Cajamarca, 27 de Julio del 2010
Miguel
María Grau Seminario
(Piura, Perú, 27 de julio de 1834 - † Punta Angamos, Bolivia, 8 de octubre de
1879) fue un marino peruano, almirante de la Marina de Guerra del Perú y
destacado patriota peruano.
Es considerado héroe máximo de la Marina de Guerra del Perú y de la nación peruana.
Era hijo del teniente coronel grancolombiano (más tarde nacionalizado peruano) Juan Manuel Grau y Berrío, natural de Cartagena de Indias, que llegó al Perú formando parte del ejército del Libertador Bolívar, y de María Luisa Seminario y del Castillo, piurana de nacimiento. Antes de entrar a la guerra del Pacífico, logró una curul en el parlamento peruano como representante por Paita - Piura. Tomado de http://es.wikipedia.org
Cayendo en la marítima celada
Sin un bajel que a su defensa acuda,
Sus fuegos rompe, aunque el triunfo duda,
¡La coraza era el todo, el valor nada!
La armadura, cual vidrio, quebrantada,
La tropa ve estallar de asombro muda,
Pero en la lid, desmesurada y ruda,
La enseña del Per persiste izada.
¡Grau sucumbe! En evidente calma,
Otro envidia su suerte y se resigna
A la gloriosa herencia de aquella alma!
De su heroísmo es víctima expiatoria;
Y llega a todos la inmortal consigna:
Quien no espera triunfar muere con gloria.
Carlos Augusto Salaverry
(Poeta peruano-Piura)
Carta de Miguel Grau a Carmela Carvajal Vda. de Prat
Monitor Huáscar
Al ancla, Pisagua, Junio 2 de 1879
Dignísima señora:
Un sagrado deber me autoriza a dirigirme a Ud. y siento profundamente que esta carta, por las luchas que va a rememorar, contribuya a aumentar el dolor que hoy justamente debe dominarla. En el combate naval del 21 próximo pasado que tuvo lugar en las aguas de Iquique, entre las naves peruanas y chilenas, su digno y valeroso esposo, el capitán de fragata don Arturo Prat, comandante de la “Esmeralda”, fue como usted no lo ignorara ya, víctima de su temerario arrojo en defensa y gloria de la bandera de su patria. Deplorando sinceramente tan infausto acontecimiento y acompañándola en su duelo, cumplo con el penoso y triste deber de enviarle las para usted inestimables prendas que se encontraron en su poder, y que son las que figuran en la lista adjunta. Ellas le servirán indudablemente de algún consuelo en medio de su desgracia y por eso me he anticipado a remitírselas.
Reiterándole mis sentimientos de condolencia, logro, señora, la oportunidad para ofrecerle mis servicios, consideraciones y respetos con que me suscribo de usted, señora, muy afectísimo seguro servidor.
Miguel Grau
Inventario de los objetos encontrados al capitán de fragata don Arturo Prat,
comandante de la corbeta chilena “Esmeralda”, momentos después de haber
fallecido a bordo del monitor “Huáscar”
Al ancla, Iquique, mayo 21 de 1879 El oficial de detall
Pedro Rodríguez Salazar
Carta de la viuda de Prat a Grau
Señor don Miguel Grau
Distinguido señor:
Recibí su fina y estimada carta fechada a bordo del “Huáscar” en 2 de junio del corriente año. En ella, con la hidalguía del caballero antiguo, se digna usted acompañarme en mi dolor, deplorando sinceramente la muerte de mi esposo, y tiene la generosidad de enviarme las queridas prendas que se encontraban sobre la persona de mi Arturo, prendas para mí de un valor inestimable por ser, o consagradas por su afecto, como los retratos, o consagradas por su martirio como la espada que lleva su adorado nombre.
Al proferir la palabra martirio no crea usted señor, que sea mi intento inculpar al jefe del “Huáscar” la muerte de mi esposo. Por el contrario, tengo la conciencia de que el distinguido jefe que, arrostrando el furor de innobles pasiones sobreexcitadas por la guerra, tiene hoy el valor, cuando aún palpitan los recuerdos de Iquique, de asociarse a mi duelo y de poner muy alto el nombre y la conducta de mi esposo en esa jornada, y que tiene aún el más raro valor de desprenderse de un valioso trofeo poniendo en mis manos una espada que ha cobrado un precio extraordinario por el hecho mismo de no haber sido jamás rendida; un jefe semejante, un corazón tan noble, se habría, estoy cierta, interpuesto, de haberla podido, entre el matador y su víctima, y habría ahorrado un sacrificio tan estéril para su patria como desastroso para mi corazón.
A este propósito, no puedo menos de expresar a usted que es altamente consolador, en medio de las calamidades que origina la guerra, presenciar el grandioso despliegue de sentimientos magnánimos y luchas inmortales que hacen revivir en esta América las escenas y los hombres de la epopeya antigua.
Profundamente reconocida por la caballerosidad de su procedimiento hacia mi persona y por las nobles palabras con que se digna honrar la memoria de mi esposo, me ofrezco muy respetuosamente de usted atenta y afma. S.S.
Carmela Carvajal de Prat