Presentación Coronavirus Covid 19
Cajamarca, 07 de abril de 2020.
Poesía en cuarentena
¿Aburrid@ por el aislamiento?. Unos consejos que le permitirán hacer más llevadero este aislamiento. [02/02/2021].
Sobre la muerte. Por: Jherson Bustamante Lozano [Juan Pablo Castel]. [30/07/2020].
Cuando la tormenta pase. Por: Mario Benedetti. [28/07/2020].
Después que esto pase. Por: Herliter Vásquez Vásquez. [25/07/2020].
Un abrazo de luz, paz y amor. Por: Casimiro Ramírez Tenorio. [13/05/2020].
Entre la tempestad y el infortunio. Autor: Guillermo Manuel Torres Ruiz. [19/06/2020].
Se están muriendo. Por: Jorge Pereyra. [02/06/2020].
En estos días. Por: Javier Villegas. [01/06/2020].
Cuando vuelva amanecer. Por: Manuel Alcalde Palomino. [24/05/2020].
Grito pandémico. Por: Camilo Terrones Cotrina (Perú). [23/05/2020].
Exilados. De Guillermo Torres Ruiz. [01/05/2020].
Nostalgia y muerte. De Guillermo Torres Ruiz. [29/04/2020].
La guerra crece. De Guillermo Torres Ruiz. [20/04/2020].
Armonizar. De Malacio Castro Mendoza. 20/04/2020].
Origen y renovación. De Guillermo Manuel Torres Ruiz. [17/04/2020].
En tiempos de pandemia. K.O'Meara - Poema escrito durante la epidemia de peste en 1800. [13/04/2020].
A la sombra del coronavirus. Del Padre Miguel Garnett. [07/04/2020].
El diablo "coronavirus". De Eliseo León Pretell. [07/04/2020].

Jherson Bustamante Lozano.
Poeta celendino.
I
Ha llegado la muerte
un domingo a las cuatro de la tarde.
En forma de viento ha llegado
¡ay pobre hombre humano!
echada está su suerte.
Ha llegado la muerte
-no viste de negro, hoy viste de blanco soplando fuerte
en forma de viento ha llegado.
Ha llegado la muerte,
tocando su violín de fémur,
el suelo ha tocado
Ha llegado la muerte,
no ha venido por uno, ni por dos
ni por cien, ni por mil
ha venido por el humano hombre
solamente.
Ha llegado la muerte
y ha encontrado indefenso al humano hombre,
muerto de hambre, sucio, sin agua,
sin alma.
Ha llegado la muerte
y ha encontrado al humano hombre
hombre humano
encerrado, nostálgico,
sin tierra, sin sol, sin un hermano,
sin luna, sin cielo
sin padre, sin madre.
Ha llegado la muerte,
se ha puesto triste,
impotente llora,
sufre porque lleva el humano hombre
queriendo amar, pero impedido
queriendo abrazar, pero prohibido
queriendo besar, pero vedado
queriendo despedirse, pero castigado
queriendo comer, pero sin bocado.
La muerte se ha puesto triste
impotente, llora
no es una humana muerte
del humano hombre.
Ha llegado la muerte
está ahí, desconsolada, sola
en medio de vacías calles
sufriendo, sufriendo
lo mismo que el humano hombre.
No es una humana muerte
II
Hastiado,
debajo de un colosal cielo azul,
sin poder alzar la mirada y contemplarlo.
Encerrado,
extrañando los olores de tu pueblo, de tu casa
del girasol, del clavel, de tu patio
de la margarita, del geranio.
Envuelto en el tétrico silencio del día te preguntas:
¿qué hay después de la muerte?
No hay sino la inmensa levedad de la vida, que buscabas;
la unidad con la Pachamama, por la que luchaste;
el génesis de una quietud suspirada, anhelada;
el fin de tu angustia, que tanto soñabas.
Serás vida, vida darás.
Alimentarás a un nuevo ser
quise decir, ese nuevo serás tú:
una rosada rosa, un banano
un tulipán, un palto
es más, serás un jardín, o tal vez cien, tres mil.
Cubrirás de frutos al mundo,
de flores, dejarás que los niños jueguen contigo.
Te amarán, te cuidarán.
¡Serás perfume!
O tal vez te conviertas en un árbol,
grueso, frondoso, lozano.
