¡SAUDADES, SAUDADES!

 

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Consuelo Lezcano Ruiz.

 

        Corría el año 94, con sus apagones que inesperadamente dejaban a la ciudad en tinieblas, cuando un puñado de inquietos visionarios emprendieron la idea de fundar un diario para Cajamarca y me invitaron para ser parte del grupo gestor. Confieso, que acepté la gentil invitación con cierta timidez al recordar la corta vida que tuvieron muchos periódicos en nuestro medio. Por razones obvias de explicar. La idea fue madurando en el grupo y en pocas horas se bautizó al recién nacido, sin cura, ni agua bendita ni padrinos, con el nombre de “Panorama Cajamarquino”

       Y, no me cansaré de decir que, en verdad, había que “sudar la gota gorda”, como se dice en argot callejero. ¿Editar un periódico sin contar con toda la tecnología y apoyo logístico, necesarios y, en una ciudad que deshilvanaba el tiempo agobiada por frecuentes apagones, con su sistema de transporte insuficientes y obsoleto, amén de otras precariedades, era realmente una acción quijotesca; pero Cajamarca requería de periodismo escrito y no quedaba otra opción que poner el hombro para que este sueño se haga realidad?

A partir de entonces, la directora, tenía que ser la mujer orquesta, cumplir, además de sus tareas de escritorio, las de reportera gráfica, pescadora de noticias, buscadora de suscriptores y de colaboradores, también las de conserje y de otras menudencias más. El Jefe de Redacción era muy exigente y, también hacía de profesor pues, a falta de secretaria en un par de horas y con voz de mando, me enseñó en forma práctica a tipear en la voluminosa computadora que nos dieron en calidad de préstamo para agilizar el trabajo. Para calmar sus iras santas no había mejor remedio que la tacita de café bien cargadito y humeante.

  Han transcurrido 26 años de aquellos avatares, sazonados con muchas anécdotas, dignas de escribir un librito para hacer reír a nuestros nietos y la pléyade de jóvenes periodistas que a lo largo de estos años han dado y siguen dando su valioso aporte al hoy Panorama Cajamarquino, que dejó de vestir pantalones cortos para lucir corbata y terno de fina gabardina, liderado por hábiles directores entre ellos a don Jaime Abanto Padilla que tantos galardones le hizo ganar con su ágil y erudita pluma de poeta y escritor; actualmente, con la no menos eficiente y dinámica Rosita Cruzado.

          Y, yo, con mi paso ya cansino y la nieve que cubre mis cabellos, guardo como uno de mis mejores tesoros aquella época de febril quehacer periodístico. Y, mirando a mi vieja y amada PENTAX, la consuelo diciéndole muy quedito: compañera silenciosa de aquella días ¡Te amo de veras  y por más que te miren de soslayo las modernas maquinitas  de última generación ¡Jamás te enviaré a un museo para que duermas el eterno sueño y te lancen miradas burlonas !Hasta el último minuto de mi existencia- que ya no está lejano- te arroparé con mis arrullos, acariciando tu oscura piel y en secreto diálogo recordaremos nuestras sudorosas caminatas y hasta los tremendos golpes que te diste por seguir nuestros alocados pasos. A tu lado están los viejos casettes que registraron las entrevistas hechas a personajes de aquella época, muchos de ellos ya ausentes para siempre.

 Cajamarca, 06 de octubre 2020.

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