NAVIDAD EN CAJAMARCA: TRADICION Y ACTUALIDAD

 

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Hugo Reyna Goicochea

Se tiene entendido, dentro de las tradiciones y costumbres de los pueblos, que existen festividades tan peculiares e importantes, que constituyen parte de la identidad cultural y el orgullo de quienes los integran. Y con qué razón se afirma esto, es la fiesta más grande de la vida religiosa del cristianismo y de toda la humanidad: “La Navidad”, en la que celebramos el “Nacimiento del Niño Dios”, en nuestro caso: “El Niño Manuelito”.

 

 

El Niño Manuelito

 

Así de simple y de sencillo, en Cajamarca, recordamos con especial añoranza, la celebración de las fiestas navideñas, en un contexto de especial significación y de veneración al “Hijo de Dios”, en la figura de un inocente niño, al que cariñosa y amorosamente se le dice, en nuestro pueblo: “El Niño Manuelito”, derivado de “Emmanuel” y cuyo nacimiento era y es esperado con profunda fe y devoción, en el seno de los hogares cajamarquinos, los que se preparan con semanas de anticipación y con especial recogimiento, a partir del primer Domingo de Adviento.

 

Los nacimientos

 

Para los cajamarquinos, la Navidad es una festividad muy singular. Si bien el centro de esta celebración se da en torno al montaje y decoración en la inspiración de un Belén –representación en Europa del nacimiento del Niño Jesús en una humilde cueva, flanqueado de un asno y una vaca- en nuestro caso, fusionado con elementos locales, producto de la creatividad de las familias o integrantes de agrupaciones religiosas adscritas a determinadas parroquias, con el uso de elementos locales como: papel de bolsas de azúcar graciosamente pintadas con anilinas, contorneados artísticamente, simulando la bóveda celeste, a manera de escarpadas cerros, colinas y también de apacibles vallecitos con delicados pequeños lagos y lagunas y otros elementos decorativos multicolores, con la presencia de casitas, corralitos con variedad de animalitos: carneritos, vacas, ovejitas, gallinas, sebosos cerditos, asnos y caballos. Indiscutibles íconos, los pastores y pastorcitas, angelitos y palomos, y cuanto animalito de la creación estuviera al alcance; amén de los coloridos, brillantes y sofisticados juegos de luces.

 

El núcleo o atractivo principal, indudablemente ha sido y lo es la alegoría al “Nacimiento del Niño Manuelito”, que en nuestro caso también asumen el nombre de “Nacimientos”, de mayores dimensiones en los templos y, prácticamente de ineludible compromiso religioso en los hogares. No obstante, en determinadas casas, destacaban y hasta el presente lo hacen, por la laboriosidad y creatividad de su preparación. Tan delicado ensamblaje, para dar marco, al motivo central de esta fiesta, la presencia del Misterio en el Pesebre: San José, la Virgen María, y en delicada y sencilla camita hecha con paja, recostado, el recién nacido: “Nuestro Niño Manuelito”, contemplado, con extasiado asombro por sus padres,  tal como se recogió de la tradición católica del Viejo Continente, inspirado en el Primer Belén, creado por san Francisco de Asís.

 

 La Misa del Gallo

 

Haciendo remembranza de épocas pasadas, antes de las doce de la noche, el 24 de diciembre, se realizaba la “Misa del Gallo”, en las diversas iglesias a las que obligada y fervorosamente las familias asistían, para luego a la salida, comprar los pastelillos, panes, cortados, pan de maíz, caravanas y otros productos a las vendedoras que pacientemente, esperaban con sus canastones y canastas. Entre rápidos saludos y abrazos, al paso, con los conocidos, las familias retornaban al hogar, donde luego de las oraciones y deseos de “Feliz Navidad”, la colocación del Niño en el Pesebre, se procedía a tomar el chocolate puro o con leche, acompañado de los productos de panificación, con queso, mantequilla y asado de chancho; y uno que otro brindis con el espumante ponche a base de alguna bebida espirituosa. Los niños sumamente entusiasmados con los regalos, jugaban distraídos del paso de las horas y la noche, con sus novísimos regalos: muñecas, casitas, juegos de té y pequeñas cocinitas, en el caso de las niñas o con pistolas, soldaditos, juegos de ajedrez y ludo, carros a cuerda o con pilas, entre otros juguetes no tan sofisticados, en el caso de los niños.

 

Las pallas y pastorcitos

 

Quién, hijo o hija de esta noble tierra cajamarquina, no habrá participado, en algún momento de su infantil y adolescente vida, como pastor, pastorcita, la Virgen, San José, ángeles, reyes magos o también de Niño Manuelito, en los nacimientos tradicionales, en determinados barrios de la ciudad, en los que la preparación de los cantos y poesías, insumía muchas horas de ensayo, durante varias semanas, antes del 24 de diciembre.

 

Un singular preámbulo, anunciaba “Noche Buena” el 24 de diciembre. Pausados recorridos por las calles, al finalizar la tarde y entrada la noche, con cánticos de pastoras, pallitas y chunchos, convenientemente ataviados con vestidos para dicha ocasión y con la guía de alguna persona mayor que, sonaja en mano, y el acompañamiento de acompasados golpes de sonoras cajas -pequeños tamborcitos, de artesanal hechura local- iban dando la voz para lanzar al aire los melodiosos cánticos, brotados de los labios infantiles, acompañados de sus familiares, en alegres comitivas, que acompañaban a José y a María, en unos casos, a pie y, en otros, la Virgen montada en un burrito; actividades que propiciaban un especial ambiente de sosiego, paz y algarabía, alegrando sobremanera la venida del “Mesías”, a lo largo de las tranquilas calles cajamarquinas, recibiendo la aprobación de cuanto viandante se cruzaba en el camino.

