LINDE DEL AMOR AL DEPORTE CEREBRAL

 

“La mayoría de las gentes gusta ver el deporte, pero no practicarlo. Existen millones de espectadores en los estadios y apenas unos cuantos jugadores. La mayoría ama el deporte cerebralmente, cuando no literariamente.

Un día desaparecerá el campeón, para dar lugar al hombre en estado deportivo. El deporte no debe ser el arte de unos cuantos, sino una actitud tácita y universal de todos”.

 

De: Contra el secreto profesional (Vallejo).

 

Con motivo de la celebración del Mundial de Fútbol Sudáfrica 2010 se pueden apreciar millones de espectadores -ya sea en forma directa en el interior de lujosos estadios o simplemente amarrados a la pata del televisor, como diría Galeano-; pero siempre están presos, delirando, acumulando energía de modo riesgoso. Así, los eternos espectadores pasan fácilmente los umbrales del fanatismo. Sufren procesos de embriaguez y embrutecimiento que las más de las veces desembocan en la cruenta violencia de las llamadas “barras bravas”. Exactamente, lo que sucede con el consumo de drogas, sucede también con el espectador de fútbol u otro deporte (pero siempre espectador), sufre una irracional dependencia psicológica. Miles de personas acuden a los coliseos, plataformas, o estadios, a participar en los denominados “conciertos”. En estos espectáculos, los que se enriquecen, a costa del empobrecimiento de las grandes mayorías incautas, o sea a costa del pueblo, son los ídolos y sus empresarios deportivos y los de la sociedad de consumo. Allí van los observadores para presenciar la presentación de algún artista “famoso”; pero tienen que pagar, tienen que comprar el infaltable licor, o cualquier otro producto “alimenticio” embolsado, embotellado o enlatado. Claro, ¿cómo no?, si estamos en una embrutecida sociedad de consumo. Se ha dicho y se dice hasta la saciedad: “A río revuelto, ganancia de pescadores” Por eso, mientras “el fanatismo deportivo crece incesantemente, cautivando a cientos y tal vez miles de millones de personas en todo el planeta”, habría que preguntarse cuántas personas, en cambio, han conocido que “desde el 20 de junio naves militares norteamericanas (e israelitas), incluido el portaaviones Harry S. Truman, escoltado por uno o más submarinos nucleares y otros buques de guerra con cohetes y cañones más potentes que los de los viejos acorazados utilizados en la última guerra mundial entre 1939 y 1945, navegaban hacia las costas iraníes a través del canal de Suez”, en un inminente estallido de guerra.

 

Pero, volvamos al fútbol. Este espectáculo no viene solo. Todo va enlazado. ¿Todos deben ganar? No, solo los ídolos, los empresarios y los dueños de las ingentes fábricas de productos de consumo. Solo la víctima (el pueblo espectador) pierde. Frente a esta realidad, nada debe arrastrase hacia la irracionalidad. Todo debe hacerse a través del uso de la razón y del sentimiento franco y sincero. Pero para que esto ocurra, el hombre, la mujer o el niño deben desarrollar y adquirir conocimiento en el seno de una sociedad nueva, para que no permitan que alguien -tal como ocurre con la publicidad mediática- les dé motilidad sobre la base de reflejos condicionados, lo cual es muy lamentable.

 

Ver jugar fútbol es como disponerse a ver cuando otros están bailando y nos morimos por bailar, u otros están cantando, o comiendo, o bebiendo agua o un licor aperitivo, o -aunque la comparación sea extrema- cuando una pareja se está relacionando sexualmente. Todas estas son necesidades humanas que, de acuerdo con la naturaleza, deben ser suplidas por todos, absolutamente por todos. No existen casi excepciones. Yo conocí a más de un arquero malogrado de las piernas por la parálisis (eran cojos). Vi, asimismo, a más de un futbolista defensor, mediocampista o delantero malogrado de los brazos (eran mancos). ¿Quién no ha practicado algún deporte o algún juego alguna vez en su vida?, ¿quién no ha cantado alguna vez?, ¿quién no ha bailado?, ¿quién ha podido dejar de comer y seguir viviendo?, ¿quién puede seguir viviendo sin beber el agua tan benéfica y necesaria?, ¿quién puede escapar a la ley de la naturaleza de “creced y multiplicaos”, mediante la cópula carnal? Quizás, si hubiera un hombre que pudiera sobreponerse a todos estos actos vitales, tendría que ser Tántalo de la mitología griega, quien al haber recibido la visita de los dioses les dio de comer los miembros de su propio hijo Pélope, y Zeus, para probar su divinidad, le arrojó al Tártaro y le condenó a ser presa de hambre y sed inextinguibles.

 

En el mundo de la humanidad, sin embargo, no existe ningún Tántalo, no debe existir; por tanto, es menester ejercer, alternativamente y en la medida de nuestras posibilidades, todas estas facultades y actividades tan humanas. Todos debemos ejercer la inteligencia lúdica. Cada vez debe haber menos espectadores, hasta llegar a ninguno; pues, en el futuro, todos estaremos ocupados. No habrá tiempo para mirar no más a otros. El hombre que maneja conocimiento no debe coadyuvar a construir ídolos, porque ello iría en contra de su autoconcepto, su autoestima, su identidad, esa identidad tan preciada. No podemos seguir enriqueciendo a unos pocos en desmedro directo de las grandes mayorías (acá estamos nosotros). Debemos evitar que la gente se enriquezca -como en un sueño- de la noche a la mañana. Todos debemos adquirir solo lo necesario para vivir con decoro. La pobreza no es una obra de un ser Todopoderoso. Nosotros somos responsables de que haya pobres en la Tierra. Tenemos el deber moral de quitarnos la venda de los ojos. Lo más importante, los dos pilares de la sociedad, siempre serán la educación y la salud (esta incluye a la alimentación de no menos de 3 000 calorías per cápita). Entonces, lejos de ver jugar, vamos a jugar. Juguemos siempre y en cualquier edad. Ya lo diría la Madre Teresa de Calcuta: Haz que en vez de lástima te tengan respeto. / Y por último, cuando por los años no puedas correr: trota; / cuando no puedas trotar, camina; / cuando no puedas caminar usa el bastón....... / ¡pero nunca te detengas!......” Vale.

 

Cajamarca, 28 de junio de 2010

 

 

 

Prof. Jacinto Luis CERNA CABRERA

Profesor Auxiliar Contratado a Tiempo Completo

DAIL - Facultad de Educación - UNC


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