LA LAGUNA QUE SE FUE A OTRO LUGAR

 

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(Leyenda del caserío de Churucana, distrito de Cajabamba)

Prof. Josiel Meléndez Ramírez

Catequil, el dios de los culles, había anunciado el final de aquel lugar. Permanentemente los naturales del lugar perdían sus animales por alguna peste, sus chacras no producían igual, pese al esfuerzo y trabajo que hacían; aún así, estas gentes de Huangaday continuaban con sus ofrendas.
El lugar era hermoso. De otros lejanos parajes venían para contemplarlo y dar veracidad a lo que escuchaban de sus semejantes. En la cima del cerro había una laguna, el espacio era ahuecado; al fondo, apus de mayor tamaño que se reflejaban en sus transparentes aguas. Igual hacía el cielo azul infinito con sus copos blancos que desaparecían cuando el sol empezaba a reinar. También construido hace muchos años, un templo de piedra, del que se podía contemplar extensas zonas de las partes bajas.

Era principios de 1470, los incas iniciaban la conquista de estos lares; reinaba Tupac Inca Yupanqui. El dios Catequil no deseaba que el lugar más querido por él, y al que le había dotado de tanta hermosura, fuera posesión de otros y decidido darle fin. Lloró intensamente, las lágrimas eran las intensas que caían intensas lluvias sin cesar, día y noche. Le acompañaban los relámpagos que daban estruendosos signos de dolor.

Los naturales solamente esperaban y predecían un cambio. Era el poder de dios; aquel que les había permitido reflejar la laguna, tempranamente, cuando salía entre dos colinas y jugaba silenciosamente con las nubes, también aves acuáticas migrantes o sedentes que hacían de ella su hábitat. La laguna fue incrementándose más y más. Pero, pronto se desbordó, llevando consigo el antiguo templo con todos sus tesoros; bajó estrepitosamente y el eco infundió temor hasta lugares distantes. Fue en pocos minutos y en una noche obscura. La lluvia cesó, dejó de llorar su jefe supremo. Se había cumplido su deseo.

Las faldas del cerro Huangaday quedaron como enormes rasguños sangrantes. El lugar destruido y cambiado.

Hoy la laguna está ubicada en la actual comunidad de Higosbamba, y a la que octogenarios chulucaneros reclaman como suya.

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