EL VALOR EDUCATIVO DE LA POESÍA
Escribe: Antonio Goicochea Cruzado*

La poesía es anterior a la imprenta, anterior a la palabra escrita. La poesía nació con la palabra y con la capacidad del hombre de admirarse del mundo y de decirlo a otros. Nació en todos los espacios y culturas: en América hay poesía quechua, maya, azteca, mapuche y otras; la occidental tiene como antecedente a la lírica greco-romana. Como que la poesía es la expresión de la admiración del hombre ante el mundo, concepción mágico-religiosa simbolizada, es una cosmovisión que se tangibiliza en la palabra. Y es con el advenimiento de la escritura y luego con la imprenta que se vuelve un género escrito.
Para patentizar el valor educativo de la poesía partiremos de la premisa que todo arte nos vuelve más humanos, por tanto la poesía, como arte, es el vehículo ideal para potenciar la sensibilidad humana, Da además una oportunidad única: conocer a las gentes «por dentro», saber lo que piensan, sus penas, sus alegrías...
La poesía y el cuento son imprescindibles para la construcción del lenguaje. Son los medios que hacen pasar al niño del lenguaje de comunicación corriente, a una lengua más elaborada (variedad de verbos y adjetivos, frases complejas, etc.)
La poesía cultiva la imaginación que es fundamental para el éxito escolar y para el desarrollo general de la personalidad.
Ahora que los niños están inmersos en un mundo que exige muy poco esfuerzo de imaginación: la televisión, el cine, etc., nos dan una visión de las cosas que sólo precisa de un mínimo esfuerzo de atención para seguir lo que las imágenes y el sonido nos están transmitiendo. En cambio la lectura de la poesía exige un esfuerzo imaginativo muy grande, al tener que pasar de una imagen escrita (el texto) a una imagen mental (el contenido).
La poesía enriquece la actividad creadora, como consecuencia de la sensibilización que el texto poético aporta.
La poesía transmite al niño la sensibilidad de su creador, dando al niño un inicio de educación estética, que se reflejará más adelante y que demostrará pronto con sus creaciones poéticas. Sus pininos poéticos.
La poesía sensibiliza, y no tiene límites de nivel de desarrollo psicogenético. Es sumamente arrobador ver a un niño Down, decir una poesía con ternura inconmensurable. Nadie puede prescindir de la fantasía: ni el niño, ni el adulto; ni el enamorado, ni el misógino; ni el científico ni el historiador.
Recientes investigaciones han puesto de manifiesto similitudes notables entre los procesos de la creación artística y los de la creación científica. Ciertamente, jugar con las palabras y la imaginación no es el único medio que tienen los niños para acercarse a la realidad, pero este juego no implica en absoluto pérdida de tiempo; por el contrario, significa dominio de las palabras y las cosas.
Para mostrar la realidad ocultada por las apariencias es indispensable recurrir también a la imaginación. Un ejemplo simple y banal: incluso para comprender por qué se enciende un fósforo cuando lo raspamos en la lija de su cajita hace falta imaginación. En segundo lugar, porque una educación puramente racional producirá un hombre disminuido en algo esencial de su ser, mutilado. Para la formación de un hombre completo y de una mente abierta a todas las direcciones, incluida la del futuro, es indispensable una fuerte imaginación.
A través de la poesía se transmite, también, patrones culturales, cosmovisión, mitos, tabúes, ideología.
En algún libro aparece esta poesía:
«El padre, trabajando;
la madre, en el hogar;
los niños, en la escuela,
y los patos a volar...»
De manera sencilla y eficaz se está fijando una cultura de la preeminencia del varón, que algunos llaman “machismo”. A los varones les pertenece la plaza, la esfera de lo público, de lo social; para las mujeres queda lo privado, lo cotidiano. De esa poesía, anterior a las muy literarias distinciones entre lo «útil» y lo «agradable», entre lo «necesario» y lo «gratuito», entre «forma» y «contenido», entre «géneros”, «gustos», «estilos»; esa poesía que no es sino el establecimiento de lo simbólico y así, de lo humano. Cuando nuestro tratamiento de género cambie, cambiará la poesía.
“Ven agüita cristalina,
del arrojo, cantarina,
en todas las mañanitas
ven a lavar mis manitas.
Ven agüita cristalina,
del arroyo, cantarina,
ven baña a mi corazón
con suavidad de algodón.”
Estos versos nos hacen sentir la teluria del ande cajamarquino y la cultura hídrica nuestra.
