Colombia: encuestadoras patinaron en pronósticos

Pc Hugo REYNA GOICOCHEA

Como se ha hecho tradicional en los eventos electorales en los distintos países del mundo, las encuestadoras, se encargan de difundir, previo a las fechas electorales, en los períodos autorizados que reconocen sus leyes específicas, los resultados de los sondeos de opinión respecto a la intención de voto de los electores, sean para elecciones generales o para regionales y locales.

Claro está que las técnicas de recojo de información a través de encuestas se basan en los sondeos de opinión de muestras de la población supuestamente confiables, con determinados márgenes de error, lo cual indudablemente les da una validez relativa, útil para la mercadotecnia y el ingreso de productos a los mercados, pero con compartimentos diferentes para el hecho electoral.

No obstante, los resultados de encuestas electorales, han venido posesionándose como elementos de orientación, para dirigir las simpatías del electorado. Los resultados de encuestas, difundidas por los medios de comunicación, se esperan como importante mecanismo para poder   impulsar las candidaturas de determinados personajes, ligados también a determinados grupos de poder o para desanimar a aquellos que aparentemente no tienen nada qué hacer en los procesos electorales, considerando que apenas aparecen con un dígito en las encuestas o en el mejor de los casos, se supone, en el rubro de “otros”. Es decir una especie de arma poderosa para los favorecidos y de desánimo para los ubicados en posesiones inferiores.

Lo cierto es que medir la opinión de la población electoral, de acuerdo a varios ejemplos y experiencias presentadas, mediante encuestas, y con resultados totalmente adversos a los pronósticos difundidos, hacen sumamente relativa  su confiabilidad, ya que el comportamiento de los electores, resulta en varios casos prácticamente impredecible.

Al respecto, hagamos memoria de la humilde y franciscana campaña electoral del ex presidente Fujimori en su primer gobierno, las encuestas le daban un ínfimo porcentaje de la expectativa de preferencia en los electores, frente al favorito señorito Mario Vargas Llosa, al que derrotó en segunda vuelta.

Situación similar acaba de producirse, el pasado domingo 30 de mayo, en la hermana república de Colombia, en la que las encuestadoras habían determinado un empate técnico entre el candidato oficialista Juan Manuel Santos y el aspirante Antanas Mockus, lo cual significaba que uno u otro hubiese sido el ganador. Los resultados del conteo de las ánforas, pese a que acudieron a votar un poco menos de la mitad de electores – en Colobimbia la votación es opcional- han mostrado un “resultado totalmente inesperado”, como diríamos en el argot deportivo, Juan Manuel Santos “apabulló” con un contundente 46,56% a su contrincante Mockus que solo alcanzó el 21,49% de las preferencias del electorado colombiano, lo cual implicará una segunda vuelta que obligará a cambios radicales en sus estrategias de campaña.

La lección de estos comicios en Colombia, indudablemente nos indica que las predicciones electorales, tienen resultados muy inesperados, no pudiendo ceñirse a la tendencia, por el comportamiento no reglado de la población electoral, pese a que los partidos y agrupaciones políticas tiendan a presentar a sus candidatos como virtuosas mercancías, a los que se les maquilla delicadamente y entusiastamente, presentándolos en vistosas envolturas y se resaltan solo cualidades para posesionar su consumo.

Y es que esta lección, estamos seguros, obligará a muchos candidatos, para las próximas elecciones regionales y municipales a poner las “barbas en remojo”, y a no sentirse favoritos y ostentar posesiones mesiánicas y excluyentes, menospreciando a aquellos candidatos que según encuestas, no tendría el favor del electorado.

Creo que finalmente, también hará cambiar de poses a los eruditos “politólogos” o comentaristas políticos que han aparecido en los medios de comunicación nacionales y especialmente locales, que tan alegremente y “sueltos de huesos” vaticinan los gustos y preferencias del electorado, favoreciendo a unos y condenando a otros.

Es de esperarse que por fin candidatos, militantes y simpatizantes de agrupaciones y partidos políticos, periodistas y comunicadores sociales en general, tomemos los resultados de las encuestas de opinión política, como eso, solo como simples referencias y no como verdades absolutas, ya que será el soberano elector, quien finalmente en las urnas, decidirá por quién depositará su voto, al margen de quienes porfíen de mil maneras en ganar adeptos, con  sus “cantos de sirena”.


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