III Encuentro - Exposición de poesías y cartas de amor

CARTAS

Cajamarca, 20 de Febrero del 2010.

Con mucho cariño y dedicado a todos los cibernautas, presentamos las "Cartas de Amor" escritas por sus autores para el ser que aman en el día de San Valentín, del Amor o de la Amistad.

 

 

ALCALDE HUAMÁN, Alfredo: A Nancy Mez

ALCALDE HUAMÁN, Alfredo: El cielo es distinto desde aquí

ALVARADO CALDERÓN, Manuel: A Issita .

BARRANTES DE VALE, Lourdes: A un esposo

BARRANTES ZURITA, Socorro: Al viento

BAZÁN BECERRA, Guillermo: Carta ansiosa de respuesta

BECERRA SUÁREZ, Juan Hernando: Carta en verso

CABANILLAS AGUILAR, Ricardo: Carpe Diem por el amor

CABRERA MIRANDA, Carlos: A María

CÁCERES VÁSQUEZ, Filomena Jhanina: Fue mayo

CORCUERA, Marco Antonio: A Eduardo Murrugarra

CORCUERA, Marco Antonio: A Mario Florián

CUEVA AYAY, Magali Margarita: Lo que siente mi corazón

DEL ÁGUILA ZURITA, Oscar: Escribe Cupido

DÍAZ BARRANTES, Thaís: ANDAMARCA

DÍAZ CORONEL, Elías: A Marilú

DÍAZ IZQUIERDO, Gregorio: En la playa

FANTASÍA (Seud): Amor

GALLARDO PLASENCIA, Fransiles: Carta a un hijo que aún no nace y navega su topografía por parajes no conocidos

GOICOCHEA CRUZADO, Antonio: A Ime

GUILLÉN PADILLA, William: Fragmento de Carta Seis.

GUTIÉRREZ SISNIEGAS, Sara: Al amado ausente

LARCE, Lía: He buscado tu rostro

LESCANO LEÓN, Edgar Otoniel: Tu amor en la semana

LUCERO DÍAZ, Lorenzo: A la amada

OLIVEROS SOTO, Elizabeth: Declaración de amor

PAGLIARO, Gian Franco: Te amo

PAREDES CERNA, José Antonio: A Ñañeta

PUGA COBIÁN, Nicolás: Declaración de amor en serenata

RAMOS RODRÍGUEZ, Walter: Carta a Frida

SALAS SALAS, Luzmán: A una esposa ausente.

SERRANO RUIZ, Manuela: Una carta de amistad

SORALUZ (Seud.): A mi amado ausente

TORRES RUIZ, GuillermoManuel: Carta a la dulcinea de mis sueños

VILLANUEVA CRUZADO, Jorge Wálter: En el camino

 



CARTA A NANCY MEZ


De : alfredo alcalde (alfredoalcald@shilk.com)
Enviado : 14 de febrero de 2010 – 05:28:10 a.m.
Para : nancy_10_92@shilk.com


Mi negrita,
Mientras por aquí, es decir, en esta casa, todos duermen aún, me vine a la computadora. Estaba pensando en escribir algo bonito… No sé cómo hacerlo. Puedo empezar diciendo «te amo» y tal vez no llegue significar ese «te amo» en tus ojos fijos y temblando yo, tú me entiendes...
Pero aquí, a pocos, intento sacármelo de las vísceras, o sea, de muy adentro…. Decir que cuando se acerque esta noche, yo estaré contigo para mirar el cielo de mamá. Y estarán, además, las estrellas para reír junto al parque de los sueños posibles, lejos, bien bien lejos, donde nuestro amor sea posible… Por eso abraza el aire que respires, que en él estaré cuando necesites mi abrazo. Y, cuando tengas ganas de llorar, lloraremos juntos nuestro amor, Amor.
Y habrá un día -te lo prometo- en que juntos volveremos a caminar por las calles, cogidas las manos. Y todas las calles serán nebulosas. Y todos los parques tendrán nuestros nombres, Amor.
Tú serás eterna en mis días y en sus noches. Y cada amanecer nacerá nuestro amor por las ventanas -¿Cómo escribí lo que escribí en este e-mail? No sé. Pero debo seguir-: Ahora quiero decirte que vivirás conmigo hasta el último de mis días. Y que no importarán las distancias o las edades nuestras. O los encierros. Porque nuestro amor nacerá libre cada día de marzo, Dios mediante. Mis palabras estarán cercanas a ti, con sus latidos en los tuyos. Y serán tuyos los nietos incontables, y serán nuestras las canas y los recuerdos de una vida corta para lo mucho que dimos, Amor.

Ya
nunca
llores
que
que el AMOR existe
aunque
no baste
decirlo
exi ste
exi ste
tú exi stess
/////////////////////////////////////////


Gracias por ayer. Por hoy también. Por mañana.

 

Alfredo Alcalde

 

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EL CIELO ES DISTINTO DESDE AQUÍ


De : alfredo alcalde (alfredoalcald@shilk.com)
Enviado : 14 de febrero de 2010 – 09:20:15 a.m.
Para : nancy_10_92@shilk.com



Me he quedado quince minutos en el reloj. Ya no podrás encontrarme.
Antes era capaz de inventar muchas cosas, ahora me cuesta levantarme de esta cama. Tal vez me cansé de vivir. O tal vez la vida se cansó de mí. No importa. Al menos puedo mirar el cielorraso. ¿Recuerdas cómo era? Pues sí, se quedó conmigo. Es el mismo cielorraso.
Afuera el mundo sigue, aquí todo permanece en su sitio: el techo latoso, las paredes y sus rincones con telarañas, la mesa y su lamparilla, los viejos libros y el balcón de madera, desde donde me veías regresar a casa. Todo ocupa el lugar de siempre. De ti me queda la eternidad en estrellas instantes, porque, imaginariamente, puedo moverlas y soñar.
Prefiero estar aquí y mirar el cielorraso que no se ha ido. ¿Por qué persisto?, pues porque ha funcionado antes y siempre que la vida se me estancó. Es difícil encontrar personas que vean más allá de sus ojos, personas que amen sin pedir un reconocimiento a cambio. De ti me queda lo opuesto, por eso siempre te amé. Y porque, además, cómo olvidarlo, tú cuidaste de mi alimentación y mis modos de vestir, pues como repetías, «La apariencia dice mucho de uno», y por eso de que, «No basta sólo con ser el profesor de Literatura.» Tenía que parecer el profesor de Literatura.
No creas en todo lo que de mí se anda diciendo. Es cierto algo: Tengo gastritis y puedo estar enfermo de algo más, pero definitivamente estoy íntegro, integérrimo. O sea completo.
No puedo estar arruinado mentalmente -como inventaron-. El problema es la gente. Siempre lo exageran todo. Dicen que se me secó el cuerpo. Que no me afeito y fumo demasiado. Que bebo inmoralmente en la vía pública, etcétera, etcétera y etcétera, para rematar el arsenal de mentiras.
Estoy vivo. O sea completo, lo repito.
Aún crees en mí, ¿verdad? Eso importa. Eso y solo eso. Siempre.
Debo levantarme de la cama, al menos intentarlo, y caminar sin salir de estos veinticuatro metros cuadrados que me dieron.
Es interesante mirar cómo el mundo de afuera sigue su ciclo vital, cuando el reloj de aquí no avanza. ¿Recuerdas el jardín y el rosedal? Logré ponerme en pie. Ahora estoy detrás de la ventana y lo veo desde aquí. Un mes antes de enterarme del avance de la enfermedad, hice injertos para conseguir nuevos colores. Distingo rosas negras y otras grises. Veo azules, pero son distintas a las que tenías, es un tono como… más claro. Solo imagínalas. Desgraciadamente ya no puedo bajar a regarlas, le pagué a alguien, como te hice saber por teléfono.
Debo volver a la cama, antes de rodar por el suelo. Es suficiente por hoy. La enfermedad es así. Siempre retorna, como quien ronda por un hospital. Me recuerda que debo permanecer recostado y se va. Se irá esta vez.
No te preocupes.
Te prometo un paseo por el parque, cuando todo acabe y estemos realmente juntos. Es un lugar especial para nosotros. Nunca supimos por qué razón ha estado en nuestras vidas desde el principio. Era tan sólo un niño, ¿recuerdas? También estuvo la última vez que nos vimos, la vez de la despedida sin exceso de palabras. Porque así somos cara a cara. ¡Caray! Dijimos lo necesario, un «Cuídate», muy tuyo; un «Tú también», muy a mi estilo. Esa mañana hubiese querido hablarte de mis demás planes, agradecerte por los consejos de la noche anterior. Pero bastó un «Tú también» (¿insuficiente?), para decir lo necesario.

Desde que empecé a quererte de una manera distinta, de esa distinta de mirar y extrañar, supe que un día te irías. Supe que necesitaría de ti para luchar contra mi enfermedad. Lo advertí aquella tarde de abril en que colgaste el teléfono. «Abrázame, me quedo a esperarte», te dije sin decirlo. «En mi corazón te llevo, por eso no te abrazo», debiste responder. Tampoco debiste abrazarme, porque me enseñaste a odiar los adioses. «Aquí me quedaré a esperarte», susurré de algún modo, cuando no escuché tu voz.

