HOMILÍA PARA LA MISA DE LA GESTA HEROICA POR LA INDEPENDENCIA DE CAJAMARCA Y EL INICIO DEL AÑO JUDICIAL

 

Ir a Presentación     164° Aniversario

 

Señores autoridades judiciales, civiles y militares:

Padre Miguel Garnett Johnson            El inicio de este año, 2018 coincide con un momento conflictivo y controversial tanto en el ambiente político, como en aquel social y económico, más también en la esfera jurídica. Con respecto a esta última, quizás siempre haya sido así. Lo indica la primera lectura donde, en el año 732 a.C. el profeta Isaías habla de un pueblo que caminaba en la oscuridad de la noche, con leyes injustas y con los pobres despojados de sus derechos. Más de mil años antes, en Babilonia, el rey Hammurabi ascendió al trono “en medio de una compleja situación geopolítica”,1 que fue el trasfondo del famoso “Código de Hammurabi”. Luego, si damos un salto histórico al siglo XIX en el Perú, aquí en Cajamarca vemos que, a pesar de su actuación heroica durante la Guerra de la Independencia, quedó reducida a una insignificante capital de provincia del Departamento de la Libertad; injusticia, como dice Rodolfo Ravines en su libro sobre la Creación del Departamento de Cajamarca, que “causó hondo resentimiento y dejó inflamada el alma cajamarquina, que había de estallar alguna vez en reparo de esa injusticia”.2 Como bien lo sabemos, fueron los cajamarquinos Toribio Casanova, Juan Antonio Egúsquiza, y Pedro José Villanueva, quienes encabezaron el movimiento a favor de la independencia de Cajamarca del Departamento de la Libertad. Pero, como indica Rodolfo Ravines, “La idea fue naturalmente mal recibida por los celos de los naturales de Trujillo, Pacasmayo y otros puntos costaneros que miraban con desdén a los serranos”.3 Ravines luego trascribe de algunos documentos contemporáneos todo lo que sucedió el día 3 de enero de 1854, que fue el inicio de un conflicto que duró hasta el 11 de febrero de 1855, cuando el Mariscal Ramón Castilla firmó el decreto creando el Departamento de Cajamarca.  

            Entonces, creo que podemos postular que en todas las etnias y en las tribus humanas el conflicto y el desorden han provocado la necesidad de elaborar leyes, o dar decretos, para normalizar la convivencia de sus miembros. Luego las leyes se han convertido en uno de los pilares principales de la sociedad humana y esto hace pensar que hay una cierta ironía en el hecho que el ser humano, que por naturaleza es complejo y conflictivo, alaba la paz y la tranquilidad, como se encuentra ilustrado en el salmo 85:

        “La Gracia y la Verdad se han encontrado,

                    la Justicia y la Paz se han abrasado;

                    la Verdad brota desde la tierra

                    y bajará del cielo la Justicia.”

La Sagrada Escritura está llena de referencias a Dios como “Dios de la Justicia”, pero también hay textos que expresan su lejanía de la justicia, como el inicio del salmo 10, donde leemos:

                   “Señor, ¿por qué te alejas

                    y en momentos de angustia así te escondes?”

            Mientras creo que es justo decir que la demora para la creación del Departamento de Cajamarca no fue demasiada larga y se logró que el Mariscal Ramón Castilla firmara el decreto respecto en poco más de un año después de la gesta del 3 de enero de 1854, muchas veces los participantes en los procesos judiciales contemporáneos deben sentir afinidad con Marco Tulio Cicerón quien, en el año 64 a.C. lanzó “Las catilinarias” contra el mafioso Lucio Sergio Catilina –precursor de las mafias criminales que nos hacen tanto daño hoy en día– y gritó en el Senado Romano: “Quousque tándem … ¿Hasta cuándo, Catilina, abusarás de nuestra paciencia?” 4 ¿Por qué siento esta afinidad? Porque actualmente tengo experiencia personal de cuán lento y engorroso puede ser un proceso judicial, involucrado como estoy en la búsqueda de justicia para la familia del auditor de la SUNAT, Luis Roberto Cieza Herrera, asesinado por un sicario el 23 de diciembre de 2015. El caso pertenece a la Corte Superior de Chiclayo, no a la Corte aquí en Cajamarca, y este no es ni el lugar ni el momento para conversar al respecto, pero sí, para mí, sirve como catalizador para reflexionar sobre la justicia.

 Debo confesar que soy bastante adicto a las novelas policíacas y detectivescas. Me encanto apreciar la lógica de Sherlock Holmes, aquel fascinante detective creado por Sir Arthur Conan Doyle, o el proceso de deducción de la Señorita Marple, anciana solterona y detective creada por Agatha Christie. Muy larga es la lista de libros, filmes y series de la televisión donde los protagonistas son los detectives, los policías y los abogados en pos de esclarecer crímenes y conseguir justicia para las víctimas y creo que pasar ratos inmersos en esta clase de literatura y cine no es una pérdida de tiempo, sino más bien puede animar a cualquier ciudadano a reflexionar sobre aquel aspecto importante de nuestra vida que es la administración de la justicia y del bien público.

