POEMAS A LAS MADRES EN SU DÍA

Poetas del Mundo

Cajamarca, 09 de Mayo del 2009.

Con mucho cariño y dedicado a las Madres les alcanzamos esta compilación de poemas alusivos al “Día de la Madre” de poetas de distintas partes del Mundo.

 

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Día de la Madre

 

Autor   Título
Víctor Castro Achuy   ¡Feliz Día de la Madre!
Víctor Castro Achuy   Mamá Celia
Carlos Garrido Chalén   Necesaria declaración testimonial
Olegario V. Andrade   Consejo Maternal
Raúl Ramírez Soto   Vuela palomita
Edmundo Icaza Mendoza   A mi Madre 
Jimmy Calla Colana   Canto a una Madre
José María Gahona   Elegía a la Madre
Dante Vázquez Maldonado  

Para Ti, Mamá

Enrique Horna Fernández   Madre.

 


¡FELIZ DÍA DE LA MADRE!

 

  

Víctor Castro Achuy

 

A mi madre que, desde las alturas, sonríe a su cholito.

 

A todas las madres de mi Sierra, que reverdecen los cerros.

De mi Selva, que van de la mano con el Amazonas.

De mi Costa, dando la hora con fosfórico fuego del mar.

 

A todas las madres de mi barrio, que mayos atrás

salieron envueltas al mundo, con cuidados y Amor.

 

A todas las abuelitas, que también son dos o tres veces madres.

O debería crearse o fundarse un Día de la Abuela

y Día de la Suegra! Que también son angelicales madres

de nuestra "madrecita".

 

Feliz Día de la Madre, también a las embarazadas

que ya traen del cielo a su hijo, bajando como astronauta,

listo, para aterrizar en este planeta llamado Tierra.

(Aunque no hubiera sido ilógico llamarlo: planeta Guerra).

 

Un planeta, madre y padre.

Un planeta, de todos y de nadie.

 

 

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MAMÁ  CELIA 

 

 

                  En este amanecer con sol de Mayo,

en mi caminar yo te miro, mamá Celia.

Ahí, pasas por quebradas, ahí, sonríes

                             llegando al pueblo

y te miro llenando las mañanas de mi Ande,

trasladando fruta comprada por cerros de frutos.

 

 

                             Te miro

caminando risueña, tierna, con gritos de alegría

besando mis pequeñas plazas, llenas de chiquillos,

y te miro

                              no hablando de mis viajes,

                              de mis hijos enfermos, de mis pobrezas.

Siempre callada ante golpes fieros como si Dios

                               por allá, no estuviera

defendiéndote de trampas de esas malas autoridades,

de esta dislocada geografía que nos aísla,

y explotadoras garras que aún siguen por todas partes.

 

 

                                Mamá Celia!

¡Qué corazón más lleno de esperanza!

¡Qué frescura de caminos tan solos!

 

 

Hoy he vuelto a nuestra cordillera florida

a plantar entre cerros eucaliptos serenos, y otra vez,

encuentro a tus pasos en olvidos y engaños.

No tiene fuerza mi trigo,

                                ni luna de guía mis caminos.

                                Sin embargo, 

miro que tu sueño es apacible y renaces.

Contigo arde en mi poncho los colores de la mañana,

y tus nietos de esperanza

qué horas de emancipación aplaudida presentan.

 

 

Erguida junto al tiempo, aún siembras jubilosa

mi Patria, por quien morí tanto

                                para ver que no te olvidaran.

Y ahora, que vivo su nuevo Gobierno

                                con sabor a valle,

encaminado a salir de la pobreza, y a trabajar como tú :

con el hijo a la espalda sobre andenes de truenos

de mi vida interandina,

                                 tus manos, cómo agradecen a Dios.

Pero, indiferentes almas no conocen a Dios,

elevado por perennes piedras sinfónicas.

 

 

                                 Mamá Celia!

¡Qué corazón más lleno de esperanza!

¡Qué frescura de caminos tan solos!

 

 

Me orgullece leer cuando te nombran :

                                 "Ñusta de las florestas de América".

Reconocida como trabajadora y fiel mujer del Ande.

Y, de regios telares, que abrigando y destellando

                                   animan en tus Ayllus

y muestran la Mascaypacha de Inca que llevas en la frente.

 

 

Por ti, conozco los dolores que suben y bajan

                                    por nuestros cerros.

Por ti, disfruto en el día, la siembra y lo madurado.

Por tí, el digno acompañado amanecer que nos espera 

                                    para siempre.

