Locura y mendicidad en las calles

 

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Por Hugo REYNA GOICOCHEA

hugo_reyna@hotmail.com

 

Cajamarca, como urbe en continuo crecimiento, no es ajena a la presencia de un gran número de mendigos: adultos, ancianos y aún niños solicitando caridad; así como de personas, de ambos sexos, que deambulan por la calles, con visibles síntomas de alteraciones mentales, vestidas con harapos y en condiciones de extremo desaseo que sobreviven en condiciones infrahumanas a la intemperie, lo cual, indiscutiblemente, en las circunstancias actuales, linda con una total indiferencia de la acción del Estado y la insensibilidad de la propia sociedad.

 

Un grave problema social

 

En países como el nuestro, en el que existen serios problemas de pobreza, desigualdad  y exclusión social, el fenómeno de la mendicidad, así como de la presencia de un gran número de personas con problemas mentales, abandonados a su suerte y también de personas alcohólicas y drogadictas, no es sino una consecuencia lógica de carácter estructural, cuyas casusas derivan de los sistemas socio-económicos  y políticos imperantes.

    

Para nadie es un secreto que en nuestro país, se experimentan fuertes niveles de pobreza, extrema pobreza, marginación y hasta racismo; que nos muestran como una sociedad con altos índices de desigualdad social y exclusión, en la que grandes grupos sociales, no son beneficiados del denominado crecimiento macroeconómico de los últimos años, que ha puesto a nuestro país en una situación expectante para la atracción de inversiones en la región.

 

Políticas estatales

 

En la perspectiva, de ir consolidando un Estado formal, aparentemente democrático, que busca la igualdad social, en los últimos años, los gobiernos de turno, han ido creando diversos ministerios, a fin ir implementando, al menos en teoría, progresivamente políticas públicas orientadas a la disminución de las grandes brechas de desigualdad, como es el caso del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, así como el Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social.

 

Al respecto no cabe duda, que las acciones de estos entes ministeriales, así como también de los niveles de gobierno regional y municipal, se orientan simple y llanamente a la ejecución de programas de carácter asistencialista, a sectores pobres y en extrema pobreza, que a la larga no son sino simples paliativos intrascendentes que solo buscan sostén social; en tanto los graves problemas de falta de empleo digno, inclusión social e igualdad de oportunidades, siguen en derrotero hacia abajo. No obstante, no existen acciones concretas respecto a estos sectores vulnerables como es el caso de los mendigos y personas que experimentan problemas mentales, cuya existencia se la elude olímpicamente, sin hacer casi nada.

 

Problemas no ajenos a Cajamarca

 

Cajamarca, como departamento, y específicamente la ciudad capital, no es ajena a esta problemática nacional. Como se sabe, nuestra ciudad, viene experimentando, en los últimos años, un acelerado y espontáneo y no controlado crecimiento urbano, inducido, indudablemente, por la presencia, básicamente, de las actividades extractivas mineras.

 

Esta situación, por un lado, ha acarreado la presencia de un significativo segmento de población foránea, atraídos por las expectativas de empleo en el sector minero, que ha superado la demanda de mano de obra; y por otro lado, la masiva venta de tierras y traslado de estos “capitales”, hacia el sector urbano, mayormente para inversiones en actividades de servicios, compra de casas y vehículos, sin mayor impulso productivo empresarial industrial o agroindustrial. Este hecho social, ha contribuido, asimismo a alterar el estatus quo de una sociedad tradicional, experimentándose fenómenos de violencia e inseguridad y el aumento acelerado de la criminalidad y delincuencia común.

 

Este fenómeno de crecimiento no planificado, indiscutiblemente, ha desbordado la provisión de servicios públicos y el equipamiento urbano, cuyas consecuencias son bastante visibles: caos y desorden, precariedad y déficit de servicios básicos; así como la presencia, cada vez más notoria, de la agudización de conflictos sociales que nos tienen en vilo en los últimos años.

 

Los tres niveles de gobierno, enfrascados en contradicciones fratricidas, pugnan por jalar agua para su molino; demostrando en el caso del gobierno local, directamente “competente” para afrontar la problemática citadina, una notoria  insolvencia de gestión.   

 

Locura y mendicidad en Cajamarca

 

Locos y mendigos, son parte ya de lo cotidiano, apostados o deambulando por los distintos sectores de una ciudad, en la que también se experimentan fuertes desigualdades. Su presencia, en algunos casos pasiva, en otros con signos de agresividad, configuran signos de exclusión social, de rechazo y marginalidad o simplemente de indiferencia.

 

Pese al reconocimiento de políticas públicas en el campo de la inclusión social y la aparente lucha contra la marginalidad y desigualdades; como se dice, no hay quien le ponga “el cascabel al gato”. ¿Qué se necesita?: casas de refugio, albergues o sanatorios. ¿A quiénes compete?: a todos nosotros, pero especialmente a las entidades públicas cuyas competencias están en el campo del desarrollo social, es decir a los ya mencionados tres niveles de gobierno: nacional, regional y local. También a las entidades religiosas y organismos no gubernamentales, cuyas líneas de trabajo estén en la óptica de valorar al ser humano, como lo establece la Constitución Política en su “Artículo 1°.- La defensa de la persona humana y el respeto de su dignidad son el fin supremo de la sociedad y del Estado”. No comprometernos, implica una posición muy cómoda de seguir “haciéndonos los locos”.

 

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