REVERENCIA A NUESTROS HÉROES

Cuentan que un viajero llegó un día a Caracas al anochecer, y sin sacudirse el polvo del camino, no preguntó dónde se comía ni se dormía, sino cómo se iba a donde estaba la estatua de Bolívar, Y cuentan que el viajero, solo con los árboles altos y olorosos de la plaza, lloraba frente a la estatua, que parecía que se movía, como un padre cuando se le acerca un hijo. El viajero hizo bien, pues todos los americanos deben querer a Bolívar como a un padre. A Bolívar, y a todos los que pelearon como él, porque la América fuese del hombre americano. A todos: al héroe famoso y al último soldado, que es un héroe desconocido. Hasta hermosos de cuerpo se vuelven los hombres que pelean por ver libre a su patria.

 

De: TRES HÉROES

José Martí, Cuba 1853-1895

 

SIMÓN BOLÍVAR

(Un hombre de cuna aristocrática)

 

Eran los Bolívar una de las familias más aristocráticas de caracas que, además de los distintos honores ostentados por la clase alta venezolana, poseían una inmensa fortuna.

 

Vivía la familia Bolívar en Caracas, aunque a veces pasaban grandes temporadas en la hacienda de San Mateo.

 

En la noche del 24 al 25 de julio de 1783 vino al mundo Simón Bolívar, el cuarto de los hijos de don Juan Vicente Bolívar y doña María de la Concepción Palacios.

 

Bautizó a Simón un sacerdote, tuyo suyo, llamado Félix Aristeguiete y Bolívar.

 

La familia festeja ruidosamente el bautizo, y en el patio suenan las arpas y las maracas, mientras los servidores bailan la zamacueca.

 

Desde la ventana abierta, el padrino lanza algunos puñados de monedas a la chiquillería que grita en la calle.

 

La primera nodriza de Bolívar fue la cubana Inés Mancebo que era amiga de la madre.

 

Cuando Simón no había cumplido aún dos años, su tío, el sacerdote le llevó a la pila, le dejó heredero de todos sus bienes: “Lo he meditado mucho y quiero legar mis bienes a Simoncito testando a su favor”. ¿Todos los bienes? Todos: la hacienda en el Valle del Tuy con toda su esclavitud; la del Valle de Teguaza con cuarenta mil árboles de cacao, mi casa de Carcas, etc.”

 

Pero, curiosamente, el sacerdote iba a nombrarle heredero imponiéndole algunas condiciones: “Primeramente quiero que, si en su día Simoncito tiene hijos, bautice a su primogénito con mi nombre; que contraiga matrimonio a gusto de mis parientes; que viva en mi casa y sea vecino de Caracas; que no caiga en el feo delito de lesa Majestad Divina o humana”.

 

El pequeño Bolívar, mimado en exceso y de genio vivo, empieza a hacerse notar en la casa por sus travesuras.

 

Como en muchas familias tradicionales, los hijos reciben una educación antigua, como la bendición de su padre al levantarse y acostarse.

 

Don Juan Vicente, padre de Bolívar fallecería en enero de 1786.

 

Viuda doña María Concepción, recurre a sus hermanos, por los que sentía una afectuosa devoción, para que la ayuden en la administración de sus haciendas: “Hermano, sería conveniente comprar algunos esclavos más para la hacienda de…”

 

La familia guardó luto durante algún tiempo, pero con motivo de la fiesta del Jueves Santo del Corpus Cristi, que en caracas se celebra con mucha alegría, los Bolívar salieron a ver pasar al Santísimo.

 

En las cálidas noches caraqueñas, la familia se sentaba en el patio a oír historias acerca de los primeros conquistadores que llegaron al Nuevo Mundo, o las leyendas que se contaban sobre las selvas. (“¡No te asustes, amito Simón!” le decía su nodriza).

 

A los siete años recibió Simón Bolívar la confirmación de manos del Obispo de Caracas.