 

 

                                    En este amanecer con sol de Mayo

huelo el pan dulce de casa, en la crecida mesa

alimentando a tus nietos,

                                   sin gritos de hambre,

alumbrando nuestra vida como el sí en el pecho

                                   del enamorado.

Y, porque siempre miro tu risa en mi mañana,

                                   en los niños de la familia,

como edificando un nuevo hogar, nueva escuela, nutrida,

                                   liberada, sana, deportiva,

voy a dejar esta iglesia de muertos donde vivo,

y esta distancia de años heridos que se guardan 

                                   en mis cantos,

y en este caminar sin amor, deshabitado en mis tardes,

queriendo propias fuerzas, de todos tus hijos apoyando,

                                   de todas tus piedras,

vivamente unidas y fuertes.

 

 

                                             Víctor Castro Achuy

                                             Laredo. Trujillo. Perú.

 

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HOMENAJE AL DÍA DE LA MADRE

 

 

Carlos Garrido Chalén en un abrazo filial con su Madrecita

 

NECESARIA DECLARACIÓN TESTIMONIAL

(Del Poemario "El Sol nunca se pone en mis dominios, Ganador de la I Bienal Nacional

"Casa del Poeta Peruano" 1992)

Carlos Garrido Chalén

Aunque a nadie le interese
yo nací en el Norte mágico de un país llamado Perú:
viajero incógnito en todos los mapas del planeta:
pero confieso que no me dolieron en aquel entonces
los dolores de parto de mi madre como ahora
que intento sobrepujar con sabiduría los recelos
y de gozar lo que es mío en esperanza.

Nací en forma individual y por primera vez
al final de un arco iris,
justo el día en que se inventó el incendio
y fui tea para encarrujar
la vieja oscuridad de los cerezos.

Y siempre digo:
qué tal grandeza de mi madre
que pudo con tanto nacimientos sucesivos.
Y fui el primero en llegar a su tierra de promisión
y conmigo vino Dios a pasar sus vacaciones en mi tienda
y subidos en los botes anclados en los muelles
nos íbamos en oración hacia alta mar
para pedirle explicaciones a la brisa;
y los pescadores nos imaginaban sus colegas
y compartían nuestro júbilo gitano.
Por eso de ese parto no me voy a olvidar jamás,
ni de los grillos que a las 8.30 de la noche orquestaban mi arribo,
mientras mi Padre, todo él,
con sus ojos vidriados por el llanto
le decía a mi Madre que la amaba.

De todo, lo aseguro, yo me daba cuenta,
y sabía en mis adentro que no estaba solo,
que venía, es cierto, a un mundo trágico y hostil,
pero que ese era acaso mi designio.
No me puedo entonces haber rebelado por eso contra Dios
porque he bebido la gota de su cisterna
y lo raudales de su pozo.

Me tocó venir, y mi venida la he aceptado sin enfados
con la suerte de haber merodeado la nada y el todo
al mismo tiempo,
de saber que Dios vive en el nardo y el azafrán
pero también en el aire sin mácula
de todas las colinas.

Por eso repito que aunque a nadie le interese
yo nací en un pueblo pequeño de gente huraña pero buena,
y supo la casa de mi tía Targelia de historias benditas
que el viento nos contaba.

Mi hermano Hugo, el último de todos mis hermano,
no estaba ni siquiera en el proyecto austero de mi Padre,
pero ya lo conocía desde ante de mi arribo
y sabía de su genio de gruñón y su escondida ternura
de calandria;
pero él entendía que vendríamos a pulular en el dolor
y entonces se nos dio por complotar contra la muerte.
Pudo él haber sido el primero, pero fue el décimo:
Vino cuando ya América había sido descubierta
y mi Madre definitivamente conquistada por mi Padre.
Yo entonces fui el primero
y me tocó venir a la hora del grito, llegar aquí
a la hora del relámpago y del trueno
sin testigo numerosos que prealumbraran la mano santa
de la Comadrona;
y cuentan que un alacrán le puso misterio a aquella noche:
magia de procesión y de suspenso. Pero supe que en el mundo
hay venenos más mortales que los de aquel arácnido
de aguijones curvos
que nadaba regodeándose en mi cuerpo.

Y sobreviví a la muerte siendo un recién nacido
- como para no morirme jamás –
y disfruté escuchando los parecidos que me encontraban:
unos decían que era igualito a mi Padre y otros que a mi Madre;
algunos me encontraban semejanzas con mi Abuela
(la mía por si acaso).
Yo sabía que me parecía a mí mismo
y que era distancia
de mi propia distancia.
Pero de qué sirve a la vida que uno se parezca a alguien
si el parecido no vale de nada cuando se está solo,
cuando la tristeza llega al corazón y nos muere la zozobra.

