Las cruces

 

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A la memoria de mi mamita Grima

con el cariño de siempre.

 

En mi pueblo nos quedamos con mi mamita Grima mis dos hermanas mayores y yo porque a la última de mis hermanas mis padres la habían llevado al Valle de Condebamba, mis hermanas asistían a la escuela y yo me quedaba en la casa con mi mamita Grima quien me brindaba muchos cuidados y me llevaba, a donde iba, para no quedarme solo.

Cocinaba con leña, pero debido a la precaria situación económica de esos tiempos tenía que proveerse de chamisa que se traía de Las Ventanas ubicadas en las faldas del cerro de Chantaco, de donde los habitantes del pueblo que no podíamos comprar la leña teníamos que irnos a traerla de ese cerro.

Un primero de mayo nos fuimos a Las Ventanas con mi mamita Grima, ella llevaba el machete bien afilado, una canastita con el fiambre y su llicclia* y yo aviado de un buen cordel, mi jebe y una taleguita con piedritas para utilizarlas como proyectiles lanzados con el jebe, pensando matar algún pajarito, de fiambre llevábamos una buena porción de cancha, cuatro cachangas y tres limas, salimos después de desayuno, mis hermanas a su escuela ya que tenían actuación por el Día del Trabajo y nosotros con destino a Las Ventanas, el viaje fue rápido hasta llegar al cerro y cuando empezamos el ascenso, vimos muy próximos al camino, que allí pastaban una manada de ovejas y cabritos y de ellos, el más chiquito con mucha agilidad y destreza se trasladaba de un lugar a otro dando saltitos muy rápidos y armoniosos; cada vez que me retrazaba mi mamita Grima me decía que avance como el chivito, yo corría imitándolo y la alcanzaba, nuevamente subíamos juntos y arrambados, yo le preguntaba hasta donde vamos a subir y mi mamita Grima me contestó hasta esas plantitas con flores moradas, señalándome con su brazo, dirigí mi mirada hacia donde me señalaba y divisé una parte de la falda del cerro cubierta con una inmensa alfombra sólo de flores moradas, era poco lo que nos faltaba para llegar a esta alfombra y mi mamita Grima me desafió de quien ganaba en llegar, yo corría como el chivito siempre tratando de ganarle en llegar, me adelantaba y la esperaba, cuando estaba a punto de alcanzarme nuevamente emprendía la carrera hasta que por fin llegamos, teníamos en nuestro delante gran cantidad de plantitas con flores moradas, mi mamita Grima me dijo que con estas plantitas se vestían a Las Cruces, le pregunté si ella necesitaba y me dijo que sí, que le ayudara a recoger, comencé a arrancar las flores moradas, pero mi mamita Grima me dijo que las saque de raíz, de inmediato nos pusimos manos a la obra y al poco tiempo me dijo que ya era suficiente de flores y que ahora tenemos que recoger la chamisa, a un costado de donde estábamos había un poco de chamisa seca y abandonada, dijo que esa la recogeríamos, yo ágil y obediente me puse a recoger la chamisa, pero era poco lo que había, así que con el machete se puso a cortar más arbustos para completar la cantidad de chamisa que nos faltaba, cuando ella estimó la cantidad suficiente me dijo que ya teníamos completo y que comamos el fiambre, nos dirigimos a una ladera que parecía un poyo, yo llegué primero y me senté, mi mamita Grima me dijo que me levantara para que tienda su llicclia para sentarnos, cuando terminamos de comer nuestro fiambre empezó a chirapear (llover) y nos tapamos con su llicclia, el aguacero pasó rápido y nos alistamos para emprender el regreso, en su llicclia, tendida en el suelo de largo a largo, depositó gran cantidad de chamisa y en mi cordel hicimos un pequeño tercio, de igual modo compartimos las flores en dos bolsitas de tela que había llevado y recogió unas plantas que se utilizaban como escobas, que se les llamaba Escoba amarga.

 Ya listos para partir, se me ocurre correr como el chivito, el piso de laja estaba humedecido por el aguacero que había caído, se tornó resbaladizo y me caí raspándome la quijada, me salía mucha sangre, yo lloraba de impresión al ver la sangre, no sentía dolor, mi mamita Grima también se asustó y revisó mi herida, es una raspadita me dijo, y añadió “los hombres machos no lloran”, de inmediato me callé y me curó la herida con ceniza de trapo quemado, la sangre dejó de salir, emprendimos el retorno, bien aviados y con más cuidado en caminar.

Al siguiente día, vísperas del Día de las cruces, mi mamita Grima vestía las cruces con las flores que habíamos traído de Las Ventanas, con mucha solemnidad, era muy católica y siempre nos enseñaba a rezar, a implorar a Dios por la salud de todos los familiares, yo le rogaba a Dios por la buena salud de mis padres que por ese tiempo se encontraban distantes de nosotros.

Las plantitas que se utilizan para vestir las cruces se llaman Corpus y florecen únicamente en el mes de mayo, una vez vestidas Las Cruces se las vela el 03 de mayo con oraciones rezadas con mucha devoción, y se guardaban hasta el año siguiente que se las vestía nuevamente con flores frescas, así es la tradición y con esa inmensa fe, reconfortante, año tras año mi mamita Grima vestía Las Cruces de Mayo, demostrando su profunda devoción que les profesaba, cuando no podíamos irnos a Las Ventanas yo le compraba sus tercios de flores frescas para que siempre vista sus cruces.

Juan C. Paredes Azañero.

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*Llicclia. Manta larga tejida con lana de oveja, especie de pañolón.

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