Los minutos son lentos, ideales para alucinar.
Pienso en infinidad de locuras, ocurrencias de alguien que habla mucho consigo mismo. Una tarde, verbi gracia, deseé ser Dios, el Todopoderoso. No para curarme de la enfermedad. Me interesó salvar mi alma. Bueno, ¿qué importancia tendría eso si fuese Dios? No me preocuparía por nada -¿o sí?-. Dicen que Dios nunca está solo. Que en su casa siempre hay música y la gente es feliz.
En este instante me saltaría los días y te traería a casa, si fuese Dios. Sería posible lo de «y juntos por siempre…», que inventaron los cuentacuentos. Pero sería un Dios egoísta, ¿verdad? Él no busca su propio beneficio. ¿Qué hice? Simplemente odié ser un Dios de esos, uno con esa hoja de vida. Por esta razón renuncié a la idea y deseé ya no ser Dios, el Todopoderoso.
Y son muchas mis locuras. Quisiera narrar una locura más. Esta es de esas que valen la pena… Otra vez… Se acerca el dolor.
Prometo narrártela luego. El dolor muy pronto de apoderará de mí, antes le daré batalla. Debo vencerlo, hacerlo trizas. Este es mi plan: Cerrar los ojos. Él creerá que duermo. Luego se irá, con la cola entre las piernas.


Puedo ver cómo me ve. Describirme así: Tengo un rostro muy pálido, exageradamente cetrino para ser quien se complace mofándose de su enfermero. Las manos están sobre el pecho, como muy juntas. Los ojos cerrados. La respiración, como muy lenta y cansada. Puede oírme, como puedo oírme también.
Mi actuación está a punto convencerle. Caerá. Caerá. Le engañaré otra vez.
Se irá… Ya se va.
Si tan sólo pudieras ver su rostro, él dice parecerse a la muerte. Pero ni creas que le tengo miedo por poca cosa. Me estoy acostumbrando a engañarle.
Hace unos segundos, mientras se fijaba en el sudor de mi frente, metí las manos debajo de las sábanas. Jugaba con los objetos. Es que tengo muchas cosas debajo, sabes. Y él nunca se ha fijado.
Este, por ejemplo, es un botón de seis orificios. Este, un plumón de tinta verde. Tiene una punta muy gruesa, y lo uso para bosquejar aves sobre una superficie de cartulina. Es esta, esta cartulina. Ya que estamos aquí, quiero mostrarte algo. Veamos, aquí está. Lo tengo.
Este es el dibujo a lápiz que me regalaste, ¿cuál de todos los dibujos? El monocromático: en azul y sin estrellas ni peces. Es bellísimo. Debiste ocupar mucho de tu tiempo en dibujar -¿o escribir?- el mensaje. Eres increíble. Siempre me mostraste el corazón en cosas pequeñas. Por eso te necesito, ahora que el cielo es distinto cada vez que vuelvo a verlo.

«Me perdí los últimos chismes», lo sé. No sabes cuánto lo lamento. En este mismísimo instante, si estuvieras aquí, junto a mi almohada o sentada junto a la cama, hablaríamos de cosas cotidianas, de esas cosas que tiene la vida. Quizá llamaste, aunque fuera imposible escucharme porque me robaron el celular. No te lo dije antes, perdóname.
¡Malditos ladrones! Me despojaron del instrumento azul a través del cual escuchaba tu voz. Me robaron otras cosas, pero qué importan. Cuando esto acabe recuperaremos lo material nuevamente.
Tal vez contestaron y ni les importó. Pero debiste llamar. Sé que fueron muchas veces. Ya lo creo. La última voz fue la tuya; te escuché lejana, en la tierra de tus ancianos padres. Allá donde alguna vez soñé y fui feliz. Debes estar reflexionando a cerca de mi ingratitud.
No. Nada de eso. Te he pensado y extrañado un mar, un cielo. También intenté llamar. Nadie respondió, tal vez sea la distancia. ¿Debí reflexionar sobre tu ingratitud? No, ¿verdad? Al parecer, el autobús se llevó también la señal telefónica.
¡Malditos ladrones! Hijos de… la línea. Dueños de la línea telefónica.

Tantos días hace que he perdido la cuenta. Te fuiste en Diciembre. Te fuiste en una estrella, después de la clausura del año escolar. Conservo dos fotografías tuyas. Aunque no es lo mismo. «Jamás de los jamases será lo mismo», estoy de acuerdo contigo.
Por aquí estás, guardo tu imagen en un libro de cuentos, para que no te maltrate el calor de mi fiebre. Estás entre las páginas intermedias y será peor extrañarte si te busco.
«¿Qué me queda?» El cielorraso y tú. Aunque desde hoy, es decir, desde este preciso instante, he decidido ya no ver tus fotos. «¿Por qué?» Porque en estas circunstancias prefiero no pensar. Pensar no basta, ¡para qué! Afuera el cielo es distinto, quizá más bello. Y yo prefiero mirar mi cielorraso, me gusta este cielorraso.
«¿Qué día es hoy?» Desconozco la fecha. No me importa el tiempo. De todos modos, ya no podrás encontrarme. Por eso me despido. El dolor vuelve y el cielo será distinto desde aquí, nuevamente. Veré su rostro, le veré y le sonreiré.
Te dejo mis abrazos y mis besos y muchas canciones que escribí para navidad. Cuida mucho a Raquelita. Abrígala, recuerda que a mi niña le duele mucho el pecho cuando se resfría.

Muy en el corazón y siempre.


Alfredo Alcalde

 

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CARTA A ISSITA:

 
Issita:
    En primer lugar, disculpa mi atrevimiento. Si supieras que solamente así, solo y sin testigos, puedo discurrir mi velo de vergüenza para dirigirme a ti. Es que no puedo más; no más esperar para declararte mi más profundo sentimiento.


  Solamente espero comprendas o entiendas el sentido de mis expresiones. Lo que resulte no me importa; sobre todo si he de ser rechazado. Al fin, vivirás siempre en mí, dentro de mí, aunque yo esté condenado a no estar, jamás, dentro de ti.
   Dame, aunque sea, una señita que titile mi esperanza.
 
Manuel.

 
Desde el calor de la eterna primavera, a la sombra refrescante del cumbe; un día del mes del amor.

 

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Carta a un esposo


Dulce amor mío:
Nos conocimos una linda mañana de mayo, en medio de primaverales campos, nació nuestro amor, tu sabes lo que sentimos en contacto con la naturaleza. Entre la grama encontré un trébol de cuatro hojas, símbolo de la buena suerte y que la gente busca ansiosa, yo sin proponérmelo simplemente lo encontré, y que mejor suerte pudo darme el haberte conocido.
Nos casamos rápidamente muy enamorados, nuestra vida transcurrió desde ese momento, entre servir y servirnos. Criamos, educamos nuestros tres tesoros con lo que Dios nos premió, esos retoños que llenan nuestra vida de ternura, los frutos queridos del amor.
Hoy cumplimos 25 años de haber aceptado ante el altar nuestro compromiso matrimonial, bodas de plata que coronamos con mucho amor y bendiciones de nuestros padres y de Dios.
Recuerdas amor mío cuando en aquel pueblito de gente linda y sencilla, entre cerros majestuosos hace más de 25 años, cuando apenas andábamos juntos, unos nobles campesinos comentaban incrédulos ,así como se quieren ahora se querrán en unos años?
Fue tan rápido, sueño, cuento de fantasía, de esos amores a primera vista que no suceden diariamente; a nosotros nos sucedió, ese mismo año nos casamos. Seguimos amándonos como el primer día o más. No importan los problemas, las penas, separaciones que en el transcurso de la vida se presentan, la fuerza de nuestros sentimientos nos une cada día más. Sabemos aceptarnos, compartimos juntos lo que nuestra familia vive cada día y esta historia de amor no se termina. Supimos escoger? o quizás Dios con su gran amor nos puso en el camino. Vivimos siempre valorando el trabajo y nunca terminaré de darte gracias por tu apoyo constante en todos mis proyectos aun en los equivocados, sin dejar de corregirme con cariño y hacerme comprender siempre la verdad.
Gracias amor mío por la felicidad, por el tiempo que me das. Espero nunca la vida nos cuestione, sepamos siempre comprendernos, y amarnos. Ni el tiempo, ni la distancia podrán opacar lo que hasta ahora hemos logrado.

¡Dios bendiga nuestra unión!
Te ama profundamente y te quiere para siempre:


Lourdes Barrantes de Vale

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Carta al viento….

         Trato de recordar tu nombre y no lo logro.  Más,  cómo recuerdo la fragancia de tus pasos al inventar la mañana para mí.   Eras la caída del agua  entrando  con fuerza por mi cuerpo, bañando hasta el último pensamiento y célula de mis huesos.  Eras el mar furioso estrellándose  en la ola exacta de mi ser a la hora en que el sol se incendia y  muere

         Mora dulce en apareamiento  con mis besos, bajando por mi garganta hasta la playa precisa de mi corazón, donde un niño jugaba con los pies descalzos, el cabello al viento.  Un niño apretado a las entrañas de la tarde jugando a las cometas, dibujando un cielo grande con tortugas brillando como estrellas.