Por eso no asisto ni a mi propio cumpleaños
para no parecerme ni a mi sombra.
Soy hijo de quien soy y punto. Estoy
buscando un nombre bíblico
para el perro que tendré algún día
y quiero que mi molino muela para mí y para mi vecino.

He venido a este mundo cargado de regalos y de viejas consignas
y aunque Dios no necesita de slogans ni de discursos políticos
para ser un líder en la Gloria,
me he traído de sus muchas moradas sus gritos de insurrección
para incendiar las praderas.

Y heme aquí
Corsario en un buque que contrató el cuchitril
para navegar la noche de mi pueblo;
de ese pueblo lindo pegado al mar
de cerros encantados y nereidas.
Allí aprendí a saludar y respetar a mis mayores
y bajo el runrún belicoso de las olas espumosas
me convertí en héroe de mis propias batallas.

Muerto y vivo. Caído y levantado.
derrotado y triunfador al mismo tiempo,
soy a veces una luz intermitente que se extingue
pero también una metralla disparada al dolor
y una canción de cuna cuando me enternezco.
Galardonado aquí y allá, nadie no obstante
distingue mis medallas
ni me sale a recibir cuando yo llego.
Y allí están mis diplomas despintados
hablándome soberbios de mis triunfos pasados
que al mundo no interesan
y están también
mis blancos escarpines de niño
pintados con cauchín
con los que marchaba en los desfiles de mi escuela;
están mis cartas de amor que nunca llegué a remitir
por falta de destino,
mi cerda de pescador, mi caballo de totora y mis colores Faber
con los que pintaba a Dios subido en una nube.

Todo está allí como reserva de mis buenos tiempos:
como una atalaya desde cuya altura un clarividente
deletrea frases proverbiales para el tiempo,
mientras yo, abajo del talud,
con mis ojos triste profetizo.



Me hago a la mar sin mar de fondo que contenga mis iras
y sin secretos posibles que ocultar cuando me muero.

Adónde estará la casa donde nací
adónde sus cerezos.
Adónde morará insomne mi primer grito de libertad
sino tengo ahora voz que repita en eco
palabras importantes;
si ahora voy mí mismo y encuentro que ya me he ido,
solo, cabizbajo, buscando en la heredad del espino
una palabra amiga que acaso me comprenda.

Adónde andarán Señor mis sueños de trovador
ahora que necesito cantar
y no hay manera posible de sobrevivir al canto,
ahora que necesito vivir y no hay quien comprenda
que para vivir se necesitan dos
y yo estoy solo.

Pero la aurora canta ahora el idioma de la restauración
y hay un Dios monologando con el viento
que en la mitad del discurso se percata que existimos
y voltea la mirada para vernos.
De modo que no todo está perdido
(aunque parezca que estoy aquí como si saliera
un poco movido en la fotografía
y con mi corazón en huelga de hambre).

Allí está para demostrarlo mi Madre que a sus 50 y tantos años
sabe de la ilusión y la comparte con nosotros,
mi Padre que registra en sus ojos verdes el paisaje
de esa tierra inmarcesible que forjaron
nuestros viejos pioneros en la bruma;
está ella, con su voz de acero,
buscando un horizonte de amor en mi ternura.

Y yo que no quería nacer
estoy jugando con la sombra
de mis caídos abuelos que se fueron,
y porque tras de ahora vine lo que fue antes
(y antes fue lo que será ahora)
sé que es dulce el tañer, dulce el cantar, dulce el escuchar;
y no me importa que contra mi agucen sus ojos pájaros extraños,
se junten para entregarme si pena a los impíos,
me rodeen sus flecheros o cubran de polvo sus escudos.

No rebusco rencores ni recojo agravios
ni blando mi espada vengadora
por que aún los moradores de mi casa no me tienen
por extraño
ni la hiel de las áspides penetra en mi torrente.

Lo único que sé
es que el sol nunca se pone en mis dominios.

Voy a mi pueblo, antes que lo devoren los años
transcurridos
y la saeta traspase su corredor y consuman su fuego
los fantasmas
y le pido a dios que tolere el temblor
que estremece a mis manadas,
que aquí está, escuchen, el tamboril, la cítara y la flauta,
los huesos regados de tuétano y las vasijas repletas de miel
para las viudas;
que no me turbe el espanto repentino poniendo palabras
innecesarias en mi corazón.

Yo quiero que ahora me llamen por mi nombre
para tener cobertura contra el frío
hoy que en la ciudad dicen que gimen los moribundos
y claman las almas de los heridos de muerte en la batalla.

