APRENDIENDO A LLEVAR MI CRUZ

 

              Por Lili Larrea Díaz*

 

Un tribunal sentencia al acusado a prisión perpetua. Cuántas veces observé el efecto que hacían estas palabras en el reo que ocupaba el banquillo y vi pintado en su rostro el desaliento y la desesperación que le infundía la idea de vivir, el resto de su existencia, privado de libertad.

Cuántas veces admiré, sin comprender, la chispa interior que sigue estimulando a algunos hombres para continuar la lucha.

Solamente ahora, en el crepúsculo de mi vida, empiezo a comprender esa chispa divina que hace vivir al preso. Porque ahora yo también estoy "presa". El "juez", que casi ha aniquilado mi vida es inmisericorde y experto en el arte de torturar. Todos los años invalida a millares de hombres, mujeres y niños. Los obstáculos que opone al movimiento corporal son peores que los muros de la cárcel: se llama ARTRITIS.

Tenía 25 años y desempeñaba el cargo de Directora de una Escuela rural, cuando esta enfermedad apareció en mi cuerpo. Lenta pero irresistible invadió varias articulaciones y ahora está atacando incesantemente los dedos de mis manos.

Por espacio de varios años luché contra la Artritis y me esforcé por atender y educar a mis hijos. Finalmente en el año 1987 me vi obligada a retirarme del sector Educación. He resistido muchos tratamientos, he tomado mucha medicina, pero la Artritis sobrevivió también. Ahora ya no guardo dietas, no me dejo operar y casi no tomo medicina, porque un incidente ocurrido en el año 2004 cambió por completo mis ideas. Aquel año conocí en el Hospital de “EsSalud” a una mujer pálida, flaquísima y desfigurada por la Artritis, pero, sin embargo, vi en sus brillantes ojos una chispa, que despertó mi envidia. Y oyéndola hablar me convencí de que sus propios sufrimientos le habían hecho encontrar paz, dicha y vida nueva en los dominios del espíritu indestructible donde vive el hombre verdadero.

En aquel instante y lugar comprendí que el monstruo que se había apoderado de mi cuerpo no podría nunca avasallar mi espíritu.

Yo edifiqué, dentro de las paredes de mi alcoba y con materiales de mi propia mente, una vida y un mundo nuevo.

Es difícil y muy cruel resignarse a la vida de minusválido. Llaman al teléfono y uno no acierta a dar cuatro pasos para contestar, no se puede sentar ni mantener mucho tiempo en pie, ni vestirse sin ayuda ajena.

Es muy amargo para uno darse cuenta de que no puede hacer muchas cosas, ni cruzar la calle para conversar con una amiga.

Pero si es verdad, muchas cosas me eran ya imposibles, hay otras -y tal vez mejores- que puedo hacer: puedo ser mejor madre, mejor amiga; podría cultivar la parte más noble de la vida con actos de bondad y de amor.

Tengo la suerte de poder interesarme en distintas cosas, pues una mente ocupada es menos vulnerable al dolor.

Las horas transcurren lentamente a la dorada luz solar que ilumina mi cuarto y ya sin prisa alguna leo más obras de religión, obras clásicas, etc. La lectura me ha dado a conocer a otros inválidos que no se dieron por vencidos: a Juan Keats, que escribió sus más inspiradas poesías consumido por la tuberculosis; a Florence Nightingale, que reorganizó los hospitales ingleses desde su lecho de enferma.

Es consolador saber que, oculta bajo la superficie de las dolencias físicas, fluye una corriente compensadora de goces espirituales que tal vez nunca hubiera conocido, sin el aguijón del sufrimiento material. Hasta el Sol que calienta el cuerpo, haciéndole olvidar su fragilidad, me procura una dicha que no puede compararse con nada de lo que experimenté cuando daba la salud por segura.

He aprendido a encontrar placer en las cosas sencillas: una ráfaga de brisa que agita las cortinas, un capullo de encendido rojo que se balancea al frente en el jardín.

En el silencio de la noche he aprendido que la enfermedad agudiza en el hombre la conciencia de Dios. Siempre he sido creyente, pero ahora me encuentro más íntimamente unida a lo divino y, en consecuencia, con fe y valor mucho mayores que antes.

Creo imposible que las personas soporten constantes sufrimientos físicos o mentales sin la confortadora convicción de que late en lo íntimo de su ser una fuerza que tiene algo de divino y que le permite vencer extremas dificultades materiales en un gran triunfo del espíritu. Cuando el dolor tortura su cuerpo, el minusválido duerme breves ratos, tal vez una hora o dos, y vuelve a encontrarse solo con sus recuerdos, sus problemas y su Dios. De esas horas de lucha se extrae una filosofía personal.

Se adquiere nueva humildad y ya no se considera el "Centro del Universo", sino pieza insignificante de un Plan Maestro. Empieza a ver que cada persona tiene su cruz y su calvario.

Hasta en los peores días encuentro cierta cantidad de contento. Qué importa la deforme envoltura en que uno se halle, con tal de seguir viviendo. La voluntad de vivir es más fuerte que los dolores del cuerpo.

He descubierto un balance filosófico desde el cual me defiendo hasta de los ataques salvajes del agotamiento, del fastidio y de la propia compasión, a los cuales son tan susceptibles los que viven confinados. Y a medida que he ido deshaciéndome de los grilletes del miedo, me he dado cuenta de que es el miedo, no la Artritis, lo que en mayor medida causa la invalidez de las personas.

No hace mucho, una amiga vino a visitarme y dijo, con honda compasión:

-"Se sentirá muy cansada de estar casi siempre en cama..."

-¿Cansada? -exclamé, con sorpresa-. ¡Nada de eso! ¡Estoy muy atareada, para sentir cansancio...!

Sí. Estoy muy atareada, aprendiendo a vivir de nuevo...

 

--------- Ilustraciones:

1. Víctor M. Portilla Carhuapoma: “En el jardín”

2. José Luis Chávez Tejada: “Camino nuevo”

3. Foto: Guillermo Bazán Becerra – “Puerta a la luz”

Más información: San Miguel de Pallaques "Puerta del Cielo"

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* Lili Larrea Díaz, profesora de Educación Primaria, natural de San Miguel de Pallaques, Cajamarca, cesó del magisterio ejerciendo el cargo de Directora de una Institución Educativa de San Miguel, su cuento Aprendiendo a llevar mi cruz ha sido galardonado con el Primer Premio en los "Primeros Juegos Florales de las Personas Adultas Mayores de los Centros del Adulto Mayor – EsSalud - 2009", convocado por EsSalud a nivel nacional, la ceremonia de premiación se llevó a cabo en la ciudad de Trujillo - La Libertad en Diciembre del 2009.

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