Con tus retoños alimentarás.
Serás sombra.
Sombra para el humano hombre que acudirá presuroso azotado por el sol.
Ese hombre que se raja el lomo labrando la tierra
Serás hogar.
Hogar de aves que te despertarán al unísono de su cantar.
Disfrutarás cuando la lluvia
recorra tus pétalos,
tu tallo, tus hojas, tus raíces…
Amarás las caricias del viento.
Verás morir el día, verás nacer el día con el alba.
Serás…
vida serás nuevamente
porque no has muerto
has comenzado a vivir
eternamente.
---------------
*Poema ganador del III Concurso de Poesía de la Corporación Universitaria Americana, de Medellín, Colombia, del poeta celendino Jherson Bustamante Lozano, en mayo, 2020.
Fuente: Al Rescate de Caxamarca

Cuando la tormenta pase
Y se amansen los caminos
y seamos sobrevivientes
de un naufragio colectivo.
Con el corazón lloroso
y el destino bendecido
nos sentiremos dichosos
tan sólo por estar vivos.
Y le daremos un abrazo
al primer desconocido
y alabaremos la suerte
de conservar un amigo.
Y entonces recordaremos
todo aquello que perdimos
y de una vez aprenderemos
todo lo que no aprendimos.
Ya no tendremos envidia
pues todos habrán sufrido.
Ya no tendremos desidia
Seremos más compasivos.
Valdrá más lo que es de todos
Que lo jamas conseguido
Seremos más generosos
Y mucho más comprometidos
Entenderemos lo frágil
que significa estar vivos
Sudaremos empatía
por quien está y quien se ha ido.
Extrañaremos al viejo
que pedía un peso en el mercado,
que no supimos su nombre
y siempre estuvo a tu lado.
Y quizás el viejo pobre
era tu Dios disfrazado.
Nunca preguntaste el nombre
porque estabas apurado.
Y todo será un milagro
Y todo será un legado
Y se respetará la vida,
la vida que hemos ganado.
Cuando la tormenta pase
te pido Dios, apenado,
que nos devuelvas mejores,
como nos habías soñado.
--------------------
Fuente: Hábitos
N.R.: Hay controversia sobre la autoría de este grandioso poema, algunos le atribuyen la autoría al comediante cubano Alexis Valdez con el título de Esperanza, los críticos tienen la palabra. / JCPA.

Herliter Vásquez
Poeta de Bambamarca, Hualgayoc.
Después que esto pase,
nuestros pasos saldrán en busca de caminos,
ansiosamente, en medio del caos,
esquivando las cenizas humeantes esparcidas por la muerte.
Y los caminos,
casi abandonados,
huérfanos de pasos aventureros
llorarán por el hermano caminante,
que camina ya muy lejos, en la gloria.
Después que esto pase,
tendremos el mismo sol,
espléndido,
pero se habrán apagado ya, miradas infinitas;
y cuando la luna, salga por las noches,
los amantes se habrán ido para siempre.
Después que esto pase,
volverán las correrías,
las charlas,
los soliloquios,
las discusiones insustanciales,
los festines,
las caminatas,
las reuniones sentados en el poyo,
los sermones;
pero en cada paso,
camino,
cielo,
sol,
luna,
charla,
soliloquio
discusión,
festín,
caminata,
reunión,
sermón;
todos extrañaremos a alguien,
alguien que fue engullido por la insaciable pandemia.
H.V.V. - julio 202.

Casimiro Ramírez Tenorio
Poeta de Jaén
Después de esta peste, dicen,
que ya no seremos los mismos.
Hemos sentido como nunca, en la médula,
el miedo a la muerte y la soledad existencial.
Hemos oído a la muerte dando golpecitos
suaves primero, y luego furiosos puñetazos
contra nuestras puertas.
Cuando nos hemos resistido
a mirar por los postigos
la muerte ha derribado nuestras puertas
y ha entrado como un huracán arrancando
nuestras mascarillas
y nuestros nuevos hábitos de higiene,
y mirando la miseria de nuestros cuerpos desnudos.
Y entonces nadie ha sabido el destino de nadie
nadie ha sabido el destino de nuestros contagiados
nadie ha sabido el destino de nuestros muertos.
Nadie ha sabido el destino de ese orden
que hasta hace solo unos días regía nuestras vidas.
