HOMENAJE PÓSTUMO AL GRAN CIRUJANO DOCTOR POMPEYO CHÁVEZ
Presentación Dr. Pompeyo Chávez
Consuelo Lezcano Ruiz
Al
intentar delinear pálidamente el perfil humano y profesional del eminente
cirujano cajamarquino, doctor Pompeyo Chávez Silva Santisteban, jefe del
Departamento de Cirugía que a su vez comprendía el Centro Quirúrgico 2-B, del
“Hospital Central del Seguro Social del Empleado”, hoy “Edgardo
Rebagliati Martins”, traigo a la memoria gratas vivencias de mi labor como
enfermera instrumentista en ese recordado servicio, allá por los años sesenta.
La jefatura de este departamento médico estuvo bajo el liderazgo ético y humano
del Dr. Pompeyo y de la jefe del equipo de enfermeras señora Laura Dextre Mundy,
quienes pusieron en práctica sus valiosos conocimientos adquiridos en el
extranjero. Recuerdo también a mis dilectas compañeras de ruta, las Rositas:
Tudela, Triveño y Nakasone, Yolita Capellini, Teresa Castro, Paula Jiménez
Marujita Chávez, Aurora Garavito, Bertha Esquerre, Dora Aragón, Graciela Camacho
y otras más.
En ese acogedor ambiente de trabajo, aséptico y disciplinado, tuve el honor de conocer al eminente y prestigioso cirujano -mi paisano- el Dr. Pompeyo Chávez, cuya personalidad circunspecta, pero inmensamente humana, de hablar calmo y sereno, infundía respeto, confianza y seguridad. Jamás se le oyó pronunciar una palabra disonante que pudiera alterar el ambiente armonioso y de trabajo en equipo que reinaba en ese servicio. Hoy, al recordar con infinito cariño y gratitud a este gran referente de la medicina cajamarquina y peruana, pienso que influyó en su forma de ser, el haber nacido en el ubérrimo y apacible pueblo andino llamado originalmente Huauco y después Sucre, en la provincia de Celendín-Cajamarca, pueblo asentado en lo que, milenios atrás –según reza la leyenda- fue una gigantesca laguna, circundada por paisajes ecológicos y enigmáticos, cuya floresta multicolor aún engalana al hoy distrito de Sucre, que sigue siendo cuna de grandes hombres, que destacan en los ámbitos nacional e internacional.
Y fue allí, en ese hermoso lugar, donde el político y reconocido escritor huauqueño, don Nazario Chávez Aliaga y la distinguida matrona doña Teresa Silva Santisteban, trajeron al mundo un 27 de julio de 1914 al primogénito de la familia: Pompeyo. En esa bucólica estancia floreció su bendecida niñez y primeros años moceriles, para luego emprender sus estudios secundarios en el prestigioso Colegio “San Ramón” de Cajamarca, donde nutrió su espíritu juvenil con el alto valor de los conocimientos, de las cualidades éticas, intelectuales y afectivas. Concluida la etapa de su formación secundaria y obedeciendo el llamado de su vocación, emprende sus estudios de medicina en la Facultad de San Fernando de la Universidad Mayor de San Marcos, graduándose exitosamente de Médico Cirujano.
Como buen celendino trotamundos y de gran afán de superación, enrumba a los Estados Unidos para seguir sus estudios de posgrado en afamadas clínicas y hospitales docentes. (descritos ya en el homenaje que le brindó el Dr. Andrés León, el 4 de marzo de 2019).
En este país de los grandes rascacielos, el amor llama a sus puertas y contrae matrimonio con la dama Zabra, procreando a sus hijos Lucy, Jeffrey y Francisco. Muchos años después, nacerá el último de sus vástagos, Pompeyo Chávez, fruto de su matrimonio con la señora Bertha.
Cargado de grandes conocimientos y experiencias, el doctor Pompeyo retornó a su patria, para devolverle con creces todo lo recibido, ocupando importantes cargos docentes y administrativos. El año 1962 lideró con gran maestría el equipo de Salud que organizó y puso en marcha el Hospital Regional del Seguro Social de Arequipa, hoy Hospital “Carlos Alberto Seguín”, donde también tuve el honor de trabajar a su lado y conocer y apreciar una vez más, las grandes cualidades humanas y profesionales de tan eminente médico cirujano.
Numerosas han sido las distinciones y reconocimientos otorgados a tan ilustre personaje, entre ellas, la Orden del Sol del Perú en el Grado de Comendador, concedida por el Estado Peruano, el año 1973 y la Orden del Trabajo en el Grado de Comendador, otorgada por el Ministerio de Trabajo, el año 1974.
Pero, retomando el punto de su quehacer como cirujano, recuerdo nítidamente que este era para él realmente un rito religioso, donde cada uno de los componentes del equipo ocupaba exactamente su lugar preestablecido, manteniendo una gran concentración mental y cuidando con esmero de no apoyarse en el cuerpo del paciente para evitarle molestias pos operatorias. Con suma habilidad el Dr. Chávez exploraba en las entrañas del paciente para extirpar el problema patológico. El instrumental requerido según los pasos operatorios era puesto en sus manos y la de sus asistentes, utilizando únicamente la simbología de las manos, evitando palabras innecesarias. Disciplina, amor y respeto al paciente, fue el lema de tan admirable profesional. El Dr. Chávez fue un auténtico artista de la cirugía, por su delicado arte y sabiduría que dejó honda huella en su paso por clínicas y hospitales del extranjero y del Perú, y también en el corazón de médicos, enfermeras, técnicos y administrativos, que tuvimos el honor y la satisfacción se trabajar a su lado.
Parafraseando al médico, escritor y editor español, Dr. Félix Martí Ibáñez, concluyo diciendo que, el Dr. Pompeyo Chávez fue el “bravo samaritano que amó su labor, y por ello amó al paciente, y en el amor a su obra cifró la ilusión de no morir del todo, cuando él mimo muera, porque en su obra perdurará su ensueño”.
La llama votiva de nuestro agradecimiento y gratitud seguirá ardiendo impagable e inapagable.
Presentación Dr. Pompeyo Chávez