Presentación Conociendo al Perú
ANISPAMPA: EL SABOR DE UNA EMOCIÓN FORMIDABLE
Escribe: Miguel Arribasplata C.

El sol ilumina fugaz a febrero de lluvia norteña, el valle labra el cuerpo de su verdor siempre vivo, cuitas del alma zurcen la infancia de alumbrada familiaridad, los pasos ciegos pulen las identidades pueblerinas. San Pablo en las mañanitas pías.
Anispampa me convocó a la visita con sabor a hospedaje en casa de los primos Cabanillas Castañeda.
Anispampa, caserío donde el COVID tocó puertas para hacer su daño mortal. El aguardiente, la dulce caña de mayo del lugar, no abrió ni las ventanas a la mundial pandemia. Las chilalas arman la bullanguera orquesta de los pájaros, el chisco es el director musical por tener la mejor melodía y los pollinos rebuznan sus cansinos amaneceres.
Desde el mirador de La Huaca oteo el horizonte cálido y saludo mentalmente a mis contemporáneos difuntos, parientes que con los tíos Alberto y Arturo asolearon sus vidas en este hospicio terrenal.
Aquí, en el lar de bondades agrícolas, un hombre, ingeniero de profesión y gran vecino de vocación, refundó el noble oficio de existir. Pelayo Alfaro Castañeda, un día especial de bienhechora nostalgia y de promisora ventura del futuro, depositó el precio de sus jubiladas labores en esta hucha rural.
En Las mil y una noches, los jardines de los palacios son una fiesta para el placer mundano y para los ojos de la nobleza árabe. Este predio o fundo, mejor: esta dicha hogareña, atesorada por nuestro conciudadano dueño y por su hermano Lucho, situada en el paraje de Huangadón, es una casa de ensueño, donde los árboles frutales crecen gracias a la esmerada laboriosidad. Las palmeras, los eucaliptos, los pinos, los guarangos y los hualtacos se enseñorean peinados por el viento; el cañaveral con su amarrillo oro madura para la molienda que destilará el fermento letificante del aguardiente, a la chancaca endulzadora y al guarapo refrescante; en el follaje, las boas matreras aguardan el descuido de las víctimas.
Fragancia azucarada exhalan los trapiches, solícitas señoras y señoritas zarcas y morochas responden al buenos días viajero. “¿De quién es usted su hijo, oiga?, pregunta, atento, un curtido labriego. “¡Ah!, a su papá lo traté, somos parientes por angas y mangas, pues; pase, tome asiento en la banquita. ¡Hortensia!, apúrate, trae una alfombra. Descanse, pues, sobrino”. Cariño puro.
Arte, gusto y regosto para conservar y adecuar esta casa campestre, que se ufana en el idílico paisaje, donde las cantarinas aguas irrigan a la natura calurosa. Mariposas de simétricas formas y abigarrados colores vuelan a placer, las gallinetas de Guinea son damas distinguidas que picotean con chance en el huerto al lado de los vanidosos pavos, y la piscina refrescante espejea cautivante.
Como diría el poeta Rimbaud: “¡El amor detergente de la aurora os delata / y dulzuras de cielo os pringan los estambres!”.
La amistad, encomiada conversación, es un brindis de aguardiente a puro gaznate.
La noche llega al valle pródigo y, entonces, el dueño del lenguaje, mejor dicho, el raposo hacedor de literatura, se deslumbra: fiesta para los ojos lectores, innúmeras luciérnagas encienden su física luz y el firmamento con sus estrellas parecen estar aquí, abajo del techo del mundo. Delicia serrana es la casa grande, “El cogollo” se ha hechizado con la incandescencia de los pequeñines insectos. En el aire, los murciélagos bandean ansiosos de mordedura de establos y el río, barroso de aguacero de jalca, bravuconea en la hondonada.
¡Acacau!, corcovea el corazón poeta ante el homenaje amical, don Pelayo y su hermano Lucho son los genios que frotan su lámpara mágica y las luciérnagas son Diógenes que buscan humanos para que se incorporen a Natura y salven al planeta fatigado de contaminación.
A don Pelayo Alfaro Castañeda el Municipio Provincial de San Pablo debería condecorarlo por su altruismo cívico y por promover el turismo. Hombres como este grato sampablino nos enseñan a domesticar nuestros instintos depredadores y amar a la tierra.
Manso, afiatado de ternura, de patria chica, alumno de la cordura y la buena convivencia, me recojo junto con Enrique, Hugo y el pequeñín gladiador Adriano, hijo mío, a la otra casa donde la prima Imelda con su gringa Dorelis urden su preocupación con eso de: “Qué horas vienen, pue, los pat’eperros; ese don Pelayo seguro ya los embuchó de cañazo”.
Como poetiza César Vallejo: “¡Al borde del fondo voy, /cuñado Vicio! / La oruga tañe su voz, / y la voz tañe su oruga, / ¡padre cuerpo mío!”.
Estos caminos de todos los pies aguardan a doña Giovanna Gutiérrez y a su prole amamantada de ciudad.
Valles de mi Perú, fundo “El cogollo”, vecino Pelayo, rey que fuiste en la antigua España goda, gracias te doy con renovada y lustrada alegría. Desde la eternidad de sus aullidos, tu perro Tumbo me está ladrando para no traspasar tus cercos de plenachos con el afán de robar hierba para mis cuyes chillones.
Cajamarca, 21 de abril 2022.
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