Claro está, y como ya he indicado al inicio de esta homilía, estas tareas  brotan desde los conflictos humanos y, por tanto, se encuentra enredada en todos los sentimientos complicados del ser humano: amor, odio, venganza, pasión, afán de lucro y de fama, para mencionar solamente algunos. Adentrarse en el Laberinto del Minotauro sería un paseo sencillo en comparación con cualquier caminata de investigación por los recovecos del alma humana y su relación con la justicia en su sentido más amplio. Sin embargo, siento que es una tarea y una responsabilidad no solo de los profesionales del Poder Judicial, sino de todo ciudadano en una sociedad civilizada. Es menester fomentar la justicia en la familia, en el trabajo, en la vecindad y en todo ambiente donde la gente se encuentra y es implicado en la frase de Aristóteles: “Todo hombre es por naturaleza un animal político”.5 También está codificado en la Magna Carta de 1215, en la cláusula 39 que afirma que “ningún hombre libre podrá ser detenido o encarcelado, o privado de sus bienes… sino en virtud de sentencia judicial de sus pares/iguales y con arreglo de la ley”.

Mientras esto encuentra su expresión moderna en algunos sistemas jurídicos en la presencia de un jurado que compromete la participación ciudadana directamente en la administración de justicia, como lo sabemos muy bien, no forma parte del sistema jurídico aquí. Sin embargo, hay otras formas en que los ciudadanos participan en el proceso judicial: algunas positivas y otras preocupantes. Por ejemplo, ¿cuál debe ser el papel de los medios masivos de comunicación en relación a una investigación judicial y al juicio mismo? Pregunto esto porque me parece que en muchos casos primero viene el juicio por los medios y luego el Poder Judicial se encuentra cohibido por la presión popular. Lo expresa muy bien un preso en la cárcel de Huacariz que hace algunos años escribió una serie de cuentos. Cito aquí un fragmento de uno de ellos que provoca a pensar. Un preso está conversando con un amigo que lo visita. Dice el visitante:

  ––La verdad es que te dio duro la prensa.

  ––Me tumbó. Me inventaron una vida que no era la mía; me acusaron, acosaron, juzgaron y condenaron. Cuando mi caso subió a la sala, yo ya había sido condenado por quienes antes habían trabajado y lucrado conmigo.6

            Si bien es cierto que la prensa pueda usurpar la posición del juez para condenar a alguien, también lo pueda hacer para liberar a un mafioso o a un corrupto. Por eso, yo les invoco a ustedes, señores magistrados, luchar por la autoridad del Poder Judicial y que sea una autoridad auténtica y lo digo lo mismo para todos los distintos poderes aquí presentes. Cito en relación a este tema lo que dice San Marcos en un fragmento de su Evangelio con respecto a Nuestro Señor Jesucristo: “Su manera de enseñar impresionaba mucho porque hablaba como quien tiene autoridad…”.7  La autoridad del Gobierno Regional depende de la probidad moral de cada miembro de él, y sucede lo mismo en el Poder Judicial, más la eficacia moral del sistema mismo. Yo tengo que admitir que no entiendo por qué en el sistema judicial vigente alguien acusado de haber cometido un crimen en Cajamarca, puede solicitar Habeas Corpus en cualquier sitio dentro de los confines de la República. Tampoco entiendo cómo se pueda ordenar la ciudad si una ordenanza del Municipio para cerrar un night-club que provoca desorden y escándalo puede ser echada al tacho por medio de un Recurso de Amparo.

            Claro está, no me toca a mí meterme directamente en la administración del Gobierno Regional o de la Justicia; pero creo que sí tengo el derecho de meterme indirectamente para apoyar a aquellos que buscan la justicia a través del Poder Judicial. Creo también que como ciudadano tengo el derecho de provocar reflexión y cuestionar, porque hay un proverbio inglés que dice que un gato puede mirar a un rey ––en francés se dice que un perro puede mirar a un obispo––, y la implicancia es que un inferior tiene sus propias habilidades y el derecho de pedir explicaciones a un superior, y aun estimularle a reflexionar. Es así que me coloco delante de ustedes esta mañana.

            Concluyo, ofreciéndoles mis mejores deseos para el Año Judicial que comienza hoy y para la Región Cajamarca..

                                                           Muchas gracias.

                                                                       Miguel Garnett, Pbro.

 

Citas:

1.     Cf. Wikipedia. Hammurabi.

2.     “Creación del Departamento de Cajamarca”. Rodolfo Ravines. Pág. 5.

3.     Ibid. Pág. 6.

4.     Cf. Historia Universal, Daimon. Roma. Página 147.

5.     Cf. Aristóteles, Política, 1-2-9.

6.     Cf. 22 Cuentos, Martín Luna. Martínez Compañón, Cajamarca, 2013. Página 39.

7.     San Marcos: 1, 22.

 

Inicio


Ir a Presentación     164° Aniversario