ESCLAVITUDES DE LA MODERNIDAD
Escribe: Jorge Wálter Villanueva Cruzado.
Recuerdo con
bastante nitidez un artículo que escribí años atrás cuando colaboraba con un
periódico informativo en la Universidad, éste se titulaba “la Navidad no llega
en papel de regalo”. Ahora en la actualidad donde somos testigos de la creciente
pérdida de valores que se produce en todo ámbito, queremos recordar aquel
hermoso ensayo “ El Arte de Amar” de Erich From donde plantea que el amor no es
un objeto sino una facultad y lo que hay que cultivar es precisamente esa
capacidad de amar que todos tenemos y no caer en la repentina búsqueda muchas
veces obsesiva del objeto amoroso, pues no es precisamente el hecho de recibir o
la ansiada necesidad que tenemos de ser amados, sino el rol fundamental que
asume la persona cuando hace de esta facultad una sentimiento productivo hacia
los demás.
Es necesario dar sin esperar recompensa, así nos afirma San Pablo en una de sus hermosas cartas; “es necesario dar hasta que duela” nos dice la Madre Teresa de Calcuta; en la actualidad donde el crecimiento económico que todos en alguna medida somos partícipes y beneficiados caemos en la tentación de asumir gastos e inversiones que muchas veces caen en una “devoción”, en una pasión desmesurada por el ansia de conseguir objetos en los cuales encontramos un amor desmesurado por obtener cosas materiales un “fetichismo” por así decirlo, conseguir con ansia y exageración cosas que justifiquen una comodidad que no siempre va acompañada de todo lo que nosotros buscamos “nuestra felicidad”; y eso se llama la cultura del fetichismo, donde la gran mayoría de los hombres buscan con ansia las cosas ( adelantos tecnológicos, instrumentos, utensilios, detalles, adornos, etc.) y lo que la moda imponga, aún más en la era digital que estamos viviendo. Las cosas materiales ayudan, los instrumentos tecnológicos fruto del adelanto científico en la era actual digital nos apoyan, nos suministran información eficaz con prontitud, aún más si nos servimos de ellas con esmero, pertinencia, y mesura, en un mundo globalizado donde el conocimiento, la competitividad se hacen más necesarios y urgentes, son convenientes.
Santa Teresita, la Doctora de la Iglesia nos afirma en su libro historia de un alma “la felicidad no está en las cosas sino en la grandeza del alma”. Si bien es cierto el importante adelanto de la ciencia y la tecnología nos permite no sólo disfrutar de comodidad y simplificar nuestro trabajo en muchos niveles y ámbitos, tampoco podemos negar según nos afirma el Papa Benedicto XVI “la tecnología digital debe servir para el bien del hombre y por lo tanto de la humanidad”. Así podemos afirmar que las cosas ayudan mas no determinan.
Y lo que no queremos convertirnos es en “Esclavos de la modernidad”.
Se lamentaba la gran poeta y novelista George Eliot (seudónimo de Mary Ann Evans, 1819-1880):
“¿Adónde fue la sabiduría que perdimos con el conocimiento,
Adónde el conocimiento que perdimos con la información?”.
Hoy en día estamos enterados de todo, pero en realidad no sabemos nada. Vivimos bajo el imperio de la información, pero el conocimiento languidece y agoniza la sabiduría. De ahí que se esté desarrollando un verdadero culto a ciertos estereotipos que muchos se esfuerzan por alcanzar y que los demás envidian en silencio.