UN 11 DE OCTUBRE DEL 2020

 

Presentación   Mitos, leyenda y narraciones

 

 

Mariano Chávez Vásquez

 

Y llegó el segundo domingo de octubre, y con él la fiesta, nuestra fiesta, en honor a nuestra Virgen del Rosario; la cual estará presente en la historia de todo ichocanero como un viaje, familia, tradición, añoranza, alegría y recuentros.

Fines de setiembre se iniciaba las matanzas de chancho, haciendo las cecinas, las salchichas y los rellenos para que se oreen para la fiesta y se compartía el chane (mote, chicharrones, frito y trigo rajado) con la familia y vecinos, además se juntaba la manteca para los amasijos, donde desfilaban el pan, los bizcochos, las cemitas, las roscas y la infinidad de turcas, dulces, suspiros, hojaldres que no podían faltar en nuestras mesas. Ya se iba sintiendo la fiesta cuando se recogía y se vendía taya, higo, cochinilla hasta los cuyes y huachos para comprarse ropa, y también para disfrutar de las mesitas que llegaban con anterioridad y los pirotécnicos para elaborar los castillos de la fiesta.

El viernes a esperar en la Atahualpa y la Días la llegada de los familiares y paisanos con un abrazo fraterno ayudando a cargar las maletas y llegar a casa, al hogar de toda la vida y en esa algarabía escuchar venir la banda desde el barrio San Isidro con algunas piezas de los castillos que emocionaba la llegada y el reencuentro de los ichocaneros, sintiéndose el inicio de la fiesta.

El sábado empezaba temprano con la misa de alba y la procesión en la plaza de armas y para el medio día los mayordomos y comité de damas en la iglesia haciendo detalles para que nuestra Charito se vea reluciente y la banda tocando las retretas en el quiosco disfrutando del reencuentro de la familia y los amigos mientras los pirotécnicos hacían su trabajo, quedando en el recuerdo la entrada intempestiva de las vacas locas y los globos que se alzaban en la plaza de armas, para luego disfrutar de los castillos, bombardas y los chetes con paracaídas para irse corriendo para atraparlos y a las palomas . Luego de ello el gran baile social que se realizaba inicialmente con la banda y poco a poco fueron llegando el Sétimo Sonido de Cajamarca, los Dorados y el Grupo Vida de Trujillo, hasta este año que se especulaba la llegada de Grupo 5 y con ellos disfrutar del baile principal de la fiesta, para luego y en madrugada ir a dar la serenata a la virgencita donde se entrelazan los sentimientos, la alegría y la nostalgia de ese momento perdure para siempre y quien no derramo una lagrima cuando se canta Mi Viejo Ichocán.

A las 11 de la mañana teníamos que estar en misa y acompañar la procesión de nuestra patrona por el pueblo con mucha fe rogando por su bendición y amparo para volver siempre a ella. Después a disfrutar de los manjares de la tierra y las diversas actividades culturales y sociales para la noche disfrutar de los bailes con la banda y abrigándonos con unos cortitos para el frío.

El lunes visitar a los familiares, paisanos y disfrutar de los amasijos y de las tertulias de la fiesta y de los recuerdos coger chompa a hombro para ir al Molimocho a ver el fútbol grande y como siempre la confraternidad, la alegría que acompañan hasta la noche para disfrutar de la banda de músicos y el baile social.

Así llega el martes ya con el cuerpo un poco desentonado, pero con fuerzas y escuchando las retretas en la plaza de armas con marineas y pasos dobles anunciando el sol, sangre y arena para alistar la chompa al hombro y acudir a la Monumental Plaza de Toros de Ichocán para gozar de la tauromaquia e ir escuchando los ofrecimientos para el próximo año.

Pasa la fiesta y todos vuelven a su realidad, a su hogar, a su trabajo y a marcar las distancias de la vida, pero se van rejuvenecidos con muchas anécdotas y una sonrisa y, paradójicamente, con un año más de vida donde empiezan nuevamente a planificar su retorno para el segundo domingo de octubre del dos mil infinitos, de volver a nuestro pedacito de cielo, a la Posada de la Larga Vida, a nuestro querido y añorado Viejo Ichocán.

Por eso, en esta pandemia a más de 2,000 Km de distancia, siento que mi corazón está en casa saboreando y disfrutando con la familia las delicias de mi madre, tomando unas cervezas con los amigos en “El Palomo”, acompañando en la misa y precesión, tomando un cortito en la noche para el frío antes de empezar el baile y gozando de todas las actividades de nuestra fiesta.

Y sólo queda decir, feliz y feliz fiesta patronal mi Ichocán.

 

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Cajamarca, 12 de octubre 2020.

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