Sólo soy un viento
que aviva el fuego tembloroso de mi exilio
y ante los demás pongo por testigo a mis obras concluidas.
Y aunque hasta ahora no sé para qué sirve una ventana
y todo me preocupa
no bebo cerveza al final de algún combate
en el cráneo de mis vencidos enemigos.

Estoy repleto de hasta luegos que invaden el crucero.
Por eso busco en los sábados en que me abate la tristeza
el territorio conquistado de mi infancia
para ser más bueno;
y porque en cada tumba hay un adiós que se repite
con el escudo de mi fe avanzo
a favor del viento
o contra el viento
y me anticipo a aquel despido que se acuna en las grupas
de la muerte,
y me voy por las aguas de la normalidad
en mi barca invisible
para encantarme en sus oleaje, a como de lugar,
seguro de ser un trovador de puerto y un cantor de puna.
Si mi prójimo me deja confuso, soy sabio:
consulto el caso con mi corazón
y entonces pienso que lo peor que me puede pasar
es sentirme ausente.

Viajo porque soy un viajero sin pasaje comprado
que transcurro a dedo los recodos ignotos
pero si me preocupan que un día los diarios anuncien
la blasfemia de que Dios ha muerto.
Y digo: primero yo Señor, para no ver a tus enemigos
con su risa a lo Perro Pulgoso diciendo:”Ya ven
que el hombre no era inmortal”.
Y si así sucediera, prepara todo Señor
para que la noticia no trascienda
y no caigan los dogmas ni tantas dignidades,
para que el que planta y el que riega
sigan siendo una misma cosa a la semilla.
Porque tus enemigos son también mis enemigos:
a ellos – que los traspasarás con tus saetas –
los supongo, pero gracias a ti no los conozco
ni me interesa conocerlos.
Sé que diariamente complotan para llevarme al cadalso,
hablan de mí, me inventan cuentos y en su fanático delirio
sueñan con verme metido en un destartalado ataúd
extinto para siempre
pero jamás les hice nada
y como no conozco el odio los ignoro.
Los míos sin embargo me salvan de la muerte diariamente,
se enfrentan por su propio riesgo al enemigo,
me llaman a la reflexión y prueban que me aman
y me nutro del amor de todas sus edades,
y salgo a la calle convencido
que no encontraré al diablo
hurgando en mi futuro;
cruzo las veredas pensando que el mundo es mucha más
que un lodazal y me enternezco
y porque soy poeta y entonces hombre
me conmueven las calandrias
que vuelan mi ciudad
limpiando el Cielo.

Por eso, a mis enemigos los supongo,
pero gracias a Dios no los conozco.
No vale la pena conocerlos.
Dicen que vienen a mí con sus armas en ristre
con un yugo de hierro sobre el cuello
dispuestos a vencerme
pero tengo la espada de mi amigo de arriba
debajo de mi almohada.
Como el trillador, bieldo en mano, separo la paja del trigo
cuando quiero,
y la gracia del que habitó en la zarza me defiende.
Jamás contraté guardaespaldas porque guardianes invisibles
- con su fuerza de búfalo –
me cuidan el camino
pero puedo enfrentarlo sin su ayuda
en el día y hora en que me reten
y embriagar con la sangre de los muertos mis saetas.
Porque el viento y las olas siempre fueron
a favor del que sabía navegar.

Soy pacífico en tiempos de paz, pero guerrero comprobado
- gente de guerra – en tiempos de combate
y no le tengo miedo al polvo del desierto
ni a la bruma renegona del ocaso.

Yo conozco el amor y eso me basta.
Ninguna puerta entonces debe estar cerrada
Y cada vez me convenzo más que existe un Dios
saliendo de la cárcel en la que todos pernoctamos
y que vendrá mañana vestido de púrpura encendida
a ver dónde nacimos.
Y yo le enseñaré el cerezo de Tucillal, la escalera de mi casa;
y convocaré sin prisa a mis abuelos muertos
para arreglar con ellos todos los entuertos.
Y entonces me olvidaré que esta piel que habito
me la prestó el invierno para no morirme de fantasma
e iré a mi designio con todos los vivos y los muertos que me invocan
para consignar tu nombre,
en el libro de la eternidad y del silencio.

No me he aprendido de memoria a Dios
para ufanarme soberbio que es mi amigo.

Su nombre me lo dio la tarde una mañana oscura de cansancio
y supe de su vivir cuando aún el arco no era iris
y yo era un simple nonato vagando en el espacio
exiliado en el runrún del trueno quejumbroso.