         Eras el cálido domingo, regalándome dos horas nada más de dicha y encuentro.  Los árboles  dejaban caer sus  ramas,  cansadas ya de   hojas y flor.  Tus manos hurgaban mi pecho y sabe Dios de dónde  salía tanto amor para inventarte, para soñarte, para quererte.  El niño seguía jugando en la arena movediza de  los sueños,  su color descalzo, su páramo de nubes, su cometa al viento.

         Tu vida en todo mi territorio.  No había espacio donde no estuvieras vos: en las lomas sombrías  de mi cuerpo, en los valles apretados de mis entrañas, en los jacales de los húmeros vacíos, en las madrigueras de mi llanto, en la rocosa tristeza de mi risa, en los puquiales sombríos de mis ojos, en el erotismo trepidante de mis venas, en las sensitivas yemas de mis dedos.

         Cayó el aciago día en que te fuiste, sin mirar atrás por el miedo a convertirte en trozo de sal.  El mar se hizo eterno, noche, oscuridad y olvido.  El universo creado se perdió en la distancia de un horizonte sin principio ni fin.  Las rosas secaron sus aromas  y a las nubes blancas las cubrió el invierno.

         Sólo un niño con los pies descalzos echa al viento su cometa y sueña….

                                                               Isabel Robles

                                                               Cajamarca, 14 de febrero 2010

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Carta ansiosa de respuesta

Querida Hannelore:

Hasta anoche, en que retorné a esta casona colonial en la que toda nuestra familia disfrutó los últimos años de vida de mis padres, estuve tratando de mirar desde otra perspectiva mis paisajes internos, al mismo tiempo que recorría físicamente esos nuevos paisajes externos de verdores y belleza inolvidable.

A propósito caminé forzadamente todas esas jornadas procurando que en cada gota de sudor y en cada cansancio pudiera liberar cualquier peso, añoranza o sueño trunco que estaba doliendo de algún modo. Y alcancé horizontes que pensé no iba a llegar, y me gustó la lluvia y la intemperie...

He guardado con celo, en mi mochila de recuerdos, desde el trino del pajarillo moribundo que no pudo escapar de esa ave rapaz, hasta el sabor de aquel fruto silvestre que desde mi niñez no había vuelto a probar...

Habiendo descubierto un nido raro me escondí en el follaje, sólo con la ansiedad de ver a las aves canoras que anidaban...

Hundí mis pies descalzos en el río, sólo para probar las duras piedras y sentir si esa agua cristalina me podría liberar de alguna cadena...

Mis manos en el barro rebuscaron lo que jamás perdí... por no tenerlo, y, como era de esperar, ese guante de lodo me ha entregado lo que voy a llevar... sin poseerlo.

Quise escribir mis versos en las pencas y en cortezas silvestres, cual pizarras hablantes que rezaran en cada amanecer mis confidencias... pero sólo brotó obsesionado tu nombre en seis letras... y por allá se quedó en muchos sitios, como nudos de red, de esa red invisible que aprisiona: no sé si habré logrado que ahí se quede ese montón de sueños que tenía alrededor de ti, por ti y contigo...

Me senté entre la leña campesina y cené con la humilde comida de su olla, sin cubiertos urbanos que adornaran esa función vital, y su sabor colmó el paladar de mi alma que estaba ansiosa de descubrir afectos generosos que me hicieran sentir que aún estoy vivo...

Caminé y caminé por muchos días, en jornadas sin fin que parecían no conocer jamás el peso del cansancio que nos frena y nos guarda por momentos a la sombra de un árbol...

Sí, caminé sin descanso preguntando mil nombres de lugares, de plantas, de animales, los nombres de remedios y otros mil nombres más, incansable, buscando confundir con todos ellos ese nombre tenaz de seis letras... que siguió navegando en ese mar creciente, como si se empeñara en reírse de mí y mis afanes...

Ayudé a trabajar en esas chacras, sujetando coyundas a la yunta, arronjando semilla, cosechando la papa con racuana, aporcando las ocas y las mashuas, desyerbando o techando aquella casa de la nueva pareja campesina que empezaba su camino común de ser felices...

Me di de lleno a todo, infatigable, tratando de borrarte en el recuerdo...

Y de vuelta a mi hogar voy evaluando si volaste por fin... pero no es cierto, pues apenas traspasando el portón de la entrada... el abrazo de amor de mi familia me hizo pensar cómo sería tu abrazo si estuvieras aquí…, cómo tu beso…, cómo la comunión de nuestros cuerpos disfrutando el reencuentro en mi llegada...

Supongo que me fui y acaso he vuelto... en vano. Y no sé si entenderás lo que ha pasado, lo que tengo y no tengo o lo que falta. No sé si tu interés podrá mirarme o ponerme atención. No sé si esta andanza febril (ni tampoco la que he de emprender mañana), construirá en mis pasos tu distancia. Tal vez pueda subir a algún aliso y colgar, en sus ramas del cogollo, mi corazón, mi espíritu y mi alma, para que desde allí  –cometa al vuelo–  jueguen lanzando al aire mis recuerdos con rabiza de sueños irrealizados...

Tal vez recién entonces te sonría y en absoluta calma, indiferente, adivine tus pasos que se alejan... y te deje partir, sin retenerte, y me invada la triste sensación de tu partida... ¡a pesar que jamás habías llegado!

No sé qué pensarás de esta carta. La escribo porque te la ofrecí, al saludarte ayer por el teléfono. Quizá tus ojos sigan secos, como ayer, pero los míos… no sé, hay algo que creo los está nublando…

Guillermo

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CARPE DIEM

                                              

Carpe diem:

Me dirijo a ti, emblema de las isabelas, porque que tienes escondida en tu corazón una paloma. Porque eres una flor perfecta hecha canción.  Si mi pluma se atreve a codificar tu nombre es para celebrar el carpe diem del amor.

Carpe diem digo y escribo que no tienes miedo a la vida, que no tienes miedo a la muerte. Que vistes con piel de Luna y ahuyentas la mala suerte. Carpe diem repito una y otra vez, mientras me pierdo en tus labios. Porque no eres falsa ni indecisa, eres tú la respuesta más precisa. Un riachuelo de luz en mis montañas y un lago pleno en mi alma.

            Queda en tus manos esta breve epístola como un tributo a la palabra Amor. Queda en el viento, como un centinela, el claro susurro de mi voz.  ¿Lo oyes? En la noche misteriosa, es preciso burlar al silencio cazador de los corazones. Porque juntos, a brazo partido, hemos construido nuestra propia utopía. Porque juntos, como dos niños, hemos escrito en la pizarra del cielo: una historia y una canción.

                                   En la buena cosecha del beso más profundo.

                                                                                 

  Ricardo Viento*

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RICARDO CABANILLAS AGUILAR (Pacasmayo 1958) poeta, narrador, dramaturgo y ensayista, laureado en diversos certámenes literarios regionales y nacionales.  Ha publicado: “La casita Teja Roja” (1991), “Fábulas del Arco Iris” (1993), “Exhorto a la palabra ausente” (2000).  Actualmente es docente de la Escuela de post Grado y de la Facultad de Educación de la Universidad Nacional de Cajamarca.

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Carta a María


MARÍA

Te escribo desde mi nuevo mundo, desde mi nueva estancia. Hubiera querido hacerlo mucho, mucho antes, pero no he sabido hacerlo. Sin embargo, desde que partí he estado a tu lado; he sentido tu aroma, he secado tus lágrimas con mis manos que no alcanzaban la materia rosada de tus mejillas. He peinado tus rizos adormecidos, he visto contigo, como lo hacíamos cada tarde desde la banca del patio, el crepúsculo encendido entre los cerros de nuestro pueblo.
Te sigo acompañando, tú lo presientes, lo sé cuando vuelves el rostro a un lado y tu mirada no encuentra la presencia que parece deambular junto a ti.
Hoy he descubierto en nuestro hijo mayor, un medio vivo para comunicarnos. Tú sabes que alguna vez nos sorprendió con alguna profecía. Nos admirábamos en silencio de su paciencia, su expansión, su armonía de espíritu y sus lecturas metafísicas. Esa fue su inclinación.
Él escribe esta carta, yo se la dicto.
Hoy escribo desde el sueño eterno del alma.
Te envío no sólo palabras, te envío mi amor de siempre, mi idea infinita y mi vibración pletórica de sentimiento. Hoy en la infinitud del universo un hijo nos une, que él explique, a ti y a sus hermanos, los misterios que no son misterios. Hoy he vuelto a sentir el aliento del mundo terreno, no lo extraño. Tenerlos a ustedes es grandioso; poder insuflar mi idea que se hace palabra, es un milagro.
Hoy, que los linderos se han derribado y la existencia es una expansión del espíritu y la materia, hoy que no hay materia ni tiempo, nuevamente te digo que te amo. Que los amo. Más que siempre.
Sigan siempre unidos, que Dios nos bendiga
Con amor


SOL RAC


Este es mi nuevo nombre. Así me lo ha dicho mi amigo y consejero, un ser luminoso que siempre me acompaña.

