Cuidado con telefónica

 

Hugo REYNA GOICOCHEA

Es indudable que desde finales del S. XX asistimos a un desarrollo inusitado de las tecnologías de la información y la comunicación que, han hecho de nuestro planeta, una sola nave, en su continua dinámica en el universo, de la cual todos nosotros somos tripulantes. Este fenómeno es parte de lo que ha venido a constituir el denominado proceso de Globalización.

Es indiscutible, asimismo, las ventajas y beneficios del uso, cada vez mayor, de este tipo de tecnologías en todos los campos del saber humano, como también en sus prácticas productivas de bienes y servicios que la sociedad demanda; claro está con una serie de consecuencias no positivas originadas también por su inadecuado uso.  En este contexto, los servicios de telecomunicaciones (telefonía celular e internet fundamentalmente)  también juegan un rol primordial por su utilidad comunicativa, sobre la base de la oportunidad  y el rompimiento de las barreras de las distancias que solo algunas décadas atrás frenaban las posibilidades del desarrollo integral de las personas y sociedades.

En esta perspectiva, las cosas tendrían su lado bastante positivo; no obstante la aparente masificación del uso de la internet y de la telefonía fija y celular, los usuarios estamos a merced de los operadores de estos servicios que son brindados por empresas transnacionales. Es bien sabido que su operatividad no responde a la prestación de los mismos con calidad a favor de los usuarios, sino más bien, al logro de altos estándares de rentabilidad.

Así tenemos que según información reciente de “Telefónica del Perú”, que de peruana solo tiene el nombre, ya que es una transnacional española,  sus ingresos operativos en el cuarto trimestre de 2010, alcanzaron los 950 millones de soles (339,54 millones de dólares), que le permitieron obtener 1.361 millones de dólares, un 2,9% menor a los de 2009; pero que en sí constituyen cifras no desdeñables, desde ningún punto de vista, si tenemos en cuenta que en el Perú se pagan las tarifas más altas, con menor gasto operativo, respecto a otros países de la región.

Las tecnologías de la comunicación e información, vienen facilitando grandemente todo tipo de transacciones comerciales, las que incluyen los servicios virtuales que conviene o contrata, específicamente en materia de este comentario, la Empresa Telefónica. Seguramente, en alguna oportunidad usted habrá recibido amables llamadas de operadores a su teléfono fijo o celular o recibido reiterados correos, que con mucha insistencia le ofrecen tarifas preferenciales u ofertas de mayores minutos -que ningún usuario puede controlar- por tal o cual servicio, que a la hora de la verdad, en muchas de las veces, las haya aceptado o no, ya lo registraron en ese rublo, y simplemente tendrá que pagar primero, para luego iniciar una serie de trámites engorrosos para retornar a sus servicios originarios. Además que por propia experiencia y la de muchos, el crédito de minutos se esfuma vertiginosamente, dando la impresión que éstos duran menos de 60 segundos.

Por el lado del servicio de internet la cosa es similar, en muchos casos, luego de la consabida llamada telefónica y la explicación de la mayor velocidad del Speedy, así diga que no, resulta migrado automáticamente, pese a su negativa. Algo similar resulta cuando usted pide la suspensión momentánea del servicio, éste opera cuando a la empresa telefónica le parezca y no a partir del mismo día que se la solicita; y cuando menos lo espera, sin previo aviso, nuevamente le reponen el servicio arbitrariamente. Como se dice, negocio redondo ya que telefónica tiene:  “…la sartén por el mango”. Así que ha tener mucho cuidado con la transnacional.

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