Vigilia por la paz

 

Escribe: Pc. Hugo REYNA GOICOCHEA

 Cajamarca, 04 de Marzo del 2009.

Como una obligación cívica y moral debemos asumir la convocatoria efectuada por los moradores del Barrio de San Pedro para participar en la fecha, en la Vigilia por la Paz, como una reacción natural de la sociedad civil frente al incremento desmesurado de la ola delincuencial y asesinatos que se vienen perpetrando en Cajamarca, en los últimos tiempos, sin avizorar una acción conjunta de las autoridades y de la Policía Nacional, para afrontarla, lo cual constituye una preocupación constante y ha originado un ambiente de inseguridad generalizada.

Y es que la delincuencia común, los asaltos en las carreteras, los robos y asesinatos, bajo la modalidad de “marca”, fácilmente se están convirtiendo en actividades cotidianas, practicadas por elementos de mal vivir, totalmente al margen de la ley, los mismos que vienen sembrando una ola de terror en la hasta hace algunos años atrás: Apacible ciudad de Cajamarca.

Llama poderosamente la atención que esta ola delincuencial, los asaltos a mano armada, bajo la modalidad conocida en los bajos fondos de “cogoteo” y “marcas”, asaltos a los ómnibus de transportes de pasajeros, robos en los domicilios, establecimientos comerciales y en las entidades financieras, y lo que es más crítico: asesinatos de ciudadanos, sean pan de cada día, en nuestra ciudad sin que la desprotegida población pueda tener certeza de a quién poder acudir para su defensa.

Pareciera, al decir de un trajinado periodista cajamarquino, que en nuestro medio si se concretan los “crímenes perfectos”, lógicamente frente a la inercia policial; sino recordemos los asesinatos cometidos años atrás, los mismos que quedaron en la impunidad, de algunos ciudadanos que nos vienen a la mente, tales como el de Simón Inga, destacado futbolista que militó en UTC, la srta. Lalo Muñoz, Ramón Narro, Jorge Grosso, el taxista Milton Uben Castope Rimarache, el empresario Urtega, el rondero Isidro Llanos Chavaría, los mismos que pese al trascurrir del tiempo, siguen siendo heridas abiertas y sangrantes en la memoria de sus familiares directos.

Toda esta problemática, dramática y peligrosa, por cierto, nos impele a tomar conciencia de lo delicado de esta situación, caracterizada por altísimos niveles de violencia, que trastocan lo íntimo de nuestra naturaleza humana, lindando con el salvajismo y la barbarie.

Es por ello que constituye una obligación de nuestra parte movilizarnos en torno al restablecimiento de un clima de paz en nuestra comunidad cajamarquina. Vayamos todos, con nuestras familias, vecinos y amigos el día de hoy a la misa de horas en la iglesia de San Pedro a las seis de la tarde, y luego a la  Vigilia de la Paz, en homenaje a tanta víctima inocente, originados por demenciales asesinos, que es necesario frenar. Que las muertes de Pedro Terrones Núñez y de Desiderio Bardales Ayay, el último domingo en Yanacancha Baja, no sean datos más de la espiral de violencia en Cajamarca.

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