Carlos Cabrera Miranda

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Fue mayo, la noche llegaba con su complicidad absoluta y su indiferencia de siempre, fue entonces cuando entraste en mi corazón,  ¿te acuerdas?  Me atacaste por lo más débil que existía en mí: mi soledad… y me dejé llevar por la complicidad de esa  noche.  Era increíble ver cómo el  amor invadía todo mi ser… eras completamente distinto… Volví a creer en el amor… sí, en tu amor… eras    una mezcla compleja de  experiencia y juventud…

Ahora dejo que  el tiempo  transcurra sin prisa ni tiempo, porque este amor es único, y tú lo sabes,  no somos ni pasado, ni presente, ni futuro, somos lo que somos y  nos amamos…

Tú eres las letras constantes de mis desesperados versos, mi metáfora incompleta, mi no, mi sí y mi todo. Eres la compañía perfecta, el  que sabe resolver todo con una sola palabra y a veces con tu silencio que lo dice todo.

Somos una realidad que solamente la utopía lo puede comprender, que sólo el tiempo podrá explicar, que solamente los dos podremos contar… a nuestro modo, con la complicidad de siempre…

Cómo no amarte… Amo cada uno de tus gestos y cada una de tus palabras,  la forma cómo entiendes la vida y, sobre todo, porque… comprendí contigo el verdadero sentido del amor.

 

Filo.

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LO QUE SIENTE MI CORAZÓN

 

Día del amor, día de la amistad, día de soledad para el que no tiene a quien amar,

Día de llanto, dolor y desolación para quien amó de corazón y la abandonaron sin compasión

Yo sentada estoy mirando el cielo,

Contemplando la oscuridad de la noche, azotada por el aire frío,

Día de luna llena las estrellas resplandecientes parecen acompañarme en mi triste soledad,

Las luciérnagas me hacen recordar aquel amor que me abandonó,

Aquel amor que huellas profundas en mi corazón dejó,

Los grillos cantan mi triste historia de amor,

De pronto la lluvia acompaña a mi desolado llanto que parece nunca terminar,

Pero en mi corazón aun persiste la esperanza de encontrar mi verdadero amor.

Magali Margarita Cueva Ayay

 (13/0212010)

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Escribe Cupido


Dedicada para los que están enamorados.


Quizás estar enamorados es una delicia agridulce o paradoja del destino; quizás, un consuelo para uno. De repente grito ¡Socorro! estoy en soledad. ¿Quién soy? Un ingenuo que no ve la realidad. Luego miro bien y me gusta ser un niño, por eso juego con los nombres, la terminología y me miro angustiado.
Solo no puedo estar una vez más ¡Socorro, estoy en soledad!
Para unos es punto de quiebre o momento de meditación o de reflexión o un encuentro con Dios. Una manifestación sin manifestarse, espacio eterno de quietud. Me gusta estar en soledad, momento de la creación, de ser y estar junto a mí mismo. Quizás vale la pena este momento de tranquilidad o desesperación que no se compara con nada.
Llora el hombre porque sabe cómo es Dios, en esa consideración de la vida. De repente, me encuentro al lado del triunfo, una señal, una victoria que viene entre el viento y las aguas de esta noche que inspira. 3.20 de la madrugada. Noche en soledad o será la tierra que llora por el maltrato del hombre. ¡Llora la tierra! porque está en ese estado, en ese dolor ¡enamorada! Configuración de un soplo de emociones, dando tranquilidad a los momentos añorados. De repente explosión de alegría, melodía, sonido de lluvia. Se siente esta frescura que humedece la fertilidad de la tierra y compara lo vivido, en este viraje que envuelve la vida, enseñándonos a expresar nuestra soledad.
De pronto, brevemente, suele conversar con San Pedro, Patrón del barrio de mis amores, a lo mejor tiene las llaves para abrir el Cumbe por donde se llega a esta sierra. Me veo cerca del cielo, quizás en la gloria, sutil expresión. De repente soy un fraile de roca que escribiría como Ciro Alegría. O quizás dentro de esta soledad halle profunda alegría. Quizás será una flor perfumando los pétalos de la rosa que gira sobre el sol de la alegría, en la tranquilidad de esta noche, en el sueño de cada uno que se halla en soledad.
Simplemente con la luz para no caer al cruzar un puente. Se prende y apaga la luciérnaga para no caer en soledad. De repente es el destello de la noche. Son las cuatro, faltan veinte segundos con exactitud, una carrera pronta y este sello de la “cocha” que me dio la oportunidad de quererme mucho más en esta soledad que susurra este momento.

Oscar del Aguila Zurita

Cajamarca, 14 de febrero del 2010

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ANDAMARCA

                                 Thaís Díaz B.                              07.03.08   

 

Andamarca ayacuchana, lugar que llevo en el cofrecito donde guardo mis más apreciados recuerdos.

 

Lugar que por ser tan bello,

pareciera ser un cuento, un cuento de fantasía, con un escenario de ensueño.

 

Con sus andenes, de asombrosa armonía cuales te hacen sentir que puede existir la perfección en esta vida.

 

Las ruinas de Caniche, un lugar encantado que te deslumbra, pues es como una obra de arte que combina el misterio y la hermosura.

 

Andamarca, con Yarpo su preciosa laguna que al contemplarla te deja una sensación como ninguna.

 

Con estrellas que increíblemente brillan, pero no más luminosas que las sonrisas de la gente, que Andamarca habita.

 

Andamarca , con sus inmensos cerros, pero no más inmensos que el cariño que te brinda su gente en todo momento.

 

Con un cielo azul, tan claro y puro, como los ojos de un niño que aún no conoce el mundo.

 

Andamarca, donde cada rincón que encuentras te cautiva con su magia, donde cada paisaje que ves te deja una marca.

 

Andamarca, lugar que despierta una infinita ternura, pues detalle a detalle te ilusiona, el afecto de su gente te captura y tanta belleza te enamora.

 

Andamarca, lugar que habita dentro de mí, lugar donde he sido y su recuerdo me hace feliz. Pues dudo mucho encontrar un lugar donde encuentre tanta paz como en Andamarca, lugar en el que siempre habitará una gran parte de mi alma.

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Cutervo, 10 de Febrero 2010

Señorita
Marilú Zamora Requejo

San Andrés de Cutervo.

Marilú:
Supongo que puede sorprenderte en algo el recibir esta carta, pero la verdad es que no puedo esperar más tiempo pues son tan pocas las ocasiones en que puedo conversar contigo, apenas unos instantes y nunca a solas, por razones de tus actividades personales y familiares. Pero sé que has sentido o has adivinado lo que despiertas en mí. Con la presente te hago llegar mi cordial saludo y te abro por completo mi corazón, que ya no ha de ser secreto para ti: desde que tuve la oportunidad de conocerte, me encuentro enamorado de ti; lo que más ansío es darte la felicidad que tú mereces y de esta manera ser felices para toda nuestra vida.
Sé que eres suficientemente sensible y dedicarás un momento para hacerme conocer tu respuesta pues estoy seguro que de ningún modo tu reacción será de indiferencia ni, mucho menos, de descortesía o desprecio a esta carta pues todo lo que aquí te digo nace del fondo de mi corazón y el amor que has despertado en mí es incondicionalmente sincero. Es innegable que eres bonita y atractiva, pero mi amor no refleja sólo la ilusión efímera del físico sino, fundamentalmente, la fuerza incontenible del sentimiento puro que valora en toda su magnitud lo que eres en tu forma de ser, en tu actitud, en tu integridad y en esa ternura que sabes brindar con tanta naturalidad cuando tienes que proyectarte a los que precisan de un apoyo, de una luz, de una guía.
Conozco plenamente que tu vida ha sido recta y ejemplar, por sobre las superficialidades que hoy dominan al mundo, y que tu conducta ha sido y es irreprochable. Justamente por eso ha de ser que me resulta difícil encontrar la oportunidad feliz de hacerte saber mis sentimientos de manera personal y directa, como debería ser, de tal modo que no me queda otra salida que usar este medio para declarártelos pues por nada del mundo quisiera perderte. Te prometo que mis intenciones son honestas, serias y formales; también te prometo que mi alma, mi corazón y mi vida toda nunca te fallarán, ni en las peores adversidades que nos tocara enfrentar en la vida.
Con el más respetuoso amor,

Elías Díaz Coronel

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Trujillo, febrero de 1959


Mi amor, ayer fui a la playa y escuché al mar pronunciar nuestros nombres. Cada vez que la ola llegaba a mis pies dejaba escapar de sus labios un suspiro enamorado, ese suspiro era tu nombre hecho recuerdo que buscaba en la arena las huellas de los besos que dejamos, de tantas lágrimas felices, fecundas de amor.

Y llora la tarde, y llora el mar porque no estás conmigo, porque mi mano no estrecha tu mano, porque mi boca no besa tu boca.