 

Cabe hacer mención que los recorridos, continuaban en cumplimiento de su disciplinada programación, en la víspera de Año Nuevo; y el epílogo se suscitaba, con esperada impaciencia, en la víspera de la fiesta de los “Reyes Magos”, para la colocación en el Pesebre de tan especiales personajes: Melchor, Gaspar y Baltazar; para días después, siempre con especial entusiasmo participar de la denominada “Bajada de Reyes”, es decir del desmontaje de los nacimientos, guardando con especial empeño los delicados misterios,  adornos y demás enseres; así como la celosa custodia del cuaderno de “ofrecimientos”, para la próxima Navidad.   

 

Las relaciones y homenaje al recién nacido

 

Cumplidos los largos recorridos, la alegre caravana de pastorcitos, pallitas y chunchos, siempre entonando los melodiosos cantos, y luego de la Misa, arribaba a la casa, de quien organizaba el Nacimiento, procediéndose a efectuar el homenaje, al recién Nacido. Niños tras niños, a través de recitar las “Relaciones” –versos cortos- y poesías, así como los cantos de los pastores y pallitas, dejando humildes regalitos, homenajeaban al Mesías; para luego servirse la cena con productos tradicionales, que ya hemos mencionado.

 

A fin de ilustrar este, pequeño repaso de una tradición que se nos va, pedí a mi querida madrecita, Esther Goicochea Vásquez y cercanos amigos, recrearan en la memoria los recuerdos de aquellas épocas.

 

En muy apretada síntesis, me cuentan que a mediados del siglo pasado eran muy famosos: El Nacimiento en la casa de la señora Rosita Romero y el de la familia Bernal en el barrio Chontapaccha. El de Galita Urteaga y la familia Zambrano en el jirón Cruz de Piedra (antes jr. Cajamarca). Del señor Ernesto Marchena, quien celebraba con tarjetas de invitación, en su casa del jirón Islay, hoy Juan Villanueva;  el del señor Daniel Medina Camacho y su esposa Carmencita Sánchez, así como de la familia Grosso en el jirón Pisagua, éstos últimos en el barrio San Pedro. En San José, el Nacimiento de la familia Hernández; el de la familia Valera Pita, en la calle La Mar, en el barrio La Merced. En Pueblo Libre, la familia Mercado Aguilar. Los nacimientos del señor Antonio Súnico y familia Huaripata en el jirón Amazonas, en el barrio San Sebastián; así como el del señor David Marín, en el jirón primavera, entre otros, elaborados y ensamblados, con arte y especial creatividad.

 

Estos fueron algunos de los cantos, versos y poesías de las “relaciones”:


La Virgen y San José, iban en romería/ la Virgen va tan cansada, que caminar no podía/sobre una piedra se sienta/mientras posada pedían.

Ya naciste, Niño lindo/ya naciste, Niño lindo/entre la escarcha y el hielo/quién pudiera Niño Lindo, vestirte de terciopelo.


Ya salen las vacas del monte Laurel/a dar su aliento al Niño Manuel.

Baile de alegría, baile de placer/ que estamos viendo al Niñito nacer.


Con velloncitos de luna, quisiera tu lecho hacer/y entre pañales de pétalos, tu cuerpecito envolver.

Suenen las sonajas/suene el tamborcito/para divertir a nuestro Niñito. 

Los grandes nacimientos

 

Si bien, las tradiciones y costumbres van cambiando, existen en Cajamarca, aún fuertes sentimientos de fervor y alabanza al “Niño Manuelito”, a través de singulares nacimientos, muchos de ellos de grandes dimensiones que se realizan en los templos y en determinadas casas, cuyas familias siguen con esta alegórica tradición. Destacan los grandes nacimientos de la Catedral, San Francisco, Las Monjas, La Recoleta, San Pedro y San José, singularizándose el del Asilo de Ancianos.

 

En el caso de familias de honda tradición católica, que en la actualidad, efectúan el montaje de extraordinarios nacimientos tenemos a: Cáceres Centurión, en la calle Bellavista, cuya alegoría, muestra vistosos motivos y detalles, ocupando una habitación entera, con cientos de figuritas y objetos, luces multicolores y música navideña, que asombra a los visitantes. Destaca también el nacimiento de la recordada dama cajamarquina, doña Zoilita Sánchez de La Torre; de la familia Alcalde Gonzales, del holandés Pim Heijster  y de su esposa Luz Marina Benzunce Pacheco.

 

El paso del tiempo y la agitada vida, supuestamente moderna, obligan en la actualidad el desarrollo de las misas en los templos en distinto horario vespertino y nocturno. La “Noche Buena” la hemos convertido mayormente, en apresuradas correrías de compras de últimos momento en los megamercados, para finiquitar la Cena Navideña: con pavo, champan y panetón; así como el intercambio y distribución de los regalos, y la quema de estridentes fuegos artificiales y bombardas de origen chino; más que a la esencia religiosa. Tenemos un gran reto: debemos revalorar y recuperar, la esencia de nuestras costumbres y tradiciones, en los actuales momentos, en que la vorágine de la vida moderna, nos aprisiona, cada vez más en acciones que nos enajenan del verdadero símbolo navideño: “El nacimiento del Niño Dios: hecho hombre”. ¡FELIZ NAVIDAD! 

 

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