Si ya no seremos los mismos…
entonces, me acribilla la pregunta:
¿seremos algo todavía o, tal vez, nada?
Tal vez no valga la pena engañarnos.
Todos tendremos que trabajar como, o más duro que antes,
los funcionarios públicos serán tan ladrones como,
o más desvergonzadamente que antes,
y las transnacionales serán más corruptas y más depredadoras que
[antes.
Las mascarillas que llevamos ahora no cambiarán nuestro espíritu
ni mucho menos el espíritu de las élites que transgenizan nuestros
[destinos.
Solo los que hemos sido buenos seguiremos siendo
más intensamente buenos
pero la bondad, esa bondad huérfana de acciones,
por más exacerbada que ha sido,
nunca ha sido suficiente para cambiar el mundo.
Tal vez no valga la pena engañarnos.
Si ya no seremos los mismos…
entonces, ¿seremos algo o, tal vez, nada?CRT, 04/2020
ENTRE LA TEMPESTAD Y EL INFORTUNIO

AUTOR: Guillermo Manuel Torres Ruiz
¿Quién prendió la fogata esta noche?
En la solitaria estancia me río a puro carcajada,
Subiendo y bajando por mis escaleras de niño.
Mi alegría crece en los rincones
al ver llegar a tantos burlones que critican sin cesar
Y mi cuaderno de normas se decolora,
entre tanto el enemigo me mira de reojo.
Sólo el silencio me asalta en este sol que muere
entre pequeños hilillos de calor
que sin hacer ruido penetran entre las sombras,
entre los agujeros del pequeño cuarto oscuro
y a pesar de tener frío ,
escribo para los que imploran,
para los que esperan la muerte resignados,
para los indolentes que quebrantan las reglas,
para los que no miran las campanas,
para los que no leen y revientan sus palabras
en tantos juicios injustos.
Y el policía toca su silbato como triste alarma
de ser confinados de nuevo.
Al día siguiente llega el panadero
tocando su corneta de lata
con su enorme triciclo acuesta
Y todos se alborotan, sólo uno compra el pan
y todos miran,
luego la frutera airea su voz
y caminan apresurados a pedirle el fruto
que alegra su paladar,
con el poco sencillo que guarda su bolsillo.
Transcurre el día y la hermosa tamalera
aparece con su tambor de tarde,
entonces, Jonás, el peoncito de la quinta,
zambo enorme que padece de artritis,
consume tres tamales y sonríe.
Y después de este desorden,
nuevamente se hace el silencio
Y la calma penetra como saeta
en la mente de aquellos hombres,
que se guardaron como reclusos
en sus propias viviendas, esperando
que se termine su obligado exilio.
Jorge Pereyra
Se están muriendo los mejores exponentes de la generación anterior,
la que sin estudios educó a sus hijos,
la que sin recursos los ayudó a capear todas las crisis.
Se están muriendo los que más sufrieron,
los que trabajaron como bestias,
los que han cotizado más que nadie.
Se mueren los que soportaron tantas necesidades e infamias,
los que levantaron el país y se lo pusieron al hombro,
los que ahora tan solo deseaban
disfrutar del amor de sus nietos.
Se están muriendo solos y asustados,
apurando el último aliento
sin la ayuda de un mísero respirador.
Se van sin molestar, los que nunca molestaron.
Se van sin que les digan un adiós, los que menos merecen irse.
Muchos dicen que esta pandemia afecta preferentemente a la tercera edad,
como si no importaran,
como si no fueran humanos.
Ellos dieron los mejores años de su vida al trabajo, a su familia, al país.
Hay que cuidarlos...
Todos llegaremos algún día al mismo punto.
Poesía en cuarentena.
Saludo a todos mis amigas/os poetas del Perú, Ecuador,
Colombia, Venezuela, Brasil, Argentina y otros países,
para a través de este poema, hacerles saber mi solidaridad
con los que más sufren en estos tiempos que nos permite
valorar la vida y al ser humano.
@ AUTOR Javier Villegas (Perú).
En estos días…,
los muertos parten con su propia muerte,
intento explicarme ¿por qué? y me desgajo,
examino mi condición humana y me avergüenzo.
Alguien me dice: “¡eres vulnerable!”
entonces apetezco convertirme en pájaro.En estos días…,
está vedado compartir los abrazos,
tinturar de alegría los besos,
mirarse con fruición a los ojos.
