Comentario para "Arco iris de Magdalena"

 

Por: Guillermo Alfonso Bazán Becerra

 

 

 

 

Estuve redactando hasta tres comentarios, pero no me satisfacían; por eso he preferido adaptar algo, de lo que fue la presentación de este Arco Iris en Cajamarca.

 

Está cargado de esa emoción, que al final termina quebrándome, puesto que tus vivencias resultan con mucho en común de lo que yo pasé; a tal punto que referirme a tu obra, era dejar expuestos muchos de mis recuerdos personales... y varios de ellos creo que aún siguen siendo, de algún modo, viejas heridas y personales laceraciones.

 

Permíteme, pues, que el comentario sea éste, aunque algo extenso, porque ni tú, Fransiles, ni tu obra, pueden ser objeto de sólo pocos renglones.


 

Fransiles Gallardo posee una gran capacidad para enriquecernos con las metáforas y la confesión de los sentimientos que bullen en su interior. Sin duda, la inocultable sensibilidad que posee hace que su obra llegue con nitidez a quienes lo leen con sentido pleno.


Fransiles logra en esta obra, una riquísima cosecha poética.

 

Hay que agradecerle por hacernos compartir su felicidad entre los cañaverales preñados de dulzor de su Magdalena natal: no importa ser paisanos de diferentes valles porque gracias a él aprendemos a amar a Magdalena como si fuéramos de allí, y eso nos hace sentir contentos, pues significa que su mensaje llega pleno a nosotros, sus ansiosos y nostálgicos lectores.


A través de sus páginas, somos actores privilegiados, no sólo de los paisajes de su tierra, sino hasta de los secretos que su alma creadora cultivó en esa querencia.

 

Crucemos con él ese antiguo puente de madera, ya inexistente, y sabremos cómo teje con plumas y palabras, con palabras y hojas, con paisajes-palabras o palabras-vivencias, ese telar inmenso que él llama arco iris.

 

Ayudémosle a escribir otro nuevo recuerdo en ese poste antiguo que vigiló su esquina y cuya ansia de espera se agotó por su vuelta y, una tarde, también marchó a buscarlo...


Acompañemos a Fransiles Gallardo por cada una de esas chacras, paladeando sus frutos, caminando mil pasos o diez mil, o los que sean necesarios; o al anca de su burro Lucero -que aprendió a no cansarse jamás- y con él conocer mejor que la soledad no existe, ni aquí ni en la distancia, porque cada recuerdo nos enlaza en su ronda de alegría y de danza.

 

Con él sabremos que también somos migrantes en cada día que Dios nos presta para vivir los sueños y que cada reencuentro es un motivo sublime para ser feliz.

 

Con él, a través de estas páginas y lo que tienen dentro, disfrutemos de la belleza y, como hombres, el íntimo placer que sólo las mujeres pueden dar cuando se adueñan de nuestras vidas, que entonces -felizmente- deja ya de ser nuestra y se vuelve ajena, dulcemente ajena...


Acompañemos a Fransiles Gallardo -insisto- cuando habla de sus hijos, de su hogar, de su dicha y sus ansias por las nuevas ausencias, para que ni él ni nosotros nos sintamos "cáscara de arroz" ni "bagacito de caña tirado en la vía expresa".

 

Acompañemos con sumo placer a este "playino provinciano de aficiones vernaculares" que tropieza por esa Lima tan impersonal y salvaje en sus anonimatos, "con arco"... "sin iris" y que ahoga a los paisanos que desconocen el bote salvavidas de la poesía o de la prosa.

 

Ayudémosle a cubrir, con flores de afecto sincero, esa honda pena que le sigue pesando por Angélica Luzmila y José Arturo  -y así compartiremos la comunión de ausencia por la muerte similar que nos dejó en el camino incierto, y que en nuestro caso tendrá otros nombres: Hortensia, Jaime, Carmen, Gladys o de nuestros abuelos-  y gracias a él y a sus poemas nos sentiremos más hermanos, más juntos, más vencedores del olvido y del silencio.

 

Sé que con Fransiles venceremos al tiempo, entremezclando los corazones "de picaflor, de ruiseñor y de jilguero".


Cada uno de nosotros tendrá mucho en común con estos versos suyos y en ellos hallaremos lo que estamos buscando, acaso en mucho tiempo.

 

Pidámosle a Fransiles Gallardo la llave que abra nuestra puerta y emprenderemos vuelo hacia el lugar ignoto que nos está esperando la vida.

 

Tal como él lo dice: seamos como los pájaros y que el vuelo hermanado nos lleve a otros cielos.

 

Vamos, "cholo playino", y haznos asentar en alguna pachaca de esa tu Magdalena, allá donde enterraste tus recuerdos para siempre.


Cajamarca, junio 2010

  

Magdalena – Cajamarca - Perú

 

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Guillermo Alfonso Bazán Becerra. Profesor, poeta y cantante peruano, nació en Cajamarca, sus estudios de educación secundaria los realizó en la Gran unidad Escolar "Bartolomé Herrera" de Lima y "San Ramón" de Cajamarca. Fue vocalista de la Orquesta Sinfónica de Trujillo y cofundador del grupo folclórico "Takaynamo" y del Coro "Schola Cantorum".Ha publicado sus libros de poemas “Senda de Recuerdos”. 1972 y “Llamada al Infinito”. 1980. y este año, 2010, su "Diario virtual 1".


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