LA “EDICIÓN EXTRAORDINARIA” DE BETHOVEN MEDINA
(Sobre una antología, una recopilación monumental, una labor que solo él se atrevió a hacer)
Presentación Comentarios literarios

Por: Oscar Ramírez
Voy
a ser sincero: no creí que el maestre Bethoven terminaría haciendo esta
antología, no lo creí. ¿Quién se manda a hacer un trabajo de investigación, un
trabajo antológico de más de cuatrocientas páginas, que abarca los últimos cien
años de labor poética que se ha desarrollado en la ciudad, en la provincia, en
el departamento, en La Libertad? Tengo la respuesta: solo un verdadero hincha de
la poesía, solo un apasionado de la herencia que las letras deja, solo una
persona que confía en su trabajo y en el trabajo poético de los demás, solo una
persona que siente y cree en el solidario viaje que es la literatura, nada más,
y Bethoven es de ellos. Y ante estas primeras palabras muchos dirán: “Oye, pero
qué tal floro que te mandas; de seguro dices esas cosas porque te han incluido
en la antología”. Es un argumento valedero, no lo niego, pero esa no es la
razón, ya que de no haber sido así, de no haber sido incluido, considero por
justicia algo: es por respeto y reconocimiento a un trabajo denodado de años que
un comentario animoso es importante, es vital, ya que eso es algo que con el
paso de los años muchos hemos perdido, ya sea por diversos factores (siendo el
egoísmo uno de ellos), pero que no debe cegar a las personas al momento de
emitir un juicio de valor sobre los productos que la dedicación brinda (ojo:
hablo de juicios y no de crítica, ya que ese es otro tema). Y son con estas
palabras que mi serenata de luces principia.
Recuerdo que hace un tiempo (varios años para ser exacto), el maestre Bethoven Medina nos pidió a quien escribe y varios poetas más, algunos textos para una antología poética que estaba preparando con escritores del departamento. Yo en una con la broma: “Pero soy de Lima”, a lo que Bethoven me explica el hacia dónde apuntaba en sí este trabajo: era el de generar un muestrario de las diversas “generaciones” o “promociones” literarias que habían surgido a lo largo de los años (ahora, ahondar en esos dos términos da para otro texto, para profundizar un poco más, tal vez porque es necesario, o tal vez porque ya no sabemos de qué discutir), y recuerdo que surgieron ahí algunas ideas que buscaban explicar un poco lo que podría llamarse literatura liberteña: qué características debería presentar, cómo deberíamos clasificarla, y un largo etc. que terminaba por generar un caos más que orden, porque ¿qué la define? Ya tenemos un tema más para profundizar. Pero vuelvo. Yo quedé en enviarle unos textos en breve, pero soy sincero (como al principio): no lo hice porque a lo largo de mis pocos años como labrador de la palabra, me han invitado a formar parte de varias antologías, varias, y de ellas muy pocas han visto la luz, sea por la falta de presupuesto para la misma, o por el factor que más veces he escuchado: “No salió, hermano, porque me di cuenta de que es un trabajazo y ahorita no estoy con el tiempo disponible, debo hacer algo que me dé plata”. Argumento más que valedero, razón más que justificada, y lo dice alguien que sabe de ello, lo digo por experiencia: cuando se me ocurrió publicar con la editorial la antología bienal de poesía joven “Catástasis”, no sabía el trabajo que ello requería, hasta que estuve in situ, en el momento. Así que cualquiera que venga a decir que elaborar este tipo de trabajo es sencillo sin haber pasado por la vivencia del saber, mejor al silencio invitado está. Entonces, y acá viene lo bueno, cuando uno ve este libro, esta extensísima antología, la primera pregunta que asoma es: “¿Cuánto tiempo le ha tomado a Bethoven armar esto”. La respuesta está en el mismo Estudio preliminar (hermoso estudio de poco más de sesenta páginas de obligatoria lectura): “Esta antología empezó a gestarse en 1982”. Y los números flotan: 36 años, 36 largos años (dos más que mi edad), y cualquier comentario que busque hablar de improvisación resulta más que vacío, porque los que conocemos al maestro sabemos (y esto explica mucho de su interés por hacer visible este texto) de su pasión y atención constante por lo que se viene haciendo aquí en la ciudad y aledaños, ya sea por autores de la zona o foráneos, como por los autores liberteños que han decidido radicar en otras ciudades, y es así como se ha ido formando ese engranaje invisible que mueve la literatura de la que podemos hablar al momento de leer la antología en mención, la “Edición extraordinaria” (FEM, 2018) que hoy nos alberga.
Si hay algo que reconocerle a Bethoven (y me permito el tuteo para hacer más ágil este comentario) es su interés por conocer a los autores, a los y las poetas, que están haciendo de la literatura un camino, y digo esto porque al revisar la antología uno se topa con autores no solo de la capital de departamento, no, se topa con autores de las diversas provincias liberteñas, con autores que radican en lugares distantes, en países lejanos, se topa con autores extranjeros pero que hicieron de la ciudad el lugar donde crear, y de paso, se topa uno con voces que tal vez por equis factores uno desconoce, pero que se muestran sólidas y vitales, autores de necesaria lectura, autores y autoras que deberían tener una cabida mayor en las letras peruanas, pero que (otra vez) por equis factores no lo han logrado. ¿Puede ser la calidad? No lo creo, pero ese es tema para analizar en otro texto (¡ya van tres temas o cuatro o mil!). Y regreso. Hay una variedad interesante de poetas que por medio de este trabajo ven/vemos un poco más de luz, luz de necesario acercamiento, luz de necesario descubrir, y es que uno de los méritos de este trabajo literario, es dejar en claro que en esta parte del país, que desde esta parte del país, han surgido poetas muy buenos que pocos conocemos. Y bueno, acá me permito un comentario un tanto en joda que espero no se me tome a mal, espero: una antología liberteña que se respete, estará paradaza y brillante con Vallejito, Romualdo, Watanabe, Nelly Fonseca, Arturo Corcuera y Leoncio Bueno, que de por sí están en esta “edición”; los demás que estén/estemos solo acompañan/acompañamos al séquito de nombres que infinitos brillan en el parnaso de la eternidad. Sonrío. Punto aparte.
He de profundizar más en esta antología en los días que vienen, pero por ahora cierro con esto: sé que de seguro faltaron varios nombres incluir, sé que el libro ha de tener sus falencias, sé que de seguro Bethoven ha sufrido más de la cuenta al decidir quién va y quién no va, sé también que de seguro el maestro se ha visto en la imperiosa necesidad de presionar a algunos para que les envíen sus escritos, como también de dejar en el baúl del olvido textos que merecen ser olvidados (porque cierto es: no todo lo que se ha publicado a lo largo de estos años puede llamarse poesía, y no porque ya hayamos publicado un poemario podemos llamarnos poetas: no), pero veo en esta “Edición Extraordinaria” (preciso homenaje al maestrazo Romualdo) más sus virtudes y aquella imagen de lo arduamente conseguido: generar un primer panorama de la poesía liberteña, un acercamiento a estos cien años de voces y voces, de letras y versos. Sé que mis palabras son más de halago, pero no han de perderse en la subjetividad, sino en mi agradecimiento y sobre todo en este eslabón: el logro de Bethoven ha abierto las puertas para nuevas antologías, para nuevos trabajos de investigación, sobre todo de aquellos que siempre critican sin percatarse que esta fue una labor que solo él se atrevió a hacer.
Buenas vibras para este libro. Salud!