Los jóvenes y el alcohol

 

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Por: Gamaniel Guillermo Silva Rodríguez

El carnaval; es una fiesta que nos trajeron los españoles y se ha mezclado con los aportes de nosotros, dando un resalte singular en la región norte del país. Lo pintoresco, son las coplas de cuartetos octosílabos, las “patrullas”, las comparsas, una danza carnavalesca, como “el cilulo”. La presentación de hermosas jovencitas de los diferentes barrios de la ciudad, que por su belleza disputan el cetro de la “Reina del carnaval”.

En algunos barrios, se preparan las “unshas”, un árbol cortado que se lo replanta para bajarlo nuevamente a golpe de hachazos, donde los organizadores han colocado diversos productos para recoger, cuando haya caído al suelo. Una fiesta con música a alto volumen, baile y cervezas. En toda esta algarabía el agua es un verdadero problema. No tenemos agua potable suficiente para beber e incluso no alcanza para abastecer a los habitantes de la ciudad, pero el derroche  del agua en carnavales es incomprensible (Guerra de globos, incluida).

Un punto importante para resaltar, principalmente en tiempo de carnavales, es el consumo de alcohol. Queremos centrarnos en los adolescentes. Vemos a jóvenes de 12, 13 años bien “huasqueados”, chicas y chicos, pero la excusa es: Carnaval tiene la culpa. Decimos que, es ilegal consumirlo antes de los 18 años, pero en esta temporada, nos olvidamos de todo. Además, las autoridades no muestran empeño en mejorar esta situación problemática, porque no hay sanción alguna.

La accesibilidad a las bebidas alcohólicas va en aumento. Para los jóvenes, el consumo de alcohol, es alegría, superación de la timidez, mejor estado de ánimo, etc. Entonces, ellos piensan que es una diversión e integración entre amigos y amigas. Los jóvenes, no asocian el consumo de alcohol con los problemas que se derivan y también no creen que haya consecuencias negativas. No Interpretan que es una droga socialmente aceptada y que los puede llevar a la adicción.

Algunos piensan que, la repercusión económica por los carnavales es alta. Error. Porque en lo social, la repercusión es extremadamente bajo. Solo son algunos comerciantes, los propietarios de hoteles, restaurantes, discotecas, medios de transporte, entre otros, los que se beneficiaran. La proporción está bien diferenciada concerniente a población en general. Es solo cuestión de calcular.

El sistema educativo tiene que analizar y diseñar un programa para evitar esta propagación del alcoholismo. Antes, las fiestas eran más cortas, una semana de carnavales, después pasaron a dos semanas, ahora llega al mes. Sin autoridades competentes y sin gestores educativos calificados, nos pasaremos los años llenos de fiestas. Lo estamos observando y estos son los resultados: jóvenes que se convierten en papá o mamá, sin haber terminado una carrera, sin trabajo, sin un futuro optimista, con una carga más a sus familias. Los problemas continúan de generación en generación. ¿Carnaval tiene la culpa? ¿Se puede cambiar?

Guillermo Silva

13/02/2018

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