Me ha dicho el mar que ha robado el eco de tus besos y que los guarda para darme uno a uno hasta que vuelvas.

Vuelve pronto mi amor, es bueno el mar y nos quiere.

Vuelve pronto

Gregorio

Gregorio Díaz Izquierdo

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Amor:

Escribo la presente pues te extraño demasiado, te tengo presente en cada instante de mi vida, si supieras con como anhelo nuestro encuentro, amor cada par de de ojos que veo son tus ojos, cada sonrisa es tu sonrisa, cada abrazo que siento son tus brazos que me rodean, cada ser que me acompaña eres tú que me acompañas.
En cada flor, en cada animalito, en cada persona siento tu presencia. Amor mío, hoy he visto pasar en un instante como en un destello, el amor que por mi sientes tu pasión arrasadora en una tormenta que abrazó todo mi ser, quede empapada de pies a cabeza que dulce el agua que me roció toda, sentí como un abrazo, luego y de pronto la brisa llego a mis mejillas como un tierno beso, que me hizo irradiar de alegría lo sentí de mis manos, los sentí en mis pies y me regalaste el arco iris ¡que belleza! amor mío como negar que también me amas, sí, como negarlo, es tan bello percibir tu amor.
Tesoro mío, amado mío, este amor que me llena y me inunda es tan fuerte e inexplicable, que no sé cómo expresarlo se me hacen tan pocas las palabras y tan inexactas, no obstante en una forma de desbordar lo que siento pues estoy tan llena de él, y soy tan feliz que me encantaría que el mundo lo compartiera con migo no quiero que sientan lo mismo que yo, quiero sentir por ellos y darles todo el amor que tú me das.
Amor, es hora de decir hasta la vista nos estaremos viendo en cada instante de la vida: en el verdor de los pastos, en el mugir de las reces, en el cantar del gallo a la salida del sol, en ese atardecer tan esplendido, en cada estrella de la noche que nos abriga con su manto al acabar cada día.

Me despido amor

Te ama,
Tu pequeña.

Seudónimo: “Fantasía”

 

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CARTA A UN HIJO QUE AÚN NO NACE Y
NAVEGA SU TOPOGRAFÍA POR PARAJES NO CONOCIDOS



Hijo mío:
Cuando leas estas líneas, los años rebozarán en tus ojos y el viento salpicará tu frente. El gris de mis sienes y el grosor de mis vidrios navegarán a diario contigo y tus correrías; descifrando enigmas en torno a tus zapatos viejos, tus pantalones estropeados y esos moretones que tienen sabor a lágrimas y trompadas.
Andando el tiempo, cotidianamente entenderás que el oficio más duro de todo hombre, de todo ser humano es precisamente eso: Ser Hombre, ser un ser humano.
La universidad de la vida y la escuela de la calle, te enseñarán a valorar aquello que a primera mirada parece sin valor. Su descubrimiento, te hará distinto, no mejor; pero sí diferente.
En el trajinar de la vida, el esfuerzo es ley universal. Nada es fácil, de serlo todos seríamos exitosos. Recuerda: Nada es gratis. Todo tiene un costo.
Entonces:
Por donde transites deja una huella de bien. No seas un simple andador de la vida. Haz algo digno de recuerdo y no serás un amarillento retrato colgado en una pared.
En este mundo de acomodo, arribismo e hipocresía, cuando vean que te escapas por una rendija para ver el sol; te jalarán de los pantalones para impedir tu vuelo. Dirán “si no avanzo, tú tampoco”. Trabaja contra ello.
Pon tenacidad, honestidad y seriedad en tus actos. Lo mismo que en tus decisiones.
La crítica, el insulto y la envidia rondarán tu cabecera: Mira el árbol más alto y te habrás hecho un gran bien.
Una gota de optimismo es bueno; dos, rebasan el vaso.
Sobrelleva tus frustraciones sin resignación ni tragedia, sólo con realismo.
Siempre que estés en paz con tu conciencia, la opinión del mundo que te tenga sin cuidado.
No todos reconocerán tu valía; por eso propala tus éxitos en la medida de lo necesario. Recuerda: la gallina pone un huevo y cacarea.
Lo que tengas que hacer, hazlo y sin alardes de grandeza. Muestra tu obra y recuerda que “Yo hice”, vale más que un millón de “yo haré”.
Probablemente realices actividades que no te agraden; busca su lado bueno y tu éxito está asegurado.
Todo es posible, hasta la muerte es vencible y se puede vivir desde la tumba.
Sólo cuando verdaderamente entiendas que el mundo no cambia si tú no cambias, habrás dado un gran salto.
Si eres feliz no lo comentes, podrías herir a alguien, que es menos feliz que tú.
La soledad, eterna compañera tuya será. La soledad es cuna de los genios, es paraíso de los suicidas.
Se justo contigo mismo: ni implacable ni dadivoso.

Para ser maestro, es necesario ser maestro de uno mismo: Sé tu propio guía.
Sea tu corazón la casa donde moren los hombres y las mujeres que, como tú, estén en la búsqueda del conocimiento, la paz y la originalidad.
Sé reflexivo en tus opiniones; sincero y honesto en tus conceptos, y serás respetado. El conocer te hará flexible. Da un margen al acaso.
Al pasado, pasado; pero no saltes la valla del pasado o no verás el futuro.
No pretendas ganarlo todo siempre. Lo material se consume, se destruye o se transforma: sólo quedará tu sabiduría y lo que has vivido intensa y plenamente.
Valora el dinero en su exacta dimensión. Es sólo un medio de supervivencia.
Ten una casa modesta y confortable donde cobijarte, así como sencillos alimentos para mantenerte. Recuerda, la opulencia no es signo de grandeza.
Tu casa sea siempre la casa de la razón y el pensamiento; que por ella transiten los buscadores de ideas, los creadores y los descifradores de enigmas.
Brinda lo que puedas dar, no te exijas. Las deudas y la miseria habitan en una misma casa.
Todo cuanto des, otórgalo sin esperar ni gratitud ni recompensa. Tiene mejor sabor un cafecito sonriente, que un banquete condimentado con amargura.
El corazón tiene su propio dolor, no lo aumentes por capricho.
El castigo mayor de Dios a los hombres es elegir y elegir bien: la profesión que te permitirá subsistir, la mujer que te acompañará toda tu vida y las autoridades que te gobernarán. Sé cauto en tu elección; después de la decisión tomada, no hay retornos válidos.
En el amor no exijas lo que no puedes dar. Amar no es sacrificio, es caminar juntos.
No busques en tu mujer a la madre, la esposa o la amante: busca tu compañera. No tomes una mujer sólo por su belleza, será tu perdición; tampoco por compasión, será tu ruina.
Para ser un buen hombre no es necesario tener religión alguna. Basta que seas un hombre de bien, cumplas los mandamientos y te dirijas directamente al Dios de los cielos. El no necesita intermediarios.
No admires al violento, la violencia es patrimonio de las almas inferiores: Sé siempre superior.
Ama, desprecia o sé indiferente.
Busca siempre ser mejor y serás feliz; será medicina de tu cuerpo y revitalizante de tu alma.
Recibe estas palabras, hijo mío: Léelas cuantas veces puedas y escríbelas en las páginas aún blancas del cuaderno de tu vida; te servirán en tu tránsito por el camino de la vida y que se multipliquen los años de tu existencia.
Tu padre,
Fransiles Gallardo
Cajamarca, Enero de 1980

 

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Cajamarca, 14 de febrero de 2010

Ime, mi amor:

Hoy es el día de los enamorados. Te escribo esta carta porque los amigos me han pedido que la redactara para hacer público mis quereres. No es que tenga dificultad de decir lo que tengo en la mente y en el corazón, lo que me invade es el prurito de saber si lograré expresar lo primordial de nuestras vidas.

Como siempre, me he levantado temprano a escribir. Veo como duermes plácidamente. Mi curiosidad me lleva a pensar ¿Qué estarás soñando?, por qué vericuetos oníricos vagará tu mente sin frenos.  Duermes plácida en nuestra cama, perfumada por tu piel, tálamo testigo de nuestras pasiones encendidas, donde ambos buscamos nuestros cuerpos y sus sensualidades hasta quedarnos dormidos, saciados.

Cuarenta calendarios hemos deshojado juntos, tiempo en que hemos compartido tristezas, privaciones, problemas, estrecheces pero también satisfacciones, alegrías. Y siempre juntos.

Juntos buscamos el camino, juntos construimos nuestros caminos en los predios en que crecimos como esposos, como padres, como amigos. Aunque no siempre hemos podido solucionar todos los problemas que tuvimos pero siempre poseíamos uno el brazo del otro del cual asirnos.

Me gusta escuchar que al unísono decimos lo que vamos a hacer en el día. Qué comeremos, a dónde iremos. ¡Nos conocemos tanto!

Hoy, con cuatro hijos y seis  nietos que son nuestra prolongación en la vida, los que perpetuarán nuestra semilla, nos sentimos plenos. Felices.

Mi unión a ti es tanta que me asusta pensar la soledad. ¿Qué sería de mí sin ti? ¿Qué de mis noches? ¿Qué de mis días sin ti?