 

En julio de 1792, a la edad de 33 años, falleció doña Concepción Palacios, haciéndose cargo de la familia Bolívar sus tíos maternos y el abuelo que aún vivía.

 

El abuelo Feliciano, aunque ya de edad, era un hombre muy activo, e inició los trámites para asegurar el porvenir de los muchachos, preparando el casamiento de las hermanas de Simón, que solo tenían 13 y 15 años, respectivamente.

 

En vida de su madre y abuelo, a Simón le había empezado a dar algunas clases un fraile capuchino llamado Andújar.

 

En la Educación de Bolívar intervenía también, pero de una manera puramente social, don Miguel Sanz, abogado de la audiencia de Santo Domingo y administrador del patrimonio del muchacho. (“Hay que montar muy tranquilo, de los contrario nunca serás un hombre de ‘a caballo’ –le decía. Hombre de a caballo es el que sabe montar a caballo diestramente”.

 

A la muerte del abuelo de Simón, don Carlos Palacios, hermano de su madre, fue nombrado su tutor, porque aunque el joven prefería su otro tío, Esteban, este se había marchado a España. (“Hoy vendrá a darte una lección Andrés Bello”). Andrés Bello, un pequeño sabio de tres años más de edad que el propio Bolívar, solía actuar como profesor de algunas familias ricas caraqueñas.

 

Pero el preceptor de Bolívar era un caraqueño llamado también Simón, que habiendo viajado por el Continente Europeo durante varios años, acababa de regresar a su patria. (“Nada mejor para vivir las enseñanzas del gran pensador Rousseau que perderse por el campo –le habría dicho alguna vez”). Simón Rodríguez Carreño, joven de palabra elegante y gran curiosidad intelectual, estaba convencido de la bondad de las nuevas ideas en circulación por el Viejo Mundo. (“La Revolución Francesa es beneficiosa, aunque la sangre sea uno de los precios que deba pagar –dijo otra vez”).

 

Simón R. Carreño, escasamente partidario de los métodos escolásticos, prefería enseñar a su alumno charlando mientras daban grandes caminatas. (“¿Ves ese pájaro?, pues, ahora te voy a explicar en qué se diferencian las aves de los reptiles –le manifestaba”).

 

El preceptor no solo era ferviente admirador de Rousseau, Voltaire y Montesquieu, cuyas ideas transmitía a los que le rodeaban, sino que solía ponérselas en práctica. En cierta ocasión, Simón le hizo una pregunta a su preceptor: “¿Por qué se fue a Europa como grumete cuando tenía catorce años?” A lo que el maestro le contestó: “Para huir de mi familia. El hombre ha nacido sin cadenas. Viene al mundo libre, pero poco a poco, otros hombres le van atando con poderosas correas que se llaman religión, deber, familia, tradición. ¡Todo mentira!”.

 

La curiosidad del joven Bolívar obligaba, a veces, a llevar la conversación a temas tan distintos, como la significación de un apellido. (“Todos los apellidos significan algo –le remarcaba: Rodríguez hijo de Rodrigo, Pérez hijo de Pero, Sánchez hijo de Sancho”. ¿Y Bolívar Jáuregui? Según creo, Bolívar Jáuregui es una palabra vasca que quiere decir “Pradera del Molino”).

 

A veces, durante tardes enteras, Rodríguez le hablaba a su discípulo de Grecia y de la libertad. “Los hombres inventaron en Gracia, por vez primera en los tiempos de la humanidad, una forma de gobierno libre, que llamaron democracia –explicaba el maestro”.

 

Y durante las calurosas noches, ambos gustaban oír las fantásticas historias que contaban los esclavos de la casa. El más viejo de todos le contó una vez: “Un descendiente de los Incas se levantó contra el Rey de España. Se llamaba Túpac Amaru. Se lo llevaron al verdugo, arrastrado por caballos. Antes del suplicio le cortaron la lengua y después lo despedazaron, atándole cada miembro a un potro…”  Bolívar lo escuchaba con suma atención.

