Cajamarca, 24 de setiembre del 2010.
Me gustaría compartir contigo algunas opiniones
y reflexiones que he venido realizando en los
últimos días.
Se trata de la relanzada construcción del
terrapuerto en terrenos del Qhapaq Ñan. Y
digo relanzada pues si hacemos un poco de
memoria, cuando se realizó la primera propuesta
de este proyecto, hubo mucha controversia que
generó una serie de pronunciamientos de diversas
instituciones oponiéndose, con razones bastante
bien fundamentadas, al mencionado proyecto en su
totalidad y especialmente por haber considerado
la construcción de un terrapuerto como parte de
él, esto hizo que el Alcalde hiciera un
replanteo de su propuesta anunciando que el
terrapuerto ya no se construiría.
Quiero iniciar mis reflexiones indicando que mi
opinión contraria a su construcción, no se debe
al proyecto en sí mismo, sin duda alguna, un
equipamiento de este tipo ayuda al ordenamiento
de una ciudad con un caos en su transporte
interprovincial como la nuestra, siempre y
cuando su ubicación y planteamiento respondan a
verdaderos estudios técnicos, de impacto
ambiental y planificación urbana, caso que no es
este. Mi principal cuestionamiento está basado
en la ubicación planteada, es decir, en el
proyecto Qhapaq Ñan, proyecto que a todas luces
no ha tenido un estudio serio de ubicación ni
del impacto que éste causaría, y que es además,
una muestra de la improvisación municipal para
cumplir con promesas electorales que nunca
tuvieron una ubicación real en el territorio y
que lamentablemente, los cajamarquinos no
tuvimos la sensatez de preguntar por su ubicaciC�n
cuando se hablaba de ellas en la campaña, tal
vez porque jamás se nos ocurrió que,
contrariamente a una adecuada planificación del
territorio, se ubicarían todas juntas y en pleno
valle de Cajamarca. Error que no debemos volver
a repetir.
Y es que el proyecto Qhapaq Ñan, que luego de su
replanteamiento contemplaba la construcción de
las canchas multiusos, el coliseo, el centro de
atención al ciudadano, el centro artesanal,
avenidas y áreas verdes, se ha ido deformando
aun mC�s al donarse terrenos para el Poder
Judicial, la Cámara de Comercio, RENIEC, entre
otros, e incluso existe la propuesta de
trasladar allí el Hogar de Niñas u Orfanato
Belén (las niñas van a trasladarse de un caos a
otro), y ahora, con el relanzamiento del
cuestionado terrapuerto.
Particularmente considero que son dos los
principales impactos negativos de este proyecto,
impactos a los que los cajamarquinos muchas
veces no solemos darles el valor que tienen para
nuestro desarrollo y mejora de la calidad de
vida:
El primero, el impacto negativo sobre uno de
nuestros principales patrimonios culturales y
que paradójicamente le da el nombre al proyecto:
el Camino Inca, es decir el Qhapaq Ñan,
(entre paréntesis indico que esto no es raro
pues la Plaza Pecuaria Iscoconga le debe
su nombre a la zona arqueológica que allí se
ubica pero su puesta en valor no ha sido
considerada como parte del proyecto). Este
Camino, está cargado de una riqueza histórica
incalculable y sin embargo ha estado olvidado y
abandonado durante muchos años, sin embargo
desde nuestro paso por el INC se ha venido
generando propuestas para su puesta en valor y
gestión en un proyecto, principalmente para los
cajamarquinos, y luego para el turismo,
vinculándolo a Baños del Inca y a la ciudad de
Cajamarca, en un recorrido de interpretación que
nos haga sentir y valorar el Encuentro de los
Dos Mundos y que recupere su valor patrimonial,
cultural y simbólico.
Con la construcción del terrapuerto, el impacto
que sufrirá este Camino será incalculable y
probablemente irreversible, la presión sobre él
será tan grande que perderá toda esa percepción
del Gran Camino Inca quedando convertido en un
pasaje más dentro de la ciudad, perdiendo
nosotros la oportunidad de recuperar un
patrimonio que nos ayudaría a re-conocernos, a
re-encontrarnos, a entendernos y a entender
nuestro proceso histórico, perdiendo además, una
gran posibilidad de desarrollo turístico.
Y el segundo, e igual de importante, el impacto
negativo sobre el principal patrimonio natural
que junto a las laderas nos dan ese marco que
nos hace tan especiales y diferentes: el
Valle de Cajamarca. Para algunos, puede
parecer sólo una defensa romántica, para
nosotros la defensa de nuestro valle está ligada
no sólo a la riqueza y calidad del paisaje que
si tiene un valor económico también, sino a
nuestras posibilidades de mejora de nuestra
calidad de vida. Y es que el valle de Cajamarca,
como lo hacen todas las grandes áreas verdes
que circundan o contiene una ciudad, proporciona
además de alimentos, humedad, oxígeno, capta el
CO2, captura los rayos ultravioletas y el polvo
urbano, proporciona control térmico, permite la
recarga del manto acuífero y sirve de eslabón
entre el hombre de la ciudad y la naturaleza,
entre otros servicios ambientales. Nuestra
oposición inicial al proyecto Qhapaq Ñan fue en
este sentido, porque la cantidad y el tipo de
equipamientos urbanos que en él se estaban
planteando era claro, como de hecho está
sucediendo, que iban a incrementar la presión
urbana sobre el valle de una manera
incontrolable, haciendo que perdamos los
beneficios mencionados.
