MIS NIETOS

 

 

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Antonio Goicochea Cruzado

 

Creen mis nietos que los engrío porque soy un viejo bonachón, si la verdad supieran se caerían de espaldas o abrirían la boca más que cuando el lobo pierde un apetitoso bocado. Como si este mundo estuviera al revés, son ellos los que llenan mis soledades con sus travesuras, con sus inquietudes y querer saberlo todo, son ellos los que alegran mis tristezas, son ellos los que endulzan mi vida.

Cuando experimentamos con arcilla, con el hielo, con la sal, con las lunas de aumento, con los imanes, con los espejos y la luz, con caleidoscopios, cuando hacemos ensaladas, empanadas y cachangas…. Ellos creen que sólo los estoy preparando para la vida y enseñando las leyes elementales de la naturaleza, cuando en realidad a través de ellos se nutre el niño explorador e investigador que aún llevo adentro y que en ellos me realizo.
Soy yo el que se alegra con sus particulares maneras de explicar el mundo: Que llueve porque el agua no puede sostenerse ya en las nubes, que el lorito escapó de la jaula porque quiso ser libre no porque ellos en un descuido dejaron abierta la puertita de la jaula; que no saben cual es primero: la lluvia, el río, el mar o la nube; que los camarones se vuelven rojos de vergüenza al ser hervidos, que la leche la dan las vacas y no los supermercados; y, otras ingeniosas explicaciones de las incógnitas de la vida.

Cuando me retan a las fuerzas, o me invitan a nadar, o cuando me dicen “Oye Antonio estás guatón, cuando me dan un beso en la mejilla y se dan cuenta que mi barba cosquillea, me alegro y a veces río estentóreo o sólo para mis adentros.

Soy una víctima de la modernidad, con dificultad manejo mi teléfono celular, … el iPhone, la Tablet y las demás TIC, como decía mi mamá cuando algo era difícil de comprender o aprender, es para mí griego. Ellos me enseñan a manejar los aparatos a los que los fabricantes han dado en llamarles de obsolescencia programada, porque ya no duran como los de antes y al año hay que cambiarlos.

Se ríen con el primer entusiasmo de mis anécdotas que las repito una y otra vez, sin darme cuenta que ya son un refrito.

Presto me ayudan cuando en los controles del aeropuerto, olvido de sacarme el cinturón y distraído, cuando me lo saco, casi se me cae el pantalón.

Me alegré sobremanera cuando uno de ellos fue elegido en su grado como el mejor amigo o cuando terminan el año académico con sobresalientes.

Me alegro de sus éxitos académicos. Me alegra que sean lo que son.

 Cajamarca, 26 de agosto de 2019.

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