Presentación Comentarios literarios

| LOS LIBROS QUE NOS FORMARON Carlos Cerdán Moreno Durante esta semana, las redes locales estuvieron recordando al “Amigo”, el libro de lectura del primer grado de educación primaria de mi generación. Este libro es recordado con cariño pues con él conocimos a Tito y Dora, Pepe y Rosita, María Chuzena, Periquito el bandolero, y otros personajes, amigos de la infancia que, a diferencia de los personajes de otros libros de lectura, parecía que vivían cerca de nosotros, en algún pueblito de la sierra peruana. Como se indica en sus primeras hojas, el libro Amigo era un libro de lectura de edición experimental, aprobado en 1975 por el Ministerio de Educación del régimen del "gobierno revolucionario" de las fuerzas armadas. El libro era experimental porque, adelantándose a su época, aplicaba el enfoque comunicativo textual, es decir, se esperaba que los profesores enseñen a leer tomando a las oraciones como unidad lingüistica, buscando que el niño entienda lo que leía, dejando de lado al silabeo. Quizá nuestros profesores lo enseñaron así, quizá no pudieron dejar de lado el silabeo, pero, como fuese, aquí estamos, muchos años después leyendo y escribiendo. Otro aspecto interesante de este libro experimental fue la identificación de los niños con los personajes y tuvieron éxito en esto pues estoy seguro que la mayoría que usó este libro recuerda que “Periquito el bandolero se metió en un sombrero / el sombreo era de paja, / se metió en una caja, / la caja era de cartón, / se metió en un cajón, / el cajón era de pino, / se metió en un pepino, / el pepino maduró / y Periquito se escapó.” Después del primero grado, los otros libros de lectura que usamos fueron los libros de la editorial Bruño, como por ejemplo “Más Arriba”, libro de 5° grado. Tal vez ya no recordemos qué lecturas tiene este libro, pero creo que mi generación recordará que con este libro jugábamos al “Nelson”, que consistía en reunirnos 2 o 3 amigos al rededor de este libro e ir pasando las hojas, una por una, para ver quién descubría primero la firma del dibujante, Nelson Ruiz, en algunos de sus bellos dibujos. Ganaba quien ponía primero la mano encima de la firma y gritaba “Nelson”. Mi libro tiene cierto deterioro por este juego, pero, por suerte, ninguna hoja está rasgada. El otro libro clásico de esa época es el famoso Coquito. Nunca llegué a leerlo, sin embargo tuve la suerte de poder leer otros libros más antiguos, que ahora son un tesoro familiar, como el libro de la editorial FTD, o “Jorge y Beatriz” de los 50’s, así como los libros de lectura del Dr. Víctor Álvarez Progresando y Siempre adelante. En todos ellos lo común era que los personajes de las ilustraciones se veían raros, como extranjeros, siempre niños rubios “bien vestiditos” y sus papás y profesores con terno y corbata… todo muy diferente respecto al libro Amigo. Otros de los libros añorados de la época fueron las enciclopedias de la editorial Bruño, así como las enciclopedias Venciendo y Escuela Nueva, que contenían las temáticas de ciencias histórico-sociales; lenguaje; matemáticas; ciencias naturales. Eran nuestra Wikipedia de la época. Los recuerdos de aquella época podrían quedar solo en lo emotivo, pero algunos investigadores han analizado los contenidos de los libros y hay cosas interesantes de las que no fuimos conscientes en ese momento, pero es necesario revisar pues tal vez tuvieron algún impacto en nuestra formación. Por ejemplo, Alejando Santistevan, becario de maestría del Centro de Investigación y Docencia Económica de México, elaboró el artículo “Los libros escolares de historia en la implementación de la Reforma Educativa peruana de 1972”, en el cual hace un interesante análisis de la evolución de los contenidos y el contexto social en el que se impulsó la reforma educativa, con propuestas y censuras; así, Santistevan hace notar que Túpac Amaru es un personaje icónico de la reelaboración nacional que plantearon los militares(...) “ubicuo” en la iconografía oficial y paraestatal, reinventado para ligarse políticamente al régimen. Efectivamente, a Túpac Amaru lo veíamos, como se dice, “hasta en la sopa”; especialmente en el logo creado por Jesús Ruiz Durand para la campaña a favor de la Reforma Agraria. También era el logo del Sistema Nacional de Apoyo a la Movilización Social (SINAMOS). Santistevan continúa indicando lo siguiente: “Una vez que llegó la segunda fase del Gobierno Militar, la figura de Tupac Amaru empezó a ser resaltada en los libros. Incluso ligando la hazaña de Tupac Amaru con la necesidad de “identificar a los enemigos del proceso revolucionario” para