¡Íbamos arrambados!

 

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Por: Guillermo Silva

La última semana de diciembre es la mejor del año. Como quisiera que  se multipliquen estos siete días que se vive, con el resto de semanas del nuevo año. Las familias, las amistades, la gente de todo el hemisferio, se desean lo mejor en lo que se refiere a salud, dinero y por supuesto el principal ingrediente, el amor. Aparte de que, se saborea lo más exquisito de la gastronomía en cada país. Por ejemplo si hablamos de la canadiense, en particular de la quebequense, de acuerdo a la región y en particular a la de Montreal, tenemos: la tourtiere, le ragout (pata de puerco), la dinde (el pavo), le jambon (el jamón) y para beber, la cidre, entre otros.

Por supuesto, los saludos se hacen por los diversos medios, como las redes sociales, el WhatsApp, Skype, correo electrónico y el cuarto miembro del cuerpo humano, quiero decir, el celular. Hemos evolucionado, porque antes las partes del cuerpo humano eran: cabeza, tronco, extremidades y aparato fotográfico (al principio, solo los nipones); ahora se ha remplazado por el Smartphone, porque puedes hablar y también hacer fotos y videos. Aunque las personas sordomudas, que se comunican con el lenguaje de signos, tienen que hacerlo utilizando Serpost, la cual tiene cada vez menos clientes.

En mi lista de familiares y amistades a llamar, me toco el turno, a mi vecina de la infancia, Zoila. Ella trabaja en Cajabamba, pero su residencia es, en la capital de la Primavera (mejor sería de la Marinera), es decir, en Trujillo. Llamo una vez, dos veces y cuando ya iba a colgar me responde su mamá, le digo quien está llamando y comienza a recordar los felices momentos del vecindario. Nos separaba una simple “pirca” con una puerta al medio, donde era la frontera para intercambiar lo que se había cocinado. De seguro, se vivía más feliz que ahora.

La sorpresa fue de ambos, ella recordaba a mi madre Elvia y yo a su hija Zoila. Intercambiamos algunos recuerdos, además recordó que, en los paseos que se hacían los domingos, los hijos iban adelante pero cuando nos agarraba la lluvia, íbamos arrambados. Flash en mi lenguaje, arrambarse, un verbo que hace muchos años no lo había escuchado. Pero, es la verdad, se está perdiendo. Pobres los lingüistas, más pierden que ganan y es el inglés que entra por los palos.

Creo también que arrambarse, es una muestra de amor, de solidaridad, de estar juntos cuerpo y alma. Con Isabelle siempre andábamos arrambados, juntos, pegados, de arriba abajo, en Perú, en Costa Rica, en Canadá, en Francia, en Argentina. Acaso, no podríamos arrambarnos todas las personas del mundo…

 

Guillermo Silva

27/12/2016

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