Estos versos del insigne Vallejo: “(...) hay hermanos muchísimo que hacer.”, nos recuerdan el enorme compromiso social que el hombre tiene con su entorno.
La poesía simbólicamente nos acerca el mundo real. Enorme significancia educativa.
En el mundo de lo poético, impera la cadencia, el ritmo la imaginación e incluso lo absurdo. El lenguaje poético es imaginario, nunca expresa lo real como tal, sino que, va más allá de la realidad, la supera, desprendiéndose de ella. Partiendo de situaciones o vivencias, las reelabora. En este proceso encontramos una experimentación, un análisis, una planificación, una organización de materiales, una hipótesis que por fin lleva a la invención. La poesía modeliza la realidad.
Que la ficción sea juego del que el niño tenga conciencia y con gusto lo acepte y con él goce. La fantasía como elemento desbordando, la realidad y la vida.
cultivo una rosa blanca
para el amigo sincero,
que me da su mano franca.”
Martí dice: «el primer deber de un hombre de estos días, es ser un hombre de su tiempo»
El buen escritor puede escribir partiendo de la realidad más sensible como objeto y puede tejer con ella la fantasía poética. Entonces puede crear imágenes que, lejos de desvirtuar la realidad, la perfilan y la exaltan.
«Los niños saben más de lo que parece, y si les dijeran que escribiesen lo que saben, muy buenas cosas que escribirían». Con estas palabras, Martí nos dice de la enorme potencialidad que los niños tienen para simbolizar la vida.
El niño, para Martí, puede escribir cosas interesantes; esta sería la verdadera literatura infantil, de la que algunas cosas van apareciendo en la medida en que la expresión del niño es respetada.
Pero no faltan quienes, consideran inútil una literatura infantil hecha por los propios niños. Lo que ocurre es que muchas veces esa literatura no es auténtica ya que se obtiene de niños habituados sobre lo que les propone la escuela, en un estilo gramatical, frío y sin verdadera expresión. Tan sólo las escuelas que han exaltado «el valor de la lengua viva, del habla sin amaños, por encima del estilo gramatical, seudo académico y ramplón de tantos libros de lectura escolar; tan sólo aquellas que han dejado crecer en el corazón del niño la pasión por las anécdotas, relatos, aventuras, sucesos y problemas de la vida cotidiana, los que pueden salir palpitantes de vida en el lenguaje, sólo esas escuelas pueden descubrir y ofrecer la prueba definitiva de una auténtica literatura de niños».
Entonces como dice Gianni Rodari «la imaginación dejaría de ser imaginación que consume para transformarse en imaginación que crea».
Resulta particularmente sugerente la forma en que viven y crean los niños su propia poesía a partir de sus experiencias y de sus lecturas. Don Mario Florián decía que el poeta es tal porque no ha dejado de ser niño, de tener la capacidad de observación y la de admiración de niño.
Desde el punto de vista de la expresión, la lengua oral es un elemento esencial, y es preciso que el niño se acostumbre a usar este instrumento en sus dos aspectos de comprensión y de expresión.
Hemos de lograr que entienda enunciados lógicos, que use la atribución,
que aprenda a describir objetos y situaciones próximas, que sea capaz de atender y comprender encargos. El aprendizaje de poesías, pareados, por parte del maestro, proporcionará al niño una orientación tendente a conseguir y conocer unas pautas, que le servirán de punto de referencia cuando sea él quien busque y tantee nuevas formas de expresión.
Obviamente, si se ha trabajado en estos aspectos antes de iniciarse el nivel inicial, en el Jardín, la tarea resultará más fácil. No obstante, los maestros no pueden olvidar que ellos constituyen la base necesaria sobre la que se construirá el aprendizaje. Una vez comenzado, no podemos dejar de lado ninguno de estos aspectos, sino que deberemos trabajar en ellos al menos durante todo el proceso de aprender.
El mundo poético y el niño no pueden ignorarse en ningún instante. No hay edades para entrar en el mundo poético; hay, eso sí, unas técnicas, unos conocimientos que deben ir asumiéndose progresivamente.
Solo el cielo es el límite al crear poesía.
--------------------
* Antonio Goicochea Cruzado, profesor, escritor, poeta y declamador peruano, nacido en San Miguel de Pallaques - Cajamarca, sus poemas se han publicado en revistas y diarios locales, ha participado en certámenes literarios nacionales e internacionales, es miembro de la Asociación de Poetas y Escritores de Cajamarca (APECAJ).