seguir el ejemplo del rebelde, en el libro de 1977. De hecho, con la aplicación plena de los programas de la Reforma Educativa, la narrativa histórica del Venciendo (la enciclopedia), a partir de 1974 en adelante, da un salto desde la época de Túpac Amaru hasta la revolución de 1968 borrando de un plumazo 150 años de historia”; asimismo, una de las conclusiones de Santistevan es la siguiente: Con Morales Bermúdez el gobierno empezó a censurar libros y a incluir discursos propagandísticos oficialistas, se había olvidado el humanismo crítico y plural de la reforma de 1972 para reemplazarlo por un anticomunismo torpe y una retórica conservadora. En otras palabras: solo cuando el gobierno ya había abandonado las intenciones de una reforma educativa progresista empezó a tener más control sobre la censura de libros. ¿Será que desde esa época se exaltan los aspectos militares, incluso en las batallas y guerras que hemos perdido? No estoy seguro, tal vez desde antes, pero sí, se nota la influencia militar en los textos escolares; inlcuso había un personaje idolatrado en los libros o en las secciones de historia del Perú: Simón Bolívar, a quien, hasta hace poco, se tenía a como el más grande de los libertadores pero, actualmente, cuando se revisa el detalle de sus acciones, resulta un personaje cuestionable, que queda muy mal parado en el libro Bolívar, libertador y enemigo n.º 1 del Perú, de Herbert Morote. Como fuese, regresando a los recuerdos de la niñez, parece que la forma cómo nos enseñaban la historia nos hacía sentir cierto rencor por los países que nos “quitaron” territorio, como Chile. Digo esto porque recuerdo que, en cierto periodo escolar, llegué a escribir el nombre de dicho país como “chile”, con minúscula, a propósito, con desdén. Lo trascendente de dicho recuerdo es que, el año 2005, encontré la misma reacción en un acta de inspección de límites de una de las provincias de Cajamarca: quien había redactado, colocaba el nombre de su provincia con la letra inicial mayúscula y la provincia vecina con minúscula, en varias partes del acta. Dicho redactor del acta y yo habíamos tenido la misma reacción infantil, que superé al poco tiempo... espero que él también ya lo haya superado. Algo que no he superado es al Caballero Carmelo, del cual hay un extracto en Más Arriba, y tampoco he superado a Paco Yunque, que aparece en libros de lectura de secundaria. Serán narraciones muy bien logradas que expresan, en el primer caso, las (bárbaras) tradiciones y costumbres de nuestra patria, como la pelea de gallos o, como en el segundo caso, las grandes desigualdades e injusticias de nuestra sociedad pero, a mi parecer, precisamente por eso, son lecturas no tan agradables para los niños y quizá es mejor desarrollarla en los últimos años de secundaria. Al revisar los libros de texto de la familia encontré “Mi Cajamarca” un modesto cuadernillo de lectura de los 80’s, adecuado a nuestra realidad, que desarrollaron las profesoras Olga Hoyos, Delicia Vargas, Lilia Torres y otras más, junto con Hans Meinster, con los dibujos de Ofelia Vargas. Seguramente han habido muchas más iniciativas como esta, de profesoras y profesores a carta cabal, de las cuales no tenemos noticias, pero que han contribuido con creces a nuestra formación escolar. Los tiempos han cambiado. Los niños de ahora tienen al alcance, en internet, todo tipo de información muy valiosa pero también “información” sensacionalista muy cuestionable; pero no es solo información lo que tienen los niños de ahora, también tienen potentes herramientas como el ChatGPT y otras aplicaciones de Inteligencia Artificial que, para bien o para mal, les facilitan tareas escolares. Antes, el objetivo educativo era despertar el espíritu crítico en el educando, pero ahora, además, debemos enseñarles a evaluar con escepticismo, es decir, debemos enseñarles a «examinar y analizar información, afirmaciones o evidencia de manera crítica y cautelosa, sin aceptarlas automáticamente como verdaderas o ciertas. El escepticismo implica mantener una actitud de duda y cuestionamiento hasta que se presenten pruebas sólidas y verificables que respalden una afirmación o una creencia. En resumen, el escepticismo es una parte fundamental del pensamiento crítico y científico». Este último párrafo está citado pues, cuando le pregunté ¿Qué significa evaluar con escepticismo? eso fue lo que respondió el ChatGPT… que ha llegado para quedarse y evolucionar nosotros. Adiós, viejos libros, amigos que nos formaron en la escuela. ---------------------------- Fuente: Crónicas de Cajamarca.
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