 y dirigida al mismo Nazario Chávez, le dice: “Sus ‘Parábolas’ son estrofas de una nueva Marsellesa que harán vibrar de esperanzas a los siervos y temblar a los gamonales“. (Taylor, 2000, pág. 43)

De otro lado, su obra monográfica sobre Cajamarca (1957-1958), publicada en cinco gruesos tomos, fue elogiada por Emilio Romero y Mariano Iberico Rodríguez, por ser una muy completa descripción geográfica, social, económica y cultural de una de las regiones más bellas del Perú.

En su labor periodística, se destacan, de otro lado, los dos periódicos que fundó y dirigió en Cajamarca: El obrero, de clara filiación libertaria y El Perú, nacido bajo los auspicios del régimen de Leguía, pero que luego terminó siendo vocero oficioso del naciente partido aprista, razón por la que Sánchez Cerro dispuso su cierre y el apresamiento de su director y de su equipo periodístico.

Sobre su importante, pero paradojal, obra periodística, Taylor (2000, pág. 43), cuenta que, si bien el régimen de Leguía clausuró El Obrero, dada su clara línea en defensa de las clases trabajadoras y campesinas, no obstante, fue el mismo gobierno que le apoyó y subvencionó para que aparezca el diario El Perú, a partir del 28 de julio de 1926. Periódico que pronto se convirtió, gracias a la habilidad de su director, en el más influyente de la sierra norte, a pesar de su línea contradictoria, pues por un lado apoyaba al leguiísmo, pero por otro lado siguió siendo un combativo vocero de un indigenismo radical y de crítica abierta a los abusos del gamonalismo tradicional.

Como muchos de su generación, Chávez Aliaga osciló entre el socialismo y el aprismo. Finalmente optó por el partido de Haya de la Torre, con quien había mantenido correspondencia cuando éste estaba en el destierro y al que conoció personalmente en la visita proselitista que hizo a Cajamarca entre julio y agosto de 1931. Taylor (2000) atribuye esa toma de posición por el partido de la estrella a la influencia de Antenor Orrego, quien había sido su compañero de estudios en el colegio San Ramón.

Inscrito como militante del APRA, Nazario Chávez llegó a ser el primer secretario general del comité departamental de Cajamarca y participó activamente en su organización y la difusión de su doctrina, así como en diversos intentos insurreccionales en el agitado periodo de 1931 y 1932. Lo que le costó el cierre de su periódico, la persecución y la cárcel.

Más tarde, sin embargo, renuncia al partido aprista, para apoyar en sus dos gobiernos al presidente Manuel Prado, a quien había conocido, cuando participaron en el conflicto armado con el Ecuador de 1910.

Tras una larga y agitada vida literaria, política y diplomática, Nazario Chávez Aliaga, falleció, en Lima, el 14 de noviembre de 1978.

 

LA AMISTAD CON JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI.

Nazario Chávez cultivó con Mariátegui una intensa amistad, basada principalmente en la comunidad de ideales y el recíproco aprecio intelectual, que se reflejó en su correspondencia, en el intercambio de publicaciones y también en los artículos de ambos que se publicaron en las revistas que cada uno dirigía en Cajamarca y Lima, respectivamente.

Taylor (2000, pág. 43) da cuenta, por ejemplo, que Chávez Aliaga, en el editorial de su diario El Perú (10 de enero de 1928), escribió que la revista Amauta era “la mejor del Perú”, destacando su enorme “función social”. Mientras que, en la edición correspondiente al 13 de enero de 1928, publicó el artículo El problema del indio del Amauta, en el que, contradiciendo a quienes veían en él un problema racial o moral, afirmó su conocida tesis que es un problema económico-social, o sea que, en última instancia, el problema del indio es el problema de la tierra.

José Carlos, por su parte, publicó algunas colaboraciones del celendino, así como un comentario sobre su libro Parábolas del Ande. Así, Amauta, en su número 22, publicó el artículo de Chávez Aliaga titulado El movimiento intelectual de avanzada en Chiclayo, en el que se da cuenta del activismo cultural de Nicanor de la Fuente y Carlos Arbulú Miranda, inspirados por Antenor Orrego, señalando que es un movimiento que no sólo refleja una sensibilidad artística, sino que es “de polémica, de afirmación proletaria, de grave responsabilidad social”.  Luego, en los números 24 y 25 de la revista dirigida por José Carlos Mariátegui, se publicaron sendos extractos del libro Parábolas del Ande.

Nicanor de la Fuente, conocido como “Nixa”, por su parte, comentó favorablemente el libro Parábolas del Ande, en el número 20 de la afamada revista socialista.

