



“¿Qué podemos hacer para que nuestros esfuerzos no quedaran como simples esfuerzos? ”
Prof. Julián Vigo Florián
El origen de la atención preferente que se viene prestando a los objetivos (conscientes o inconscientes, formales o informales) hay que buscarlo en la Teoría de Sistemas y en el campo empresarial; esto se debe a que en la Empresa la “claridad de ejecución” que muestran los objetivos bien formulados y la posibilidad de evaluación inmediata y constante tienen repercusiones directas y tangibles. En cuanto al campo educativo se refiere, la buena formulación de los objetivos contribuye (en el tiempo, circunstancias y espacio) a la efectividad del proceso educativo escolarizado y la actualización del maestro. Tener que formular objetivos conductuales válidos impone, en el que los propone o redacta, una profunda reflexión y un sesudo contrastar (con los pre-requisitos) acerca de cómo se va a dirigir el aprendizaje: qué y cómo “enseñar”, qué y cómo evaluar.
Para tener ideas, más o menos claras, de la importancia de los objetivos educacionales basta recordar que, en todo proceso educativo, es parte esencial su formulación; le siguen el diseño y/o selección de tareas (experiencias de aprendizaje o episodios didácticos) y los procedimientos encausados a su consecución. Se finaliza el ciclo con la Auto-evaluación de los progresos y la Evaluación Promocional de la conducta final del alumno, de acuerdo con los objetivos propuestos. Tan estrecho es este vínculo que no tiene sentido hablar de evaluar resultados si previamente no se los ha diseñado. La evaluación también toca al proceso mismo y a quien conduce/administra dicho proceso.
Un maestro demuestra falta de idoneidad o ineptitud y, consecuentemente, es causa fundamental del fracaso de su quehacer y de sus alumnos, cuando:
1) En el campo de los objetivos, no define y programa previamente lo que debe hacer, en coordinación con sus colegas (si es posible con sus alumnos), llegando a la clase sólo con una idea general de lo que acostumbra hacer o decir. Este hecho, no muy raro, se da en aquellos profesores que por arribismo social/político y/o con “muchos años de experiencia”, por desidia, aburrimiento o disgusto con la profesión van repitiendo cada año las mismas cosas (hasta de la misma manera) y, por supuesto, los mismos errores.
2) Los años de experiencia que, sobre todo en el campo educativo, algunas personas esgrimen como tradición o como argumento contundente ante los jóvenes que requieren renovar algo, no son muchas veces, lamentablemente, más que una tapadera del abandono mental, de la inercia o la ineficacia de personas que han envejecido en los peores vicios de una educación inerte o de una enseñanza anquilosada, dogmatizante, regresiva, deformante, centrada en la “enseñanza” espectacular/consumista antes que en el aprendizaje efectivo ganado con honestidad y esfuerzo.
3) Es incapaz de vislumbrar otros objetivos que no sean los de sus mentores, tradicionales, de memorizar definiciones[1], listas, fechas, datos, nombres, fórmulas, “reglas”, artificios, trucos, clasificaciones, etc. incongruentes con el razonamiento pero compatibles con la desperuanisación y alienación de juventudes, sin detenerse a pensar que en el proceso educativo urgen la formulación y el logro de muchos objetivos que, para la mayoría de los estudiantes, significan un enriquecimiento de su personalidad, de su identidad ¿personal, social, nacional?; que para el grupo de los menos brillantes pueden significar un éxito parcial muy útil a la hora de juzgar el rendimiento o abordar realidades distintas de las rutinarias.
4) No habiéndose fijado objetivos concretos o, incluso habiéndolo hecho, asume o desarrollo métodos tradicionales, dogmatizantes, expositivos o de cátedra (magistrales) que se convierten en sutilizas del autoritarismo más denigrante, que traducen en una coacción mental, en un aplastamiento de la iniciativa y de la libertad personales (tesoros de una interdependencia saludable) confundiendo individualidad solidaria con individualismo egoísta, compañerismo con encubrimiento, en ausencia de la crítica y el reconocimiento real de principios de autoridad, disciplina[2] y orden como valores fundamentales en el crecimiento de la persona humana; objetivos que un educador descuidado puede estar consiguiendo, aún sin quererlo, puesto que van adheridos a dicha metodología.
5) Durante su labor en clase no procura el logro de objetivos de otros dominios afines (por ignorancia, incapacidad o por temor a “deteriorar su imagen”) que no sean necesariamente cognoscitivos. Llevando toda la actividad hacia temas intelectualistas; olvida las ha-bilidades mentales, las destrezas manipulativas, las relaciones afectivas, los valores ético-morales y de búsqueda de participación voluntaria, entusiasta y solidaria en el proceso de aprendizaje.