De: Simón Bolívar, El Libertador (Textos más historietas)

Documentación y textos, Jorge Alonso

Editorial: ROASA, s.l. Granada – Spain, 1983

 

Juro delante de Usted.

Juro por el Dios de mis padres.

Juro por mi honor.

Juro por la Patria,

que no daré descanso a mi brazo

ni reposo a mi alma,

hasta que haya roto las cadenas

que nos oprimen,

por voluntad del Poder Español.

 

Juramento de S. BOLÍVAR

En el Monte Sacro-Roma

 


 

BOLÍVAR, ARQUETIPO DE HONESTIDAD

 

Para muchos historiadores incrédulos de la perfectibilidad del hombre, les es difícil aceptar una honestidad que raya en lo sublime, ya que un héroe de la talla de George Washington, terminó sus días de retiro con una gran fortuna que le regaló el pueblo agradecido por haber logrado la independencia de los Estados Unidos, como terminaron muchos otros héroes de la libertad americana…

 

¡Pero Simón Bolívar es único e inimitable...!

 

De su honestidad y honorabilidad existen tantos episodios, que sería necesario un tema especial para tratarlos… Por los momentos, baste señalar que entre 1823 y 1827, que fueron los años más jubilosos de su impecable carrera política y militar, cuando había ascendido a la cúspide de la gloria como presidente de cinco naciones, y tenía el planeta rendido a sus pies, fue precisamente durante ese período donde vivió la mayor austeridad y carencias de todo tipo… y no obstante sus necesidades económicas, el 9 de enero de 1824 se dirige al Congreso de Colombia:

 

"Renuncio desde luego a la pensión de treinta mil pesos anuales que la munificencia del Congreso ha tenido la bondad de señalarme; yo no la necesito para vivir en tanto que el tesoro público esté exhausto”.

 

Al año siguiente, el Congreso de Lima reunido el 12 de febrero de 1825, acuerda asignarle a Bolívar UN MILLON DE PESOS por sus servicios prestados por la independencia del Perú, en remembranza a la recompensa que el Congreso estadounidense le otorgó a George Washington… y aunque parece imposible de creer..! Bolívar se molestó respondiendo:

 

"Sería una inconsecuencia monstruosa que ahora yo recibiese de manos del Perú lo mismo que he rehusado a mi Patria"…

 

pero los congresantes desconcertados por esa oferta imposible de rechazar, insisten en entregarle el dinero, a lo que Bolívar agregó:

 

"sea cual sea la tenacidad del Congreso, no habrá poder humano que me obligue a aceptar un don que mi conciencia repugna"…

 

Cuatro meses después de haber rechazado el obsequio, le confiesa a su amigo Pedro Briceño Méndez:

 

"tendré que pasar por el dolor de girar contra el tesoro público, porque actualmente no tengo un peso de que disponer… Estoy quebrado".

 

Ya Santander conocía de la honestidad de Bolívar, cuando el año anterior, el 27 de noviembre de 1823, Bolívar le informa:

 

“Los congresantes del Perú me han señalado cincuenta mil pesos de sueldo… pero yo he contestado que no los admito, porque no es justo ni noble que yo me ponga sueldo en Perú"…

 

es por todo esto, que la proposición de Santander de hacer del Canal de Panamá un excelente negocio, fue una imprudencia inaceptable, cuando le propone a Bolívar formar entre ambos una compañía para construir, nada más y nada menos, la obra de ingeniería más ambiciosa de toda la historia: El Canal de Panamá, como una idea de Bolívar que Santander visualizó en un gran negocio, dada las pretensiones que ya mostraban los Estados Unidos por participar en los contratos de ingeniería y suministros.

