Delincuencia e inseguridad ciudadana

 

 Hugo REYNA GOICOCHEA

 

La delincuencia e inseguridad son la expresión de fenómenos y problemas sociales que afectan a los principales centros urbanos en nuestro país. Tienen su causa  en los modelos económicos implementados y las crisis económicas que han impactado a nuestra población. La sociedad peruana es sumamente polarizada y fragmentada,  con estratos y clases altas y una mayoritaria población en situación de pobreza y extrema pobreza, situación que el  Estado y los gobiernos de turno no han sabido afrontar.

 

La ciudad de Cajamarca, por su condición de sede político - administrativa regional, en la que también se concentran las principales actividades de los sectores sociales, económicos y de servicios, aglutina la mayor cantidad de población urbana departamental, estimándose que ésta se aproxime a los doscientos mil habitantes en la actualidad.

 

Como consecuencia de esta aglomeración poblacional, con una significativa presencia de personas y familias que se han establecido en el medio, a razón de la presencia de las explotaciones mineras, así como la migración de provincianos del interior del departamento,  nuestra urbe capital departamental viene delineándose como una ciudad cosmopolita; la misma que afronta, en la actualidad, serios problemas en la prestación de los principales servicios públicos y de equipamiento urbano, sumamente deficitarios; lógicamente por la imposibilidad de ejecutar proyectos de impacto, debido a las carencias presupuestales de las entidades sectoriales y del propio gobierno municipal, así como del poco compromiso de la gran empresa privada.

 

El desarrollo de las actividades mineras, desde inicios de la década de los años noventa, despertó una gran expectativa de empleo y una atracción significativa de población externa e interna al departamento. Se conoce, no obstante, que la minería y sus empresas conexas hacen uso de mano de obra intensiva, mayormente calificada; no pudiendo captar a esa gran masa migrante, lo que ha obligado a ubicarse en actividades de refugio y subempleo, y no en pocos casos, actividades delincuenciales. La dinámica de la minería y la diferenciada capacidad adquisitiva de sus trabajadores, por otro lado, ha incentivado la presencia de empresas de comercialización de bienes de consumo directo y la prestación de servicios de todo tipo. En este contexto, los centros de diversión y espectáculos frívolos han encontrado un terreno propicio para su crecimiento, pero mayormente de carácter informal, constituyendo en la práctica, centros de prostitución masivos, de concurrencia de gentes de mal vivir.

 

La presencia de foráneos, en los últimos años, ha significado una simbiosis o mezcla de aspectos culturales, costumbres y prácticas sociales, en un abigarrado proceso caracterizado por la inobservancia de  práctica de valores y profusa informalidad en todos los aspectos,  lo cual ha venido a profundizar los problemas de delincuencia común y organizada, con casos de asaltos y asesinatos selectivos. Contribuye a agravar esta delicada situación el incremento desmesurado del parque automotor y caos del tráfico urbano, las carencias de áreas verdes y zonas de recreación, la intensificación del comercio ambulatorio y presencia cada vez más mayor de centros de prostitución y realización continua de eventos públicos, en los que los actos reñidos contra la moral y las buenas costumbres, en su conjunto, tienden a ser parte ya del quehacer cotidiano.

 

El problema de la informalidad, en sus diferentes aristas y manifestaciones, propias de la viveza y criollada, especialmente de la población foránea, constituye uno de los principales factores que coadyuva a la consolidación del círculo vicioso que consolida y refuerza, por así decirlo,  la violencia social e inseguridad ciudadana  en la que vivimos actualmente en Cajamarca.

 

Difícil situación a la que deben enfrentan, fundamentalmente, las autoridades locales, dado el carácter integral y multisectorial de sus dimensiones. No obstante, el compromiso es de todos: autoridades y población organizada; sin embargo, se percibe aún indiferencia y falta de identificación de parte de quienes tienen  compromiso directo en afrontar esta problemática. Si bien es cierto el Serenazgo y la Rondas Urbanas, vienen desarrollando una dura lucha contra la delincuencia, es necesaria la acción concertada y decidida de la Policía Nacional, Ministerio Público, Gobierno Regional y la población organizada e igualmente el apoyo del periodismo y la empresa privada. Al igual que la Defensa Civil, la Seguridad Ciudadana, también es: ¡tarea de todos!.

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