Conociendo al Perú

 

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El Purgatorio

 

Por Jaime Abanto Padilla

 

Frente al camino que va de Hualgayoc a Bambamarca, frente a las ruinas de lo que alguna vez fue el Banco Minero del Perú existen los vestigios de un pueblo colonial llamado El Purgatorio, los orígenes de tan singular ciudad de barro se remontan a comienzos de 1771 cuando los españoles descubrieron la primera veta argentífera en Hualgayoc. El pueblo se encuentra en una hondonada a las faldas del cerro Hualgayoc fue una ciudad construida en la bocamina del socavón Nuestra Sra. del Carmen.

Las gélidas temperaturas de Hualgayoc y la constante neblina daban al lugar una vista dantesca. Al ingresar al socavón la temperatura se elevaba al grado tal de que los mineros sudaban copiosamente mientras extraían las rocas y se enfriaban abruptamente cuando las cargaban en “capachos” hasta el exterior, eran comunes las enfermedades respiratorias en esas minas resguardadas por porteros y capataces quienes se encargaban de que la faena se cumpla con rigurosidad.

Los restos de esas casas están desperdigados en un área no muy amplia, gruesas paredes de tapial se yerguen a casi 250 años de sus construcciones. Aun, pese a la maleza y los arbustos se puede divisar las calles curvadas que hace siglos fueron transitadas por otros hombres, callejuelas deformes que eran los nexos entre todas las casas. Existe una vieja construcción que se impone en todas ellas; se trata de la Iglesia, la que tiempo después y cuando el pueblo fue abandonado se convirtió en un cementerio lleno de tumbas ya casi en su totalidad olvidadas.

Al fondo de la hondonada fluye el río quejumbroso son sus piedras oblongas formadas así con el rodar constante del tiempo sobre ellas, de la arenisca y las aguas que fluyen con una fuerza magnífica hacia las partes bajas, hacia Colquirumi, Llaucán y Bambamarca.

El pueblo que alguna vez fue magnífico hoy yace abandonado, a veces las aves lo circunvuelan sin saber que alguna vez entre esas paredes derruidas habitaron hombres y mujeres que tuvieron una vida, que tuvieron sueños, que fueron tristes o felices, que se amaron y que fueron los constructores de una civilización que hoy ya no existe sobre esas piedras unidas por barro.

Las personas que lo contemplan distantes miran a ese pueblo abandonado con indiferencia, desconocen su historia. Los buses que van a ciudades cercanas y pasan por ahí llevan gente que no sabe que ese pueblo alguna vez tuvo domingos festivos, gente feliz, nacimientos y decesos, fiestas y que por sus calles se cantaban y se silbaban canciones.

Cuántas veces nosotros también encontramos “Purgatorios” hombres y mujeres que han envejecido y que los tratamos con indiferencia, apenas si los miramos o les damos el espacio que merecen. Cuántas veces vemos a hombres silenciosos con historias magníficas que nosotros no conocemos y que, sin embargo, pertenecen a una historia que el mismo tiempo ha olvidado.

Cajamarca, 01 de febrero 2022.

Foto : Irma Ortiz

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Fuente: Facebook de Jaime Abanto Padilla.

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