Presentación Artículos de opinión

El Antiguo Quipu: “Un registro peruano de nudos”
Escribe. César Alfaro Vargas
Se podría decir para nuestro caso, no de un registro peruano, sino del Quipu ¿cómo un registro cajamarquino de nudos? Por supuesto. No olvidar que los Quipus, eran el único modo de trasportar información que tenía el pueblo inca, por ejemplo: censos, situación de la producción agrícola, cantidad de los productos de la minería, el número de trabajadores.
Ya varios años antes de aparecer los españoles por estas tierras, esos excelentes mensajeros que llevaban noticas para asegurar el dominio y la administración del imperio (nos referimos a los chasquis), seguro trasladaban también quipus, en los que se daba a conocer la presencia de los barbudos europeos en los nuevos territorios que descubrió Américo Vespucio, y que ya luego, lo oficializó don Cristóbal Colón en 1,492.
Según los quipucamayocs (intérpretes de lo quipus), se registraban aquí los pagos de impuestos, calendarios, autoridades, jerarquías, canciones, genealogía inca, rebaños de camélidos, reservas de alimentos.
También, por cierto, se tomaba nota de la ocurrencia de eventos (o hechos) históricos. Y vaya que la prisión del último Inca, lo fue. Llevando y trayendo quipus con estas características (o con estos mensajes), resulta más que paradójico, que aquí en Cajamarca, no exista ningún vestigio de estos apresurados viajes. Extraño e insólito. No hay vestigio alguno por estos lares.
Sin embargo, se conoce que en el mundo existen numerosos quipus (alrededor de 800 a mil unidades) en museos (o en domicilios de coleccionistas). En el Perú no hay más de dos docenas. En Cajamarca ni uno de muestra. Historiadores de nuestra tierra testifican muy poco del hecho (o al menos, aún no los encontramos).
En la antigua civilización Caral, se han identificado algunos (que datan de 4 mil 500 años atrás). Un repaso de la historia (en 1,533), nos refiere que Hernando Pizarro en una carta a la Audiencia de Panamá explicaba sobre la presencia de estos objetos. El documento se llamó “Quipus: Mil años de historia anudada en los Andes y su futuro”. Se conocía en una de estas partes, que debía haber casi 1,400 grupos de quipus.
Mucho más acá, en pleno Siglo XX, se cuenta que muchos de nuestros ganaderos, contabilizaron sus rebaños, utilizando quipus. De allí esta in credulidad, en el sentido que en la región Cajamarca, no tengamos una sola muestra de tan importante elemento cultural. Alguien debe interesarse en contabilizar la cantidad de quipus por esta parte del Perú, que existan o se hallen (deteriorados por el sol y la lluvia), en algún micro espacio social.
Conocer las causales de posibles formas de destrucción (si fuera este el caso). Actualizar la significación de tan importante metodología de plasmar datos de nuestra tierra. Contribuir con el conocimiento del horizonte histórico social de la civilización de la que somos herederos. Podrían ser estos, algunos de los objetivos generales de alguien interesado en este tema.
Estos, y no otros, como aquellos que digan sobre la suerte que corrió Atahualpa. ¿Qué haríamos levantado polvos y escombros? ¿Se imaginan a un quipu en el que se lea lo relacionado a las razones que tuvieron los españoles al ordenar la horca para el Inca, considerándolo culpable de varios delitos?
Hay un solo culpable (alucino con un quipu así escrito). Un solo culpable: La naturaleza. “Castigar al que roba o al que mata (achacándole a Atahualpa la muerte de su medio hermano Huáscar), vale lo mismo que volverse contra una piedra que nos hiere o a una lluvia que nos moja” dijo algún conocido filosofo peruano del siglo pasado.
Permítanme regresar a esa pregunta: ¿Qué haríamos levantando polvos y escombros? Hoy, a estas alturas de nuestra vida republicana, mejor es que no planteemos: “Los vivos seriamos superiores a los muertos, si trazáramos una línea de luz y dijéramos: Aquí, termina un pasado de ignominias. Aquí, empieza un porvenir de regeneración”
“En vano queremos regocijarnos con el recuerdo de acciones heroicas, en vano intentamos seducir al mundo con la justicia de nuestra causa y la alevosía del enemigo implacable. Cuando el blanco llegó, el Perú fue un cuerpo vivo, expuesto sobre el mármol del anfiteatro, para sufrir las amputaciones de cirujanos (españoles) que tenían ojos con cataratas seniles, y manos con temblores de paralítico” (prosigue ese mismo pensador).
“Más que recordar acciones, mil veces recordadas. Mas que ensalzar nombres, mil veces ensalzados; convendría pensar en estos momentos: ¿porque caímos al abismo cuando podríamos estar de pie en la cumbre? ¿Porque fuimos vencidos cuando teníamos obligación y derecho de vencer?
Nuestra intención (me incluyo), es otra. Con un equipo multi disciplinario de colegas y amigos, nos hemos propuesto llevar adelante esta cruzada en busca del “tesoro perdido” (dicho en mejor castellano: en busca del “quipu perdido”). Y ya lo encontramos. EUREKA. Está muy cerca del centro de nuestra ciudad.
Claro que, son otras las características del tema que intentamos desarrollar en el plazo mediato. Será un primer respiro académico. La realización de un sueño andino (dice un integrante de este grupo humano).
Hay una tesis de investigación para una universidad extranjera. Hemos ubicado e iniciado un dialogo breve con su autor. Es decir, ya nos pusimos en órbita. Y nadie (ni nada) nos podrá detener. Salvo el deterioro cercano y en apariencia, evidente, de esta democracia débil y joven. O sea, la podría obstaculizar o frenar un poco. No la cancelaria. De ningún modo. Tenemos una posición sólida y seria al respecto.
Cajamarca, 12 de setiembre 2022.
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