En memoria de un entrañable amigo: Emilio Cacho Gayoso

 

Por: Hugo REYNA GOICOCHEA

 

Cómo expresar sentimientos llenos de nostalgia y profunda congoja, frente a la temprana partida de una persona aún en la plenitud de su vida intelectual y productiva, quien hasta hace poco constituía un dinamo de entusiasmo y trabajo por Cajamarca, tierra que lo vio nacer, crecer y desarrollarse, dando lo mejor de sí, para beneficio de la Universidad Nacional de Cajamarca y de nuestra sociedad en su conjunto.

 

Emilio Cacho Gayoso, ingeniero civil de profesión, era una persona íntegra, un cajamarquino apegado a su tierra, a la que tanto amaba, y de la que hizo el horizonte de sus más denodados esfuerzos. Exitoso y disciplinado alumno, procedente de las aulas del colegio San Ramón, se forjó, como esforzado estudiante en la carrera de ingeniería civil de la UNC, de la cual, también fue un destacado docente, en diversas materias de esta disciplina ingenieril, forjando con especial vehemencia y disciplina, a cientos de ingenieros civiles que hoy prestigian a lo largo y ancho de nuestra patria y el extranjero a nuestra Alma Mater.

 

Recuerdo con singular nitidez, su temperamental personalidad, su imagen de profesional acucioso, permanente investigador e innovador. A él se debe el ingreso e impulso de los sistemas informáticos en la universidad, la creación de importantes programas, para el uso de la gestión administrativa, cuando este tipo de acciones solo las realizaban las universidades capitalinas; pero estos beneficios no quedaban únicamente al interno del campus universitario, sino que transcendieron hacia otras entidades públicas como los programas del  catastro urbano de la municipalidad de Cajamarca y otras en la región.

 

Pero la labor de Emilio Cacho, no se limitó únicamente a las labores académicas y administrativas de la universidad, en la que fue su principal impulsor del crecimiento de la infraestructura de la ciudad universitaria, sino también en su amplia identificación con los grandes intereses y reivindicaciones de Cajamarca, de la que fue un tenaz defensor.

 

Fue decano del Colegio de Ingeniero y conjuntamente con Don Carlos Malpica Rivarola, a mediados de la década de los años ochenta, en aquel entonces alcalde provincial de Cajamarca, defendían ardorosamente la integración macrorregional con Amazonas, sustentando argumentos claros y contundentes de aspiraciones convenientes y comunes de ambos pueblos, con criterios de equidad. 

 

Estas inquietudes, propias de un profesional afanoso por el desarrollo de Cajamarca, lo impulsó, conjuntamente con otros profesionales y destacados ciudadanos, a gestar el Frente de Desarrollo Regional, cuyo símbolo era una “casita serrana”, participando en las elecciones regionales en el año 90. Por esta agrupación, tuvo participación como Director de la Oficina Sub Regional de Desarrollo IV Cajamarca, antecedente de lo hoy es el Gobierno Regional, dando dura batalla en la gestión de presupuestos y ejecución de obras, ante el centralismo chiclayano, que nos arrebató la sede regional de la que fue la denominada Región Nor Oriental del Marañón.

 

Su labor profesional la volcó en los últimos años en la elaboración de proyectos de desarrollo impulsadas por organismos no gubernamentales, como ASODEL, CEDEPAS, la Cooperación Holandesa, y últimamente como asesor del Gobierno Regional Cajamarca, en la que ha desarrollado un trabajo muy importante en proyectos energéticos, viales, productivos y sociales.

Su pronta partida, nos consterna, nos inquieta su ausencia, la irreparable pérdida de tan singular capital intelectual en el campo de la ingeniería civil y en las propias esferas del desarrollo integral; no obstante, nos queda la satisfacción que su presencia profesional fue sumamente fructífera y trascendente. Nos queda asimismo la satisfacción de su verdadera y sincera amistad, de haber alternado en el trabajo, en plasmar sus sentidas aspiraciones. Expreso de manera personal mi profunda gratitud, la misma que quedará de manera permanente en mi memoria y sentimientos, hasta el momento en que también, enfilemos el inexorable camino que nos depara nuestra relativa existencia. ¡EMILIO CACHO¡:  ¡DESCANZA EN PAZ!

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