Conozco la playa de mi pueblo
como si la hubiera pintado de memoria
y a ella voy diariamente, con mi disfraz de buzo
para buscar en el interior de sus brumosas olas
sus tesoros.

Nadie podrá por eso decir que me he olvidado de amarlo
intensamente.
Mi pueblo es mi pueblo, y yo lo amo con mi mejor amor.
Subo a sus cerros, me deleito en sus caminos, reto sin enfado
el tracto sucesivo de sus ecos y de noche
hago un aquelarre en su viejo cementerio
y todos mis paisanos muertos salen a mi encuentro
y me entero sin querer de sus secretos.

Sé entonces que la muerte es una ficción
y la vida una locura.

Por eso he prometido que mañana, pasado y todos los días
de mi vida (y de mi muerte)
iré a visitar a mi vieja Magdalena,
y merodearé su tumba para contarle cuánto la he amado.
Me subiré a mi monte y contemplaré su tierra prometida
desde mi tribulación para encontrarla
Y seguro estará allí – toda ella – con su belleza serrana
recuperada la vista y sin sus males congénitos,
sin quejas ni melindres
con ganas de vencer su anticuada tristeza.
Yo iré con mis mejores olores
para hacer mis pagos por la vida;
y ella sabrá por fin que la muerte no existe
que se fue a otro lugar a cumplir un designio
y que aunque las posibilidades de regresar
son muy remotas
lo que importa no es venir
sino saber que uno marcha a otro destino;
iré a su podio para contarle de nuestros avatares
del dolor de la alondra y del júbilo del río.
Porque el corazón esperanzado
lo tiene todo en su esperanza;
y como seguro me preguntará cómo está mi Madre,
le diré que por decisión mía, exclusiva,
ella no morirá jamás,
que vivirá por siempre en la fragancia interminable
de la rosa,
tierna como no hay otra,
venciendo el ocaso de los años transcurridos
militando sin prisa, con su constancia a cuestas,
en ese amor tan suyo, sin edad, ni tiempo
y sin distancias.

Por eso el sol nunca se pondrá jamás en mis dominios.
Yo vine de un pueblo que me enseñó
que siete veces cae el justo
Y si lo es, otras siete se levanta
Y quiero ser resplandor en la luz y calor en el fuego
de todos los instantes.

Hoy ya no me platean las retinas
las olas ondulantes de mi lugar natal
ni los cerros que legraban el amor de mi mocedad
perfilan sus siluetas en mi alma
pero me he traído el murmullo de sus caracolas
en mi alforja
y las lanzaderas de sus telares
para tejer la tela de mi prójimo afligido

Carlos Garrido Chalén
Presidente ejecutivo Fundador de la UHE
Premio Mundial de Literatura “Andrés Bello” de la SVAI

 

Fuente: Necesaria Declaración Testimonial

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Carlos Hugo Garrido Chalén. Gran poeta peruano, nacido en el distrito de Zorritos de la provincia de Tumbes, Perú el 16 de octubre de 1951. Realizó estudios superiores de derecho (1970-1976) y periodismo (1990-1995) en la Universidad Nacional de Trujillo, fue reconocido en 1997 por el Instituto Nacional de Cultura (INC), con la distinción "Patrimonio Cultural Vivo de la Nación", obtuvo el premio mundial de Literatura "Andrés Bello", versión poesía, el año 2009 en Venezuela, es uno de los actuales representantes del Grupo Norte que surgiera en la ciudad de Trujillo en la primera mitad del siglo XX. Su producción poética es abundante y de mucha calidad.

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CONSEJO MATERNAL

 

Olegario V. Andrade

República Argentina

Ven para acá me dijo dulcemente

mi madre cierto día;

(Aún parece que escucho en el ambiente

de su voz la dulce melodía).

 

Ven y dime qué causas tan extrañas

te arrancan esa lágrima, hijo mío,

que cuelga de tus trémulas pestañas

como gota cuajada de rocío.

 

Tú tienes una pena y me la ocultas:

¿No sabes que la madre más sencilla

sabe leer en el alma de sus hijos

como tú en la cartilla?

 

¿Quieres que te adivine lo que sientes?

Ven para acá, pilluelo

que con un par de besos en la frente

disiparé las nubes de tu cielo.

 

Yo prorrumpí a llorar. Nada, le dije;

la causa de mis lágrimas ignoro;

¡pero de vez en cuando se me oprime

el corazón y lloro!…

 

Ella inclinó la frente pensativa,

se turbó su pupila,

y enjugando sus ojos y los míos,

me dijo más tranquila:

 

¡Llama siempre a tu madre cuando sufras,

que vendrá muerta o viva.

