CANTARES DE MUJER

 

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Resistiré

Socorro Barrantes Zurita

“Mujer de barro firme,
Mujer casa, china linda, flor, beso, guitarra, enredadera,
Mujer, ventana de luz alegre con barrotes de fuego;
Bajaba los abismos los precipicios de las horas amargas,
Descalza, desnuda, libre, decidida, limpiando las penas.

La paloma comía estalactitas a la hora de su muerte”

 

 

         Nunca, nunca imaginamos ser protagonistas de esta película de terror doloroso, cruel, invisible.  Las calles solitarias gritan ¡dolor!  Los mercados abarrotados de gente buscándose la vida, gritan ¡dolor!.  Las Iglesias vacías con el Dios Crucificado, gritan ¡Dolor! Las camas de hospitales infectados, tugurizados, sin remedio, gritan ¡dolor! Los cementerios abarrotados de muerte y soledad, gritan ¡dolor! Las colas insatisfechas, cansadas, contagiando, gritan ¡dolor!

         Las madres sumidas en el miedo, abren sus alas tiernas para acallar ese grito en todas las distancias y defender la vida de los hijos. Cuántas madres han partido ya, sin imaginar que partirían de repente sin poder despedirse del hijo que las llora desde la puerta de enfrente y ni siquiera tendrá las cenizas para esparcirlas en su corazón entero.  Se han ido a esta hora tantas madres del mundo y no se sabe, no se sabe dónde descansan los restos de su existencia.

         ¡Ha muerto la esperanza! Las flores dejan caer sus pétalos en la mesita de noche, donde la madre dejaba su rosario de cuentas abrigadas en su pecho.  Las Ave María de sus afanes. La crispada lágrima de su pobreza, por no haber guardado pan para mayo.  La carretilla vacía, donde vendía cachuelos para serenar el hambre de los hijos antes de ir a la escuela, en el cerro San Cristóbal.  Ha quedado el pullo sin poder vender las habitas tiernas, la alverja verde, la salvia, la alegría en ataditos a punto de suelo.  Se ha ido la risa compartida entre vecinas madres, en sus apuros de coronar el día con sopita caliente, acompañada de cancha trepidante y bien picosita la carcajada.

 

 

         Aquellas madres han emprendido el camino de regreso, sin saber si tienen ya contagiada el alma de tristeza viral y absurda.  Siempre estuvieron acostumbradas a caminar largos trechos, del cerrito a la escuela.  No les da miedo el camino, ni la muerte.  Sólo quieren regresar a su primigenia tierra, donde todo era compartido en recíproca laya de vivir.  Volverán a sembrar la semilla de la vida.  Ashalando la mala hierba de las penas, cantarán el “Alabado” a la madre tierra que los vio nacer y un día partir alborotados por descubrir la soñada costa, las olas del mar, el adelanto prometido de la civilización moderna.  Por eso se fueron a poblar los costeños cerros de arena, dunas milenarias.  Pero “la civilización” cuando es atacada, no tiene piedad de los migrantes, de los sin casa, sin trabajo seguro, de los pobres, los expectora con cruel indiferencia.  Por eso las madres quieren volver a su tierra donde se hermana con todos los seres de la naturaleza.

 

 

         A las Madres que se fueron con esta maldita pandemia, las saludo, a las Madres que resisten con estoicidad la pobreza de recursos económicos, las abrazo; a las Madres campesinas que abren los brazos sin rencores para recibir a los pródigos hijos que regresan, las admiro.  A las Madres que han dado la vida atendiendo a los contagiados sin descanso, a las madres de los hijos soldados que han partido en esta guerra, a las madres limpiadoras de las calles, los espacios, los lugares infectados, les canto, este triste canto que se enloda en la pena grande de no saber qué hacer, qué tomar, con qué curar esta tragedia!!!!!!!!!!

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