HECHOS   PARA DESTRUIR

 

Presentación      Coronavirus

 

 

Escribe  César Alfaro V

 

Es una metrópoli donde viven 11 millones de personas y a la que le llaman “la olla” por sus altas temperaturas (37. 7  grados Celsius). No es tan conocida como Pekín o Shanghái pero es la séptima ciudad más grande del gigante Asiático: La China (y la 42 del mundo).

 Se llama Wuhan y allí estalló el brote del SARCOV2 o COVID19. O allí lo parieron, o lo engendraron, o lo abortaron (ya no se sabe ni que decir). Y arrojada al mundo para hacer daño.

Será consciente el corona virus del mal que viene causando en el mundo entero? Mejor replanteamos: serán conscientes los chinos del monstruo que recorre los países trayendo  muerte y desolación.  No está muy lejano ni es desconocido el tema “La compulsión de matar”, donde se señala que en los primeros ciento  cincuenta años de los últimos doscientos, en el occidente civilizado (supuestamente civilizado) la  principal ocupación del hombre ha sido matar.

Cada minuto un ser humano ha dado muerte a otro ser humano. En los últimos cincuenta años, la pausa entre una y otra muerte violenta se ha reducido a un tercio; es decir que actualmente cada veinte segundos un hombre mata a otro hombre.

 Considerando pues la destructividad, la brutalidad y la estupidez de la especie humana, yo comparto la opinión de Lorenz de que es inútil seguir buscando el eslabón perdido, porque el eslabón perdido somos nosotros. “Si yo creyera (dice el mismo Lorenz) que el hombre es la imagen definitiva de Dios, entonces no tendría mucha confianza en Dios”.

 Al pie de la letra he copiado parte del artículo:” El  asesino  desorganizado” de    Marzo Aurelio Denegri. El viejo intelectual (muerto recientemente) director y conductor de “La función de la palabra”, menciona en este mismo estudio a  Niko Timbergen, científico de renombre mundial, quien ha dicho, justo, que  el hombre es un asesino desorganizado.

 

Sigue Marco Aurelio “En  el comportamiento agonístico o agonal de los animales; esto es, cuando luchan o pelean (“agòn”  en griego significa lucha, combate; y por eso se dice “agonía” de la lucha postrera de la vida contra la muerte), repito que en el comportamiento agonístico de los animales, un gesto de sometimiento, de  humillación, pone fin a la contienda. No bien reconoce uno de los contendores su derrota, muestra al adversario  su punto más vulnerable.

Los cuervos y otras aves ofrecen la parte posterior de la cabeza; los perros y los lobos la garganta. En el mismo instante del ofrecimiento, el vencedor debe interrumpir la lucha, y la interrumpe. Una inhibición propia de su especie le impide dar el mordisco final. De esta manera, el más fuerte  se impone, pero el más débil sobrevive. El hombre en cambio, carece de esta inhibición automática: da el mordisco y mata al rival”.

El camino de la flecha a la bomba atómica es, en realidad, la trayectoria de una desinhibición. Perdido el control instintivo que impide matar al contrincante, surgió la posibilidad de matarlo innecesariamente. El hombre mata por gusto y se complace en ello. También es el único animal que se ensaña, esto es, que se deleita en causar el mayor daño y dolor posibles a quien ya no está en concisiones de defenderse.

 El hombre ha dicho Rolf  Denker, no puede comportase como un animal sino con mayor bestialidad que cualquier otro animal.

Habrá que pensar en consecuencia, como ciertos gnósticos que a nosotros no nos creó Dios sino el diablo, en un momento en que Dios estaba descuidado. O parafraseando a César Vallejo bien diríamos “Que nosotros nacimos no un día en que dios estuvo enfermo, sino GRAVE”. Somos pues diabólicos y manifestación palmaria  de ello es nuestra perseverancia en el error.

El yerro prosigue y la situación se empeora. Parece haber en nosotros vocación de peoría, y no como seria menester, ánimo de mejoría.

Por eso el sacerdote  de la diócesis de Cajamarca haciendo  misa en la catedral (que se ve en una TV local) ya lo repite varias veces: Dice “Vengan ya a la misa, vengan ya a la eucaristía…NO estén por allí  gafeando por las calles o por los súper mercados”. Gafeando, sonseando, cojudeando”  (perdón este último termino es mío),”  porque si lo hacen contraerán el virus”. Y acaso lo entienden o hacen  caso? NO.

  Es decir persisten en su error, son irresponsables, no tienen respeto por nadie (los pobres,  tienen mejor juicio a pesar de su poca preparación).  

Séneca, decía que es propio del hombre equivocarse. Cierto, sólo que siempre conviene agregar, que es diabólico  perseverar  en el error.. La perseverancia en el error es una de las características más detestables del ser humano; y una de las más peligrosas: Estar dotado de razón y ser insensato, es mucho más grave que no estar dotado de razón (Denegri)

Muy terco en el tema, yo sigo en este afán de luchar por la vida declarándole la “guerra santa” al COVID: usando mi mascarilla, guardando la distancia y lavándome las manos. Lo hago a pesar que “la muerte” es  lo único  cierto y seguro que tenemos en “la vida”.

 

Cajamarca, 15 de julio de 2020.

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