CANTARES DE MUJER

Tráenos la bondad de tu corazón

 

Presentación    Cantares de Mujer

 

            Socorro Barrantes Zurita.

 

         Mi vida asoma sus setenta años por la ventana del  orbe,  Saborear  la consonancia del tiempo y del espacio, el lambag de la duda, el amargo de la tristeza, el horror de la culpa, la alegría del nuevo día, el lóbrego atardecer de la noche, la ironía incierta del futuro, el graznido de la soledad en la mesita de noche, la febril locura de los años amontonados en la espalda, en las manos,  pies, en las zonas oscuras del cuerpo, pero sobre todo en el alma.  Y el olvido en todo momento, fastidiando tu cerebro apocalíptico.  El corazón, piedra humilde, echada a la suerte del camino.

Y entonces me viene, pensar en la Tierra, esa mujer indomable, de generosa valentía cargada de miles y miles de años.  Erosionada con volcanes tremendos, cubierta de agua hasta las cumbres heladas, abasteciendo de su química combinación, la existencia humana y de toda laya, en el Paraíso Terrenal.  Diversidad, génesis de los seres que pueblan cada centímetro del universo.  El sol engendra la retina de su cimiente, la puebla de hijos por doquier.  Canta el ave agorera del día, el pájaro prosaico de la noche.  Se enciende el fogón en ceniza volcánica, cientos de miles de años, engendrando millones de seres. Girando en la gravedad de la ruleta rusa.

         El paraíso va siendo desmembrado de su original riqueza por estas manos que lucen hoy arrugadas, con las venas hinchadas de tanto recorrer azules caminos, en la sinergia gravitacional del deseo indesmayable por seguir dando vueltas, en la curva sin retorno de los años que pasan a vuelo de candela y relámpago.

Llega con sus recados de amor, Francisco de Asís.  Siembra la semilla del  árbol derribado, del ave asesinada, del  hermano lobo golpeado, apedreado en el arrepentimiento  de fiera para ser amante cordero,   pero le pegaban todos, como todos hemos tomado, sin derecho,  la destrucción de un trozo de madre naturaleza, golpeando los ojos de agua, la calcárea temperatura de la cumbre,  explotando hasta nomás los metales, las selvas primigenias,  exterminando los bosques, sembrando, en su lugar, el oprobio del poder nefasto, la angurria del bolsillo, la violencia en las calles, en las casas, dejando sin nada la casa del pobre, sin educación al niño, a la mujer, sin trabajo a miles, de miles de hombres y mujeres, encementando  la existencia con bosques  mal paridos.

 

 

         Padre San Francisco de Asís tráenos un poco de tu filosofía a la casa, la escuela,  la universidad, al taller,  la fábrica, a los niveles de gobierno, a mi corazón  y no nos dejes caer en la tentación  de la corrupción, que mata la armonía y bendición  de los pueblos. Amén

 

Cajamarca, 10 de octubre 2020.

 

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