 

Al respecto de tal proposición Bolívar le responde:

 

“A su excelencia el General Santander. He visto la carta donde Usted me propone, para que sea Yo el protector de la compañía que se va a establecer para la comunicación de los dos mares por el istmo de Panamá. Después de haber meditado mucho, me ha parecido conveniente, no sólo no tomar parte en este asunto, sino que me adelanto a aconsejarle que no intervenga Usted en él. Yo estoy cierto que nadie verá con gusto que Usted y Yo, que hemos estado y estamos a la cabeza del gobierno, nos mezclemos en proyectos puramente especulativos. Esta es mi opinión con respecto a lo que Usted debe hacer.

Yo por mi parte, estoy resuelto a no mezclarme en este negocio, ni en ningún otro que tenga carácter comercial”.

 

Lo trascendental de esta carta radica, en que Bolívar estaba consciente del excelente negocio que se le presentaba; e inclusive, de aceptarlo nadie lo criticaría, puesto que el proyecto era idea suya… Pero su posición de hombre público, ideales y conciencia patriótica, le debía a sus compatriotas transparencia en todos sus actos; como bien decía:

 

“Cuando yo perdiera todo sobre la tierra, me quedaría la gloria de haber llenado mi deber hasta la última extremidad, y esta gloria será eternamente mi bien y mi dicha... La gloria está en ser grande y ser útil”.

 

Lejos estaba Bolívar de pensar, que la visión continental de instalar en Panamá un Congreso Anfictiónico que invocaba la unión hispanoamericana, uniría en un solo bloque imperialista a las naciones del planeta para derrotar el Ideal Nacional Bolivariano: Gracias al “Canal”, Estados Unidos conspirará para quitarle a Colombia el istmo, que con el apoyo del gobierno de Washington, se convertirá en la República de Panamá; sería también la causa del derrocamiento de tres presidentes que invocaron el Ideal Nacional Bolivariano en el siglo XX: Cipriano Castro, Medina Angarita y Pérez Jiménez; y además fue una idea que se materializará con la Organización de Estados Americanos, OEA, que no cumplirá los preceptos bolivarianos, sino todo lo contrario, ya que será manejada desde su creación por el más acérrimo enemigos del Ideal Nacional Bolivariano: Estados Unidos.

 

Para Bolívar, la moral y las virtudes no eran sólo palabras, como cuando dijo en su gloriosos discurso de Angostura: “Moral y luces son nuestras primeras necesidades”: El 1° de abril de 1825, cuando su sobrino Fernando estudiaba en los Estados Unidos, Bolívar le pide a su hermana María Antonia:

 

"Que aprenda las lenguas sabias y las vivas, matemáticas, historia, moral, bellas letras, etc. Un hombre sin estudios es un ser incompleto. La instrucción es la felicidad de la vida; y el ignorante, que siempre está próximo a revolverse en el lodo de la corrupción, se precipita infaliblemente en las tinieblas de la servidumbre"...

 


 

SIMÓN BOLÍVAR, UN HOMBRE ÍNTEGRO

 

UNA ANÉCDOTA GALANTE

 

Cuentan historias añejas que en el muy suntuoso baile que el vecindario cajamarquino ofreciera en honor del Libertador Bolívar, a su paso por la procera ciudad del Cumbe, el glorioso Capitán de los Andes —que al mismo tiempo que gran soldado era hombre galante y enamorado—, mostróse decidido admirador de la bellísima doña María Ana Mas Ferrer, por ese entonces, la más hermosa y codiciada flor del frondoso jardín de Cajamarca. Tratábase nada menos que de una joven y tentadora damita que frisaba apenas en los 23 años, tan bien despachada de cuerpo y con tan finos y distinguidos rasgos fisonómicos, entre los que destacaban dos profundos y soñadores ojos negros, que nosotros, boquiabiertos de las desgarbadas bellezas de nuestros infelices tiempos, no alcanzaremos a contemplar nunca nada igual. A su extraordinaria belleza unía nuestra dama una singular distinción, corno que era descendiente de un altivo Corregidor español, y una fortuna algo más que regular. En suma, un azucarado bombón capaz de sacar del quicio al más empedernido solterón de antaño y hogaño.

