DÍA INTERNACIONAL DEL MIGRANTE

(18 de diciembre)

 

 

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“La justicia consiste

  en sembrar un árbol para todos”

 

  Yackob Huseim (poeta judío)

 

Hemos escuchado con anticipación y por supuesto con suma sorpresa y desencanto; y por qué no decirlo con preocupación, la afirmación del presidente electo de los Estados Unidos, de construir un muro entre la frontera con México y la de su país, para evitar la migración hacia los Estados Unidos de los muchos hombres, mujeres y niños que van día a día, en pos del “sueño americano”, es decir de llegar a tierras norteamericanas para alcanzar una mejor calidad de vida.

Y es más, ha llegado también a amenazar con expulsar a los ciudadanos que en su calidad de ilegales están ya residiendo en los Estados Unidos.

Esta actitud desmesurada y prepotente nos interpela hoy. Hoy, que, en el siglo XXI, ha caído ya el muro de Berlín, que dividía a las dos alemanias. Hoy, que tenemos presente a la muralla china como un símbolo de un imperio grandioso, como una de las maravillas del mundo, mas ya no como una frontera discriminatoria.

¿Qué podemos decir ante esto? ¿que la historia puede retroceder?, que mientras necesitamos lazos, nexos, puentes de entendimiento entre los hombres y las naciones, y así asumimos el sacrificio de muchos hombres y mujeres que buscaron y en algunos casos ofrendaron su vida, para evitar la lacra de discriminación entre los hombres, y en el recorrer del tiempo como fruto de esta necesidad han surgido Instituciones Internacionales que velan y luchan por la paz y entendimiento entre los pueblos, sin embargo, a pesar de esto surge una propuesta discriminatoria, injusta y prepotente, la del Presidente electo de los Estados Unidos Donald Trump.

¿Levantar un muro que preserve la frontera norteamericana, será la solución de fondo para para palear las múltiples necesidades de muchos ciudadanos que dejan su país por falta de un trabajo digno, justamente remunerado?

Es que el bienestar, entendido como calidad de vida: salarios justos, acceso a un mejor servicio de salud, un mejor nivel educativo, derecho a seguros accesibles para todos, etc. Solo es derecho de algunos?

Esta cruda realidad nos hace ver que, inevitablemente tenemos que asumir que “el desarrollo como nuevo nombre de la paz” según manifiesta la Iglesia católica no llega para todos, es selectivo y por ende discriminatorio, hoy en día.

La ciencia avanza, con sus diversos estudios y logros, la tecnología también, pero el derecho fundamental de hombres, mujeres y niños que aspiran legítimamente a una vida mejor, todavía sigue siendo solo un ideal, una quimera, que taxativamente utilizan nuestros gobernantes cuando se habla de derechos humanos, cuando por interés propio necesitan mencionarlos y, es más, hacen promesas que no cumplen ni cumplirán.

Hoy, en el día Internacional del migrante elevamos nuestra voz, por un mundo mejor, sin divisiones, sin diferencias, ni discriminaciones, y les hacemos recordar, en particular a los gobernantes de las naciones más desarrolladas que es su deber de luchar contra la pobreza y discriminación en todas sus clases, en particular las discriminaciones que sufren nuestros hermanos migrantes.

 

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