Estamos convertido en sospechas,
en portadores de silencio
en la palabra, la voz y las manos.
Estamos confinados en muestras casas,
intentado librarnos de microbios y yerros,
nos lavamos las manos, nos enmascaramos,
seguimos fingiendo ser piadosos.En estos días…,
no hay explicaciones certeras,
sin que nos diéramos cuenta
el temor estaba delante de puertas y ventanas,
los noticieros daban cuenta de muertes ajenas
y nuestra propia muerte transitaba en las venas,
habíamos perdido la noción de la vida.En estos días…
¡no te deprimas!
¡no mires de soslayo las lágrimas!
¡vuelve a los orígenes!
Es necesario respetar la vida,
así este cubierta de harapos o sedas.

Autor: Manuel Alcalde Palomino.
Cuando todo haya pasado
y vuelva a amanecer,
el día será un zorzal
abriendo sus alas al sol
para abrigarse.
Hombres y pájaros nos mezclaremos en las calles,
ellos querran ser ciudadanos y
nosotros gorriones para mirar los pueblos desde arriba.
Cuando vuelva a amanecer
los hombres reforestaremos
nuestros almas.
Nos reconciliaremos con el mar,
con la montaña y con el viento.
El hermano lobo vendrá a nuestra mesa y cenará con nosotros.
Y como fiel compromiso y muestra de perdón hacia los hombres
los cactus no tendrán espinas
a cambio, ellos nunca más
crecerán en el desierto;
y nacerán entre geranios canciones y palomas.
Cuando vuelva a amanecer
seremos niños nuevamente
y desde los acantilados
cantaremos a la tierra.
Cuando vuelva a amanecer
te buscaré en el viento,
hasta los tres mil metros de altura
para darte un beso,
más grande que el mar.

Camilo Terrones Cotrina (Perú)
Hecatombe… Lluvia ácida
que cae, con placer, sobre la llaga,
sobre la herida que supura hambre.
Llegó con su bulla sobre el yunque,
como tropel de corceles hambrientos.
Llegó con su risa de sangre fermentada,
para embriagarnos
con el dulce vino de la muerte.
Llegó apocalíptica,
programada
para escarbar el sarro de las ollas,
para modelar caderas de infortunio.
Llegó para quedarse entre nosotros,
para cultivar el sueño de un cielo químico,
para germinar probetas y borrar suspiros,
para cerrar las bocas habladoras y sedientas…
Llegó para evitar el ruido escandaloso
que fomenta la colmena.
Pero qué pandemia es esta,
que llega con la música escrita
para ser leída en pentagramas de sangre.
Es vuvuzela que siembra miedo en la mañana;
pero abona la cosecha
que se viene cultivando en las probetas,
para que el bizcocho de los dioses
aumente por siempre su tamaño.
¡Coronavirus…! Otro disfraz…
¡Otra máscara de un carnaval cantado!
Copla escrita en las alturas,
y cantada por insomnes marionetas.
¡Pandemia…! Otro invento…
Cosmético que disfraza el rostro de la muerte.
Farsa que alimenta la crianza
de conejillos de indias.
Infundir el miedo es su bandera,
mercancía que lo canta una guitarra,
y lo aplauden cósmicos lagartos en la tele.
¡Semilla de cardo en el cerebro de los niños!
Panfleto que pinta de amarillo la conciencia,
detergente que blanquea los cerebros,
navaja que a tajos apaga la pupila
mientras se cocina la vacuna del dominio
y el sueño placentero de los dioses.

AUTOR: Guillermo Manuel Torres Ruiz
Y se quedaron confinados,
cada uno en sus hogares,
ante la terrible amenaza
de un espíritu invisible.
Y sus puertas y ventanas fueron clausuradas
porque el temor invadió sus mentes.
Sólo el sonido de los goznes del viejo portón
se escuchaba en la silenciosa estancia
para recibir el alimento que llegaba de los campos.
Y la ciencia descubrió que la bacteria tenía forma de corona
nombrándola coronavirus
Y en los laboratorios descubrieron su debilidad,
encontraron el remedio para someter al mal,
iniciando el ataque contra la atroz pandemia,
entre oriente y occidente,
entre norte y sur.
