DECISIONES DOLOROSAS

Por: Antonio Goicochea Cruzado

Cuando paseaba por la avenida Abancay, en ese barullo de tránsito sobresaturado, miraba con admiración a las policías que dirigían la circulación del viejo, ruidoso y destartalado parque motor de Lima. Algún día seré como ellas, se decía con convicción.

            -Seré como ellas, seré una policía con la entrega, dedicación, justicia y probidad que siempre he visto en mi tío Jacinto, comandante de policía en ejercicio en la Comandancia Policial de Iquitos. Mi tío es ejemplo de un peruano que se hizo policía para servir al pueblo, como él orgulloso decía.

            Hoy, Josefina Amasifén tenía que trasladarse a San Borja, a solicitar su certificado de estudios secundarios, para su inscripción en el concurso de admisión a la Policía Femenina, y como no podía tomar el micro porque el tiempo no le alcanzaba tomó un taxi.

            Del espejo retrovisor del taxi pendía un zapatito usado de bebé, quedó absorta al mirarlo. El taxista se dio cuenta del hecho y le dijo:

            -Es de mi Juanita, su primer zapatito, me trae suerte. Hoy mi niña tiene seis añitos y ya sabe leer. Estoy orgulloso de ella.

            De pronto en una esquina escuchan un silbatazo de policía, enérgico, enervante.

            -Sus papeles, dijo con imperio y desdén.

            El taxista, respetuoso y ágil, sacó de la guantera sus documentos y los alcanzó al policía. El gendarme hizo el que lo revisaba con atención, sin embargo espetó:

            -¡La maletera!

            Josefina estaba apurada y advirtió que esto iba a demorarla por lo que bajó del vehículo y se dispuso a esperar otro taxi, pero un hecho la detuvo: cuando el taxista, el del zapatito gastado, abrió la maletera, el policía tiró dentro de ella un paquete, un pequeño paralelepípedo forrado con plástico y asegurado con cinta de embalaje color beige. Se quedó boquiabierta. Había escuchado que en la selva algunos malos policías “sembraban droga” a los que querían extorsionar.

            -¡Abra el paquete!, ordenó el policía. El taxista le dijo que ese paquete no era suyo. Josefina indignada dijo al policía:

            -Yo he visto que usted ha tirado ese paquete dentro de la maletera.

            -¿Por qué mocosa de mierda interrumpes la intervención policial?

            -Porque veo que usted quiere extorsionarlo. Así hacen en Iquitos los malos policías cuando quieren sacar plata.

            Razones de una parte, sinrazones de la otra y no se definía la situación. Desesperado el policía por la defensa de Josefina, dijo:

            -A la comisaría, todos a la comisaría, allí se aclarará todo.

            En el taxi, todos guardaron silencio, al llegar a la comisaría, el policía ordenó: ¡Todos abajo, aquí se las verán carajo!

            -Capitán comisario, un taxista burrier.

            -¡Mentira! yo he visto todo, vi que el policía tiró este paquete en la maletera.

            -¿Quién es usted señorita?

            -Soy la pasajera que venía en el taxi de este buen señor y me indigna que un policía esté manchando el honor de esta institución tutelar de la patria. Helbert Cámara, el Arzobispo de Recife dice que no debemos perder aquel divino don de indignarnos ante la injusticia.

            El comisario pidió al policía que lo acompañara un momento fuera de su despacho.

            -Se te pasó la mano huevón, el taxista tiene cara de santo y la hembrita parece una universitaria leída y defensora de los derechos humanos. Sin embargo el espíritu de cuerpo debe imponerse, pero otra vez no la jodas.

            De regreso en el despacho:

            -El policía me lo ha explicado todo, el delito está tipificado, con todas las agravantes, debemos proseguir con el trámite de reglamento. Quedan detenidos hasta pasarlos al fiscal, el decidirá.

            Josefina no esperaba esto y decidida reaccionó:

            -Hoy iba a inscribirme como postulante a la Policía Femenina, iba al Ministerio de Educación a sacar mi certificado de estudios secundarios para completar mi expediente, porque soy sobrina de un gran policía el Comandante Jacinto Amasifén, y quería seguir su ejemplo, pero por lo que veo ya no postularé. Acto seguido llamó por su celular a Iquitos. Don Jacinto escuchó asombrado el relato de su sobrina más querida.

            Un silencio que antecede a las tormentas invadió el ambiente, pasaron unos tensos minutos, comisario, el furrier y el policía, no sabían que hacer. En eso sonó el teléfono de la oficina.

            -Comandancia de la Policía del Cercado de Lima, a sus órdenes.

            -Muy amable, Comuníqueme con el comisario de su base, habla el comandante Jacinto Amasifén, de Iquitos.

El aludido se acercó al fono, luego del saludo protocolar y sin esperar le expusieran la razón de la llamada dijo:

            -Comandante, los hechos en que ha sido involucrada su sobrina, han sido superados, se trató de un lamentable error. En estos momentos estamos ordenando su libertad y la del taxista.

            Ese día la Policía se privó de alguien que hubiera coadyuvado a su prestigio.

 Cajamarca, 26 de julio 2009

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