Temas Navideños.

 

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Buñuelitos fritos…

 

A mi Madre: Florinda Azañero Inga.

 

-         Ya están listas las mesas para servir el desayuno a los pensionistas, le dije a mi Madre.

-         ¿Con servilletas?

-         ¡Las tres mesas!

-         ¿Y las esenciaras?

-         ¡Todas con café fresco!

-         Muy bien ahora llámalo a tu papá para tomar nuestro desayuno.

En momentos que me dirigía a llamarlo, distinguí, por la ventana de la cocina que daba al pasadizo, en el umbral de la puerta la silueta de mi Padre.

-         ¡Ya viene ¡ le dije a mi Madre.

Se acercó a mi lado, y divisó a mi Padre en la puerta del pasadizo, estaba conversando con alguien, pero por el contraluz que se formaba con su cuerpo no se distinguía su cara con nitidez

-         ¿Qué tiene en su mano? me pregunto mi Madre.

-         ¡Es un panetón! le contesté.

Inmediatamente se retiró de la ventana, puso sobre la mesa una batea pequeña circular y colocó en ella harina, levadura, sal y un poco de azúcar y empezó a amasar

-         Alcánzame dos plátanos, me dijo

Le alcance los plátanos, los peló y los aplastó en un pocillo y agregó a la masa.

-         Alista la mesa para que tomemos el desayuno.

-         ¡Bueno mamá!, le contesté.

De inmediato coloqué dos azucareros, una esenciara con café fresco, un vaso con servilletas de papel de despacho y arregle las sillas; en ese momento entró mi Padre diciendo:

-         ¡Ya probamos un Donofrio, ahora probaremos un Motta!, dejando el panetón sobre la mesa, que cierren la tienda y tomemos todos, acotó.

En esos tiempos había sólo dos clases de panetones Donoftio y Motta eran las marcas que existían o que llegaban al comercio de mi Padre.

Otra cosa que me llamó la atención era ‘cerrar la tienda’, generalmente no cerrábamos la tienda, al que cuidaba le llevábamos sus alimentos para que siga atendiendo, pero esa mañana fui con el mensaje de cerrar la tienda.

Cuando llegamos a la cocina ya estaban instalados, mi Padre en la cabecera y a su derecha un asiento vacío.

-         ¡Pasa pacá! me dijo señalando el asiento vacío.

Todavía no era Navidad, me parecía raro que todos estemos desayunando, así era para algún cumpleaños, pero eso día no había nada especial que celebrar.

Destaparon las paneras que contenían pan fresco y empezaron a servir el panetón, a mi Padre le alcanzaron una porción grande, la recibió y me alcanzó…

-         ¡A él no le gusta! dijo mi Madre alcanzándome una porción más pequeña…

-         ¡Que cholo pa’ burro! dijo mi Padre, recibiendo su porción de panetón que le entregaba.

Tomamos el desayuno sin mayores comentarios y cuando nos íbamos a retirar de la mesa mi Madre empezó a servir dulceras con los ‘Buñuelitos fritos’ y miel en teteras de losa pequeñas.

-         ¡Esto es lo que le gusta a mi Juan! Dijo mi Madre alcanzándome una dulcera colmada de buñuelitos.

Todos empezamos a servirnos, saboreando la exquisitez de los buñuelitos.

-         Esto está más ricazo que los panetones, dijo mi Padre pidiendo repetición.

Yo me sentía muy contento disfrutando mi antojo que mi Madre había preparado y que me gustaban mucho, cuando terminé le agradecí diciéndole que en Navidad espera más buñuelitos porque todavía estábamos finalizando noviembre.

Así era mi Madre, muy bondadosa, solícita y atenta, adivinaba mis deseos y los satisfacía sin esperar que le diga lo que quería.

Juan C. Paredes Azañero

Cajamarca diciembre 2021

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