Entre tanto las grandes cadenas del mundo
comunicaron el caos: gravedad en el cuerpo,
muerte, escasez ,hambre, falta de respiradores.
Y muchos, ocultos en sus nuevas guaridas
vivían compartiendo una migaja de pan,
y otros, orando a su creador con alabanzas
que tocaban el corazón.
Y al fin las perdices pudieron dialogar
en sus nuevas estancias de cariño
porque les hacía falta compañía,
la naturaleza descansada había florecido
y las aves cruzaron los espacios amando su libertad.
Mientras indolentes se burlaban de la existencia,
especulando su economía,
y escondiendo sus productos.
Las autoridades empezaron a poner orden;
Pero el negro espíritu desquicio la mente
de algunos que con alma envenenada
maltrataban a sus bellas mujeres y castigaban a sus hijos.
Las voces firmes de los periodistas se escucharon
Y entrevistaron a tanto predictor que decía conocer la verdad
Y recordaron al médico Francés Nostradamus que predijo:
“surgirá una reina del oriente
que extenderá su plaga de los seres de la noche
a la tierra de las siete colinas
que contagiaría y exterminaría
parte de la nueva humanidad.
En pleno siglo XXI se vivió el apocalipsis
Y tantos lloraron a sus muertos,
en frías salas, con hornos eléctricos
incineraron los cuerpos
y muchos cremados como antaño
en enormes piras de leña.
Y en esta historia de encierro,
la contaminación bajo sus niveles
porque las máquinas silenciaron sus ruidos industriales
Y la ecología disfrutó su producción,
la vegetación se volvió inmensa,
el mar trajo mucho alimento para nuestra mesa
y Dios con su enorme sonrisa
repobló el inmenso campo.
¡Oh! Cuanta falta nos hace tomar conciencia
de la destrucción y la paz del universo.

Entrega de un reconocimiento de la Promoción de la I.E Clemente Vergel Ex 91 a cargo del Prof. Manuel Huaccha Álvarez, director del CEDA
AUTOR: Guillermo Manuel Torres Ruiz
Y una nueva pandemia se anunció en el presente siglo,
reventando el corazón de la madre tierra,
sin previo aviso, sin dar tregua a la humanidad,
sin compasión para los más humildes
Y para aquella generación que creció
multiplicando valores, dividiendo al egoísmo
y en dónde la palabra era su norma de gobierno.
Los países adinerados que someten al mundo
guardan en sus manos una vacuna como llave
Y que aún no existe para todos,
disputándose la medida salvadora
entre Norte y oriente, con estrategias no contadas,
con carros de fuego que esfuman a sus muertos
en ardientes lenguas.
Y los respiradores se ausentaron para los indigentes,
en tanto, en los silenciosos cuartos de hospital
no alcanza el espacio para los difuntos,
y escasean los cajones para un decente entierro.
¡Oh! Nostalgia que cruzas el aire
observando en algún espacio del universo,
como tantos hermanos son arrojados de sus hogares,
sin esos cuatro cirios encendidos de costumbre,
cuando se aísla ,para siempre, de este mundo
Y el sufrimiento como corcel siniestro
se desboca en las miserables buhardillas
por falta de alimento, por falta de bondad,
por el abandono de algunos que coronados
para ser gobernadores de tantos creyentes de la democracia,
abandonaron sus ideales ,sin planificar una salud preventiva
para tantos hermanos que no esperaban su calvario.
¿ En qué momento la oración se ahogó en nuestros labios?
¿En qué momento surgieron las sombras
como haces fúnebres en el lodo?
¿Por qué la economía se fracturó en las arcas
de unos pocos indolentes?
Ha nacido un nuevo COVID por la negligencia
de unos hombres sin escrúpulos.
Ha llegado en silencio,
como un ventarrón que asfixia,
como nuevo prototipo de muerte
que se erigió en mitad de la moderna ambición,
desparramando el terror,
en países que cuidan el crecimiento de sus hijos
con recesión y castigo.
¡Hasta cuándo este exilio!
nos protegerá de la oscura noche,
que arrastra debilidad y acrecienta dolencias
por falta de compromiso.
Han crecido los rostros graves, macilentos
en estos espacios cóncavos,
en donde el oro o la falsa moneda se derrite con el frío
con los pocos árboles que crecen en la tierra.
Y así nuestra vía crucis está hecha,
para morir tantos, por sólo morir,
sin encender hogueras de cariño.