Si está en el mundo, a compartir tus penas;

y si no a consolarte desde arriba!

 

¡Y lo hago así cuando la suerte ruda,

como hoy, perturba de mi hogar la calma;

invoco el nombre de mi madre amada,

y entonces siento que se ensancha el alma!

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Olegario Víctor Andrade. [1839 – 1882]. Poeta, periodista y político argentino, desde 1859 se destacó por su pluma y a los 21 años fue nombrado secretario personal del Presidente de la Nación Santiago Derqui. Fue poeta de cariz lírico y épico, aunque dio poco a la publicación. Las obras épicas abordaron los mismos temas de la historia nacional que había tratado como periodista. Posiblemente sus mejores versos podamos hallarlos en sus obras El nido de cóndores y Prometeo*.

Leer poemas de Olegario Víctor Andrade

*Fuente: Enciclopedia Wikipedia

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VUELA PALOMITA

Por Raúl Ramírez Soto*

Linda palomita amiga,

mensajera de la paz;

vuela linda cuculita,

hasta llegar a su hogar.

 

No importa si en este empeño

algo tardas en llegar,

pero ve y dile a mi madre

que hoy la quiero mucho más.

 

Que en el fondo de mi alma

yo le levanté un altar,

para que estuviera siempre

mi madrecita sin par.

 

Que hoy me encontraste llorando

porque me puse a pensar

que, este Día de la Madre,

ya no le podré besar.

 

Ni podré decirle cuánto

yo le tendría que dar,

en gratitud y en afecto,

por esa entrega total.

 

Entrega de ayer y siempre

por sus hijos, por su hogar;

ay madre, mamita linda,

¡quién te pudiera besar!

Vuela cuculita amiga;

vuela, vuela, sin tardar;

y dile que, con el tiempo,

¡Yo la quiero mucho más!.**

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*Raúl Ramírez Soto. Poeta, decimista, docente e intelectual lambayecano, nacido en Caleta de Pescadores de San José, Lambayeque; es uno de los más refinados poetas para niños por su pluma suave y diáfana. Eximio autor de décimas de pie forzado, libres, de punto fijo. Entre 1973 y 1979 fue Director del Núcleo Educativo Comunal de las Ex Cooperativas Agrarias de Producción Azucareras Tumán, Pucalá, Pomalca y Capote.Yentre 1994 y 1997, culminando su destacada carrera, fue Director de Educación de la Ex "Región Nor Oriental del Marañón", Con jurisdicción en Lambayeque, Cajamarca y Amazonas. Ha publicado muchos poemarios.

**RAMÍREZ SOTO, Raúl. Cuchohambra - Poesías para Niños - Antología Personal. 1ra ed. noviembre 2011. pp. 10.

Ver microbiografía de: Raúl Ramírez Soto

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Este poema fue escenificado en el Congreso de la República por los educandos de la IE Belén de Ventanilla, Prof. Celia Garay

 

 

 

A MI MADRE

  Por Edmundo Icaza Mendoza

¡Tu retrato a través de tu mirada

me evoca Vigilia de Amor!

 

                   ***

 

Luz Celestial que guía mi camino.

Ángel terrenal de inmenso amor.

Regio regalo de Dios y sobre todo,

Lenitivo vital de mi corazón.

 

Eres hábito perenne de mi vida;

Mi estrella y mi rosa sois.

Eres alegría de mi alma sensitiva

Para abrigar de ondas suaves mi destino.

 

Tu recuerdo vivo de inspiración y fe,

Se revisten de auras al amanecer,

Tu perfil sagrado, alivio de mi mente,

Álzase de lo más profundo de mi ser.

 

Me he ataviado de perfumes y floresta,

Para sorber el derroche de tu mirada

Y, evocar sentimiento en mí poesía,

Para venerarte eternamente ¡Madre Mía!

 

Autor: Edmundo Icaza Mendoza

Poeta y Periodista. León, Nicaragua. C. A.

 

A la memoria de mi madre “María Elsa Mendoza Parajón”

9:30 a.m. del 26 de Mayo 2001. Salón de Sesiones

“Rubén Darío”. Alcaldía de León.

 

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Edmundo Icaza Mendoza, poeta y periodista de León, Nicaragua. Coordinador General de "Vanguardia Cultural Leonesa", su lema: "Yo soy poesía, fui creado por el amor". Actualmente organizó junto al poeta José Mercedes Ruiz el Concierto Musical: “Un Tributo a Salvador Cardenal” que se realizará el 11 de marzo del presente año 2011 y será a beneficio de las Mujeres con cáncer en las mamas.

