El “huevón” o la “huevona” en el léxico popular

 

Hugo REYNA GOCICOCHEA

 

Es indiscutible que en el lenguaje popular, es decir, en el léxico común, al margen de la rigurosidad del buen hablar, se viene asumiendo diversas palabras que hilvanan las conversaciones en la diaria comunicación de niños, adolescentes y adultos, las mismas que poco a poco van delineándose como infaltables en cuanto diálogo se entable. Palabras que, en muchos países de habla hispana, se asimilan como parte del incremento del vocabulario corriente.

 

“Oye huevón”, “calla huevón”, “quítate huevón” o mira lo que hace esa “huevona”, o simplemente en la contracción sonora de “guon”, signan ya la comunicación ordinaria, como parte de un hablar vulgar, que se ha logrado imponer en los diversos estratos sociales.

 

Pero cómo es que define la Real Academia Española esta palabra. Según el Diccionario de la Lengua Española -Vigésima segunda edición- este adjetivo sustantivo significa perezoso, y como adjetivo despectivo: imbécil.

 

En el hablar vulgar y cotidiano en nuestro país, este adjetivo sustantivado se usa, con su femenino “huevona” (al margen de la connotación sexual) para referirse a la persona pusilánime. No obstante, según la práctica constante, su uso constituye una especie de adjetivo calificativo: ¡calla huevón!, ¡pásala huevón” o simplemente: ¡tas guon!; asociado, en los últimos años, a “ta’ madre” como algo extraordinario, o simplemente: “chesuma…

 

Si pues nuestro lenguaje, por su naturaleza versátil, y la presencia de  regionalismos y localismos, tiende a la asimilación, por la fuerza de la costumbre, de palabras que van a singularizar la comunicación, muchas veces sin quererlo, en el conjunto social; así de simple, de una manera coloquial informal y tremendamente grosera.

 

No se escandalice, entonces, si en alguna sencilla conversación, o en determinada acalorada situación, escucha hablar a sus hijos, o simplemente a alguien se le escapa: ¡cierra la boca huevón!, ¡patéala bien so huevón”, ¡ta güena esa huevona!.

 

Si pues, simplemente, la gravitación del hablar popular, o la presión permanente del lenguaje vulgar, de no medirnos o censurarnos en su debido momento, nos podrían hacer hablar: “huevadas”, como se diría en las espontáneas pláticas de la calle, la casa, la oficina o en el barrio. Así que a cuidarse para no engrosar las filas de tanto “huevón o huevonas” existentes en la sociedad. 

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