¿Necesariamente tenemos que partir
para que crezca el mundo con sus candados de siempre?
Quizá por esto escribo
para hacer surgir la bandera de la paz
en el corazón de la humanidad
Y tal vez algún día en mi defensa,
coloque un protector de guerra
en el batallón que me acompaña
para con el tiempo construir una llave común
que abra todas las puertas de nuestro camino.
¡Ojalá! dejemos de sufrir
y no arrastremos más a la sociedad
hacia las ojeras de un nuevo huracán
o quizá ya no matemos de rabia a los hermanos
y así por fin nos demos cuenta de los marginados,
para descubrir nuestras mordazas y liberar nuestra letras
y hacer protestar a las estrofas con su escritura enorme,
con sus versos llenas de hipérboles
o sus extrañas figuras dibujadas con palabras.
¡Ojalá! seamos algún día bajados de nuestras cruces
Y dejemos de sufrir a la espera de una migaja de redención
o ya no veamos a los días descascarándose
o sin manchas a los resúmenes de nuestros cuadernos
o a las semanas viajando con voces multiétnicas
o los rostros arrugados en sus lienzos
con el placer de engreírse en las cavernas.
Y al final seguro despertaremos sin zapatos
encogidos en el cajón de un poema
o fingiendo morir en una antítesis
con la vergüenza de un golpe en el ojo izquierdo
atizado por una dama engreída
que anda cabizbaja con su muerte al hombro
o con una madera a la cadera y la alegría de un violín
entre las cuerdas de un cajón sonoro
cantando semanas o lloviendo estaciones inconclusas.

Guillermo Torres Ruiz recibiendo una distinción del Subgerente de Desarrollo Social deñ Gpbierno Regional de Cajamarca Lic. Gustavo Llanos Pajares en la presentación de su último libro de poemas "Pétalos de Alborada"
AUTOR: Guillermo Manuel Torres Ruiz
Hasta cuando la guerra durará
en este siglo XXI tan quebrado,
en donde el poder económico
impera presuroso y nuestros hijos
mueren con sus estómagos vacíos,
con su fiebre a su costado,
con sus estornudos y sus miedos.
Hasta cuando la ambición
reinará en sus pálidas memorias,
creando bacterias para destruir humanos,
infectando a las aguas o matando pueblos
y hasta generaciones de ancianos
perseguidas para no ser más vistas.
Por qué el mal crece en silencio,
haciendo que bárbaros modernos
se erijan como reyes del mal,
para en desigual competencia
hacer morir a los pueblos
y ampliar su reino de ambición.
Hasta cuando soportaremos este poco camino
que nos queda por andar,
Viendo sufrir al mendigo,
auscultando la ira de los sin patria
o llorando por los que agonizan sin dignidad.
Ya es hora de cambiar el ritmo de la historia,
de hacer crecer a la razón,
de enarbolar al pensamiento crítico
en nuestras memorias,
de tener a la reflexión en nuestras manos,
como poderosa armadura,
de alimentar nuestra mente
con pensamientos de altura.
Entonces la maldad se esfumará de nuestra existencia,
la justicia prevalecerá en la sociedad
y la humanidad gritará a voz unísona,
como un coro de palomas,
hasta cuando las guerras frías durarán.

Melacio Castro Mendoza
Irrumpió un nuevo día de la mano
de un límpido azul cielo.
Alguien preguntó:
—Caramba, ¿sueño?
La estación anterior, oscura y fría,
nos había traído una pésima
noticia: a causa de cierta
desarmonía en muchas ciudades
y en muchos campos
la oscuridad, y un mal desconocido,
mataban plantas, animales
y a los humanos.
Cundió el pánico en el mundo.
Habrá que encerrarse cada cual
en sus habitaciones,
y más que en estas, en la paciencia
y en la persistencia del amor a la vida;
a veces hay que asumir lo anormal
como normal:
Refugiado en tu casa, lee lo que
siempre dejaste de lado
y deja de lado el no moverte,
aconsejé.
Poco después amaneció un nuevo
día de la mano de un límpido azul cielo
y el mal que nos acosaba
dejó de provocarnos pesadillas.
Bajo la nueva realidad las plantas,
los animales y los humanos
sueñan un mismo sueño:
armonizar, armonizar, armonizar!

