Poesía cajamarquina

 

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LAS CONFESIONES DE EUGENIA QUIROZ CASTAÑEDA

El año 2015 nuestra querida amiga Eugenia Quiroz publicó el poemario "Te sueño cada día, botella al mar para Elio Edilter", en la editorial Bracamoros (Lima) que dirige el escritor cajamarquino Casimiro Ramírez. Eugenia, docente en la Escuela Nacional de Folklore "José María Arguedas", es también autora del estudio "Las coplas cajamarquinas. Cantos de carnaval del norte del Perú" (2016), que tuvimos el agrado de presentar el año pasado en Cajamarca. Hoi lunes, grande es nuestra alegría al compartir esta reseña aparecida en Francia de Roland Forgues, uno de los mayores críticos de la literatura peruana, sobre el mencionado poemario:

Roland Forgues

Eugenia Quiroz Castañeda

Daniel Sáenz More

 

LA VIDA ES SUEÑOS Y LOS SUEÑOS, VIDA SON...

Por Roland Forgues*

En esta mañana de verano está lloviendo en mis tierras de Couyou. Una lluvia fina y densa está envolviendo mi abadía, pero de vez en cuando se va abriendo en el cielo gris de los Pirineos un hueco azul que deja ver por breves instantes el majestuoso “Pic du Midi de Bigorre” como una promesa que el sol pronto irradiará la cumbre.
Son las doce del día y estoy terminando de leer "Te sueño cada día, botella al mar para Elio Edilter" de Eugenia Quiroz Castañeda, Editorial Bracamoros, Lima, 2015, un librito de veintiún poemas sobre el tema del amor y la separación.
Cerrado el librito, mi mirada se detiene en estas palabras de la contra portada: “Te sueño cada día, botella al mar para Elio Edilter tiene la particularidad, y la altura, de abordar la experiencia amorosa contemporánea desde el estilo y la perspectiva clásica. A través de un tono intenso y desgarrado que nos habla de la ilusión y el desengaño amoroso en los primeros años del siglo XXI, podemos no obstante, sentir los ecos de las voces de Safo, de Propercio, de Marcial, o del Catulo que cantaba a Lesbia como Eugenia canta a Elio Edilter”.

Todo esto es cierto -estoy pensando- y seguro que se pudieron haber mencionado a muchos otros poetas y poetisas que han cantado el amor en esplendorosos versos celebrando a parejas de célebres amantes como las míticas figuras de Júpiter y Europa , o las legendarias de Tristán e Isolda, de Abelardo y Eloísa. Asimismo a otros grandes enamorados de la literatura universal inmortalizados en versos incomparables a la manera del italiano Petrarca, de los franceses Ronsard y Du Bellay, del español Garcilaso de la Vega y más recientemente de Miguel Hernández para citar tan sólo a aquellos que me vienen a la memoria en este momento.

Pues el amor pertenece al campo de lo sagrado y por lo tanto al campo de la a-temporalidad, del tiempo sin tiempo del mito y la utopía.

Pero en el caso de Eugenia Quiroz Castañeda no se trata tan solo de referir una experiencia amorosa hecha de las tradicionales ilusiones y decepciones, de los trillados arrebatos sentimentales y brutales desengaños, sino de alguna manera de superarla a través de una suerte de auto-terapia.

“Ésta será la última vez que te escribo,

aunque te impongas como un vasto río

que no me deja cruzar al otro lado de la orilla.”

En este sentido se puede decir, en efecto, que el libro, a pesar de la atemporalidad del tema tratado, corresponde a “los primeros años del siglo XXI”, como se dice en la contratapa, o sea a la era post freudiana de la humanidad.

La misma estructura formal del poemario lo confirma al adoptar la poeta la forma de una carta confesional, pura transcripción de una función psicoanalítica de diván en la cual el lector haciendo de terapeuta está identificado con el enamorado al que se dirige la voz confesional.