Reitero lo que al iniciar los días digo: te amo. Dejo esta carta debajo del tapete de la cómoda, donde guardas las llaves de la alacena, para cuando tengas necesidad de ellas, y, yo haya ido a mi trabajo, la leas con tranquilidad y calma. Seguro estoy, como que nos conocemos tanto, que te satisfará, marcarás mi teléfono y los dos compartiremos alegrías.

Gracias por haberme permitido vivir contigo y por permitirme decir mi promesa: viviré contigo hasta la muerte, o mejor, eternamente.

Tuyo soy.

 Antu

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Fragmento de Carta Seis

Los hombres y mujeres que nos miran cuando vestidos de hormigas o dinosaurios recorremos las ciudades y los bares, no saben lo que tenemos entre pechos. Nos mira. Los miramos. Nos miramos. Quisieran atraparnos con su inteligencia de cortezas heridas y no pueden sino acompañarnos en nuestro canto que es un espacio abierto donde los que aman se retratan y disimulan su sinceridad frustrada.

Cuando acabamos sentados en los parques hablando con la muerte acerca de la necesidad de vivir intensamente, la gente nos mira. Los miramos. Nos miramos. Y sólo así el abismo de vivir se aproxima a nuestros labios secos de tanto huir de todos y escribir a escondidas poemas que acaso un día nuestros descendiente (que no existen) leerán con la calma de los pelícanos que cazan.

Al final de los días en que nos encontramos y nos damos cuenta que somos seres de carne y alma, suspiramos antes de despedirnos desgarrándonos el corazón y su piel dorada. Porque en verdad ya somos lo que siempre quisimos ser y lo soñamos tantas noches abiertas:

6.1. Peces en el río atrapando osos con nuestros dientes de caolín que nos faltan cada vez que dejamos de ser vegetarianos.

6.2. Bolígrafos escritos con dedos de tintas invisibles que un día acabaron abandonados por no saber de fáciles grafías.

6.3. Teléfonos apagados hablando del mal comportamiento de las PCs modernas que se exhiben en vitrinas inalcanzables.

6.4. Tarjetas en blanco donde los niños debieran dibujar corazones azules al costado de flechas rotas.

6.5. Sillas de papel esperando el milagro de ser actores de una obra sin actores ni placeres.

6.6. Televisores apagados mostrando tu belleza oculta sólo por los autorretratos de Da Vinci.

6.7. Casa de agua donde viven sirenas con labios secos por mis besos inmortales.

William Guillén Padilla.

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Carta al amado ausente

Voy acomodarme en esta tarde gris, con los ojos mirando el infinito y el alma subiendo la cuesta del recuerdo, cabalgando en nubes de plata, mi corazón se agita.

Mis manos tejen en suspiro hondo una mantita de amor, para extenderla sobre cunas invisibles, con mi voz que arrulla y canta.

¡Sabes amado, esta tarde huele a inciencio, y en el regazo de nuestra casa hay un sabor de rosas, como aquel bouquet que llevé entre las manos un día como hoy; entonces ya todo se desborda a borbotones, incontrolable la nostalgia no alcanza a permanecer quieta y lágrimas y risas penetran las paredes, la tarde se hace de lado y un tropel de pasos llegan hasta mí.!

¡Cuánta ternura en las caricias ya lejanas,!

¡Cuánta dulzura en los días de la infancia!

¡Cuánta sabiduría en la presencia de los viejos!

¡Cuánto amor todavía dentro del pecho!

Nuestros pequeños ya son hombres y mecen las cunas de sus propios hijos.

Amado: a través de mis ojos contémplalos, a través de mis brazos, abrázalos, a través de mi corazón, ámalos y goza conmigo la dicha inmensa de ver nacer la vida desde la profundidad de un beso.

Sara Gutiérrez Sisniegas.

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13 de Febrero del 2010

He buscado tu rostro, te he buscado entre los innumerables números de ojos que han dibujado sus propios rostros, te he buscado y a veces te he hallado en la espuma, en la brisa, en las burbujas, en las veredas, en la vuelta de tu esquina, en la vuelta de la mía, en cada sitio tuyo, pero  no logré encontrarte, me refiero a ti, a tu boca real, no a los locos espejismo que tienen tu rostro, no logré encontrarte y ya te extraño.

            Tenías razón no soy de mármol, no tengo ese corazón de alcachofa con el que solías compararme, me haces falta, no encuentro brazo alguno que cobije mi cabeza cuando las palomas problemas emigran a mí y hacen su nido ¿dónde te has metido? ya ni tu voz se oye verdadera, tus palabras retiñen en mi garganta campanario, me hace falta tu risa, la forma de acariciarme el cabello, esa perfecta manera de espantar a las palomas problemas y desenmarañarme el nido que dejaron ellas, no te encuentro  y no me canso de buscarte, no te encuentro  y  sin embargo te he hallado siempre en mí, tan cerquita; hoy por ejemplo, te hallé en mi cartera, llegamos juntos a casa y te serví una ensalada, sí, mi amor, de esas que tanto odias, los rabanitos y las lechugas percibieron tu ausencia,  la pimienta dijo que era culpa mía, que de haber comprendido tu alergia a las despedidas no se me hubiese ocurrido decirte adiós y ojalá nunca te hubieses curado de ella, así habrías solamente estornudado, te hubieses limpiado la nariz y ya, seguiríamos juntos.

            Jamás te quise largar de la vida mía, necesitaba un espacio, cuando lo tuve, me di cuenta que en realidad necesitaba un espacio más amplio para ambos, necesitaba tiempo y me di cuenta que el único tiempo prolongable era el nuestro, que todos necesitamos tiempo, pero el reloj no es generoso, sí que te he buscado, he caminado la ciudad entera  con sol y sin él y aunque parezca ilógico la he caminado en un solo día,  parece ser que el olvido te ha llevado hacia su balcón, te ha colgado en la jaula de su canario, has de estar ahí, amor mío, en ese balcón meciéndote y mirándome pasar, mirando la angustia de mis pisadas que caminan confundidas en medio de tanto tumulto, soy yo, la del pañuelo rojo, anda, amor, baja ya, descuélgate, vuelve, te amo, es tarde lo sé, pero óyelo, ya que nunca lo dije, te amo, en mi búsqueda y para siempre porque nunca hallaré tu nombre, apellido, ojos y risa en otro hombre.

 

Te busca, espera y sobre todo te ama,

 

Lía Larce

 

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Contumazá, 09 de febrero de 2010


Querida:
Definitivamente no pienso explayarme tanto en lo que te diré, para expresar amor no se necesitan tantas palabras, y aun así se necesita toda la vida.
Son en fechas como estas, en las que te vas tan a fondo en mi corazón; son fechas como estas en las que te ciento tan cerca, que puedo percibir tu olor, y esa aroma de flores frescas, como energía extraña y poderosa, me lleva a donde estas tú, me arrastra como el viento al polvo del camino, y no me importa si tengo un rumbo, no me importa si hay un final en este viaje, mientras perciba tu aroma, mientras sienta algo de ti.
Quiero que sepas que he tenido el lunes más oscuro de mi vida, fueron días lluviosos en mi ser, y mi alma se ha hecho gris de pura pena cuando recuerdo que estas lejos, y te confieso la verdad, he llorado; solo tú lo puedes saber, he llorado como un niño y mis lagrimas acompañaron aquella procesión de aguas que se pierden en el mar.
Ese martes que no quiero recordar se ha burlado de mí, me ha visto tirado al piso y ha reído a carcajadas, cuan desgraciado me siento al no tenerte. El miércoles recordé tu bella sonrisa en nuestras caminatas, salió el sol con algo de esperanza y me dio aliento y fuerzas para resistir el tiempo que falta por verte, pero no se alejaban aquellas nubes negras, aquellas que me atormentaban y lanzaban sus relámpagos a mi corazón, y fue con mis suspiros que me armé de fuerza, y pude soportar un jueves sin tu amor.
El viernes fue un sueño profundo, estabas conmigo ¿te imaginas? luego de mucho tiempo podía verte, tus ojos, tu boca, tu figura; el sueño más hermoso que he tenido en mucho tiempo, un sueño del que te confieso, no quise despertar; pero aquel sábado grosero trajo un torrente de nostalgias que me empujaron al abismo de la soledad.
Querida, esta extraña fuerza que me hace amarte, es la que también me hace sufrir, lo más extraño, amor, es que no importa; soy feliz amándote. Ven amor, no tardes, hagamos un domingo soleado de caminatas eternas, vayamos al manantial encantado del Quique, entrégame tu corazón que tú ya tienes el mío, vivamos bajo la noche y soñemos en el día, huyamos de aquellas gentes, vamos donde nuestro amor pueda crecer a cada hora, no temas, solo ven.
Con mucho amor,

Edgar O. Lescano León

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PICSI,13 Febrero 2010

 

Amada:

                Julia  Sandoval  Zeña.

                Sabes muy bien que no es preciso tantos léxicos   ornamentados, para resaltar el buen accionar de tu espíritu, siempre lo haz demostrado tu proceder vertical mucho antes que conozca; el fin no es crear una épica personal para que la colectividad hagan comentarios elogiantes, sino expresar la verdad.      

