Presentación Artículos de opinión
| PESIMISMO CONGÉNITO Escribe: César Alfaro Vargas
Que el pesimismo lo tenemos en nuestro ADN. Que está en nuestros genes. Pero como no va a ser si cada día que pasa vemos hechos, que podrían ser considerados como “insólitos” (o muy desalentadores). Allí está el suceso protagonizado por el premier Gustavo Adrianzén que se paseó en el congreso y logró la confianza: Punto para Dina. ¿No es un evento que a todos nos volvería pesimistas ante el futuro incierto que nos espera? “No hay ninguna diferencia entre los presidentes del Consejo de ministros de Pedro Castillo y Dina Boluarte. Todos cuestionados, todos sin respuestas ni eficiencia. Sin embargo, todos obtienen el voto de confianza. ¿El factor común? Un congreso complaciente con el gobierno” (criterios del ex ministro Juan Sheput). “La confianza al gabinete está comprada. Se dio 200 millones al congreso para sus bonos. Y hace unos días el ejecutivo le otorgo un crédito suplementario de 50 millones adicionales”, señaló la congresista Flor Pablo. Y entonces el ejecutivo lo tiene agarrado de las orejas a los padres de la patria. Que ironía: ¿Verdad? Nos vemos forzados a ser pesimistas. Pues vean ustedes. Hay varios estudios (y algunos un poco antiguos) donde se señala que Latino América es un continente pesimista. Un Latino Barómetro reciente, indica que, en nuestros países, la desesperanza es cada vez mayor. Y esa visión pesimista por más anclada en la realidad que esté, tiene un efecto paralizante. Es difícil para una persona deprimida, empezar el día lleno de esperanza y energía creativa. Debo agregar (seguro como otros), que la desesperanza en latino América no es cosa nueva. Está presente en nuestro folklore, en nuestras canciones más famosas y en nuestros dichos más populares. Aquí un botón de muestra. Porsiacaso: ¿ha escuchado el célebre tango argentino “Cambalache” popularizado por el archi conocido che Carlitos Gardel (1935)? Bueno. En ese tango se dice que “el mundo fue y será una porquería. Yo lo sé. Todo es igual. Nada es mejor. Lo mismo un burro que un gran profesor”. (¿se sentirá aludido Pedrito Castillo?). ¿Y de las rancheras mejicanas que se podría decir? Lo mismo. ¿Se acuerdan del famoso tema “camino de Guanajuato” que lo cantaba José Alfredo Jiménez (estrenado 1953) ?: No puede ser. La canción comienza aseverando de que la “vida no vale nada. Comienza siempre llorando y así llorando se acaba” Y del país del carnaval y del bossa nova. Por supuesto de Brasil. que tiene un himno a la desesperanza. Dice algo así más o menos: “La tristeza no tiene fin. La felicidad sí. Vuela muy ligero. Pero tiene una vida corta.” La canción fue inmortalizada en la película Orfeo Negro y ganó un Oscar a la mejor película extranjera en 1960. Habla de lo efímero que son los momentos felices de la vida. ¿Y de nuestro Perú? No puedo dejar de lado a su música criolla (y también casi a la fuerza invoco a mi muy querida y recordada MaritRodríguez) y su valsecito “Quiero morir, porque morir anhelo, después de haber sufrido tanto y tanto…Solo sé que seres pobres como yo, solo estamos de estorbo aquí en la tierra”. Y de mi carnaval cajacho. Allí les va una copla muy popular y añeja: “Quítate de mi camino, cara de locro sin sal, basura de calle angosta, jeringa de un hospital”. O sea, el ser humano, menos que un estropajo. Aparte, nuestros coterráneos tienen (o tenemos más bien) un “humor negro” que nos caracteriza. Fíjense en estas frases: “Este país no tiene remedio”. Y en esta otra (atención don Joaquín y don Roger): “Este país solo avanza cuando los políticos duermen”. Y en el fútbol: “Jugamos como nunca, y perdimos como siempre”. Ya basta. Por hoy. En mi próximo tema les hablaré del optimismo (sacando fuerzas de flaqueza). Cajamarca, 06 de abril 2024.
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