UN RESTAURANTE SINGULAR EN CAJABAMBA: EL VELORIO

 

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Por: Gamaniel Guillermo SILVA RODRIGUEZ

La ciudad de Cajabamba está ubicada a 124 kilómetros al Sur de Cajamarca y a 60 kilómetros al Norte de Huamachuco, con una altitud de 2635 metros sobre el nivel del mar. El terreno de la zona poblacional es inclinado y en el centro de la ciudad la mayoría de calles están pavimentadas, con un tráfico desordenado, bullicioso y sin una planificación urbana eficiente.

A una cuadra del Hospital Nuestra Señora del Rosario, encontramos en el Jirón Zavala, un particular y singular Restaurante: El Velorio. Con este título tan sugestivo e impresionante nos decidimos visitarlo con mi esposa Isabelle y degustar su Menú. Como es lunes, la tradición en muchos restaurantes de la ciudad, saboreamos el “shambar” y bistec con papa frita. Por supuesto, viene acompañado de su platito con rocoto, al costado su respectivo limón, además del “refresco” que hoy fue de maracuyá. El “shambar” plato típico de Cajabamba, es una sopa que lleva trigo, alverja, habas con un pedacito de pellejo de chancho y unas hojitas de culantro.

Los propietarios del Restaurante El Velorio, son: Miguel Zavala y Marina Vera. Doña Marina nos comento que el nombre de su negocio, proviene cuando al inicio, para inaugurarlo, colocaron un “foco” en la puerta de entrada y unas bancas en la vereda. Entonces, la gente que pasaba se imaginaba que era un velorio, ya que esta costumbre queda todavía para indicar el deceso de una persona. El que les sugirió que quedase con este apelativo, fue el señor Eli Díaz, quien trabajaba en ese tiempo en la Municipalidad de Cajabamba.

La cocina del Restaurante, es con el típico “fogón”  que me trajo también los recuerdos de mi madre Elvia ya que uno parecido tenemos en la casa. El fuego se lo hace con leña y los alimentos tienen un exquisito sabor. Se puede comer en un ambiente que está en la entrada, donde el piso es de tierra, o al interior junto a su cocina con el piso empedrado. Tiene alrededor algunas plantas, como el higo, el sauco, tunas, berenjenas y cedrón, así como también, tiene rosas y una planta de cardenal. Y se suman al velorio, su lorito “Pepe” y un perro.

En el primer ambiente, para sorpresa de los visitantes, hay una “calavera” en una repisa, un rosario de sacerdote, un crucifijo antiguo y algunos cuadros del pintor, Rómulo Rebaza. Muy impresionante y conmovedor, pero el sabor es típicamente cajabambino y en una atmósfera atípica. Entre sus comensales frecuentan trabajadores del Hospital, de la Cooperativa, de Radio Texas, de la Empresa Días y de la I.E. 113. De seguro que regresaremos otra vez. Hasta pronto doña Marina y quédese con su velorio.

Guillermo SILVA

17/02/2014

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N.R. Agradecemos la especial deferencia de la Sra. Isabelle de Silva por obsequiarnos las fotografías que ilustran esta singular narración.

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