                Desde 1996, aquella tarde fría en la calle Vicente de la Vega cuadra 7 de Chiclayo – no sé si fue casual – nuestro encuentro; te abordé  y omito la forma que te saludé, pero sí mi memoria como si fuera ahora – observo – tu uniforme blanco de Técnica de Enfermería, tus labios de sonrisa brillante , tus cabellos coposo,  lacio y negro ; entre franqueza y temor me invitaste una pepsi  familiar  y pollo broster  en “ BRASA  ROJA”, entre vianda y miradas te hice mis confesiones de altas y bajas de mi moral , proponiéndote asumir  una responsabilidad a largo plazo , luego de breve meditación aceptaste y es así sellamos nuestro pacto desde los recuerdos y anhelos que nos teníamos desde 1989 .  

                Transcurrieron un mes y se cristalizó nuestras responsabilidades de por vida, nuestra causa con sus mieles y hieles, permanecemos encadenados amorosamente porque nuestros tres hijos y nuestro Dios son testigos.

                Sabrás disculpar por la odisea que te hago pasar desde 15 de diciembre 2008 a causa de mi trabajo fui justificado por la Ley Terrenal de manera ciega; PERO TU CARIÑO SACRIFICADO me llena de júbilo por ello ruego a JEHOVÁ DIOS te bendiga eternamente.

 

Tu amor, compañero y amigo.

           Lorenzo Lucero Díaz.

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DECLARACIÓN DE AMOR

  Hoy desperté pensando en ti, soñé con tus con tus ojos maravillosos los cuales se impregnaron en lo profundo de mi ser, parecía que dos luceros luminosos cayeron del cielo para posarse en tu mirada; hoy soñé con tus palabras que divagaban en el viento como queriendo buscar dos ojos soñadores y una mirada enamorada. Hoy precisamente, hoy 14 de febrero me atrevo a confesar mi amor  a tu sonrisa, impregnada en pétalos de rosas, y a tu corazón indomable, sereno y soñador. Disculpa  si este atrevimiento sonrosa tus mejillas o perturba tu corazón, pero la verdad es que quiero  decirte “Que te quiero” y así declarar mi amor a la inmensidad y hacer volar a los cuatro vientos  un suspiro hecho canción, sostenido en rítmicas melodías de Cupido o plasmadas en el vuelo de una mariposa, la cual desliza su matiz de color confundiéndose en aromas de flor en botón.

Hoy me vestí de sueño enamorado para poderte decir “Te quiero”, “Te quiero” entre susurro de melodía primaveral y soñadora mañana, que es la fiel testigo de este inmenso amor, amor que te prometo volará junto a tus sueños, acompañará tus tristezas y dormirá cobijado en un rinconcito de tu delicado corazón, jamás olvidará tu nombre y  aún en la distancia regará tu recuerdo con sublimes versos de amor; jamás  te dejará en el olvido y misteriosamente recogerá el rocío que se quedó dormido en un delicado pétalo de amor; cuidaré  tus caricias como frágiles melodías de un ruiseñor.

  Hoy en el día de los enamorados quiero confundirme con tu pensamiento y a través de una caricia impregnarme con el aroma de una delicada  flor, y tal vez, volar muy alto para poder esperar que tus ojos puedan mirarme y tu delicada sonrisa se impregne de melodía y de amor, o quizá, ser atrevida y soñar que me cogerás la mano y susurrarás mi nombre  con disimulo ausente e impregnarás un beso, un dulce beso de amo ,y quizá en la distancia me dirás un  te quiero o un adiós……

                      

                     FELIZ DÍA DE LOS ENAMORADOS……

 

                                                                             Elizabeth Oliveros

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 Te Amo

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 Magdalena,(Cajamarca) 13 de junio de 1960

Srta

ENRIQUETA   FLORES  N

CAJAMARCA

 

    Mi inquieta y veleidosa  Ñañeta :

    Este residuo de afecto que aprieta, sería tan sólo una historieta, si tus efluvios de mujer pizpireta ,mi remanso senil no turbaran

  En cofre impoluto quedara  , nuestro romance que la lealtad ampara, si no fuera que una carta sellara : La suerte el destino lo fortuito

Sólo fue una sonrisa y Tito ,quien te llevara mi escrito, sabiendo y a saber que remito y que la respuesta espero

El destino cruel y fiero, me negó  darlos  a las  manos y al amor  que prefiero, más pasando por caballero nunca negué mi autoría

Obligo  la suerte impía,  a  aceptar la osadía , pues la carta mía, era para Antonieta tu hermana y no para vos… Enriqueta

En el hipotético que así no hubiere sido , igual te habría querido, por lo que de ti he recibido

En esta fechas de amores  hoy, sujeto a la verdad estoy , aclarando voy  que en enredos emocionales No han sentenciado  autores

¿ por qué descubrir la verdad?-cuestionaras-  Cuando ya nada hay a la vista?

 Por tu afán hedonista que a todos trasmites  Que yo fui uno más y nada mas

           Con Nuevos nudos sobre viejas ataduras

                                      Un   bezote

                                                       José Antonio

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DECLARACIÓN DE AMOR EN SERENATA


(Una historia real)


El amor siempre se manifestó en la vieja Cajamarca, con las expresiones más sublimes y armoniosas del espíritu, en un ambiente de dulces amaneceres, arrobadoras tardes policromadas de arreboles y noches tachonadas de luceros, música y poesía.
Por eso, desde principios del siglo pasado hasta 1984 aproximadamente, rara era la noche que bajo éste o aquél balcón, junto a la ventana de acá o más allá, dejaran de escucharse en el silencio de la noche románticas serenatas, sutiles portadoras de amorosas canciones que en alas de Euterpe, llevaban la declaración de amor a los oídos y los corazones de las lindas cajamarquinas... Recuerdos gratos que ni el tiempo ni la muerte ha logrado olvidar.
No todos los padres de entonces eran celosos e intransigentes, había los amigos de recibir las serenatas abriendo de par en par las puertas de su casa en donde canta que te canta, baila que te baila y enamora que te enamora, con el respeto y la discresión necesaria nos cacheteaba la aurora. ¡Hermosos tiempos que ya nunca volverán!
Pero el caso de este relato no es hablar de esos padres amables y comprensivos, amigos de la música, sino, por el contrario, de aquellos padres celosos e intolerantes que más de un sinsabor nos hicieron pasar.
Resulta que un día de octubre de 1918, el siempre listo Cupido con un certero flechazo de su carcaj, hirió de muerte a dos nobles corazones cajamarquinos: Fausto Bernal e Irene Silva Linares.
Siguiendo la añeja costumbre de "Cajamarca la bella", no era posible que Fausto dejara de confesar su amor en una serenata, lo que se logró con la voz arrulladora de Vicente Torres.
Tras discreto carraspeo con potente voz rompió a cantar:

"Cuantas veces imagen que yo quiero,
te he entregado mi amor con embeleso,
cuantas veces mi dicha mi tesoro,
te he entregado mi amor en cada beso.

Quiero estar a tu lado y contemplarte
y sentir de tu pecho los latidos,
quiero vivir, quiero morir siempre a tu lado
y bajar a la tumba siempre unidos."

Pero en medio de la canción sonaron dos disparos salidos de un poderoso treinta y ocho, en grosera respuesta a su canción, surgidos del padre de Irene, poco afecto a estas demostraciones de amor.
Fausto, asustado, metiéndose dentro del abrigo y colocándose el sombrero hasta los bigotes para que no ser reconcido, tomó "las de Villa Diego", pegado a las paredes, para no ser blanco fácil de la certera puntería del celoso padre.
Pero Vicente Torres, hombre de buen temple como todo buen cajamarquino, no iba a permitir que su canción salida del alma fuera interrumpida burdamente por dos disparos destemplados, por lo que dirigiéndose al balcón de donde había los fogonazos, gritó:
-¡Cuidado al bulto! ¡Cuidado al bulto! -como arrancar con la última estrofa de su canción:

"Si algún día la muerte nos separa
y el destino sin piedad nos hiere
nunca temas mi bien que yo te olvide
que el amor cuando es puro nunca muere."

Sonó un tercer disparo y Vicente, habiendo terminado su endecha, indignado gritó con su vigorosa voz:
-¡Hay que ser un poco más románticos...!
...
Tiempo después culminaba este idilio en el altar, constituyendo esa pareja un ejemplo de hogar y timbre de orgullo para nosotros los cajamarquinos.


Nicolás Puga Cobián


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CARTA A UNA ESPOSA AUSENTE

 

Cajamarca, 08 de febrero de 2010.

Querida esposa:

Cuando te despediste guardé silencio para que tu nombre no se fuera de mis labios.

Por pocos días estamos ausentes, tú de mí y yo de ti; sin duda el tiempo y la distancia se han confabulado para separarnos, aunque dichosamente sin renuncias lacerantes.