Guillermo Torres Ruiz recibiendo una distinción de la Arq. Judith Padilla Malca Directora de la DDD Cajamarca
en la presentación de su último libro de poemas "Pétalos de Alborada"
AUTOR: Guillermo Manuel Torres Ruiz
Y llegó desde el oriente, sin hacer ruido,
la invisible pandemia del coronavirus,
dejando a su paso tanto afligido,
que espera, la ciencia encuentre el antivirus.
Y ante la cruz que soporta nuestros cuerpos,
los gobernantes pensaron en nosotros,
nos confinaron para no ser tantos los muertos
ante los virus que cabalgan como potros.
Pero cuando llegó el día del entierro,
la sombra nos miró de frente,
secó nuestros ojos en aquel encierro
Y los hombres juntaron sus manos resignadamente.
Recorre los campos la oscura noche,
las puertas sin ser teñidas esperan,
con su rústico vestido sin un broche,
sólo con el augusto dolor de los que cooperan.
Todos arrastran su piedad ambigua,
orando de rodillas tantas avemarías,
y un hombrecito pregona con voz antigua
que la bendición llegará los próximos días.
Están todas las mujeres agotadas
con la elegante diferencia de su vestido albo,
mirando como las tierras, con el tiempo azotadas,
Se han quedado sin cabello, sólo con su primer ralbo.
La calle ha dibujado su figura,
abandonada, triste y quebrada,
con la voz del corazón que sólo murmura
¿Por qué en la agitación del miedo quedó varada?
A lo lejos la lluvia canta en las alturas
como horadando la tierra para las semillas,
mientras artesanos enseñan la danza de las floriculturas,
otros esperan ser trasladados en camillas.
Es tiempo de renovar nuestra energía de cubitos,
que la pacha mama cargue menos aflicción,
que en los hogares, los niños cambien sus hábitos
y con la fraternidad, juntos escribamos una canción.
La escritora Kitty O'Meara, en una imagen de su blog (Blog de Kitty O'Meara).
Foto: Lavanguardia.com
(K.O'Meara - Poema escrito durante la epidemia de peste en 1800).
Cuando la tormenta pase
y se amansen los caminos
y seamos sobrevivientes
de un naufragio colectivo.
Con el corazón lloroso
y el destino bendecido
nos sentiremos dichosos
tan sólo por estar vivos.
Y le daremos un abrazo
al primer desconocido
y alabaremos la suerte
de conservar un amigo.
Y entonces recordaremos
todo aquello que perdimos
y de una vez aprenderemos
todo lo que no aprendimos.
Ya no tendremos envidia
pues todos habrán sufrido.
Ya no tendremos desidia
seremos más compasivos.
Valdrá más lo que es de todos
que lo jamás conseguido
seremos más generosos
y mucho más comprometidos
Entenderemos lo frágil
que significa estar vivos
Sudaremos empatía
por quien está y quien se ha ido.
Extrañaremos al viejo
que pedía un peso en el mercado,
que no supimos su nombre
y siempre estuvo a tu lado.
Y quizás el viejo pobre
era tu Dios disfrazado.
Nunca preguntaste el nombre
porque estabas apurado.
Y todo será un milagro
y todo será un legado
y se respetará la vida,
la vida que hemos ganado.
Cuando la tormenta pase
te pido Dios, apenado,
que nos devuelvas mejores,
cómo nos habías soñado.
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N.R. Hay controversia sobre la autoría y la fecha en que fue escrito...
Su autora es Kitty O’Meara, una antigua maestra y asistente espiritual en hospitales y hospicios de Estados Unidos que se ha inspirado para escribir este texto durante la pandemia actual de coronavirus. […] La periodista italiana Irene Vella, ha generado un debate, asegurando que se trata de una traducción de una versión más larga de un poema suyo...
Lo que se aprecia es el mensaje que entraña.
Miguel Garnett,
Cajamarca, Marzo de 2020.
Cuando el rey Salomón consagró el gran templo de Jerusalén
suplicó al Señor:
“Cuando haya peste, plaga de trigo o pulgón…
Cuando hay calamidad y enfermedad,
escúchanos”.
Así, azotados por el coronavirus, suplicamos hoy,
como el ciego a quién Jesús encontró:
“¡Haznos ver!”