La presencia de un terrapuerto en este sector,
contribuiría aun más a incrementar esta presión
pero no sólo con viviendas, sino con una serie
de servicios complementarios a un terrapuerto
que tampoco son compatibles con los usos de
vivienda pre existente y futura, campos
deportivos, coliseo, artesanías, instituciones
públicas, y demás.
Por otro lado, según la información dada por los
promotores del proyecto del terrapuerto, se
plantea que haya un movimiento de más de 200
buses diarios, es entonces imaginable el caos
vehicular que se generará en la Av. Atahualpa y
justamente frente a la Universidad Nacional. Y
para incrementar este impacto, acompaña a este
proyecto el planteamiento de una vía que saldrá
por detrás de la Universidad , a la altura de
“los Patos”, y atravesando sectores de valle que
lamentablemente también ya han sido incorporados
por esta gestión al área urbana, vía que se suma
a una propuesta de una nueva vía de evitamiento
que atraviesa el valle y que junto a todas las
que se vienen planteando generarán también el
incremento de esta presión urbana con la
consiguiente pérdida de esta importante área de
valor ecológico.
Es a esto cuando nos referíamos a la depredación
acelerada del valle y el Alcalde no entendía.
El siempre nos dijo, sólo son 30 hectáreas
de un valle que tiene 6000 hectáreas . Espero
que ahora si entienda como funciona este tema.
Y que entienda además, él y quien resulte
elegido como nuevo Alcalde, que propuestas de
este tipo no solucionan el problema de la
ciudad, sólo lo trasladan y empeoran. Las
formalmente declaradas como áreas de expansión
urbana han sido históricamente ignoradas
provocando que no sean atractivas para las
inversiones, presentándose ahora como zonas
inseguras, desordenadas, y lo que es peor, sin
necesidades básicas cubiertas. Las vías, los
equipamientos y los servicios se siguen
planteando irresponsablemente hacia el valle
haciéndolo cada vez más atractivo para las
inversiones inmobiliarias en su mayor parte
informales y sin ningún control municipal. Un
tratamiento así de nuestro territorio, acarreará
sin duda, tras una corta etapa de grandes
beneficios privados, largos periodos de onerosos
costos ambientales, económicos y sociales. Que
pena que nuestras gestiones municipales sean
inmediatistas y no sean capaces de mirar las
consecuencias de sus obras en el futuro.
Hay un aspecto adicional que me gustaría
comentar, y es el hecho de que se nos ha
informado que los terrenos fueron comprados por
ALAC y donados a la Municipalidad y que el
proyecto del terrapuerto es una iniciativa
privada.
Menciono esto por que está vinculado a mi
propuesta, ¿Por que dar los terrenos que son de
todos los cajamarquinos para beneficios
privados, pudiendo en estas áreas plantearse por
ejemplo un gran parque que ocupe estas tres
hectáreas y media, y que junto a un Camino Inca
puesto en valor, contemple temas culturales,
ecológicos, de recreación, así como de
compenetración en el conocimiento de nuestro
territorio y de nuestra historia, la
convivencia, la creatividad y el cultivo de la
mente y el espíritu de la población,
contribuyendo a la formación integral,
especialmente de los niños y jóvenes?.
Y es más, ahora que estamos en tiempos pre
electorales, por que no intentar que los
candidatos se comprometan, como un tema
prioritario, a proporcionar a los actuales y
futuros pobladores de nuestra ciudad, la
cantidad de áreas verdes, no sólo la propuesta,
que garanticen una adecuada calidad de vida
mediante la óptima gestión del territorio,
urbano y rural, de una manera, integral,
responsable, que enarbole los valores de
sostenibilidad ambiental, equidad social y
eficiencia económica.
Considero, por las razones expuestas, que el
proyecto del terrapuerto debe pararse y
someterse a un debate democrático con la
participación de los promotores del proyecto, de
los Colegios Profesionales, de las
instituciones, de los partidos políticos y de la
población que debe involucrarse en estos
aspectos que atañen a su desarrollo. Creo que
aun estamos a tiempo de parar otro desatino en
nuestro territorio.
Al nuevo Alcalde, deberíamos comprometerlo
también a trabajar con equipos
multidisciplinares y cajamarquinos. Si,
necesitamos a consultores con experiencia
internacional incluso, pero que éstos trabajen
en las estrategias, en los métodos, trayéndonos
sus experiencias, formando gente, pero no como
los que toman las decisiones. Somos los
cajamarquinos los que más conocemos nuestra
realidad y nuestras necesidades y creo que
debemos involucrarnos de manera activa en los
problemas y las soluciones asumiendo un
verdadero rol de ciudadanos.
He querido compartir con ustedes estas
reflexiones, que como siempre digo, son a título
personal, no busco que piensen igual que yo,
pero si busco que reflexionemos sobre temas que
nos tocan directamente, no como opositores a los
proyectos, sino como cajamarquinos que amamos
profundamente a nuestra tierra, como ciudadanos
con derecho a vivir en una ciudad y en un
ambiente, sano, digno y hermoso pero también con
el deber de cuidarlo y de exigir que velen por
él quienes tienen nuestra representación.
Un abrazo para todos.
Carla