6) A la hora de evaluar, usan instrumentos que sólo “miden” el nivel más bajo del aprendizaje: conocimientos memorísticos (“enlatados”) o, a lo sumo, algo de aplicación incipiente o de recordación superficial pero olvidándose de accionar y evaluar los demás objetivos que seguramente se propuso conseguir (Análisis, síntesis, valoración, expresión, descripción,...) Por desconocimiento de las técnicas adecuadas o por presiones administrativos-gerenciales. Pone, así, en entredicho toda su labor, puesto que semejante evaluación le proporciona una información tergiversada de la realidad educativa y de su propio trabajo aunque contribuya a la lustrosa y cacareada “imagen institucional” que, en todo caso, en su mayoría, no pasa de ser virtual... Consecuencia: Real mediocridad de nuestra Educación.
“El hombre sólo puede existir como ser eficaz; es decir, que sólo activamente puede vencer la realidad que le rodea. Sus capacidades, desde las más elementales hasta las más superiores, sólo pueden desarrollarse con su propia actividad”... El hombre aprende haciendo. Se comprueba que ha aprendido haciendo también; por lo tanto, el aprendizaje se produce a través de la actividad del propio sujeto que aprende... Para que esto se produzca es absolutamente indispensable que los aprendices hagan más que simplemente escuchar conferencias, discursos magistrales o copiar lo que el dictante (enseñante, dictador) dicta; transcribir párrafos, plagiar o recortar figuras inducen a fraudes y al cultivo de perezas; observar pasivamente una exhibición o un experimento más parecen espectáculos de circo o actos de magia inalcanzables; leer una lección en el libro texto o en el cuaderno para luego repetirla sin asimilarla es como “regurgitar sin digerir”… Con el mal uso o uso vicioso de la INTERNET se está llegando a extremos alarmantes y desquiciadores.
Los Objetivos proporcionan una base para decidir qué y cómo evaluar. La evaluación es una medida del cambio que experimenta la conducta del aprendiz y, el conocimiento de los objetivos, es una buena motivación (sino la mejor). Ella, puede definirse (así funciona) como la fuerza interior que impulsa a una persona hacia el logro de un objetivo. Todo aprendizaje requiere de esa fuerza. Si hay motivos internos aparecen intereses hacia el aprendizaje el cual se hace participativo, duradero y útil; más efectivo, más entusiasta, menos elitista...
Es muy diferente la actitud de quien dice: “No entiendo” porque no atiende, ya que sus intereses son otros o “No puedo” porque teme equivocarse, a la que afirma: “Si puedo”, a pesar de cometer errores, porque me concentro en atender y porque quiero salir de la ineptitud para poder ser útil y contribuir al progreso de mi sociedad, de mi país; no solamente encerrarme en el egoísmo grupal para prevalecer, figurar, usando los poderes mediáticos.
Si observamos y reflexionamos, más y mejor, podremos captar que los otros animales (los llamados irracionales) también aprenden; pero, los seres humano somos los únicos capaces de compartir nuestras experiencias, de éxito o de fracaso, y de seguir consciente y voluntariamente nuestras actividades de aprendizaje; subrayo voluntariamente con el propósito de que busquemos, dentro de nosotros mismos, cuáles son nuestras metas y qué hacemos (o vamos hacer) para alcanzarlas; definamos nuestros intereses, nuestros objetivos, nuestros caminos.
Si deseamos realmente aprender, encontraremos dentro de nosotros mismos la fuerza, el motivo, el estímulo que nos moverá a hacer realidad nuestros propósitos; para ello necesitamos aclarar y definir objetivos a lograr y precisar necesidades a satisfacer. A estas últimas las considero como la diferencia entre nuestros objetivos O y nuestra Realidad R, es decir:
N = O - R.
Suplícoles aceptar mis excusas si con estas reflexiones, descritas de este modo y sin mayores eufemismos, causo desajustes anímicos o conceptuales; mi intención es motivar mejores raciocinios o, tal vez, generar discusiones[3] sobre aspectos que sustenten nuestras labores de liderazgo magisterial, en el nivel que nos desempeñemos[4].
Muchas Gracias por su atención.
Prof. Julián Vigo Florián
“El triunfo sobre la propia personalidad es un objetivo tan importante como la alegría que proporciona la dedicación al trabajo solidario”
… Seamos dedicados solidarios.
[1] Que se insiste en llamárseles conceptos.
[2] Compromiso psicológico de/para hacer bien las cosas respecto de parámetros asumidos previamente.
[3] Intercambio de ideas para mejorarlas y sustentar nuevos aprendizajes; sin ánimos de “vencer” o de predominio.
[4] Cosidero que el presente ensayo, todavía no dice mucho no obstante haberlo concebido el siglo pasado... ¿Acaso no hemos avanzado?, o ... ¿Estamos en proceso de regresión ?
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