Una voz que nos viene confiando los secretos de un “yo profundo” dolorido por la separación amorosa, cuyas causas están discretamente evocadas por la alusión al “mal de la adicción” al “nocivo trago”, por “la culpable auto tortura inconsciente” que provoca en el adicto, y la “tortura de la impotencia” que afecta a la pareja enamorada.
Pero la voz confesional nunca pierde la esperanza de reencontrase con el objeto del deseo. Bien lo subraya la imagen de la botella al mar y más aún la sugerente metáfora de “las ventanas del corazón abiertas / para siempre, sin poder ocultar esta angustia / que me corroe y me lacera la vida entera”.

Cada poema es parte de una prolongada confesión en función de diván donde la voz confesional entrega la intimidad de su “yo profundo”. Bien lo sugiere el hecho de que los poemas no lleven número ni título. Así el lector se encuentra frente al fluir ininterrumpido de una subconsciencia remontando a la conciencia, expresión atemporal del amor con la presencia-ausencia del ser amado en una relación amorosa fusional. De hecho es lo que expresa el verso que abre el primer poema “Oh, vida de mi vida, mi amor de siempre”.

Las renovadas imágenes poéticas, el ritmo regular y ameno, el contenido lirismo de los versos libres evitan caer en el lacrimoso melodrama que siempre acecha este tipo de poema sobre el amor, el dolor, la tristeza y soledad de la separación, jugando sobre los contradictorios sentimientos de amor-odio. Nada de resentimiento ni rencor, efectivamente, en el poemario de Eugenia Quiroz Castañeda.

Todo ello hace que cada lector, hombre y mujer, tocado por “el rayo que no cesa”, como escribiera tan bellamente Miguel Hernández, se pueda reconocer en este largo poema confesional pulcramente escrito en un lenguaje universal que, como el amor que lo sostiene, se burla de las categorías temporales de pasado, presente y futuro, hundiéndonos en la eternidad de la vida, con su cortejo de luces y sombras, de tristezas y alegrías, de irrenunciables esperanzas más allá de toda desesperanza:

“¡Oh, pequeño y reluciente resquicio de esperanza!

Dame un simple consuelo de un haz de luz verde,

y hoy que me encuentro al borde del abismo.

asómate tranquilo, detente una nada, y mira un instante

al diabólico campo de batalla de mi dolor infinito…” [El resaltado es nuestro]

En un momento dado, todos los seres humanos sentimos la necesidad de limpiar nuestra mente de las escorias de la existencia con una suerte de saludable auto terapia. Los versos de Eugenia Quiroz Castañeda en los que se expresa el sentimiento amoroso con sinceridad y profundidad, sin aspavientos ni falsa pudibundez, con lucidez y discreción, nos pueden ayudar a hacerlo invitándonos a preguntarnos sobre nuestro “yo profundo” y la manera de asumir sus enigmáticas manifestaciones… Y esto no es uno de los menores méritos del poemario.

En su renovada expresión del sentimiento amoroso, Eugenia Quiroz Castañeda nos dice simplemente con don Pedro Calderón de la Barca que “ la vida es sueño” y nos dice también, a diferencia del gran poeta y dramaturgo español del siglo XVII, que los sueños, vida son.

[Couyou, junio de 2018)

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*NR: Roland Forgues, de nacionalidad francesa, es un crítico de la Literatura Castellana, con amplio trajinar en el continente americano, con muchas investigaciones en diversos países y de manera particular en Perú, ha publicado muchos libros con escenarios peruanos en editoriales peruanas…

Daniel Sáenz More, publicó en su Facebook Al Rescate de Caxamarca el análisis completo de Roland Forgues sobre el libro de poemas “Te sueño cada día, botella al mar para Elio Edilter”, de la escritora y poeta cajamarquina Eugenia Quiroz Castañeda, por la importancia que conlleva este análisis para entender el mensaje que nos proporciona Eugenia Quiroz, hacemos esta publicación, no sin antes felicitar a nuestra paisana escritora Eugenia Quiroz y agradecer a Daniel Sáenz por darnos a conocer en su tan visitado Facebook.

Ver los datos biográficos, Click   Eugenia Quiroz Castañeda

Juan C. Paredes Azañero

Cajamarca, 19 de junio de 2018

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