Es hijo del Poeta Edmundo Icaza Munguía "Hijo Dilecto de la Ciudad de León" y hermano de la Poeta, Dra. Vida Mercedes Icaza J.

Actualmente vive en la ciudad de León, cuna del gran bardo Rubén Darío, ciudad dariana por excelencia.

Su correo: Edmundo Icaza Mendoza edicamen@yahoo.com

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CANTO A UNA MADRE

Por: Jimmy Calla Colana

 

En mis locos sueños conocí a una gran mujer

que tenía algo muy divino por su inmenso amor

a los suyos y sobre todo a los niños,

aquellos indigentes privados del pan de cada día.

Ella es una criatura puramente espíritu

con un denuedo y coraje interminable,

para con sus condescendientes por sus desvelos,

preocupaciones y esfuerzos que siempre desarrolla

incansablemente por ver a todos sonreír

y que reine el buen humor dentro de los suyos.

Ella cuando fue una dulce doncella, de poca edad o en nubilidad juvenil

medita y cavila como una dama madura buscando siempre la certeza del vivir.

Ella que cuando los cabellos plateados surgen y adornan su hermosa cabellera,

trabaja con una fuerza inagotable,

sacando energías y un carácter propio de su eterna lozanía.

Ella es una mujer que siempre aconseja, orienta

y tiene una sabiduría inalcanzable de cuya fuente inagotable

brotan las enseñanzas imperecederas que tu siempre recordarás y nunca olvidarás.

Ella siempre se adecúa a la vivencia de los más pequeños,

tanto se sacrifica por arrancar  una sonrisa

a los que vienen buscando la luz de la verdad,

que no tiene tiempo en pensar en el estirpe y abolengo de los demás.

Ella que siendo pobre se satisface y es inmensamente feliz

con la  felicidad de todos los que ama y que si tiene algo de riqueza

lo compartiría por no llevar en su alma lacerada

el puñal del menosprecio y de la ingratitud.

Ella que cuando es débil y se arremete

a lo que ella más ama, saca fuerzas de donde no las hay

para revertirse con el escarpado de un toro de lidia para defender a los suyos.

Ella que cuando es fuerte e inmensamente grande

se estremece con el llanto y el sollozar de un niño galopín.

Ella es una mujer que cuando está viva

la menos preciamos, ni siquiera la oímos

y no la sabemos estimar, a pesar que paramos mucho tiempo a su lado.

Ella que protege y asiste al excluido,

pero cuando se trata de los suyos,

todo lo malo, para ella, es bueno

y todos los dolores, sabores y sin sabores; pasarán

y serán extravíos en el  olvido.

Y si llegas por esas desgracias del destino a estar preso;

todos se cansarán de visitarte y ella será la única,

que con un pan sin mantequilla llegará para compartir

en tu mesa vacía y por fin con esa mirada tibia perdonará tus extravíos, pero siempre, ella  te visitará para que no estés preso en tu propia pesadilla.

Ella que al convertirse en polvo cósmico

y esconderse en el firmamento de gotas de rocío;

¡que no daríamos!, ¡todo!,

por mirar un trocito de su vejez y daríamos todo lo que tenemos

por siquiera sentir su candidez o abrazarla para escuchar

sus latidos de su corazón y su benignidad.

Pero hoy que duermo plácidamente, os digo,

frente a estos muros de cemento, frente a tus libros

y bolígrafos, que te han absorbido en el infinito tiempo;

que ya no me exigáis; ni me preguntéis

¿Quién es ella?,

no me pidáis sus créditos o su celebridad.

Ustedes nunca se acordaron de ella como debe ser,

y si no quieren que mis lágrimas de rocío

humedezcan tu hombro o impregnen

tus exquisitos textos de alta alcurnia, escuchadme,

porque con el corazón desgarrado entre mi manos,

yo os digo que a esa musa la vi en mi camino de rosas y espinas, y solamente te digo,

que en este efímero día, que cuando crezcan vuestros hijos,

cantadle este juglar literario para que ellos recapaciten

y cubran de un ósculo tu mejilla y os les diráias

que un humilde poeta en retribución  a esta amistad recibida

en este salón petrificado de maestros,

ha dejado en este aposento cálido un poema para vosotros

y para ellos, tus hijos, esta metáfora

de la prosografía grabada de tu madre.

Hasta que el canto de los pájaros del amanecer, me sorprendieron

y despertaron mis dulces sueños; como un rayo fui al encuentro de ella,

cerré los ojos, la abracé, lloré en su hombro hasta escuchar su dulce voz.