Sí, haznos ver cómo hemos vivido tan inconscientes,
contaminando día a día nuestro hogar, el Planeta Azul,
explotando,
sacando,
destruyendo,
botando basura a diestra y siniestra,
gozando de la danza macabra de la muerte
con exceso de comida para algunos
y hambruna para otros,
con exceso de alcohol y drogas para huir de la realidad
de una sociedad alienante,
plagada de corrupción y de injusticia.
Haznos ver cómo hemos rendido culto a los dioses
Moloch y Baal,
dioses de la autosatisfacción,
del consumo de más y más,
sin importarnos en nada a los demás.
Hemos gritado:
“¡Tengo derecho a lo que a mí me plazca,
al sexo como yo quiero!:
violando,
abusando”.
Hemos querido ser dios a nuestra manera,
como aquellos que construyeron la Torre de Babel.
Hemos llegado a la Luna.
Hemos comido del fruto del conocimiento,
y ya conocemos mucho sobre los planetas;
pero no conocemos,
ni nos interesa,
lo que siente el corazón del vecino,
y mucho menos del otro
de distinto color,
de distinta cultura,
de distinta religión.
Podemos andar en el espacio.
Podemos viajar en jet
y comunicarnos al toque,
con alguien en otro continente
–aunque no sepamos conversar con la persona a nuestro lado.
Conocemos más y más, gracias a la tecnología,
pero no somos sabios.
Ahora nos azota la plaga,
y como en las plagas de la antiguedad y de la Edad Media,
no faltan los que dicen:
“A comer, a beber y a pasarlo bien, porque mañana morimos”.
No faltan
aquellos que se aprovechan de la necesidad del prójimo
y
alzan los precios de la comida,
alzan los precios de la medicina,
alzan los precios de los pasajes.
Sí, todo sube
y se cumple lo que dijo hace siglos el filósofo Hobbes:
“Homo homini lupus – El hombre es un lobo para el hombre”.
Pero también,
felizmente,
hay aquellos que ofrecen solidaridad y cariño,
que ayudan a los más vulnerables.
Debemos agradecer a los médicos y las enfermeras,
a los policías,
y a los soldados
que se esfuerzan a proteger la población,
sin importarles sus propias vidas.
Sí,
el coronavirus es tiempo de desastre
y también tiempo de gracia;
tiempo de individualismo
y también tiempo de solidaridad;
tiempo de egoísmo
y también tiempo de entrega a los demás;
tiempo de agarrar para mí
y también tiempo de dar al otro;
tiempo que manifiesta lo peor del ser humano
y también tiempo que manifiesta lo mejor.
Autor: Eliseo León Pretell
*Poeta escritor peruano
“Ciudad Satelital”
Houston Texas, United States(DÉCIMA ESPINELA)
I
Como el propio Lucifer
hasta su nombre es bonito;
pero es el horrendo grito
del humano por doquier.
Ataca sin escoger
si al rico o al proletario,
marchan al mismo calvario
todos con la misma suerte.
El sufrimiento y la muerte
junto a su destinatario.
II
Como si llevara prisa
furioso se multiplica,
hasta que se diagnostica
ya contagió hasta en la misa.
Es traicionero, no avisa
arribó para quedarse,
así malevo llevarse
como en días de Noé,
al hombre de poca fe
a Dios quiere revelarse.
III
Más muerte, adiós y dolor
nos va dejando a su paso,
acabó con el abrazo
y el beso amigo de amor.
A la China y su esplendor
humilló hasta sus desvelos,
cambió de color los cielos
de Francia, Italia y España.
Ahora enferma con saña
a mi Perú y sus anhelos.
IV
“Coronavirus” no entiende
de límites ni fronteras,
no distingue las banderas,
rasas ni color por ende.
La lucha contra él depende
de nuestra conciencia y tino,
solamente hay un camino
¡¡Solidaridad y unión!!
Da más nuestro corazón
para cambiar un destino.
V
Pareciera una advertencia
de Dios nuestro creador,
porqué el hombre pecador
no carbura en su demencia.
Nos llenamos de impotencia
diciendo: ¡¡No puede ser!!
Huérfanos sin entender,
luto y caos en los hogares,
familias llorando a mares
¿Que más nos toca perder?
®Es el canto del zorzal
©Derechos reservados
Seamos mucho más generosos y solidarios de lo que creíamos ser.
Adagio oriental

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