Libros de Cajamarca - 1999

 

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VARGAS PASTOR, Fausto. Mi poema al Imperio del Tahuantinsuyo. 2da. Edición, 1999. Impreso en Grafimag S.R.L. Lima 1, Perú. 12 Pág. 14.2 x 218 cm.

 

 

 

DEDICATORIA

 

Niño Peruano:

Estos versos son un retazo de la Historia

de tu Patria y están dedicados a tí; conócela

lo que ha sido; compárala con lo que es

en la actualidad, fíjate en lo que será

mañana cuando tú, estudiosos y trabajador

infatigable, seas hombre y rijas sus destinos.

El Autor

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ASOCIACIÓN DE POETAS Y ESCRITORES DE CAJAMARCA - APECAJ. Otras aguas. Cuaderno literario N° 2. Edición: Cuervo Blanco Ediciones. Cajamarca, 1999. 40 Pág. 14 x 20.1 cm.

PRESENTACIÓN

 "OTRAS AGUAS", viene a remover sus olas a comienzos del 99, en este ir y venir de transeúntes en la cabalgata luminosa y sombría de la vida.

Hoy más que nunca la gente escribe para contar lo que le pasa en su cotidiano andar. Allí está la diversidad de estilos y momentos para darle al verso su esencia. Si pudiésemos hacer una encuesta, serían innumerables las personas que escriben en silencio y las que quieren la luz no cuentan con la oportunidad de darse a conocer,

El arte tiene que conquistar sus espacios duramente. En un esfuerzo titánico, el comprar ese espacio en este deshumanizante mundo neoliberal, donde, el poder sólo ve los aspectos que le van a retribuir economía en el juego del mercado y de la competitividad abrumadora.

El arte es expresión humanísima, riqueza extraordinaria de todos los pueblos. Dentro de éste, la poesía es el cantar, es la voz, es la sensación de armonía latente en los pueblos subyugados.

LA ASOCIACIÓN DE POETAS Y ESCRITORES CAJAMARQUINOS, por ello, quiere abrir las compuertas de la creatividad en una constancia posible, como es este CUADERNILLO "OTRAS AGUAS", que fundara nuestro poeta Guillermo Torres en coordinación con CUERVO BLANCO EDICIONES, bajo la Dirección Ejecutiva del Poeta Manuel Rodríguez Gutiérrez.

Este sencillo aporte es como la fuente que mana de la tierra, para ser agua beneficiosa que calme la sed de algún caminante.

Es un esfuerzo que nos hace andar y andar, hasta encontrarnos y configurar las páginas diversas. Cada una con su sed e imaginación a flor de mano, pensamiento y sentimiento.

Este cuadernillo te aguarda a ti escritor ya genial o a ti que comienzas a hilvanar tu propio camino de expresión y obra. Los primeros fortalecerán el crecimiento de nosotros, los que recién comenzamos el andar.

Socorro Barrantes Zurita

Presidenta de la APECAJ

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BECERRA SOLIS, Alberto E. Llapas Mitos y Leyendas. 1ra. Edición en Español, 1999. 204 Pág. 15 x 20.8 cm.

PRÓLOGO

Un distinguido profesor universitario, el doctor Julio Chiriboga, pasó a enseñar en Educación Secundaria y consideró que este cambio constituía un ascenso; luego, fue trasladado a una escuela primaria y dijo que había ascendido aún más en su carrera docente. Esta afirmación la hacía con la íntima convicción de un auténtico maestro. En efecto, contrariamente a lo que constituye una creencia generalizada, mucho más importante es enseñar en una escuela primaria que en una Universidad. La razón es simple. En la Universidad un profesor trasmite básicamente información y basta con que conozca bien la asignatura que enseña. En cambio, cuanto más joven es el educando requiere alguien que lo forme en sentido integral, que le trasmita no sólo conocimientos sino experiencias y valores. Por ello el maestro de un niño es alguien muy importante para él, un referente obligado, un modelador de almas, Alguien que influye en toda su vida futura casi tanto como los padres y a veces supliendo a ellos.

Recuerdo con cariño y gratitud a mi maestro de los años infantiles, quien condujo toda mi educación primaria en mi tierra natal y me guió con mano firme por los iniciales vericuetos del saber. Pulcro en el vestir, peinado con esmero, destacaba su frente amplia como demostración de sabiduría. De porte erguido, estatura mediana y contextura media, inspiraba respeto. Sus ojos vivaces y gestos innatos eran más que elocuentes: tenía autoridad sobre nosotros. Pero su voz serena y firme al mismo tiempo, no dejaba de ser cálida y tierna como la palabra de un padre amoroso cuando se dirige a sus hijos.