-¿porque lloras?

y yo supliciamente le respondí:

-pensé que te habías ido.

Feliz día mamá.

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Jimmy Calla Colana. Nació en Moquegua el 26 de abril de 1957, pero radica en el Callao, a pesar que tiene varias maestrías él se considera un maestro de aula. En un blogspot encontramos estas notas: Los poemas del profesor Jimmy Calla Colana tienen como característica su autenticidad, porque es el resultado de la lucha que emprendió por una causa subliminal, de una trayectoria honesta, ya que refleja algunos pasajes de su vida inagotable entregada a la causa magisterial y popular, por todo ello estuvo preso hasta en 6 oportunidades y 5 huelgas de hambre”. Jimmy desea que “su poesía llegue a los niños a quienes ama tanto”. Ha publicado Los niños del Callao escriben poesía". Su email es: jimmy_calla@hotmail.com.

 

KLIKEA

http://magisteriodigno.blogspot.com/2009/06/alberto-pizango-jimmy-calla-colana.html

http://magisteriodigno.blogspot.com

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ELEGÍAS A LA MADRE.

 José María Gahona

4

ALLA en las tardes

                                   mi madre remendaba

con retazos de verano

                        mis desgastados pantalones

y cosía también

                        al pie de los ojales de mi camisa

lunas blancas y redondas

                        con ojos de peces fosforescentes.

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José María Gahona. [1958]. Poeta peruano nacido en Piura. El poeta Ricardo Musse refiere: José María Gahona ha absorbido de la naturaleza su código poético. Procesa el lenguaje con tierna sutileza atrapando, con su corazón de niño encendido, la naturaleza para reverdecerla a través de la pureza de su sensibilidad, "rebautizando el mundo modesto de la callana y la choza para que veamos la maravilla de la vida”. Ha publicado: “Transparencias” 1995, “Cuaderno de Pájaros” 2008 y “Sol Sol Girasol”  2008.

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Para Ti, Mamá

Por Dante Vázquez Maldonado

 

Para ti, mamá,
el cielo entero,
por ser la estrella
de amor sincero
y de alma bella
que por mí vela.

Para ti, mamá,
la tierra entera,
por ser la rosa,
que poco espera
y que rebosa
cariño y bondad.

Para ti, mamá,
el mar entero
por ser la espuma,
de aire hechicero
que hace de pluma
los días tristes.

Mi amor sincero,
mi admiración
y mi respeto,
en mil te quiero
de corazón,
para ti, mamá.

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Dante Vázquez Maldonado, poeta mexicano, nos refiere: Nací en la ciudad de México, la madrugada del 7 de Diciembre de… Comencé a escribir acompañado de Amor y Alegría; sin embargo Tiempo y Lectura me enseñaron que Poesía encierra en su interior a Universo…

Ir a: Poemas de Dante Vázquez Maldonado
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MADRE

Por: Enrique Horna Fernández.

Hoy estoy lejos, muy lejos
de tu nacimiento y muerte;
en un camino que no conozco
donde todo es tan calmo,
en una tierra, que es lejana de tu vientre.
Madre, generosa en la alegría
y tristeza de tu existencia,
si pudieras con tus lágrimas
curar las llagas de los que sufren;
y redimir a los que creen
que la vida es siempre entrega.
Madre, como duele tu ausencia,
tu risa que se quedo en mi cuna;
y tus sueños que se fueron
volviendo añoranzas.
Y extraño tu orgullo de tenerme,
tu risa de niña provinciana;
tu canto de pueblo, tu fe en el amor.
Madre, cuanta humildad se fue contigo
cuanta ingenuidad se volvió viento;
y te fuiste amando unos espacios
que no son color Octubre
ni son el asomo de tu entrega y esperanza.
Madre, mi pequeña, tierna y cariñosa;
siempre serás mi dolor más dolor
mi ausencia más reclamada
y mi nostalgia más cruel,
pero ahí donde se cobijan los amores
siempre te tendré como agua fresca
calmando mis penas y dolores.

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Enrique Horna Fernández, (Oyotún, Lambayeque, 1954). Ingeniero industrial sanmarquino radicado en Australia. Tiene raigambre celendina, su abuelo paterno fue don Neptalí Horna Aguinaga, nacido en Celendín. En los libros “Poetas y narradores” promovido por el Instituto de Cultura Peruana (Miami, Florida-USA) y “Nuestro Oyotún. Primer ensayo de la realidad” (2004) han sido incluidos sus poemas. También en Australia los diarios de habla hispana han publicado sus trabajos poéticos.

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Día de la Madre