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Hugo REYNA GOICOCHEA
Con
las disculpas del caso, por tratar este delicado tema, al margen de la
religiosidad, cuando en realidad deberíamos de referirnos con sumo respeto a tan
venerable festividad, la más importante del mundo cristiano: “La Navidad,
el nacimiento de Dios hecho hombre”.
Recordamos con nostalgia, cuando niños, el disfrute de los días previos a la Navidad, los mismos que indudablemente calaban de entusiasmo y tradicionalidad, en toda la población cajamarquina. Preparativos con singulares formas, para tan importante acontecimiento: el nacimiento del Niño Dios. El montaje de los nacimientos, la preparación de los pastorcitos, las pallitas, los cantos navideños, los ensayos de los niños que tendrían que desarrollar el papel de José y María y, ocasionalmente, el de un infante como “El Niño Dios”, en el pesebre o nacimiento en vivo, previos paseos por las principales calles de la ciudad, al son de cánticos y tonadillas propias de un mundo, y una cultura delineada en torno a una cosmovisión andina.
Los años pasan, los años vienen, como no podía ser de otra manera, la globalización, el inusitado desarrollo de la tecnología de los medios de comunicación masiva, invaden nuestra sociedad, la hacen masiva, nos imponen comportamientos y nos inducen al consumismo. Ya no habrá “noche buena” sin un sabroso pavo, sin panetón, sin chocolate, sin regalos, brindis y cuantas cosas más de superficialidad vana y ajena a la llegada del Redentor.
Los creativos nacimientos, de papel pintado con especial esmero, con la mezcla de anilinas, con musgos y achupallas, vienen siendo desplazados poco a poco, ahora por los llamados “belenes”, para estar a tono con las costumbres de otras latitudes. En las casas los árboles de navidad, con multicolores luces, los papanoeles o los Santa Claus y las carrozas tiradas por grupos de renos en recreados ambientes con nieve, se apoderan del motivo navideño, en conjunto orientado hacia superfluas reuniones de la noche buena, en la que los brindis y deseos de felicidad, están al margen del motivo principal de esta fiesta que, a tono de su Creador, solo nos pide absoluta humildad.
Por el lado comercial, los medios de comunicación bombardean las conciencias con subliminales mensajes sobre las bondades de sus productos: comidas, bebidas, artefactos electrodomésticos, artículos de belleza, teléfonos celulares, y una amplia gama de bienes de consumo, todos por supuesto en una concepción de un secular consumismo.
Nuestras autoridades locales o municipales asimismo, a tono con las exigencias y presión de supuestos comerciantes, con criterio pueblerino, también hacen lo propio. Pese a los reclamos y oposición de los vecinos afectados, autorizan, el uso de las vías públicas para improvisar, lo que absurdamente denominan: Feria Navideña. ¿Cuál feria navideña?, si de lo que se trata es del establecimiento, a decir del término común, de toldos y chinganas, a lo largo y ancho del jirón Chanchamayo, en la que se han instalado supuestos lugares para la venta de todo tipo de artículos de consumo popular: comidas, bebidas, ropa, zapaterías, juegos de fulbito, y otras huchaferías más, que hacen de este sector, un lugar sumamente peligroso, por la presencia de gente de mal vivir, con acumulación de basura y de fétidos olores porque simplemente, la gente utiliza las calles para hacer sus necesidades primarias, luego del consumo de licor, alrededor de tan peculiar feria “navideña”.
Son decenas de vecinos los que impotentes, alzan su voz de protesta, ante una gestión municipal incomprensiva y prepotente, que improvisa y utiliza el facilismo, sin ningún tipo de criterio de defensa civil y seguridad ciudadana, ante el cierre del tráfico vehicular y la invasión de comerciantes y vianderos, en ambas vías de este, desde ya, caótico jirón Chanchamayo, afectándose la actividad comercial de pequeños negocios y talleres de servicio, que verán mermados sus ingresos por tal irracional disposición municipal hasta mediados de enero, si es que no se renueva la autorización para ceder la posta a la “feria carnavalesca” que ya se aproxima.
Así de compleja es esta nuestra sociedad, convulsionada en los últimos meses por un clima de tensión social, de dimensiones colosales, que nos involucran en disyuntivas muy difíciles de prever para recuperar la paz al corto plazo. Entre tanto no nos queda sino, simplemente expresar, pese a todo: ¡FELIZ NAVIDAD!.