Hizo el impacto la gracia de nuestra biografiada dama en el ánimo enamoradizo del Libertador que, los días siguientes al rumboso baile, apenas oscurecía, Bolívar se dedicaba a rondar la casa de tan tentadora hija de Eva. Esta actitud molestó tanto a la madre de doña María Ana qué la tercera tarde del asedio galante, ya entrada la noche, hizo arrojar, desde uno de los balcones de su casa, el íntegro contenido de un cubo de agua sobre el bosado caballero de la insistente ronda sin recapacitar, por cierto, de las consecuencias de acto tan temerario.

Bolívar, con las ropas medio mojadas, retiróse entonces irritado al más próximo cuartel y, con justa indignación, dispuso que fuera hecho prisionero el dueño de casa cuyos muros encerraba a la dama de su interés. El detenido era nada menos que don Remigio Mas Ferrer, padre de la tentadora belleza femenina causante de tan desgraciado suceso.

Al día siguiente, como corrieron voces de que el prisionero sería fusilado por traidor a la Patria, hízose presente doña María Ana en el cuartel donde se hallaba Bolívar, para explicar la verdad de lo sucedido y pedir la libertad de su inocente padre. El indignado don Simón, recibió acogedoramente a la dama y, encandilado por el fuego abrasador de sus ojos suplicantes propuso otorgar la pedida libertad a su padre siempre que ella correspondiera el servicio con un beso.

No sorprendió a doña María Ana la audaz propuesta del Libertador y, sin vacilar respondió, “General, si seguís cambiando prisioneros por besos es seguro que vais a perder la guerra. Yo corno peruana, anhelo que la ganáis”. Pero como Bolívar insistiera en su propósito de salir con la suya y obtener el beso deseado, la dama repuso entonces sin ambages: “Antes tendríais que casaros conmigo”.

En ese momento un oficial se presentó portando un despacho urgente. El libertador, frunciendo el entrecejo, tomó el papel entre las manos y leyó corto tiempo en silencio. Acto seguido, ordenó al oficial con voz enérgica: “Capitán, disponed la partida inmediatamente”. Miró luego con detenimiento a la hermosa dama que sorprendida, permanecía de pie en frente y dijo entonces: “Perdonad señora si os parezco atrevido y, creedme lamento que mi azaroso destino no me permita el honor de la condición que vuestro beso exige”.

Inmediatamente ordenó la libertad del padre de la dama y, acompañando a ambos hasta la puerta del histórico cuartel, le dijo al despedirse: “Permitidme, al menos, besar vuestra mano”, a lo que ella, accediendo repuso: “Muchos miles de hombres querrán, muy pronto, besar la vuestra mi general”.

Y así, marchóse Bolívar de nuestros lares, besando apenas la mano de la más bella mujer cajamarquina que la historia conoce.

 

VILLANUEVA URTEAGA. Horacio.

TOMADO DE: “LUZ”, CAJAMARCA VIERNES 11 DE FEBRERO DE 1955 — p. 9

(Editado y publicado en Breve historia de Cajamarca, de Julio Sarmiento G. y Tristán Ravines S., pp. 175-177. Edición auspiciada por FOPTUR Cajamarca, 1989)


 

A BOLÍVAR

(POESÍA)

 

Político, militar, héroe, orador y poeta.
Y en todo grande. Como las tierras libertadas por él,
que no nació hijo de patria alguna
sino que muchas patrias nacieron hijas de él.

 

Tenía la valentía del que lleva una espada.
Tenía la cortesía del que lleva una flor,
y entrando en los salones arrojaba la espada,
y entrando en los combates arrojaba la flor.

 

Los picos del Ande no eran más a sus ojos,
que signos admirativos de sus arrojos.
Fue un soldado poeta. Fue un poeta soldado.

 

Y cada pueblo libertado, era una hazaña del poeta
y era un poema del soldado.
¡Y fue crucificado!

Luis Llorens Torres

(Puerto Rico)

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