Para sentir la ausencia no se necesitan meses o años; basta un día o unas horas para estar rodeado de la ausencia, que es la madre de la soledad. ¿Por qué me siento inundado de ausencia desde el día en que te fuiste? Porque al retornar a casa nadie me espera; el recinto está callado, pero diciendo mucho; cada objeto del hogar guarda un mutismo con palabras escondidas; se escuchan los pasos del reloj como si no quisiera dejarse vencer por el tiempo, y cada golpe de aguja es el compás de una marcha interminable. En cada pétalo está la caricia de tus manos; en la mesa del yantar aflora tu inmensa bondad de madre; la camisa oreada y fragante en el cordel es una bandera de tu amor; percibo en todos los espacios tu incansable trajín tejiendo caminitos invisibles; y en el lecho insomne está la franja inmaculada que espera tu retorno. Desde la lejanía me llega tu hálito como una sinfonía silenciosa, como la eclosión más pura de tu alma tocando los ángulos más profundos de mi existencia.

Vuelve ya, no tardes. Vuelve a los rincones donde tus pasos son ecos de presencia, y donde las plantas que cultivas tienen el color de la dulce esperanza. Cada espacio vacío de la casa es para mí un tintero inagotable de sueños y recuerdos.

Vuelve pronto para que de nuevo aparezca el rayo de nuestras luces primigenias, para· que tus manos y las mías se enlacen otra vez en el hilo de nuestras venas cristalinas. En el abrazo del reencuentro nuestros corazones se abrirán de nuevo para oír y sentir el latido de la felicidad, y así danzaré triunfal alrededor de tu ser.

Viviré de nuevo cuando llegues; cuando entre la corola de tus labios vuelva a ver el esplendor de tu sonrisa, y todas las puertas de nuestro hogar se abran a la luz.

Entonces, de nuevo uniremos nuestro tiempo dislocado para seguir con la devoción eterna forjada entre los dos: el Amor.

Por siempre tuyo.

Luzmán

Luzmán Salas Salas

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Una carta de amistad

                 Querida Socorro: Me pides que escriba una carta acerca de la amistad y enseguida pensé que la mejor destinataria de ella podías ser tú misma. Las dos sabemos que estamos unidas por un sentimiento profundo, que trenzaron las redes del azar, “algo pasó” cuando nos conocimos en 1997. Fue el azar quien me llevó a tu casa y por puro azar te pude conocer puesto que recién regresabas de un viaje y yo estaba de despedida para viajar a Chiclayo camino de Piura. Fue poco más que una “presentación”, “Manuela, esta es Socorro”... “Socorro, es Manuela que ha venido desde Piura”. No puedo explicar bien qué sentí ante tu presencia, -soy viajera del mundo y conozco a muchas y diversas personas-, pero tengo el convencimiento de haber pensado: “he aquí una mujer que merece la pena ser conocida”, ya tu imagen, la dulzura que emana tu mirada, la cadencia de tus palabras sosegadas en tono un poco bajo para mi pobre oído... no lo sé, lo cierto es que me vino a la mente, aquella frase que le dijo “El Zorro”  al “Principito” en el hermoso libro de St. Exùpery: ”Lo esencial es invisible a los ojos”. Estaba convencida de que aquel breve encuentro iba a ser el primero de muchos más, como si hubiera podido vislumbrar este futuro, en el que continuamos nutriendo nuestra comunicación y estrechando nuestros brazos más allá de las barreras, que se interpongan entre nosotras, por más que sean oceános, rios, selva, montañas... toda la geografía que nos separa pero también nos une y nos enriquece, nos ayuda a tener una visión más amplia de esta Tierra que es patrimonio de todas las personas.

                 ¡Qué decir ahora de la amistad, de nuestra amistad!, ha crecido como un hermoso árbol en el jardín de la Casa Verde, entre los molles y sus compañeros, tiene nuestra propia estatura y sus raíces son bastante profundas. Se refleja en los vidrios de la galería con irisaciones de soles y atardeceres, con afanes de lavados y riegos, con ladridos y ecos infantiles, con infinitas miradas al cielo y a la tierra,  con sabrosas conversaciones en aquel banquito del corredor hacia la biblioteca, o sentadas en la cama de tu habitación o en la salita próxima a la cocina... o en la galería... o acompañándote en tus recorridos como “mensajera” de actividades culturales diversas... o en algún paseo extraordinario como aquel del “Jardín de las Hortensias”... o almorzando “nuestro menú” en cualquier restaurantito cajamarquino. ¡Qué suerte tan enorme haberte conocido!  ¡Qué encuentro tan especial entre dos mujeres tan distantes y tan distintas!

                 El canto a la amistad es un canto a la complicidad, a la apertura, al apretón de ojos y de manos, al abrazo que anima a seguir caminando, a creer en la vida, que duele a veces porque se agrieta a causa del dolor, de la incomprensión, del miedo, de las dudas, de las  pérdidas de todo tipo que el tiempo impenitente, va acumulando sobre nosotras y a veces, nos agobian, nos engullen, nos aniquilan. Pero en este río de la vida que nos lleva, tenemos la certeza de que aca estamos, para fortalecernos, para ayudarnos y alentarnos tanto en el tiempo y el espacio privilegiado de nuestro encuentro, como en los tiempos y espacios, de la distancia que nos separa, grande como las dimensiones de la Tierra a la que pertenecemos. ¡Qué mujeres tan semejantes y tan distintas! es el mestizaje fruto del tiempo, de la tolerancia, del diálogo, de la espera, de las contradiciones y los silencios, del decir y del callar, de ¡tantas cosas!

                  Sin embargo, a pesar de los pesares,  de las alegrías y las tristezas, de la cercanía y la distancia, las dos sabemos que “estamos” que “en un lugar del  mundo...¡cuento contigo! “... “ no hasta dos... o hasta diez... sino que usted puede contar conmigo”

                 Quiero decirte para terminar, que nuestra amistad se ha ido consolidando en Cajamarca a despecho de soles y vientos. Gracias a ti y porque somos amigas, se me ha abierto “mi mundo de Cajamarca”, que es sobre todo tuyo, pero que por suerte puedo compartir en alguna medida contigo: las dos participamos en tertulias literarias, conversaciones sabrosas con amigos, talleres con quienes lo piden, bailes y canciones y en alguna ocasión, algún traguito espiritoso. Gracias a ti, Cajamarca es ya una “estación en mi vida” donde se reúnen rostros cada vez más conocidos y estimados. Me has ayudado a tejer una pequeña red viva que se consolida año tras año: poetas, profesores, alumnos de la UNC y sobre todo, amigos. Siento que nuestra amistad se abre y se abre y “mi Cajamarca” está presidida por tu Casa Verde con sus habitantes, especialmente por ti misma, pero también por otras personas cada vez más y más conocidas, que se han ido instalando en ese entorno del que partimos en un atardecer de julio de 1997. Ante nosotras, se abre la vida y sus casi infinitas posibilidades, desde aquí y ahora, miremos al presente y al futuro, sabiendo que la amistad  es un “renacer del cuerpo... en un baño de ternura, un atardecer con sabor a tierra mojada... un camino siempre a la espera de ser recorrido...”  Gracias Socorro, ante todo gracias por ser quien eres, por ser “tú misma”, mi amiga del alma Socorro Barrantes.

                  ¡Un abrazo muy fuerte!

                                                                                          Manuela Serrano

Valladolid 23 de enero de 2010

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En el Camino…

                                           

Una luz en el camino…                                            

La antorcha flameante nos indica el sendero.

Hemos partido juntos desde la hoguera palpitante de nuestro ser, iluminada bajo  el fulgor y la fuerza de tus besos. Aquel recuerdo rebasa los límites de esta carta; como naciendo a un nuevo suelo y a un nuevo cielo me encontré sobre tus brazos, poseso de tu amor.

 

   Pasan los días, habrá días cuando esa mutación que ahora es un sentimiento, se eleve, propague y perdure… como tu nombre, ausente y musical. Mientras tanto, quiero decirte cómo soy, ahora lo que soy: un amante eternamente presente, en la frontera de la libertad y la vida.

 

   Solo me queda decirte muchas cosas; que los cielos grises, aquellos que  solíamos observar mientras caminamos por nuestras calles, compartiendo un helado, un café, conversando sobre los hechos circunstanciales y complejos de  esta vida, donde tu ternura calla los misterios que la vida guarda.  Pues esos cielos son tan solo matices de color, que tienden siempre a cambiar, de pronto. Ya que a través del tiempo pasan y llegan  a ser finalmente bellos, realmente bellos, tan  bellos como tus ojos, pues tú sigues mirando fijo hacia el horizonte, el horizonte casual y tierno de nuestro amor.

 

Amor, que se escribe solamente con el color pardo y cimarrón de tus ojos.

Amor, que siente solo con un beso inagotable y fresco de tus labios en flor.

Amor, que te abrazo y te llevo a la cárcel sin salida de nuestra pasión,

pues es fuego y aire en complemento vital.

Amor, que descubro en el candor de tu sonrisa y alegría.

Amor, en la latitud compleja e invariable de la vida.

 

Amor, que eres tú,…para mí.

                                    Amor, que soy yo… para ti.

 

Autor: Jorge Wálter Villanueva Cruzado

 

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