El 20 de mayo de 1929, Nazario Chávez le escribe a Mariátegui para hacerle llegar unos versos para “Amauta”, comentarle sobre las dificultades en la remisión de la revista y de Labor, así como para solicitarle que reproduzca algunos artículos de El Perú en los que se hace campañas a favor del indio, de una manera “radical y fuerte y (que) va más allá de la técnica, horadando el sentido práctico”. Se queja finalmente que no pueda ayudarle más, como quisiera, en el sostenimiento de la campaña emprendida por el Amauta, porque “desgraciadamente, somos los calatos los que nos interesamos por la nueva vida”. (Mariátegui, 1984, pág. 565)

Es probable que Mariátegui haya intentado también influir en Nazario Chávez para que éste se afilie al partido socialista fundado el 7 de octubre de 1928, tal como lo hizo con otros intelectuales afincados en el extranjero (París, México, Buenos Aires y La Paz), así como en Provincias (Chiclayo, Huancayo, Cuzco y Puno). En la correspondencia publicada del Amauta hay evidencia suficiente de ese esfuerzo. Las cartas dirigidas a Vallejo, Bazán y Ravines, en París; Miró y Cox, en Buenos Aires; Malanca y Pavletich, en México; Nerval en la Paz; así como las remitidas a Carlos Arbulú y Nixa de la Fuente en Chiclayo; Arroyo Posadas y Abelardo Solís en Huancayo y Gamaniel Churata en Puno, muestran a José Carlos persuadiendo a los más cercanos a su tendencia, en la polémica habida con Haya de la Torre, para afiliarse al partido marxista.

Lamentablemente no se conoce toda la correspondencia de Mariátegui, pero se puede presumir que, en relación a Chávez Aliaga, el Amauta haya intentado persuadirlo a través del círculo norteño más afín a su tendencia: Mario Bazán, Carlos Arbulú, Nicanor de la Fuente, César Vallejo, Camilo Blas y Fernando Luis Castro Agustí.

De hecho, el abogado Castro Agustí le escribió el 28 de setiembre de 1929 a Mariátegui, desde Cajamarca, acerca de la labor política realizada, con apoyo del diario el Perú, dirigido por Nazario Chávez, para reorganizar el sindicato de Comerciantes y acerca de la colecta para facilitar el retorno de Ravines desde Francia. (Mariátegui, 1984, pág. 639).

De otro lado, en carta a Nicanor de la Fuente, José Carlos le recomienda afianzar los contactos en Chepén, Cajamarca y Trujillo, lo que implica la constitución de núcleos o contactos iniciales para formarlos en esas localidades. (Mariátegui, 1984, págs. 623-625)

No obstante, como lo ha anotado Teylor (2000), la decisión de Chávez Aliaga para apoyar al partido de Haya de la Torre se produjo después de la muerte del Amauta, que acaeció el 16 de abril de 1930.

 

CONCLUSIÓN.

La amistad entre Nazario Chávez Aliaga y José Carlos Mariátegui se sustentó en una clara comunidad de ideales y de trayectorias personales y compromisos sociales. Ambos compartían el periodismo como herramienta de educación y de combate. Ambos también habían alentado la organización autónoma de los trabajadores, sembrando semillas de conciencia y de solidaridad activa, especialmente con las masas indígenas.

Su encuentro se produce en medio de una coyuntura histórica especial: en una fase de definiciones sobre la estrategia y la mejor forma de organización capaz de asumir los retos de la próxima situación revolucionaria que se abría ante sus ojos.

La pronta muerte del Amauta favoreció una decisión ideológica y política en el intelectual cajamarquino que lo alejó del socialismo, pero que no limitó su permanente vocación de servicio y sus profundas inquietudes sociales que siempre lo caracterizaron, más allá inclusive de su compromiso partidario.

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Referencia

Aliaga Rojas, O., & Aliaga Zegarra, G. (2008). Personajes de la Historia Sucrense. Cajamarca: Martínez Compañón Editores.

Chávez Aliaga, N. (1930). El movimiento intelectual de avanzada en Chiclayo. Amauta, 82-84.

Chavez Aliaga, N. (1930). Parábolas del Ande. Amauta, 36.

Chávez Aliaga, N. (1930). Parábolas del Ande. Amauta, 67-68.

De la Fuente, N. (1929). “Parábolas del Ande” por Nazario Chávez Aliaga. Amauta, 102-103.

Mariátegui, J. C. (1973). Ideología y política. Lima: Empresa Editora Amauta.

Mariátegui, J. C. (1984). Correspondencia. Lima: Empresa Editora Amauta S.A.

Taylor, L. (2000). Los orígenes del partido aprista en Cajamarca, 1928 – 1935. Debate Agrario, 39 – 62.

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Fuente: Vamospueblo.com

Cajamarca, 24 de julio de 2020.

 

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