Alberto Eulogio Becerra Solís, nos hablaba de matemáticas, castellano, historia, geografía y todas las materias del programa curricular, a la vez que escribía en un cuaderno un libro que nunca llegaría a publicar. Su mirada adquiría brillo especial y trasmitía febril entusiasmo cuando nos contaba historias llenas de colorido y belleza, propias de la región. Hasta ahora recuerdo por ejemplo, como si fuera ayer, la anécdota del viejecito que compasivo recoge a un bebé recién nacido, abandonado en un lugar inhóspito, el cual apenas se siente seguro en los brazos de aquel hombre noble y generoso descubre su verdadera naturaleza cuando le expresa: "taita, taita, ... mira mis dientes y mi rabo"; el hombre sorprendido y lleno de miedo lo arroja de sus brazos y el párvulo cae estrepitosamente, transformándose en un enorme gato negro que se aleja con parsimonia. El anciano, gracias a la experiencia del caballo, no obstante la tormenta llega a casa; su mujer lo encuentra tirado de bruces en el patio, desmayado, con espuma en las comisuras de los labios. (Ese lugar se llama desde entonces "mal paso" o "las viejas" y, para continuar el viaje, cada peregrino debe hacer una ofrenda - arrojar al montículo un arbusto, una piedra, cualquier cosa que contribuya a hacer más grande la apachita coronada con una cruz. Por supuesto, deberá rezar padrenuestros, avemarías y salves). Al leer estas páginas llenas de calor humano y de amor al terruño, con historias como la descrita y otras no menos sugerentes, narradas en forma sencilla y amena, con una acertada descripción de los paisajes, giros idiomáticos de la región, situaciones bien concebidas y personas que parecen cobrar vida propia no podemos sino admirar la rica tradición oral de nuestros pueblos y rendir homenaje a quienes en forma silenciosa contribuyen a resaltar nuestro folklore y valorar nuestras costumbres ancestrales. Estas páginas sólo pueden ser escritas por un pedagogo comprometido con su entorno social, como Alberto Eulogio Becerra Solís, uno de los más destacados educadores que ha tendido San Andrés de Llapa, hermoso pueblo de los Andes del Perú, en el departamento de Cajamarca, un distrito que se caracteriza por la calidad intelectual de sus hijos que han descollado en el país y en el extranjero gracias a los conocimientos iniciales que recibieron en su tierra natal de brillantes maestros.

Llapa debió ser un lugar importante en la época anterior a la llegada de los españoles. Perteneció al reino de Cuismango y en tal virtud fue incorporado al Tahuantinsuyo. Allí están las ruinas arqueológicas como Wayrapongo y el Castillo, que merecen ser estudiadas con detenimiento por gente especializada. Seguramente fue testigo del paso de los españoles aventureros en su viaje al encuentro con Atahualpa, tal como se demostró por una expedición científica organizada por el Diario "El Comercio" (que consideró como "el pueblo más hospitalario de la ruta"). En el Primer Informe Etnohistórico sobre la visita que hizo Cristóbal de Barrientos a las Siete Guarangas de la Provincia de Caxamarca por orden de Pizarro, en 1540, aparece Tantacacas, principal del pueblo de Llapa, perteneciente a la parcialidad de Chondal, no mencionándose otras localidades que en la actualidad tienen relevancia.

Acerca del origen del topónimo Llapa, al que nos referimos en la monografía del mismo nombre, elaborada en 1964 (y que hemos conservado inédita por considerarla incompleta, pese a los generosos comentarios de personalidades como Javier Pulgar Vidal y José Jiménez Borja) debemos concluir ahora que entre las interpretaciones más adecuadas consideramos las relacionadas con el sentido religioso derivado del vocablo "llIapa" que significa: a) el malqui (momia) delinca y b) el dios de la fecundación. Es decir, como asevera Cúneo Vidal, el término "lIapa" simboliza" la persistencia de una antigua costumbre sacerdotal peruana" ya que una parte de las cosechas era destinada al dios lIIapa. De allí que cuando se dice "dame una yapa" se pide algo upor amor a Dios". O sea que "lIapa" y "yapa" al final tiene la misma connotación.

El lector tendrá pues la posibilidad de acercarse a la tradición oral, a las costumbres y giros lingüísticos de esta zona del Perú gracias a la labor acuciosa y a la frase precisa de Alberto Eulogio Becerra Solís, maestro auténtico, que como proyección de su labor educativa, ha deseado recoger mitos, leyendas y cuentos regionales, dándonos muestras de sus calidades en el género de la prosa (antes lo ha hecho en la poesía, con varios poemarios en su haber ampliamente reconocidos). En este libro nos deja un legado cultural de enorme importancia que no solamente será apreciado actualmente sino por las nuevas generaciones.

En cuanto a nosotros, es un privilegio inmerecido escribir estas frases previas que si algo tienen de valor, es el reconocimiento a quien con esfuerzo y entusiasmo nos educó en los albores de la vida.

Carlos Enrique Becerra Palomino.

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